Textos e imágenes: David Ortega
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El soriano no ha sido nunca un pueblo dado y versado en las artes. Motivos de sobra ha tenido para no serlo. Nuestra propia arquitectura popular es pobre y elemental como una peseta. Primitiva, auténtica y bella -para mí la que más-, pero pobre, despojada, desnuda y esencial como haya invernal en lo más profundo del pinar. ¡Como nosotros mismos y nuestra propia tierra! En todas las manifestaciones populares de nuestro pobre espíritu, mera chispa o conato de algo que alcanzó muchas más altas cotas de perfección, genialidad y monumentalidad en otro lugar, sólo hay un genial y simbólico elemento que incumple la regla de la no monumentalidad: la chimenea pinariega. Su exceso y monumentalidad nos turba y confunde. Nos desconcierta. Algo no cuadra. ¿Una monumental cocina monacal en una pobre casa de pastores y labriegos? Tal sobredimensionamiento sobre la casa popular, como una suerte de tumor anómalo e hipertrofiado sobre un enebro mocho y rastrero, casa mal con nuestro recogido, aterido y encogido espíritu resfriado.
El soriano no ha sido un tipo muy dado a las artes. Motivos de sobra ha tenido para no serlo. Dejando a un lado las pinturas rupestres, la cerámica celtibérica o el románico, creo que nuestra mayor aportación a la historia del arte y la arquitectura son las chimeneas pinariegas. pic.twitter.com/eLRkgJSdpv
— David Ortega (@Daviddcoba) January 24, 2023
Las chimeneas pinariegas son nuestra particular escultura o monumento de culto al fuego y al hogar, una suerte de tótem ibérico de protección frente al frío, el viento y la nieve que desde tiempo inmemorial asolan esta alta meseta castellana. Todo en ellas es pura belleza y monumentalidad popular: las esbeltas y casi viriles y eróticas formas redondeadas y piramidales que rasgan el cielo (de ahí lo de su forma troncocónica); las texturas y acabados plásticos de barro y encestados (por aquí también llamados setos, cestos o bardas); su santo, oscuro y cavernario recogimiento interno con el humo y el negro hollín del incienso (verdadera bóveda celestial); los chorizos y pancetas que cuelgan como brazos ahumados de un inmenso candelabro; los trasnochos, consejas e historias de las viejas y los nobles escaños de madera que, rodeando el fuego, forman una suerte de pequeño templo, altar o claustro doméstico, como ya dijo Unamuno hace mucho tiempo.
Ayer Jaime de 95 años me enseñó una de las últimas chimeneas pinariegas que se sigue utilizando diariamente como antaño, como hace al menos 300 o 400 años. Aquí cura el embutido al humo y aquí cocina diariamente en el puchero o en el pote las patatas con tocino o chorizo. pic.twitter.com/aATqRr3P2U
— David Ortega (@Daviddcoba) September 30, 2022
Toda vivienda popular tiene su origen en el hogar y todo hogar condensa las claves del encanto, la belleza y la gracia única y esencial de la arquitectura popular, que no se entiende sin el humo y el fuego. Estructural o arquitectónicamente, la chimenea no es más que la prolongación vertical del hogar, una suerte de artefacto o conducto interno para alimentar de aire el fuego y canalizar hacia el exterior el humo del sempiterno fuego bajo. La arquitectura culta, civil y religiosa, conocedora de todo este trasfondo primitivo y sagrado de las chimeneas, pronto hizo de ellas, por dentro y por fuera, en los refinados salones palaciegos y en las grandes cocinas monacales, un emblema simbólico y estético de su poder, grandeza y riqueza, con un sinfín de escudos y filigranas labrados a conciencia. Al soriano serrano, hecho al frío y al fuego, no le bastó con adornar la chimenea con esta gran obra de artesanía y cestería, sino que directamente la hizo tan grande y monumental como para meterse dentro y encerrarse en ella, como un leño más, convirtiendo la chimenea en su propio hogar, o el hogar en su propia chimenea.
