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Cap. 282. 17-1-2022. Algo de Madrid: el Huerto de las Monjas

Dentro de mis relativamente habituales escapadas a mi ciudad, Madrid, en la de este fin de semana he decidido conocer un lugar nuevo: el Huerto de las Monjas.

No supone ningún contratiempo especial ir hasta allí porque está en pleno centro. Sin embargo, poca gente lo conoce porque ni está en un lugar de paso ni está en el top ten de lugares que hay que conocer.

Aun así, merece la pena ver restos del Madrid de hace cuatro siglos en sitios donde no te los esperas. El Huerto de las Monjas es eso, el huerto que las monjas Bernardas tenían en su convento del Santísimo Sacramento, fundado a comienzos del siglo XVII.

El convento como tal no existe en la actualidad, pero sí la que era su iglesia: la iglesia del Sacramento, convertida ahora en la Catedral castrense.

El Huerto de las Monjas ha permanecido casi inalterado en su concepción en los últimos 400 años, si bien los bloques de su alrededor son de hace apenas unas décadas.

La imagen más reconocible de este Huerto es la Fuente de la Priora.

En las fotos anexas, además del Huerto, se pueden ver la iglesia de Montserrat en la calle San Bernardo, la antiquísima iglesia de San Nicolás de Bari, la Casa de Cisneros, la plaza de la Villa…

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Cap. 281. 13/15-12-2021. Hasta la vista, Kenia: Kessup Falls, cumpleaños, Carnivore…

Hemos estado tan ocupados en nuestros últimos días en Iten, sin hacer básicamente nada, que no he sacado tiempo ni para escribir lo que nos ha ido sucediendo en ellos. Me toca hacer memoria en el Airbus 380 que nos traslada de Dubai a Madrid para recapitular estas últimas jornadas de nuestro viaje a Kenia, ayudado por las fotos que hemos ido tomando tanto con la cámara como con el móvil.

Domingo 12 de diciembre

Como sucede cada día en nuestro hogar de Iten, vamos acudiendo los nueve a desayunar poco a poco entre las 8.00 y las 8.15. Y, como sucede cada día, después de los preparativos necesarios, los atletas se marchan a entrenar. Varias veces les hemos acompañado pero otras, como hoy, hemos decidido volar libres.

Nos apetecía hacer una pequeña jornada de senderismo, para lo cual hemos elegido ir caminando hasta las Kessup Falls, la cascada de Kessup. Hemos ido los Sergios y Sara. Como escribo esto bien a posteriori, ya se puede contar que nuestra primera parada fue en el Kerio View, el hotel donde comimos el pasado domingo y donde queríamos reservar para mañana lunes, para celebrar el cumpleaños de Nacho y para encargarle una tarta personalizada (Feliz cumpleaños en suajili).

El Kerio View nos cogía de camino a nuestro destino, el que buscábamos a través del Google Maps. Sin embargo, a los pocos minutos, unos niños y adolescentes de la misma familia salieron a nuestro paso y, al decirles nuestro destino, nos llevaron por sendas que atajaban, más bonitas que el ancho camino elegido para la vuelta pero con más posibilidades de pérdida si no se conocen.

Antes de la cascada, nos despedimos de nuestros guías y entramos a tomar un café en el Kilima Resort, regentado por un neerlandés exmaratoniano (Koen, presente en el Europeo de Barcelona 2010 entre otros logros), y nos cuenta que ese fin de semana hay un grupo llegado desde Nairobi para hacer parapente sobre el impresionante valle del Kerio. Tomamos nota.

Tras el café, buscamos la cascada de Kessup, que está a 600 metros. Nos cuesta encontrarla, porque donde marcaba nuestro destino final, solo había una valla. El truco es atravesarla como se pueda, sin coger los dos caminos que la bordean, y andar apenas dos minutos.

