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Dice Jesús Sánchez, desde el atril de sus tres estrellas Michelin del Cenador de Amós, que los tres grandes estandartes de la gastronomía española son el jamón ibérico, el aceite de oliva y la anchoa del Cantábrico. El Cenador de Amós está en la localidad cántabra de Villaverde de Pontones, así que se le alaba la defensa de un producto de su tierra.
El objetivo de Jesús Sánchez con esas palabras es, por tanto, el mismo que el de las Cofradías gastronómicas, la promoción de las delicias que ofrecen, en este caso, las tierras y los mares de cada lugar de España.
La Cofradía del Torrezno de Soria, que está a punto de adquirir oficialidad plena, ha invitado este sábado a la Cofradía de la Anchoa de Cantabria para guiar una cata de este producto en el Café de la Estación Bebiendo Estrellas de Miño de Medinaceli. Se han probado las anchoas de cuatro conserveras de Santoña: La Reina del Cantábrico, El Faro del Pescador, Solano-Arriola y Catalina.
Desde Santoña, donde tiene sede la Cofradía, han viajado el patrón mayor Tino Sampedro, el canciller Pedro Benavent, el relaciones públicas Fernando Andonegui, Pilar Zorrilla, Amparo Sierra y Marta Sarabia. También lucía el traje casual de la Cofradía Paula Mateo quien, junto a Chema García, es el nexo de unión entre la Anchoa de Cantabria, el Torrezno de Soria y Miño de Medinaceli.
La Cofradía de la Anchoa de Cantabria nació en 1998 y cuenta en la actualidad con 260 cofrades. Cada año realizan unas 80 o 90 salidas. Si hoy han estado en Miño, ayer estuvieron muy cerca, en Pelegrina, junto a Sigüenza (Guadalajara). Además, realizan catas semanales en Santoña a personas o grupos interesados.
Esas palabras iniciales de Jesús Sánchez han formado parte del vídeo ‘Del mar a la mesa’ que han podido ver los participantes en la cata que, una vez más, han agotado las plazas ofrecidas. En el vídeo, de pocos minutos de duración, se trata de responder a la pregunta de por qué una anchoa vale un euro: desde la pesca nocturna en el Cantábrico, donde ya se empieza a tratar el producto en el mismo barco, hasta su llegada a las conserveras después de pasar por la lonja.
Quien haya visto alguna vez cómo se convierten los bocartes en las anchoas que se conservan en las latas, sabe que no puede haber muchos ejemplos de transformación agroalimentaria más minuciosa que esta. El sobado, después de varios meses de salazón, es manual y unitario. Así están luego…
Y eso es lo que han podido constatar los asistentes a la cata quienes, provistos de papel y bolígrafo, han tenido que valorar las anchoas de las cuatro conserveras según su presencia (del 1 al 5), su olor (del 1 al 5) y su sabor (del 1 al 15). En realidad, algo muy similar a lo que se hace en los concursos de Torrezno de Soria. Estas catas de anchoa se realizan acompañadas, tan solo, de agua y colines.
La experiencia gastronómica no ha concluido ni mucho menos con el fin de la cata, que estaba prevista a las 13.30. Tras la misma ha comenzado la comida preparada por Silvia Carpintero y Daniel Pérez, del Café de la Estación: ensalada de pimiento asado con caballa, Torrezno de Soria (facilitado por la Marca de Garantía), caricos cántabros (alubias guisadas) y flan de queso con miel de la Alcarria… mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
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