La chimenea pinariega y su descomunal tamaño en una coqueta vivienda de las de antaño. Ambas, chimenea y vivienda, felizmente restauradas. Castrillo de la Reina, Burgos. pic.twitter.com/sfaWBzkUXZ
— David Ortega (@Daviddcoba) March 20, 2021
Chimenea troncocónica muy remozada con mortero de cemento y chapa para evitar la entrada de agua. Desde la base del tejado, alcanza unos 2 metros de altura.
— David Ortega (@Daviddcoba) August 3, 2022
Los Llamosos, a 19 kilómetros de Soria capital. pic.twitter.com/5eikrt95hi
El mérito no es nuestro o, al menos, no es sólo nuestro. Es un mérito compartido. La gran chimenea pinariega (redonda o de campana, si preguntan a los viejos del lugar), parece nacer aletargada en los primitivos, relícticos y atávicos valles, sierras y pinares del sistema ibérico soriano y burgalés, para luego descender lentamente hacia el sur y el llano. En Burgos, donde la chimenea se cuela hasta las puertas de la misma ciudad por las tierras de Lara y Juarros, se conserva un simbólico y revelador cogollo aislado y satelital aún más al norte, por los páramos de Masa y Lora. En Soria, recién nacidas en los altos, saltan una y otra vez el joven Duero, llegando hasta El Royo y la zona de San Andrés de Soria, Almarza y Gallinero, donde confluyen con otro tipo de chimeneas serranas trapezoidales y donde se encontraban, sin el característico remate superior del copete, algunas de las chimeneas más espectaculares. Don Leopoldo Torres Balbás llegó a fotografiarlas. La Casa Fuerte de San Gregorio, obra magna de la vieja nobleza popular castellana y cuna de la primera mujer catedrática de España, en el posterior añadido monacal y junto a otras chimeneas más cultas de piedra, conserva en la cocina de los monjes la que quizás sea la chimenea pinariega más antigua, grande y monumental. Tiene más de 500 años. He tenido la suerte de verla.
La “chimenea de los monjes” de la Casa Fuerte de San Gregorio (Soria) es con creces la más espectacular de cuantas chimeneas troncocónicas existen en la provincia. Se dice que fue utilizada por los monjes dominicos del convento que anexionó Don Francisco de Medrano en el S. XVI. pic.twitter.com/BSthNwRET7
— David Ortega (@Daviddcoba) February 20, 2022
Comparto otra fotografía antigua de la misma chimenea de Gallinero (Soria) que compartía días atrás, pero desde otra perspectiva. https://t.co/1Gmov3uBir pic.twitter.com/DuJm2TsBqh
— David Ortega (@Daviddcoba) January 31, 2022
Por esta vía o lengua de sierra, como una fresca avenida de nieves en la primavera, la chimenea pinariega llega y rodea la propia capital. Tenemos -o hemos tenido- chimeneas pinariegas en Oteruelos, Pedrajas, Las Casas, Garray, Renieblas, Golmayo, Carbonera, Fuentetoba, Villaciervos, Villaciervitos, Navalcaballo, Camparañón y hasta la propia capital (echen un vistazo a las fotografías del último calendario del Ayuntamiento). Aquí, en esta encrucijada fronteriza de vientos más cálidos, tiene su vértice más oriental. Luego se frena. Intempestivamente. Las chimeneas repelen al Duero por el sur y este de la ciudad y tornan, río abajo y páramo arriba, por donde habían venido, por esa gran y pétrea espina dorsal que es la Sierra de Cabrejas. Desde sus orígenes, su tendencia natural es bajar rectas, derechas y bien erguidas por la tierra nuclear y esencial de Castilla, cruzando los pinares y sabinares hacia la meseta y atajando la gran curva de ballesta que hace el Duero entre Soria y Almazán. Ya residuales, encontramos chimeneas pinariegas en la tierra de Gormaz y San Esteban (en el pueblo de Cenegro se hundió hace poco la chimenea más meridional de la provincia que conocía), en el segoviano pueblo de Maderuelo y hasta en la venta vieja de Medinaceli en la carretera a Lomeda, también hundida. Su instinto capilar es avanzar por la génesis de Castilla, como avanzó también la propia Reconquista.