Para ver la cascada desde abajo, es necesario cruzar el río y descender por otra estrecha senda bastante evidente, otros dos minutos. No tiene la espectacularidad de Torok Falls (unos 200 metros de caída, y que nosotros no hemos visitado), pero sí merece la pena el paseo de unos cinco kilómetros desde nuestro alojamiento.

Llegamos a comer casi a la vez que los atletas, comemos, sesteamos y alrededor de las 17.00, como otros días, salimos hacia el centro a ver el ambiente. Es domingo, y en los campos de fútbol se juegan dos partidos ‘de verdad’, de competición, además de otros de voleibol y de fútbol a pequeña escala.

Entramos a tomar algo en un bar para ver en directo el Osasuna-Barcelona (2-2) y volvemos a casa a cenar y a disfrutar de la penúltima tertulia en la sede del grupo.

Lunes 13 de diciembre

Hoy, cumpleaños de Nacho, vamos con él y con Marta de nuevo al Kilima Resort. Para ello, nos ha tocado madrugar más de lo habitual, pues Koen nos dijo ayer por la tarde que nos presentáramos alrededor de las ocho de la mañana en su establecimiento.

Nada más levantarnos, nos escribe un wasap diciéndonos que no va a ser posible volar en parapente. Nosotros ya lo sabíamos viendo cómo estaba la mañana de ventosa, pero ya que estábamos en pie tan pronto bajamos a saludarle y a visitar por segundo día consecutivo las Kessup Falls. Al regreso, nos da tiempo a desayunar con el resto del grupo.

Los atletas tenían este lunes sesión de gimnasio, ubicado precisamente en el Kerio View. Nosotros nos quedamos tranquilamente en casa, en parte porque también había una sesión de fisioterapia contratada. Cuando la terminamos, nos marchamos al Kerio View para conocer ese gimnasio y para disfrutar de algunas de las pequeñas atracciones de este gran resort como un tobogán bastante grande y empinado.

Alrededor de la una habíamos pedido la comida para que estuviera lista a las dos, así que nada más sentarnos a nuestra mesa de la planta de arriba empezamos a comer. Terminados los platos principales, escuchamos desde la planta de abajo el tradicional e internacional cántico del ‘Cumpleaños Feliz’, cada vez más cercano.

Son las camareras, que suben con la buenísima tarta de chocolate que habíamos encargado ayer para la celebración de la efeméride de Nacho.

Por la tarde, tras la obligatoria sesión de siesta, los deportistas tienen nueva sesión de trabajo, esta vez cerca del hotel, así que los acompañamos en parte.

Y si la comida en el Kerio View fue buena, la cena fue todavía mejor. Como en uno de los apartamentos había fogones, los trasladamos al apartamento ‘comunal’. Con aceite de oliva que se puede encontrar a buen precio en Iten, huevos, cebolla y patata, Marta y Nacho prepararon una de las mejores tortillas que hemos probado nunca, valoración para la que no influye la distancia con nuestros hogares y la posible nostalgia de ellos. De postre, lo que había sobrado de la gran tarta de chocolate.

Martes 14 de diciembre

A las 10.15 de nuestro último día en Kenia habíamos quedado con el matatu que nos bajaría a Eldoret. Antes de esa hora nos ha dado tiempo a desayunar, a hacer un poco de ‘shopping’ y a ver el final del fartlek que cada martes y jueves hay en Iten a las 9.00.

Hemos tomado una fotografía del lugar en el que hemos dormido estas diez últimas noches, el C&C (Chris y Carol), y nos hemos despedido de las personas que tan bien nos han tratado en este tiempo.

Los nueve integrantes del grupo hemos tomado ese matatu hacia Eldoret. Los seis atletas se han bajado en la pista de tartán del centro de entrenamiento de Kipchoge Keino. Allí nos hemos despedido, con deseos de fortuna para las próximas fechas y con promesas de próximos reencuentros en España gracias al atletismo. Nos lo hemos pasado como niños.

