Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 398. 19-9-2025

Japón (11): Espectadores privilegiados del Gran Torneo de Sumo de Tokio

1 Combate de sumo (2)
photo_camera 1 Combate de sumo (2)

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Otro día largo, alargado por la cortedad de la noche de ayer. Al final llegamos siempre tarde a nuestro barrio de Ikebukuro, y luego toca buscar sitio para cenar, cenar, entendernos con los del local… todo bien. Ayer cenamos los ocho de la casa (Álex, Álvaro, Dani, Fernando, Guillermo, Miguel, Nacho, Sergio) y Julia.

Y esta mañana, alrededor de las ocho ya salíamos a nuestro destino, una de las excursiones preparadas por la organización del Mundial de Atletismo para las mañanas en las que no había competición. La excursión de hoy tenía dos partes, separadas por una gran comida en un hotel. La primera parte era la visita al Ryogoku Kokugikan, el lugar donde se celebran los tres torneos anuales de sumo en Tokio. Los otros tres torneos anuales que se disputan en Japón son en Osaka, Nagoya y Fukuoka. La segunda parte, después de esa comida tan abundante y apetitosa, ha sido al Tokyo Innovation Base, una especie de gran espacio colaborativo de start-ups que hoy celebraba una jornada importante. No somos el público objetivo de este lugar, pero al menos hemos comido sushi congelado que ha inventado una empresa japonesa.

Lo del sumo ha sido otra cosa. La verdad completa es que lo de la mañana ha sido flojo, comparado con lo de después. Durante la excursión organizada hemos visto el Museo, nos hemos fotografiado con algunos de los luchadores y hemos visto por dentro el Kokugikan, donde se disputaban algunos combates de aficionados ante unos pocos cientos de aficionados, siendo generosos.

He aprendido más de sumo hoy que en toda mi vida. En resumen, como he dicho, cada año se celebran seis torneos. Este de Tokio es el quinto de 2025. Cada torneo se celebra durante 15 días consecutivos, de domingo a domingo. El actual empezó el 14 de septiembre y concluye el 28. Y, cada jornada, al menos hoy, se disputan una serie de combates semiaficionados por la mañana, los combates de la categoría intermedia desde las 14.00 y los grandes combates de la categoría superior desde las 16.05. Antes, a las 15.50, tiene lugar la presentación ritual a cargo de los yokozunas, los grandes campeones por haberse impuesto en al menos dos torneos consecutivos. En la actualidad hay dos yokozunas, el japonés Onosato y el mongol Hoshoryu. Varios de los últimos yokozunas son de Mongolia.

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La categoría superior tenía previstos hoy 21 combates, pero dos no han podido realizarse, supongo que por lesión de los contendientes. Hemos visto el final de la categoría intermedia y los 19 combates de la principal. Impresionante. Si todos los deportes ganan en directo (esta afirmación es bastante discutible), el sumo lo hace en grado ídem, sobre todo en competiciones como hoy, con las 20.000 entradas vendidas y un público entregado. A la entrada, muchos de los espectadores compran las bolsas de comida y bebida ya preparadas desde distintos lugares de Japón para pasar la tarde en el recinto.

De manera muy resumida, el sumo se celebra entre dos contendientes que pelean a cuerpo completo en un círculo no muy grande, de apenas cuatro metros y medio de diámetro, donde además está el árbitro. Pierde el luchador que sale primero del círculo o que toca el suelo con cualquier parte del cuerpo que no sean la planta de los pies. En la charla de la mañana nos han explicado que hay 82 técnicas diferentes de ganar.

Nos ha encantado la experiencia por varios motivos, vamos a decir por tres. Primero, el social. Cuando hemos entrado por segunda vez al Kokugikan había muchos jóvenes de unos 15 años recién salidos del instituto, niños con sus abuelos, señoras mayores con sus amigas de toda la vida… En la parte baja, sin asientos, al estilo japonés. Nosotros, arriba, sentados en un banco corrido.

Segundo, el ritual. Imagino que habrá varios libros sobre los rituales del sumo, un deporte casi exclusivo de Japón cuyas primeras referencias escritas datan del siglo VIII. Se lanza sal purificadora, se levantan las piernas a los lados con una flexibilidad sorprendente, se secan los luchadores con las toallas, se acercan agua a la boca con las cucharas de los templos, canta alguien entre algunos combates algo con ciertas reminiscencias de flamenco, se pasea la publicidad antes de cada combate con más anuncios según aumenta la importancia de los luchadores… y mucho más. Hoy, por cierto, había luchadores de Ucrania, Kazajistán, Rusia y Mongolia, además de los locales.

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Y tercero, el deportivo. Durante los 15 días de torneo, los luchadores de la categoría superior combaten todos los días entre sí, una vez. Los luchadores están divididos en Este y Oeste. Hay unos 40, y no combaten pues todos contra todos, supongo que se hará un sistema para intentar conducir a un solo ganador de la manera más justa. Nos ha encantado (he ido con Álvaro y Guillermo) la diferencia entre unos combates y otros. Los había de escasos segundos y algunos de casi un minuto o poco más. Hemos visto varias técnicas diferentes de triunfo, y algunos combates que parecían claramente predestinados para un contendiente han cambiado de signo con un movimiento agilísimo de media décima de segundo. Varias veces han rodado los luchadores fuera del dojo, con los periodistas y los espectadores de primera fila a un metro o menos del límite del escenario de la lucha. Si alguna vez vais a Japón y os coincide, intentad ir a uno de estos torneos.

De regreso, mientras mis compañeros de piso se han quedado en el Estadio, yo he ido a Shinjuku, que tenía ganas de verlo de noche. He vuelto lo primero de todo al edificio del Gobierno Metropolitano, para subirme a su mirador y ver Tokio en horario nocturno. En las plantas 45 y 2 hay una exposición sobre los Mundiales de Atletismo, y salen Abel Antón y Fermín Cacho. De bajada, como adelanté ayer, me he quedado a ver el impactante videomapping que se proyecta varias veces cada noche sobre los 14.000 metros cuadrados de las dos torres del edificio. Nos dijeron ayer que merecía la pena y la merece. Hoy, además, ha hecho una temperatura espectacular tras el calor de todos los días previos.

El siguiente destino ha sido Golden Gai, siempre en Shinjuku. Son varios callejones estrechos unidos a su vez por otros callejones más estrechos aún, todo ello lleno de bares ínfimos en las dos plantas de cada local, con escaleras por supuesto estrechísimas y empinadísimas, bares con espacio para una decena de personas o menos. Todo muy pintoresco y fotogénico, pero yo he preferido cenar en otro lugar.

Y me ha sucedido lo que dicen que suele suceder en Japón: que los fiesteros locales están deseando interactuar con los forasteros. Cuatro jóvenes universitarios que tomaban algo a mi lado mientras yo cenaba me han prestado su compañía mientras hablábamos de las típicas cosas viajeras que nuestros niveles de inglés nos permitían. También me han pedido foto. Ambientazo increíble hoy en Shinjuku, es viernes. Dicen que su estación es la más concurrida del mundo, con tres millones y medio de usuarios al día, y yo me lo creo.

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