He vuelto a Cenegro (Soria) para constatar la ruina y desaparición de la chimenea cónica pinariega más meridional de todas cuantas tengo inventariadas. pic.twitter.com/vqNTaH0ghP
— David Ortega (@Daviddcoba) February 11, 2024
He nacido tarde para estos menesteres históricos y etnológicos que me ocupan y entretienen, pero aún puedo decir con suerte que he visto, en ruinas y en pie, vivas y muertas, en una esquina y en otra de la provincia, un buen puñado de chimeneas pinariegas. ¡Hasta con los chorizos colgando y el viejo murmurando en el escaño! Su carácter capital, elemental y gravitacional, junto con su gran tamaño y su fortaleza estructural, han hecho que aguanten estoicamente hasta nuestros días. Los nuevos materiales industriales sólo las han maquillado. La distribución de las chimeneas no es arbitraria y marca una clara y reveladora frontera implícita. No sabemos de qué o por qué, pero la marca. Chimeneas redondas y troncocónicas hay en otros muchos lugares (las más famosas quizás sean las chamineras con espantabrujas del Alto Aragón), pero su estructura interna y su envoltorio, es bien distinto.
Arquitectura popular del Alto Aragón, en cuatro fotos. Piedra, recercos en añil, cubierta de lajas y una soberbia chimenea troncocónica (chaminera o chimenera) con espantabrujas en la cúspide. El pueblo y la vivienda se abandonaron hace tiempo. pic.twitter.com/C1Fvjfndja
— David Ortega (@Daviddcoba) June 12, 2021
Joyas arquitectónicas del Alto Aragón. Chimenea típica en Ansó, Huesca. pic.twitter.com/hlIYCgHEuO
— David Ortega (@Daviddcoba) November 14, 2021
Según el tipo o subtipo constructivo, la chimenea pinariega se levanta en el primer o segundo piso de la vivienda, sobre una estancia cuadrada, precedida de un pasillo lateral que la protege de las corrientes. Sobre estos muros de piedra o paredes medianeras, se forja una estructura de madera con tirantes que convierten el cuadrado en un octógono (la famosa cuadratura del círculo) y, desde éste, se levantan palos verticales en forma piramidal, de tanta altura como altura tenga la chimenea. La estructura se cierra con encestados o trenzados de bardas, ramas o setos de enebro, sabina o roble y se revoca por dentro y por fuera con un mortero de barro o cal, de manera que la cara interna, con el fuego, el calor y el hollín, se cuece y endurece protegiendo la estructura de posibles chispas e incendios (hay un subtipo muy raro, que he encontrado por las tierras de transición de San Esteban de Gormaz, donde la campana troncocónica se cierra enteramente con hileras sucesivas de adobes). La parte externa y visible que sobresale del tejado, se recubre con fragmentos de tejas o tejos superpuestos a modo de escamas, para impermeabilizarla. Finalmente, el gran remate superior por donde sale el humo, se protege con una estructura de madera y tabla en punta llamada 'copete'. En el interior, el sobrio mobiliario está compuesto básicamente por el escañil o los escaños, una mesa movible con tentemozo (la famosa perezosa), la llar, el trasfuego, los morillos, sartenes, trébedes y demás elementos para cocinar y atizar el fuego, un mueble, alacena o vasar, la mayoría de las veces empotrado en la misma pared, una gamella para amasar el pan y, a veces, una cocción de cerámica en una esquina. Sobre el fuego, es común que se abra la boca del horno interior o exterior anexo, sin más salida para el humo que la propia campana de la chimenea. Las hay que tienen una mirilla en la pared que da al portal, para ver quién entra y sale sin necesidad de salir de la cueva.
