Blog | Por Sergio Tierno / Viajes, geografía, deportes y curiosidades

Cap. 320. 12/15-12-2023

Sorianos en el Kurdistán de Irak: celebrando el día grande de los yazidíes con los yazidíes

Kurdistán iraquí (59)
photo_camera Kurdistán iraquí (59)

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Oh Señor, aleja de mí por siempre, como has querido alejar hasta ahora, la pereza de pensar en salir de casa, preparar una mochila y montarme en un medio de transporte, y mantén intactas, como intactas siguen, las ganas de conocer el mundo y la capacidad de seguir asombrándonos por todas las maravillas, cotidianas o universales.

Superada esta primera digresión, aquí va la segunda. El país conocido por todo el mundo como Irak está virtualmente dividido en dos. Uno de ellos es el Irak Federal, cuya capital es Bagdad, la ciudad iraquí que casi todo el mundo conoce de los días de la escuela (Irak-Bagdad, pocos dúos país-capital son más fáciles de recordar que este). El otro es el Kurdistán iraquí, cuya capital es Erbil y que, además de sus deseos de independencia, tiene Parlamento y Ejército propios, por ejemplo. Tal es la separación que, si se entra al Kurdistán iraquí como es nuestro caso, ese visado no sirve para pasar al Irak Federal.

Y salvadas estas dos digresiones, la tercera y última: Irak no es un país en guerra desde hace un tiempo. Puede que no reciba tantos turistas como París o Londres, pero tiene una industria turística dado el aumento de la seguridad en los últimos años y, sobre todo, dada la abundancia de esas maravillas antes citadas. Vamos ya al relato de lo visto y vivido.

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Martes 12 de diciembre

Volamos en Pegasus, que nos adelanta la hora de salida a las 13.00 desde Barajas. Hay miles de personas pero seguramente ninguna tenga nuestro mismo destino final. Comemos en el avión un bocadillo de chorizo y jamón y llegamos poco más de cuatro horas después al aeropuerto de Sabiha Gokcen, el asiático de Estambul, donde tenemos más de cuatro horas de espera hasta las 0.15.

Miércoles 13 de diciembre

Hemos llegado al Aeropuerto Internacional de Erbil a las 2.50. En media hora hemos cumplimentado el proceso de entrada a la Región Autónoma del Kurdistán: pagar con tarjeta los 70 euros de visado y pasar el control de pasaportes. La compañía de taxis nos ha llevado hasta nuestro céntrico hotel, en cuyas camas dormíamos antes de las 4.00. Nos hemos levantado justo para el cierre del desayuno, que era a las 10.00.

Ya bien llenos, y aprovechando lo cerca que estamos, hemos ido a pie a la Ciudadela de Erbil, declarada Patrimonio de la Humanidad. Como siempre en los viajes, unas obras, en este caso las de la carretera de acceso al gran recinto, tienen cerrada la Ciudadela a las visitas. Se considera que este lugar es el que lleva más tiempo habitado de manera continua en el Planeta Tierra, unos 7.000 años.

Al lado de la Ciudadela está el Gran Bazar. Allí hemos hecho dos de las cosas fundamentales: cambiar euros en dinares iraquíes y comprar una tarjeta SIM para no dejar de tener internet durante nuestra estancia. También nos hemos tomado un par de tés cada uno, a uno de los cuales nos han invitado otros cuatro clientes de la tetería tradicional a la que hemos acudido y con los que hemos entablado cháchara, gracias en parte a esa tarjeta SIM.

La Ciudadela y el Gran Bazar están también junto a la gran plaza, el lugar más fotogénico de Erbil, sobre todo cuando sus numerosas fuentes están en funcionamiento.

Un taxi nos ha llevado hasta Ankawa, pequeña ciudad situada junto a Erbil sede de un arzobispado católico caldeo. No se espera ver tantos adornos navideños en Irak como estamos viendo. Hemos comido nuestro primer kebab o similar de los muchos que nos esperan, y hemos regresado a descansar al hotel, descanso que no ha estado reñido con una breve trotada por la zona de la Ciudadela. Yo no he ido, pero el lugar no está pensado para la carrera continua.

Aquí anochece pronto y además mañana madrugamos. Cerca del hotel, hemos cenado un espectacular pescado hecho así como un espeto, pero de tamaño 20 veces más grande que una sardina. Hemos pensado que habrá sido pescado en alguno de los grandes embalses situados al norte del Kurdistán iraquí, pero no sabemos.

