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Esta es la historia de una nueva expedición soriana a tierras del Oriente asturiano, a la localidad de Puertas (Concejo de Cabrales), con el objetivo habitual de hacer algunas rutas por los Picos de Europa. El viaje en sí se ha planteado del domingo 24 al miércoles 27, si bien parte del grupo pudo alargarlo por delante (zona del Peña Santa, zona del Tesorero y Horcados Rojos) e incluso por detrás (zona de Santoña).
Nuestro viaje arrancó el domingo 24 en Soria (Carlos, Cristina, Félix, Sergio) y continuó en la localidad burgalesa de Villarmero (Javi). La siguiente parada no fue hasta Parres (Asturias) para comer ya con Chupi y Germán en la Casería de Santa Marina. Muy recomendable, y no solo porque fuera casi el único sitio al que llamamos que nos garantizaba darnos de comer aunque no tuviéramos mesa a nuestra llegada.
Comimos allí porque justo poco antes Lorena nos informó de la existencia del Mercado de Porrúa, el Mercáu de Porrúa. Vimos que era uno de los grandes reclamos festivos estivales de este Oriente de Asturias, y fuimos capaces de comprobarlo. Y eso que nos dijeron que el sábado todavía había mucha más gente. Aprovechamos para comprar algunos regalos y la comida para las excursiones de los días siguientes: queso, embutidos, bollos… El pan nos lo quitaron los anteriores visitantes.
De Porrúa viajamos a Puertas para juntarnos ya el equipo titular al completo (Didio, Nacho, Raquel, Sara). Tomamos algo en el nuevo bar que abrió el año pasado, cenamos en grande y a la cama.
El lunes 25 hicimos la primera de las rutas. Como en nuestras anteriores veces en el Macizo Oriental de Picos, aparcamos en el Jito de Escarandi, el punto más alto de la carretera que une Sotres y Tresviso. Algo de desnivel nos quitamos, por tanto, pues nuestro objetivo del día también es accesible de manera lógica desde otros puntos como Sotres o las Vegas de Sotres.
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Ese objetivo era el Pico Valdominguero, una buena montaña de 2.265 metros, situada al norte del Collado de Valdominguero. Al sur se encuentran las tres montañas más elevadas de este Macizo Oriental o de Ándara: la Pica del Jierru, la Silla de Caballo Cimero y la Morra de Lechugales, cada una ocho metros más alta que la anterior: 2.426, 2.434 y 2.442 metros sobre el mar. En realidad, se pueden leer varias altitudes diferentes de las tres cimas, un par de metros por arriba o por abajo.
El Valdominguero no es una de las siete cimas más escabrosas de los Picos de Europa, pero tampoco, desde luego, una de las siete más domingueras, especialmente si para el regreso se elige nuestra misma ruta, la cresta que continúa hacia el norte, hacia las picas del Jou Sin Terre.
Antes de ello, para subir al Valdominguero, nosotros fuimos por la pista desde el Jito hacia el Casetón de Ándara y, desde allí, dejamos a nuestra derecha el Jou Lloroso, donde vimos un buen grupo de rebecos. En el Collado de Valdominguero descansamos para disfrutar de las impresionantes vistas del Macizo Central o de los Urrieles, Vegas de Sotres mediante.
Desde ese Collado, dejamos nuestro objetivo a la izquierda, hacemos algunas zetas y encontramos una pequeña canal cuyo remonte definitivo no nos lleva todavía hasta la cima, pero que nos ofrece unas vistas aún mejores que las de pocos minutos antes. Desde allí ya no hay misterios hasta el Valdominguero, el punto más elevado del día.
Lo que sí tiene algo más de misterio es la siguiente decisión, la de continuar por ese cresterío más vertical que aéreo, más aparente que complicado, disfrutón, que nos eleva hacia tres o cuatro cimas sin nombre después de varios pasos cuidadosos tanto de trepada como de destrepe. “Hay buenas presas”, es la frase que más escuchan los que van cerrando el grupo, seguida por “pon aquí el pie izquierdo”. Es preferible que alguien con experiencia montañera abra la marcha. Fue el caso.