Hay un subtipo de chimenea cónica pinariega que está levantada enteramente con adobes y barro hasta la cumbrera, sin madera ni encestados. Es casi la misma técnica constructiva que los nidos de las golondrinas en el ennegrecido tiro de la chimenea. Sorianos y golondrinos. pic.twitter.com/kRsRa7g1j5
— David Ortega (@Daviddcoba) February 27, 2023
Pocas veces tiene uno la suerte (o la desgracia) de ver el exterior de una chimenea pinariega y contemplar con detalle su técnica constructiva: trenzado de ramas de sabina y barro, a veces también combinado con fragmentos de barro cocido. Soria. https://t.co/JARrtKxnuS pic.twitter.com/npDODBWm60
— David Ortega (@Daviddcoba) April 24, 2021
Yo, joven humilde y curioso, hijo, nieto y bisnieto de la tierra germinal y nuclear de estas chimeneas (¿cuántos ratos habrán pasado ahumados en la lumbre de estas chimeneas los Ortega, Navazo, Abad, de Pedro, Arche, Llorente y demás parientes?), tengo dos grandes e imperfectas teorías: que como la mayoría de las manifestaciones cultas y populares que hoy consideramos propias y vernáculas, también en la propia arquitectura, las chimeneas vinieron de fuera, quizás en la grupa de alguno de los monjes y caballeros rubios y norteños que ayudaron a repoblar estas altas y recónditas sierras; o, simple y llanamente, que eran un elemento propio del serrano más indígena, una primitiva vivienda o chozo circular como el de los celtíberos y pastores, cronificado, fosilizado y luego trasplantado y sobrepuesto a la casa medieval y a sus diferentes tipos extraños (la casa pinariega más tradicional no es más que una tenada con chimenea). Esto último casaría muy bien con el cierto nomadismo de los hombres de estas sierras trashumantes y carreteras, que se llevaron su hogar a cuestas, y podría explicar su movilidad, generalidad y existencia en casas, tipos y zonas totalmente extrañas y dispares. Todo está por desarrollar.
Entrar en un hogar con chimenea pinariega es siempre como volver a la tenue y agobiante oscuridad uterina de la hoguera y la caverna, algo atávico, primario y esencial. Cuando la casa aún estaba viva, el hogar era el único espacio caliente y la familia se apelotonaba aquí en… pic.twitter.com/tFbhIHErrK
— David Ortega (@Daviddcoba) January 2, 2024
La antigua posada de Villaciervos (Soria) y la muerte de una de las chimeneas pinariegas más espectaculares de la provincia.
— David Ortega (@Daviddcoba) January 18, 2022
Esta 1º fotografía (de la que desconozco la fecha exacta y la autoría) aparece en el Tomo I de “Itinerarios de Arquitectura popular” de Luis Feduchi. pic.twitter.com/5qDsoILZht
Bajo la gran bóveda celestial de una de estas chimeneas redondas o de campana, renegrida y brillante por el hollín, sin más iluminación que la vela del candil, las ascuas moribundas y las estrellas que se asoman tintineantes por el cielo, con el ulular amenazante del viento y el crepitar del fuego, uno siente toda la honda y sagrada trascendencia histórica del hogar y del fuego. Como golondrinos bajo el barro quemado, aquí hemos pasado y consumido la vida los sorianos. La arquitectura popular tradicional se hirió de muerte cuando el fuego, el hogar y las chimeneas dejaron de tener un papel capital y trascendental en la construcción de la vivienda. La arquitectura popular soriana ha crecido y evolucionado junto al fuego y una parte muy importante de ella y de todos nosotros muere cada vez que dejamos caer una de estas chimeneas pinariegas. Y ya van unas cuantas. Pueden pasar a ver el esqueleto de la última víctima en Villaciervos, junto a la carretera.
Otra monumental chimenea pinariega que tristemente he visto rajarse y caer en el año 2023. Llevo compartiendo por aquí su ruina progresiva desde hace al menos cuatro años. Villaciervos, Soria. https://t.co/euM3ZIk8BK pic.twitter.com/ElFxdxpTj0
— David Ortega (@Daviddcoba) January 22, 2024