Nacho, Sergio y yo hemos seguido hasta el pequeño aeropuerto de Eldoret. A las 13.30 volábamos a Nairobi, en cuyo Jomo Kenyatta International Airport hemos engañado un poco al hambre, pero sin ‘comer comer’.

La razón de esta mesura es que a las seis de la tarde teníamos mesa en el Carnivore, el restaurante más famoso de Nairobi y, según su promoción, de toda África. En su jardín habitan numerosos monos. El Carnivore es un gran complejo preparado para el turismo y también para los vecinos de la capital de Kenia. Este martes nos ha parecido ver que había algunas comidas de trabajo, quizás ya navideñas, pues más del 80% de la población de Kenia es cristiana.

El Carnivore es también un restaurante en el que se come toda la carne que se pueda por un precio asequible. Entre las carnes que se pueden considerar exóticas para un paladar español están la de cocodrilo y la de avestruz. Los demás tipos de carne eran más habituales: cordero, ternera, cerdo, pavo y pollo. Los camareros, provistos de grandes cuchillos, te van sirviendo de todas ellas hasta que bajas la bandera que preside la mesa, lo que significa que los comensales se rinden y que quieren dar paso al postre, si es que han dejado hueco como ha sido nuestro caso, y al café.

Desde el restaurante hemos cogido otro Uber hasta el aeropuerto, para vivir nuestro último e infernal atasco de Nairobi. Nos ha dejado en la Terminal 1 y nos hemos tenido que desplazar a la 2, en la que opera Emirates. A las 23.55 partía nuestro vuelo a Dubai.

Miércoles 15 de diciembre

Después de haber hecho merienda-cena a lo grande en el Carnivore, ni se nos ha ocurrido hacer recena en el avión. Era más urgente dormir.

En teoría, el vuelo aterrizaba a las 5.55 en Dubai y el siguiente, en el que ahora estamos, salía a las 7.25, así que no debería haber problemas de tiempo. Sin embargo, entre que quizás ha habido algo de retraso, entre que el desembarque ha sido larguísimo y, sobre todo, debido a las mastodónticas proporciones del aeropuerto de Dubai, hemos llegado al segundo vuelo cuando ya estaban todos los demás pasajeros montados.

En realidad, íbamos tranquilos porque nada más entrar a la terminal, una empleada de Emirates nos esperaba para acompañarnos hasta la puerta de nuestro segundo vuelo. Hemos andado a buen ritmo unos diez minutos y después nos hemos desplazado en un carricoche por dentro del aeropuerto quizás otros diez, lo que da una idea de esas proporciones de la instalación, desde la cual nos ha dado tiempo a ver el Burj Khalifa.

Poco después de las 7.30 (4.30 en Soria) ha despegado el avión. Ha sobrevolado buena parte del Golfo Pérsico y ha entrado en tierra por Kuwait. Hemos pasado justo por encima de Bagdad y ahora debajo de nuestros pies se encuentra la capital del Kurdistán de Irak, Erbil, según asegura la pantalla de Emirates situada frente a mis ojos.

Hasta hace un rato, esa pantalla decía que pronto el piloto giraría a la izquierda para sobrevolar Siria y casi todo el Mediterráneo antes de entrar en la Península Ibérica.

Sin embargo, y como se puede ver en la fotografía, ahora parece que seguiremos recto unas cuantas millas y que tomaremos el rumbo Oeste un poco más al Norte, ya en tierras de Turquía.

Da igual, lo importante es que alrededor del mediodía peninsular deberemos estar aterrizando en el aeropuerto de Madrid, desde el que ya decidiremos cómo viajamos hasta Soria, la ciudad que abandonamos hace más de dos semanas y que esperamos encontrar igual que a nuestra partida.

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Cap. 280. 12-12-2021. Entrenamiento y convivencia de seis atletas españoles en Kenia

El pasado 29 de noviembre comenzó un viaje en Madrid con destino a la localidad keniana de Iten. El objetivo, entrenar durante varias semanas a los 2.400 metros de altitud de esta zona de África para ayudar a conseguir los objetivos deportivos de los seis atletas que han conformado ese viaje, y al que nos hemos sumado durante diez días para vivir la experiencia y para conocer el lugar del que han salido decenas de los mejores fondistas del mundo de siempre.

