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Cima 64 de 68. Cuenca. Collado Bajo. 1.840 metros. 26-1-2020

Nos decía

anoche un vecino de Huerta del Marquesado, localidad en la que hemos pasado

este fin de semana: “Si mañana tenéis suerte, desde arriba podréis ver la

Sierra de Madrid y por el otro lado el Ranera y algunas montañas de Valencia”.

Esa es una

de las características que suele acompañar a las montañas más prominentes, la

excelencia de sus vistas siempre que el ascenso a ellas se produzca en días muy

claros, no como el que hemos tenido este domingo.

De hecho, otro vecino del pueblo nos decía esta mañana mientras nosotros desayunábamos: “¿Pero de verdad vais a subir hoy? Que lo que aquí es agua, allí arriba es nieve…”.

En la cima

Es verdad

que esta mañana caían cuatro gotas en el pueblo, pero las previsiones para las

horas venideras eran buenas en cuanto a lluvia: cero por ciento. De hecho, el

plan inicial era haber subido ayer sábado al Collado Bajo, el pico de mayor

prominencia de la provincia de Cuenca, pero el grupo de este viaje era de tres

personas y las tres teníamos libertad de elección entre los dos días del fin de

semana para acometer la ascensión.

A las ocho

de la mañana de ayer sábado quedamos en Soria José Vicente, Óscar y yo. Durante

el viaje fuimos hablando de la conveniencia de aplazar la subida, pero que no

tomaríamos la decisión hasta llegar al sitio, pues más de una vez nos ha

sucedido que un cien por cien de posibilidad de lluvias no era sinónimo de

llover y viceversa.

Esta vez sí.

Cuando llegamos ayer a esta zona de la Serranía de Cuenca por la que nos hemos

movido el fin de semana, la lluvia era intensa y desapacible, así que pronto

decidimos retrasar un día el intento de cumbre. Ayer aprovechamos para visitar

pueblos cercanos como Laguna del Marquesado o Cañete, este último sorprendente

de bonito.

Pero ayer no fue tiempo perdido en lo que al reto se refiere. El inicio de la ruta que nos habíamos descargado parte de la Fuente de la Ardilla, en la pista forestal asfaltada que une Valdemeca con Huerta del Marquesado. En Tragacete nos dijeron que nos olvidáramos de pasar por allí, que con la gran nevada del martes la pista estaría sin limpiar, intransitable.

Un descanso

Aun así, cuando pasamos por el inicio de la misma, observamos que estaba limpia. Avanzamos un poco y vimos pasar un turismo. Le detuvimos con una señal y nos dijo el conductor, acompañado de su mujer e hijos, que en la pista había algo de nieve pero que habían pasado tantos coches que se podía circular sin problemas por las rodadas. Así era, y así comprobamos que hoy domingo podríamos llegar con nuestro coche al comienzo planeado de la caminata.

No hemos

madrugado en exceso, porque habíamos quedado para que nos dieran de desayunar a

las 9.30. Después de comer unos ‘prominentes’ lomos con huevos fritos, nos

hemos despedido del pueblo y de nuestro alojamiento hasta la próxima.

En un cuarto

de hora más o menos, de nuevo por la pista forestal, hemos llegado hasta la

Fuente de la Ardilla, donde hemos aparcado.

Desde allí, el comienzo es fácil. Hay que seguir por la pista que sale a la izquierda, una pista en cuyo comienzo hay varias sillas y mesas para pasar un día de campo, un puente de madera, una especie de refugio y los clásicos paneles informativos.

Parada para la foto

En esta primera zona hemos pisado fundamentalmente barro y agua, con algo de nieve en las partes de umbría. Según íbamos subiendo, hemos comprobado que ha sido un acierto hacer la ruta con la ropa y el calzado de nieve, a pesar de que abajo parecía que podía ser un exceso de celo.