De regreso al hotel, fiesta. Breve y pequeña, pero fiesta. El motivo, el cumpleaños de Nacho. El lugar, el pasillo de la cuarta planta de nuestro hotel. Por suerte, no han saltado las alarmas antiincendios.

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Jueves 14 de diciembre

Salimos de la capital Erbil. A las 8.30 hemos quedado en nuestro hotel con el taxista Ardalan. Diez minutos después ya estábamos rumbo al norte, hacia Alqosh, en la Gobernación de Nínive, pues Irak está repleto de lugares con nombres bíblicos. Se piensa que Nínive también fue la ciudad más poblada del mundo en el siglo VII antes de Cristo, pues este país también está lleno de varios hitos que explican los orígenes de lo que se considera Humanidad civilizada.

La niebla nos ha acompañado todo el viaje. No nos ha impedido entender por qué dicen que la primavera es una bonita época para visitar el Kurdistán. A los dos lados de la carretera, junto a un par de ciudades y algunos pequeños pueblos, había miles de hectáreas de terreno ahora rojas, que en unos meses lucirán verde-cereal. Hoy sí hemos visto varios rebaños de ovejas y algunos de cabras. Nos ha sorprendido igualmente la presencia de algunas mujeres a los lados de la carretera, con el cuerpo y la cabeza totalmente cubiertos. Aun así, Ardalan nos ha explicado que su presencia allí obedece también al ejercicio de la prostitución.

En Alqosh, lo más destacado es el monasterio de Rabban Hormizd, del siglo VII. Los monasterios cristianos más antiguos del mundo también se encuentran aquí en Irak, alguno de ellos como el de Mar Mattai, del siglo IV. Al igual que en la carretera, aquí también hemos tenido que pasar un control, esta vez sin necesidad de enseñar el pasaporte. Ya no hemos visto más personas hasta que nos hemos encontrado de nuevo con él: ni monjes, ni trabajadores ni turistas. Hemos disfrutado por tanto en solitario del paseo por este más que milenario lugar colgado de las montañas y del mismo color que ellas.

De bajada, en el mismo Alqosh, doble visita inesperada. Por un lado, otro monasterio más moderno, también asirio-caldeo, de 1858, el de Nuestra Señora de las Semillas, uno de los nombres más bonitos que he encontrado. Estaba todo abierto y visitable salvo el claustro, según nos ha informado un monje. En la iglesia estaban montando el belén.

Muy cerca está el cementerio cristiano, precioso, con cuidadísimas inscripciones en árabe, al que también hemos podido entrar.

Ardalan nos ha acompañado en esta última visita antes de montarnos en el taxi y viajar hasta Duhok. Nada más instalarnos en el hotel, taxi hasta el centro para comer, pues estamos a unos dos kilómetros. Como siempre pregunta la gente, dos breves apuntes sobre hoteles y comida. De momento, hemos dormido en dos hoteles de cuatro estrellas por 17 y 25 euros por persona y noche. Ya hemos visto en Duhok que se puede dormir más barato, pero por esos precios se puede permitir uno todas las comodidades.

Sobre la comida, ya llevamos varias en estos días. En todas, según entras, te ponen sin preguntar agua, un plato de sopa, otro de ensalada y varios elementos al centro para compartir. Después se piden platos más o menos grandes (pollo, cordero, ternera…). En algún caso hemos pedido uno solo para los dos y ha sido más que suficiente.

De hecho, eso es lo que ha sucedido en este mediodía en Duhok, en el bazar, inmenso como se corresponde a una ciudad musulmana de más de 300.000 habitantes. Desde el restaurante hemos ido directos a una pastelería a la que habíamos echado el ojo dentro del bazar, para disfrutar de nuestro postre fetiche, el trilece.

Paseo por la plaza llena de palomas y la calle principal, taxi, y al hotel. Y, muy poco después, nuevo taxi, esta vez al Duhok Mall. Entre lo friqui y lo necesario, hemos decidido ir a una de las películas del Festival Internacional de Cine de Duhok. Hemos elegido ‘The sky is mine’ (‘El cielo es mío’), de Ayoub Naseri. Los protagonistas del mismo son un padre, Aziz, y su hijo, Erfan, refugiados afganos en Milán (Italia). Erfan tiene once años y una grave enfermedad neuromuscular desde los cinco, de la que está siendo tratado en Milán. La película empieza y termina con unos preciosos cantos ambrosianos (In Dulci Jubilo creo que era el grupo). Nadie podrá volver a reprocharnos que no hemos visto una película kurda contemporánea.

Ya casi nada más, paseo por el centro comercial donde se proyectaban las películas, taxi al hotel, cena frugal debajo del mismo y al merecido descanso.