Los seis atletas (en unos días vendrán otros tres a los que no veremos) con los que hemos vivido esta inolvidable concentración de altura son los siguientes:

-Elgar Lloret Pérez. 10-7-1998. San Leonardo de Yagüe (Soria)

El soriano es el más joven del grupo. Procedente del triatlón y de las carreras de montaña, este es su tercer año a las órdenes de Uriel Reguero en Valladolid. De hecho, cuatro de los seis atletas que conviven en Iten son de este grupo de Reguero.

Lloret ya ha conseguido una medalla de bronce en el 1.500 del Campeonato de España Sub 23 en pista cubierta, en 2020 en Salamanca, y en el presente 2021 corrió en Getafe el 1.500 del Campeonato de España Absoluto.

Para el presente 2022, le gustaría volver a este Campeonato Absoluto, dando un paso adelante y clasificándose para la final. Por lo que se refiere a marcas, y además de bajar el 3:45.03 que hizo este mismo verano en 1.500, espera probar un 3.000 en pista cubierta para intentar llegar a meta antes de 8:20 y también confía en bajar de 1:50 en 800 al aire libre (tiene 1:51.44 en la altitud de Segovia este año). Este es su segundo año en el Surco Lucena cordobés.

-Sara Pardilla Plaza. 26-11-1996. Adrada de Haza (Burgos)

La burgalesa también ha conseguido una medalla en un Campeonato de España Sub 23, la de oro en los 3.000 obstáculos en la competición celebrada en Torrent (Valencia), y también ha participado en un Campeonato de España Absoluto, en Barcelona, donde se quedó a apenas un puesto de correr la final del 1.500. Ambos logros datan de 2017.

Por entonces ya entrenaba en el grupo de Uriel Reguero en Valladolid, en el que lleva siete años. Uno de ellos lo vivió completo en los Estados Unidos, en la ciudad de San Diego. Entre esa estancia en el extranjero en la que no compitió y algunas lesiones, no ha podido mejorar en las últimas temporadas ese 10:31.26 que hizo en Torrent para colgarse el oro.

Para el año 2022, espera recuperarse de una lesión muscular y volver a mostrarse competitiva en los obstáculos, para intentar luchar por un puesto entre las ocho mejores del Campeonato de España. Hasta ahora estaba en el Atletismo Aranda, pero el año que viene vestirá los colores del club soriano Las Celtíberas.

-Lorea Ibarzabal Padorno. 7-11-1994. Las Palmas de Gran Canaria

Nacida en Las Palmas de Gran Canaria, ha crecido en Madrid, en Alcobendas. En 2018 regresó a España después de vivir cinco años y medio en Estados Unidos, en Portland y en Los Ángeles. A su regreso, estuvo unos tres meses trabajando con su entrenador de categorías inferiores, hasta que decidió arriesgar marchándose a Valladolid para entrenar en el grupo de Uriel Reguero.

El riesgo tuvo premio este año de 2021, cuando se proclamó campeona de España de 800 metros en Madrid, en pista. Ello le abrió las puertas para correr tres días después en ese mismo recinto de Gallur el World Indoor Tour, donde hizo su mejor marca bajo techo (2:05.74). En verano firmó su mejor registro al aire libre, 2:04.60, en Ninove (Bélgica).

Para el inminente 2022, lo que de verdad desea es mantener una continuidad en los entrenamientos. Nunca ha mantenido esa continuidad durante año y medio, y considera que cuando lo consiga, habrán de ser mejores esos tiempos. Espera correr por debajo del 2:03 y luchar por estar dentro del cupo de 32 para el Europeo de Munich. Si lo consigue, ojalá, ese día no correrá con su camiseta habitual desde hace cuatro años, la del Atlético San Sebastián.

