14-9-2017. Maravillas de España: Sa Calobra, Torrent de Pareis y las cabras casi bañistas
Como he contado en esta entrada, gracias a mi decisión no seguir adelante en mi ascensión al Puig Major me ha dado tiempo a conocer Sa Calobra. Cuando vinimos en mayo, me quedé con las ganas, y no quería que en ese viaje me volviera a suceder lo mismo en la medida de lo posible.
Sa Calobra es uno de los lugares más espectaculares de la mayor isla española, de Mallorca. Situado al abrigo de la Sierra de Tramontana, desde el Coll dels Reis hasta el mar se descienden 700 metros por una carretera que por sí sola merece una visita.
A lo largo del día, según subía al Puig Major, veía gran cantidad de autobuses que regresaban ya. Cada vez que el trazado lo permite, hay pequeños ensanchamientos para que los vehículos se vayan dando paso entre sí.
Esta carretera tiene dos lugares muy famosos. Uno es el llamado Nudo de Corbata. Es fácil de entender: la carretera gira tanto que tiene que pasar por debajo de sí misma para continuar hacia el mar. El segundo no sé si tiene nombre, pero es fácil encontrarlo en fotos. Se trata de un estrechamiento de la carretera entre dos paredes más que verticales y de bastante altura.
Desde la carretera principal hasta Sa Calobra hay 12 kilómetros. Para llegar a esta preciosa cala hay que dejar el coche en un aparcamiento de pago. Allí mismo hay unos pocos restaurantes que a la hora que he llegado yo ya estaban casi vacíos o cerrados, no sé si alguno quedaría luego abierto para dar cenas.
Nada más llegar a Sa Calobra se ve un cartel: “Torrent de Pareis. 300 metros”. Me extrañaba ver tan poca gente con la de coches que había en el aparcamiento. Sigo esas señales. A la derecha, paredes inmensas, que en dos ocasiones hay que atravesar a través de túneles que en ellas se han realizado. A la izquierda, el mar, del que ya se ha dicho todo.
Pasado el segundo túnel se llega a ese final del Torrent de Pareis, un torrente de seis kilómetros que salva más de 600 metros de desnivel. Se calculan seis horas para hacerlo. He visto y es increíble. Otro día lo cuento.
Pero la inmensa mayoría de la gente no va ahí para remontar el torrente, sino para disfrutar del mar Mediterráneo en sí y de los cantos rodados que ha ido trabajando en los últimos miles de años. Yo también prefiero las playas así, de piedra y no de arena.
Muchos de los bañistas dirigen sus miradas y sus móviles hacia las rocas, a una altitud de unos 15 metros. Allí se encuentran caminando dos cabras entre riscos no aptos para humanos corrientes. Seguro que alguna vez, alguna de ellas, también ha terminado en el agua.