En los años posteriores, en la literatura de la época, se encuentran menciones a estas brujas en un pronóstico de Torres Villarroel, "Las brujas del campo de Barahona" (1795); en la prensa de ambas centurias, en las "Cartas marruecas" de José Cadalso (1789), en las anotaciones de Fernández de Moratín a la relación del "Auto de Fe de Logroño de 1610" (1811) y en un relato anónimo "Las brujas de Barahona y la castellana de Arbaizal" (1841), que destaca especialmente por su extensión y la atención que dedica a estas mágicas. Ya en el siglo XVII Diego Torres de Villarroel situaba en este paraje un relato fantástico que luego serviría de inspiración a Goya para la ejecución de su cuadro de su famoso cuadro "El Aquelarre".
El monolito de piedra, “ El Mojón de las Brujas”, es una una roca atravesada por un agujero y en cuya parte superior hay una cruz grabada que se encuentra a las afueras del pueblo. Dice la leyenda que las brujas introducían la cabeza en el agujero para confesarse.