-Saúl Ordóñez Gavela. 10-4-1994. Salentinos (León)

Es el cuarto integrante del grupo de Uriel Reguero que trabaja durante estos días en la altitud de Iten, en pleno Valle del Rift. Abandonó su localidad natal en 2010 para integrarse en este grupo de trabajo de Valladolid donde todavía continúa. Ordóñez es uno de los varios integrantes que conforman el potente 800 español y, desde luego, uno de sus mascarones de proa, hasta el punto de que el récord nacional es suyo con el 1:43.65 que hizo en 2018 en Mónaco.

Tiene un título de campeón de España al aire libre, el que consiguió en 2017 en Barcelona en una prueba en la que no aparecía entre los favoritos. Sí colecciona varias medallas de otros colores tanto en 800 como en 1.500 y, a nivel internacional, fue nada menos que medalla de bronce en el Mundial de 2019 en Birmingham, en pista cubierta. En 2015 había sido plata en el Europeo Sub 23 de Tallin. Hace apenas cuatro meses, además, debutó como olímpico en Tokio, quedándose a solo un puesto de entrar en semifinales.

Esos tres logros internacionales citados son en 800. Para 2022, su plan tanto en pista como sin techo será similar al de años anteriores, compatibilizar dos o tres carreras de 800 y 1.500 (también ha competido en grandes torneos en esta distancia, en la que tiene 3:34.98 desde 2020), antes de decidirse por una de ellas en cada momento del año. En la primera temporada de la historia en la que habrá tres grandes competiciones de tartán sin Juegos Olímpicos (Mundial de Pista Cubierta en Belgrado, Mundial al Aire Libre en Eugene, Europeo al Aire Libre en Munich), espera estar en la cámara de llamadas de las tres. Desde hace seis años corre con New Balance.

-Marta Pérez Miguel. 19-4-1993. Soria

La atleta soriana debuta estos días en la altitud de Kenia, como colofón a un año que ha ido creciendo poco a poco hasta convertirse de largo en el mejor de su carrera deportiva: cuarta en el Europeo en Pista de Torun, novena en los Juegos Olímpicos de Tokio con la segunda mejor marca española de todos los tiempos (4:00.12) y cuarta en la final de la Diamond League en Zurich.

Siempre, en el 1.500, aunque  todos los años hace las lógicas incursiones en distancias superiores o inferiores como parte de su preparación, la que dirige Antonio Serrano en Madrid desde hace 11 temporadas. Desde hace seis, además, no se apea de los podios en los Campeonatos de España en pista y al aire libre. Tres veces ha celebrado el oro en el 1.500 y una más en el 5.000, en 2020 en Madrid, cuando unas molestias en verano le impidieron afinar para su prueba.

Sus prestaciones de 2021 la invitan a ser ambiciosa para 2022, año en el que buscará meterse de nuevo en las finales planetarias de Belgrado y Eugene y luchar por una medalla en Munich. Cierra 2021 como tercera mejor europea en el ranking de tiempos del 1.500, por detrás de Siffan Hassan y Laura Muir, y como tercera mejor europea en los Juegos… esta vez por detrás de Muir y Hassan. También buscará bajar de los cuatro minutos, tras su 4:00.12 de la final olímpica. Cuarto año con Adidas, cuyas prendas ya utilizaba con su club anterior, Valencia.

-Daniel Arce Ibáñez. 22-4-1992. Cardeñadijo (Burgos)

Igual que Saúl Ordóñez, Daniel Arce ya conocía en primera persona los beneficios de entrenar varias semanas a los 2.400 metros de Iten, razón por la cual ha decidido regresar. El obstaculista entrena en Burgos con Benjamín Álvarez Furones, su entrenador de toda la vida salvo un paréntesis de tres años en León, con Villacorta. Volvió a su tierra hace ya cinco.