La marcha

no tiene mayor complicación ni posibilidad de pérdida durante los dos primeros kilómetros

y medio. Solo queda subir y subir, en algunos sitios con muy poco desnivel y en

otros con buenos porcentajes. Dos o tres curvas son atrochables por senderos

evidentes.

Todo cambia

cuando esa pista de ascenso se cruza con otra pista, en aparentes mejores

condiciones para los vehículos pero hoy ya totalmente tapada por la nieve. En

ese punto es necesario elegir: girar a la derecha para seguir la pista que nos

hemos cruzado o atravesarla para subir en línea recta, con lo que ello implica,

al Collado Bajo.

Como es fácil imaginar, hemos votado la segunda opción. Además, hay una señal que marca esa posibilidad: ‘Cima Blume. 0’7 kilómetros’. Quien piense que setecientos metros son diez minutos o menos, se equivoca de plano.

A partir de ahí, el desnivel aumenta de manera más que sensible. A ello se ha sumado hoy que el espesor de la nieve cada vez era mayor según nos acercábamos a la cumbre, así que este tramo final ha sido muy sosegado por los resbalones y por los habituales hundimientos de los pies en los lugares de nieve cercanos a rocas o a plantas.

Piedras, árboles y nieve

Cerca de la

cumbre hay una gran cruz de piedra. Es un recuerdo para las 28 personas

fallecidas en el accidente de avión ocurrido en este punto el 29 de abril de

1959, aquel Vuelo 42 de Iberia entre cuyos pasajeros iba el gimnasta Joaquín

Blume, uno de los mejores del mundo en aquella época y gran ídolo del deporte

español.

El último sábado de abril, desde 2006, se organiza la Marcha Blume con salida y llegada en Huerta del Marquesado, con un recorrido de 16 kilómetros de ida y vuelta y a la que en 2019, por ejemplo, acudieron medio millar de andarines.

Tras parar para coger un poco de resuello y hacer fotografías de la cruz, en pocos minutos más llegamos a la cima del Collado Bajo o Cima Blume, el lugar más alto de esta Sierra de Valdemeca. Hoy no disfrutamos de un día del todo diáfano, pero aun así hay grandes vistas. Hasta nos ha nevado cinco minutos mientras hacíamos los correspondientes trámites cimeros.

Para bajar,

y con el fin de evitar ese desnivel y posibles resbalones más peligrosos, hemos

optado por girar a la derecha para ir descendiendo por la cresta hasta llegar a

la pista que se une con la que hemos cruzado antes. Los setecientos metros se

convierten ahora en tres kilómetros, pero merece la pena por conocer nuevos

lugares y por disfrutar de una caminata tranquila.

El descenso desde el punto de reunión ya sí lo hemos hecho por el mismo camino que la subida. La marcha ha empezado a las 10.50 y ha terminado a las 13.20. Hemos coronado, hemos pisado nieve y apenas nos hemos mojado. La Serranía de Cuenca tiene miles de lugares y de senderos que merece la pena conocer, algo que nosotros hemos hecho con un par de ellos gracias a la existencia de este reto.

Punto de salida: Fuente de la

Ardilla, situada en la pista forestal asfaltada que una Valdemeca y Huerta del

Marquesado, a unos tres kilómetros del cruce entre esta pista y la carretera

CM-2106 cerca de Valdemeca.

Distancia: Tres kilómetros de subida, cinco de bajada. Ocho.

Desnivel: Se sale de 1.380 metros, se corona a 1.840. Los descensos en el camino de ida son inapreciables, así que unos 460 metros positivos, quizás 500 para redondear.

Cuánto se tarda: Para subir hemos tardado una hora y media y para bajar, una hora.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de abandonar el coche en la explanada de la Fuente de la Ardilla, se camina durante algo más de dos kilómetros por la pista que asciende de manera continua y sin desvíos que induzcan a error. Cuando se llega al cruce con otra pista, o bien se sigue de frente para llegar a la cima después de setecientos metros o bien se gira a la derecha para seguir por esta pista, que da un rodeo pero que hace mucho más llevadera la subida.