EL MUSEO NUMANTINO DE SORIA, PIEZA A PIEZA
Apenas 45 centímetros de altura y casi dos mil años de historia. Así es la delicada escultura que representa a Saturno, el dios romano de la tierra y de las semillas, y que hoy custodia el Museo Numantino de Soria. Una joya silenciosa rescatada del olvido por Teógenes Ortego en 1974, durante las excavaciones de la villa romana de Los Quintanares, en Rioseco de Soria.
Entre 1965 y 1975, Ortego dirigió tres campañas que sacaron a la luz los restos de una lujosa mansión rural, situada a unos 600 metros del pueblo, en un altozano soleado junto al río Sequillo. Fue en el peristilo oriental —uno de los dos patios porticados en torno a los que se organizaba la villa— donde apareció esta escultura, hoy una de las piezas más singulares del Museo.
La villa, de gran complejidad arquitectónica, había sido expoliada durante siglos: sus materiales se reutilizaron en construcciones del entorno, como la ermita de la Soledad o el rollo de la Plaza Mayor. Esa amenaza que llevó a excavar con urgencia, permitió documentar más de treinta estancias dispuestas en torno a dos patios. En el extremo oriental destacaba una gran sala absidiada; en el occidental, otra aún más singular, con triple ábside, que seguramente acogió una fuente monumental con un sistema de canalización al exterior.
En esa misma ala se hallaron la cocina, estancias auxiliares, termas y una habitación con hypocaustum, el ingenioso sistema romano de calefacción. Treinta de sus dependencias conservaron los pavimentos, varios con mosaicos polícromos de gran belleza y variedad geométrica. El más impactante en la sala de los tres ábsides: en el centro, un hexágono encierra, con rica policromía, una bella alegoría de la Abundancia, símbolo de fertilidad y bienestar. En la misma estancia fragmentos de estucos, molduras y numerosos cascotes de yeso y piedra toba, permiten imaginar una cubierta abovedada.
Durante las excavaciones también se halló una necrópolis anexa y un pequeño tesoro de monedas bajoimperiales.
Volviendo a nuestra pieza, esta estatuilla de Saturno —realizada en mármol blanco y bulto redondo— dada a conocer por Ortego fue estudiada por el gran historiador del arte romano Alberto Balil Illana (1928-1989). El dios aparece con barba, envuelto en un manto que le cubre cuerpo y cabeza, y calza sandalias. Apoya el brazo izquierdo sobre una pilastra parcialmente oculta por el manto; a esa mano le falta el atributo que lo identificaba: una hoz o podadera.
Sus pequeñas dimensiones y el acabado más tosco del dorso —en contraste con el detallismo frontal— indican que fue concebida como una pieza de interior, colocada junto a un muro, quizá en un jardín, un peristilo, unas termas o un ninfeo. Eran elementos de prestigio habituales en los espacios domésticos de las élites romanas.
Saturno y su esposa Ops -u Opis- diosa de la Abundancia, simbolizaban la fertilidad del campo, pero también la fecundidad humana. En su honor se celebraban las Saturnales (Saturnalia), fiestas de luz, regalos y renovación, entre el 17 y el 23 de diciembre, que anticipaban —en forma y espíritu— nuestras actuales Navidades: se decoraban las casas con plantas, se encendían velas, y los regalos entre amigos y familiares sellaban los lazos de comunidad.
Este Saturno hoy expuesto en el Museo Numantino, es mucho más que una figura de mármol: es un testimonio del alto grado de romanización y del esplendor de las élites del Alto Duero en los primeros siglos de nuestra era.
Es reflejo fiel de los gustos, modelos y símbolos de una sociedad hispanorromana profundamente imbuida de cultura clásica.
Y es, también, una mirada directa al alma de un tiempo en que en estas tierras que hoy habitamos, aquellos que nos precedieron, dejaron huella de su pasión por el arte y la belleza. Pieza a pieza una historia que resurge.
Fuentes:
ARLEGUI SÁNCHEZ, Marian(coord). Museo Numantino: guía. Soria (m): Asociación de Amigos del Museo Numantino, 2014. Págs. 214-215.
HERAS FERNÁNDEZ, Helena. Contexto histórico y situación de las villas romanas de la provincia de Soria. AREVACON 27, 2007 Págs. 10-20.
Fotografías: Jesús Lope