La tremenda competencia en su prueba le ha impedido, de momento, proclamarse campeón de España, pero sí guarda tres medallas de plata, siempre al aire libre ya que los obstáculos como tal no se corren en pista y porque cuando ha disputado algún 3.000 liso bajo techo ha sido sin prepararlo muy específicamente. Ha corrido con España ya en Juegos Olímpicos, Mundiales y Europeos. En esta última cita, en Berlín en 2018, fue sexto, y eso que su marca de entonces, 8:27.71, tiene poco que ver con la realizada en 2021, 8:17.59.

Lleva cinco años seguidos obligando a los estadísticos a cambiar su MMP (mejor marca personal) y, en el cercano 2022, espera ‘valer’ mucho menos, alrededor de 8:10, aunque no le interesa tanto el crono como hacer un buen papel de nuevo en tierras alemanas, en el Europeo de Munich, para no estar lejos de las medallas. Antes, en invierno, correrá un 3.000 en Boston con la idea de bajar de 7:50. También espera superar su mejor posición en un Campeonato de España de Cross, donde ha estado cerca del ‘top ten’ sin llegar a pisarlo. En 2022 espera rondar un puesto entre los cinco primeros. Será su cuarto año con New Balance, los tres últimos consecutivos.

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Cap. 279. 10/11-12-2021. Reserva Nacional Rimoi. Mercado semanal de Iten

Este viernes 10 de diciembre, la mayoría de los atletas que trabajan estas semanas en Iten tenían una jornada de tranquilidad o descanso. Era un buen día para hacer alguna excursión a los alrededores, y el lugar elegido fue la Reserva Nacional Rimoi, un lugar que tiene la misma figura de protección que el principal espacio natural de Kenia, el Masai Mara, pero con el que no tiene nada que ver.

Rimoi tiene el encanto de los lugares a los que todavía no va todo el mundo. En realidad, muy poca gente acude a disfrutar de sus dos principales atractivos: sus grandes manadas de elefantes y su riqueza de aves.

Esta Reserva Nacional se encuentra cerca de nuestra base de operaciones, Iten, con una diferencia sustancial: en los poco más de 30 kilómetros de distancia, se bajan alrededor de 1.200 metros: de los 2.400 de Iten a los 1.200 de nuestro destino. 

Ello significa que la temperatura en el fondo del Valle del Kerio, donde se encuentra Rimoi, es muchísimo más elevada que en Iten. La vegetación, la fruta, el propio terreno, la fauna… todo es diferente en poco más de una hora de viaje en coche.

El primer tramo de bajada es el de la carretera asfaltada que pasa por Tambach. A ambos lados se ven gran cantidad de iglesias, escuelas, tiendas, caminos que llevan a pequeños poblamientos y muchísimas mujeres cargadas de fruta esperando que pase algún coche o algún matatu para vendérsela.

Los 15 últimos kilómetros ya son de tierra. El ambiente es casi desértico, sensación reforzada por los finísimos y altísimos hormigueros.

Llegamos a la puerta de Rimoi y allí hay un par de guardas esperando visitas improbables como la nuestra. Las mejores horas para ver elefantes son el amanecer o el atardecer. Nosotros llegamos justo a la mitad de ambos, lo que viene a ser el mediodía, así que nos avisaron que ni soñáramos con los paquidermos, que estarían descansando del sol en lugares inaccesibles. A cambio, nos hacen un pequeño descuento para entrar. 

Contratamos guía, que se monta como puede con nosotros en el coche. Vemos un grupo de impalas y, a la media hora de salir, aparcamos en una zona de acampada junto al río Kerio.

El guía nos dice dos cosas que a priori nos parecen contradictorias: tenemos que descalzarnos para cruzar el río (1), hay cocodrilos al otro del río (2). Nos fiamos del guía y ambas cosas resultan ser ciertas.

Nos asegura que son cocodrilos inofensivos, pero creo que es la primera vez para todos nosotros en la que nos encontramos, fuera de un vehículo y sin obstáculos intermedios, a escasos metros de un gran cocodrilo antes de que se sumerja en el agua.

