Es cierto que los sellos de correos, con el incremento de las telecomunicaciones digitales y electrónicas instantáneas, han sufrido un duro revés en cuanto a su difusión se refiere, quedando prácticamente relegados a un recurso del coleccionismo filatélico. No obstante, no se puede cuestionar la aportación a la historia cultural de los diferentes países del sello postal, poniendo en valor patrimonio, recursos naturales, efemérides y un sin fin de aspectos. En estos días, el uso del correo postal físico conserva una esencia incluso romántica, la de, por ejemplo, un sobre tangible que cruza medio mundo para llegar a su receptor unos días después, quizá con un mensaje escrito de puño y letra que puede palparse con las manos, y que además porta un sello con una temática del país de origen y que, en muchas ocasiones, lleva el nombre de Soria y su provincia a los lugares más recónditos.
Así pues, iniciamos un viaje por dichos sellos con temática soriana. Si el primer sello español data de 1850 y de 1865 en el caso del primer sello dentado, hubo que esperar hasta 1933 encontrar la primera temática soriana, más allá de reyes o personalidades a las que se les pueda vincular de alguna forma a la provincia, con el reconocimiento de, por entonces la República Española, al político burgense Manuel Ruiz Zorrilla y que como se puede apreciar en el mata sellos de la imagen, al menos, llegó hasta Murcia. También en la imagen se puede comprobar como aquella serie se imprimió con sellos descentrados, por lo que un buen ejemplar centrado aumenta su valor.
En marzo de 1944, más de una década después, aparecía de nuevo una temática soriana, con la reproducción del escudo con motivo de la efeméride del milenario de Castilla.
A partir de los años 60, Correos comienza a aumentar de forma notable las nuevas temáticas y series, comenzando a poner en valor historia y patrimonio de todo el país. Practicamente se realizaban series generales de todos los rincones de España, haciendo que de esta forma Soria, que hasta entonces había tenido poco protagonismo, también comenzara a ganar presencia. Así, en el 62 comienzan a publicarse todos los escudos de las capitales españolas, pero por orden alfabético, por lo que Soria tendría que esperar a 1965. No obstante, antes, el 24 de febrero de 1964, se publica la serie conmemorativa del Monasterio de Santa María de Huerta, con tres sellos y valores que ofrecen panorámica general, el cenobio y el claustro. Se imprimieron 4,5 millones de sellos de cada ejemplar. También en el mismo año, el 64, se homenajea el 16 de julio a la marina española, con la emisión de embarcaciones emblemáticas, entre ellas, la Fragata Numancia.
En 1966 llega otro sello que traslada la riqueza del patrimonio soriano, siendo protagonizado por la iglesia de Santo Domingo. Eran otros tiempos para el correo, de eso no cabe duda, con una tirada de nada menos que 7,5 millones de sellos.
Cuatro años después llegaría otra serie emblemática para los filatélicos españoles, como fue la publicación de todos los trajes regionales de las provincias españolas. Así, Soria quedó incluida esperando a que llegara su turno por orden alfabético. El traje de piñorra, tenía así su propio sello de correos, lo que a más de un soriano en la diáspora le haría retorcerse de emoción nada más recibir una carta a pie de buzón. El precio, nada menos que seis pesetas. En una década, se habían emitido seis sellos vinculados a la provincia, cinco si obviamos a la fragata, una cifra notablemente superior de la encontrada en décadas anteriores. Y porque tampoco vamos a contar a Bécquer, que no nació en Soria, pero que bien podría considerarse un motivo soriano y cuyo sello también se imprimió en 1970 en una tirada de 10 millones de sellos.
Hubo que esperar un lustro para la siguiente serie con protagonismo soriano. En 1975 se publica la serie Códices, con dos ilustraciones procedentes del Beato de El Burgo de Osma.
En 1978, el 20 de febrero, llegaría otro sello emblemático, el dedicado a personajes españoles, entre ellos, Antonio Machado, a quien se presenta acompañado por la ermita de San Saturio. En este caso, fue el sello de mayor precio, 50 pesetas y se emitieron 10 millones de unidades. Dos años después llegará otro sello de gran potencia visual y turística dedicado a Medinaceli, del que daremos cuenta la próxima semana en la segunda edición de este monográfico.