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Viernes 15 de diciembre

Hoy nos ha dado por madrugar, porque anoche no trasnochamos. Hemos subido en taxi hasta la montaña Zawa, al lado de Duhok, a la que también llega un teleférico y donde hay gran cantidad de restaurantes y una especie de parque de atracciones. Estaba todo cerrado. Solo hemos visto un par de pastores y un pequeño grupo familiar en una celebración. Al menos, hemos disfrutado de unas bonitas vistas de la ciudad, y de la presa que hay junto a ella. Duhok está encajonada entre montañas. Nos han comentado que cuando va todo el mundo a Zawa es al atardecer.

Con el nuevo taxista (creemos en realidad que se trataba de un familiar del recepcionista del hotel) habíamos quedado a las 13.30, pero antes de esa hora ya estábamos montando en su vehículo. La primera y única parada intermedia del día era Lalish. A su entrada, como a la entrada de cualquier lugar en el Kurdistán iraquí, había un check-point, un control de paso con personal militar o de seguridad. El primo del recepcionista, Said, nos ha dicho que hablaría solo él, que nos quedáramos callados. Nos han pedido los pasaportes y nos han permitido el paso con una sola condición: teníamos que entrar descalzos a la ciudad. Mejor, porque yo pensaba que tendríamos alguna prohibición de grabaciones o fotografías.

Conocer Lalish un día como hoy, viernes 15 de diciembre, es una de esas experiencias que dan sentido a toda una existencia viajera. El yazidismo es una de las religiones vivas más antiguas que existen. Sus orígenes se remontan a hace 4.000 años, dos milenios antes de Cristo, si bien terminó de ser sincretizada entre los siglos XI y XII por el Jeque Adí (Adi ibn Musafir), nacido en el actual Líbano pero que residió los últimos años de su vida aquí. Está enterrado en Lalish, en un pequeño recinto coronado por tres conos, imagen icónica de la ciudad-templo.

Los yazidíes, que sufrieron un proceso de arabización en tiempos de Saddam Husseim y un reciente genocidio del Estado Islámico con miles de muertos, son menos de un millón en el mundo, la mayoría en esta zona pero también en varios países de Europa y América donde han emigrado. Todos ellos, al menos una vez en la vida, deben peregrinar a Lalish y permanecer allí seis días. En Lalish no hay alojamientos turísticos, pero sí numerosas estancias para dar acogida a estos peregrinos.

Una de las principales fiestas del yazidismo es el llamado Banquete de Ezid o Yazid, en honor de la figura divina de Sultán Ezid que da nombre a esta religión y que es considerada la manifestación más antigua de Dios. El Festín o Banquete de Ezid se celebra siempre alrededor del solsticio de invierno y, más concretamente, el último viernes anterior al 21 de diciembre. Es decir… ¡hoy!

Esto ha compensado todas las veces de nuestras vidas que hemos viajado y que nos hemos encontrado cerrados por ser lunes, por ser las 18.01 o por estar en obras, los monumentos que queríamos visitar. Siempre con nuestros pies descalzos, hemos recorrido numerosas estancias de Lalish, incluido ese mausoleo del Jeque Adí, el único lugar donde no estaba permitido tomar fotos. Este mausoleo, como otros lugares, está tapado por telas que representan ángeles, y sobre las que los yazidíes hacen nudos en representación de deseos, nudos que luego deshacen. Todo ello lo hemos podido ver hoy, junto a las decenas de tinajas donde guardan el aceite que elaboran con los olivos del recinto.

En uno de los salones, el de mayor tamaño y alfombrado, hemos entrado y hemos visto el Banquete. Numerosas frutas, dulces y otros alimentos formaban alineados en una gran mesa. No solo nos han permitido fotografiarlos, sino que también nos han invitado a compartirlos sentados con ellos. Lo hemos hecho aunque, por respeto a nuestro guía (que también estaba disfrutando a lo grande), no nos hemos alargado. Aquí en Lalish hemos visto los únicos turistas ‘occidentales’ hasta ahora del viaje, quizás una decena.

Hemos seguido viajando hasta Akhra. Tras un breve regateo, ya tenemos hotel. Hay menos oferta hotelera, pero sin problemas para dormir. Nos hemos dado un paseo hasta el anochecer para comprobar una vez más que el fútbol es el deporte del mundo y que cuando dices que eres de España nadie te habla de Cervantes, Machado, Velázquez o Goya, sino del Real Madrid y del Barcelona. Les hace una gracia tremenda que Nacho se llame exactamente igual que el jugador madridista.
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