En media hora o algo más se llega a una innominada cima herbosa que nos invita a pensar que lo más técnico ha pasado. Es allí donde decidimos no seguir el cresterío tal cual hacia el Boru, sino desviarnos ligeramente a la derecha, al noreste, para subir de nuevo al Pico Soriano, como no podía ser de otra manera dada la naturaleza del grupo.
Allí almorzamos y desde allí bajamos por el Collado de Fuentesoles hasta encontrarnos de nuevo con la pista y el coche. Antes de llegar a Puertas, dos paradas. La primera, en Poncebos, para remojarnos en el Cares bajo el Puente de la Jaya. La segunda, en Arenas, con una finalidad muy parecida y para rematar las compras antes de volver a Puertas.
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Y llegamos de este modo al martes 26. Esta vez, el objetivo no era el Macizo Oriental sino el Central, el más famoso de los tres aunque solo sea por tener la cima más alta, el Torre Cerredo, y la más icónica e inconfundible, el Urriellu o Naranjo de Bulnes. Hablaremos de ello, de esta doble nomenclatura, en el futuro.
La ruta elegida en este Macizo, con coches en los dos puntos, era subir de Collado Pandébano al Refugio de Urriellu, y bajar nada menos que hasta Poncebos por las canales de Camburero, Balcosín y el Texu, más de 1.700 metros de desnivel negativo para terminar de nuevo en el Puente de la Jaya.
Eso hicieron, sin contratiempos, los demás miembros del grupo, mientras yo prefería quedarme por la zona de Puertas para hacer alguna ruta más sosegada a la que tenía ganas de hace tiempo. Tras holgazanear un poco por la casa, fui por caminos hasta Asiegu, Pueblo Ejemplar de Asturias en 2019. Hay marcas. Coincide que parte del recorrido es compartido con el Carreña Trail que se celebra el próximo 7 de septiembre y con el conocido como Camino de los Santuarios, 200 kilómetros entre Liébana y Oviedo pasando por Covadonga.
De Asiegu, bajada suave también por caminos hasta la capital del Concejo de Cabrales, Carreña, siempre con unas preciosas vistas. Una vez en Carreña podría haber esperado el autobús que va hasta Arenas, pero la distancia no llega a cuatro kilómetros, así que la cubrí a pie, en parte por carretera (Carreña-Poo) y en parte por la especie de acera que hay entre Poo y Arenas. Si se desea, este tramo se puede hacer por un camino cercano el río Casaño.
En Arenas me di una vuelta por el Mercado Tradicional instalado martes y miércoles, como parte de la amplia programación en la semana previa al famoso Certamen del Queso de Cabrales, que se celebra cada último domingo de agosto y que lleva a miles de personas a la población con más habitantes del Concejo. Esta vez, la única parada del resto del grupo en Arenas fue para recogerme y regresar a casa.
Miércoles 27, último día, que no es desaprovechado por algunos de los integrantes para dar una vuelta por la zona andando o corriendo, todo ello desde Puertas. Ya juntos, hacemos la habitual parada fin de viaje en Arenas (café, compras…), con el añadido del ya citado Mercado Tradicional.
En Arenas, primera despedida. Los nueve restantes continuamos hasta Santoña para dejar a los tres que pasarán allí algunos días más de asueto. Comemos en la Playa de Berria, junto al Penal de El Dueso y bajo la silueta del Buciero. El Cantábrico obliga bandera roja y los surfistas lo agradecen. Vamos hasta Santoña mismo para comprar anchoas porque en ese sentido somos normales: nos gusta comprar productos típicos de los sitios a los que vamos. Allí mismo, junto a los dos coches y no lejos de las exuberantes y valiosas Marismas de Santoña, nos despedimos con el deseo de nuevas escapadas conjuntas.
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