El paseo por Rimoi, con un calor fortísimo, continúa atravesando algunas de las modestísimas viviendas en las que viven los miembros de la subtribu de los kalenjin a la que pertenecen los terrenos de la Reserva.

En toda esa caminata, como nos habían advertido, vemos muchísimos tipos de pájaros, especialmente cuando llegamos a una gran laguna en la que también pastan las vacas. También aparecen monos, algún lagarto y unas inmensas huellas de elefante.

De ahí regresamos al coche. Por el calor, viajamos con las puertas abiertas, hasta que un cambio de viento llena el interior del coche con la tierra de los caminos, dejándonos como croquetas. Afortunadamente, Denis nos lleva a comer a un hotel relativamente cercano en cuya piscina, antes de comer, nos damos un baño. Entre unas cosas y otras, llegamos de noche a Iten.

Este sábado 11, nuestra única ‘obligación’ era ponernos de nuevo en las manos del fisioterapeuta que viene a nuestra casa del C&C, Ben. Como la sesión dura una hora y hay que completar el resto de las horas del día, habíamos previsto visitar el mercado semanal de Iten. Llegamos aquí el pasado sábado ya por la noche, así que no lo conocíamos.

Esta mañana, después de desayunar, los no profesionales del atletismo nos hemos acercado hasta el campo de fútbol de Iten, que hoy aparecía acompañado por unos pocos cientos de puestos fundamentalmente de ropa, pero también de calzado, menaje, pelucas, juegos, algo de fruta y pescado… Es imposible adivinar cuántos miles y miles de piezas de ropa había allí amontonadas. Una de ellas viajará con nosotros a España.

Por la tarde, una vez más, tiempo libre: Siesta, reunión ‘familiar’ al sol de nuestra campa y nuevo acercamiento al centro de Iten para comprar unos helados y algunas otras cosas en un supermercado indio. En parte de este acercamiento nos acompañan Massi y Faith, dos de las trabajadoras del C&C, para ayudarnos a buscar la comida del día de Navidad con algunos de los ganaderos de la zona. 

Tras la cena, el día ha terminado con otra pequeña fiesta en la sede social del grupo, amenizada con música keniana.

Dedicada a D.A.

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Cap. 278. 7/9-12-2021. Eldoret. El fartlek de Iten no era un mito. Tambach

Seguimos en esta concentración en altura por tierras de Kenia, una concentración con base en la localidad de Iten, pero de la que algunos días hacemos escapadas para trabajar (los que trabajan) en pistas de atletismo homologadas. Las que aparecen en esta entrada son pistas de tierra, el mismo material donde el grupo de atletas realiza sus rodajes.

El martes 7 bajamos a Eldoret, la capital del condado de Uasin Gishu. Kenia tiene 47 condados, con una población bastante homogénea. Eldoret es la sexta ciudad más grande de Kenia, y pronto adelantará a la quinta si sigue su crecimiento imparable, el más exagerado de este país: ha subido de casi 300.000 habitantes en 2009 a casi 500.000 en 2019.

Está bien visitar las ciudades para darse cuenta de lo bien que se está en los pueblos. Nuestro primer contacto con ella fue tranquilo, pues entramos directamente a la pista de atletismo del Campus de Annex de la Universidad de Moi. La pista está al lado de la cafetería donde a las 12.00 entraron decenas de estudiantes de Derecho para tomar su almuerzo.

En la pista, después del calentamiento, cada uno de los atletas realizó las series que sus entrenadores le habían asignado. Eldoret está a unos 2.000 metros, frente a los 2.400 de Iten. 

Tras un breve lavado en un grifo cercano, nos dirigimos con el matatu al centro de la ciudad. Allí nos percatamos de que esa tranquilidad primera no se corresponde con la realidad de Eldoret, otro caos de características algo diferentes al de Nairobi.

