Los mozos de Villar del Ala cantan a la plaza que sonríe
El ingenio, el corazón, el trabajo y el respeto a la tradición hicieron posible que ayer a medianoche se escucharan de nuevo los Cantares de Villar del Ala, uno de los últimos vestigios de esta tradición en la provincia de Soria, y que en esta localidad de El Valle no se han perdido. Desde que cumplen 18 años, y hasta que se casan o se cansan, los mozos varones se reúnen en los días previos a San Roque para elaborar una serie de cánticos que luego interpretarán justo a medianoche en la puerta de la escuela, para que los escuchen todos los vecinos del pueblo, del Valle y cualquiera que lo desee.
El nuevo bar en la plaza, el fallecimiento del cura o del que fue muchos años alcalde, un deseo de buen viaje a todos los fallecidos, la 'petición' de un radar, el cierre de la panadería de la comarca, la despoblación, Puigdemont, los Juegos Olímpicos, la Eurocopa, alguna broma picante, algún recuerdo a mozos que no pudieron acudir, el paso de la edad niña a la edad adolescente...
Todo ello y más tuvo cabida en un 'concierto' de 20 minutos amenizado con guitarra y botella de anís. A medianoche sale el grupo de la Fragua y poco después empiezan estas estrofas de siete versos y estructura A-B-A-B-C-D-D-B. En la mayoría de los casos, B y D riman, lo que le da un ritmo muy particular a estos Cantares de Villar del Ala.
Cuando terminan, todos los presentes entran en la escuela para beber el vino bendecido por San Roque, vertido en dos tazas de plata a las que hay que dar un beso en el 'culo' tras cada trago.