El matatu ni siquiera pudo parar dos minutos para que comiéramos en el restaurante indio que nos habían recomendado, el Sunjeel, un gran acierto. Después de comer, breve paseo para tomar un café y un zumo, y otro un poco más largo para dirigirnos al Rupa Mall, un lugar muy diferente al resto de la ciudad, que incluye una piscina cubierta que también fue utilizada por personas del grupo para completar su entrenamiento. De noche (pronto anochece), regresamos a nuestro hogar de Iten.

Ayer miércoles 8 fue un día total de relax, hasta el punto de que nos dimos largos masajes de fisioterapia en nuestro hogar del C&C. Eso era a las 11.00. Antes, nos fuimos caminando a otra zona de Iten, no hacia el centro, para tomar un café en uno de los lugares elegidos por los atletas para sus concentraciones en Iten, el High Altitude Training Center fundado por la keniana nacionalizada neerlandesa Lornah Kiplagat.

Después de los completos masajes de nuestro fisioterapeuta Ben, comida y siesta hasta las 17.00, hora a la cual Nacho había quedado con Totti Corbalán, preparador físico de Ikaika Sports, a través del cual trabaja con algunos de los mejores atletas de Kenia. Regresamos al Point View para tomar un café, y de nuevo al hogar para cenar y despedir la jornada en el apartamento que hemos elegido como sede social del grupo.

Hoy jueves 9 hemos madrugado para disfrutar de uno de los lujos de Iten: ver en directo el fartlek que se repite dos veces a la semana, los martes y los jueves. El fartlek es un entrenamiento consistente en ir cambiando de ritmo dentro del rodaje. El de hoy, en concreto, eran dos minutos rápidos (muuuuuuy rápidos) y otro de recuperación, dirigidos por algunos de los primeros atletas.

Los fartlek de Iten empiezan a las 9.00. La moto que hemos cogido nos ha dejado a las 9.03 en el lugar de inicio y allí no había nadie. Les hemos visto a lo lejos por los caminos y, con moto y todo, nos ha costado adelantar al amplio grupo, de algo más de un centenar de atletas.

No sabemos exactamente cuánto dura. Creemos que no mucho y que cada atleta completa los minutos que tiene planificados si es que puede.

A las 10.00 habíamos quedado de nuevo en el cruce de nuestro hogar con Denis (nuestro cicerone en Iten, también atleta) y un matatu. Hoy, el objetivo era otra pista de atletismo, más cercana que Eldoret: la de Tambach, situada abajo en el Valle del Rift, a algo más de 1.900 metros. Se notaba la diferencia de temperatura, más elevada que en Iten. Tambach e Iten forman una especie de municipalidad conjunta de unos 45.000 habitantes, la mayoría de ellos residentes en el medio rural.

El grupo, además de nosotros nueve (Dani, Elgar, Lorea, Marta, Nacho, Sara, Saúl, Sergio, Sergio), ha aumentado hasta las 12 personas con dos atletas de Escocia y una de Países Bajos, Marissa Damink, con los que solemos compartir horario en el comedor del C&C.

Igual que en Eldoret, primero ha tocado calentar con un rodaje suave de seis u ocho kilómetros, antes de realizar las series en este circuito de 400 metros de cuerda que estaba tan vacío como el de Eldoret, porque los entrenamientos matutinos de los atletas de Kenia suelen ser anteriores a los nuestros.

Esas dos horas de trabajo han precedido al regreso, valle arriba, hasta Iten, a nuestra balconada en el Valle del Rift. De nuevo hemos quedado esta tarde-noche (aquí todo va antes) con Totti Corbalán, para otra charla de conocimiento de Iten y de Kenia, esta vez con cena incluida.

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Cap. 277. 5/6-12-2021. Primer contacto con Iten, Tierra de Campeones

En las dos entradas de la localidad keniana de Iten hay sendos grandes arcos en los que puede leerse, en inglés: «Bienvenidos a Iten, Tierra de Campeones (Welcome to Iten, Home of Champions). 

¿Quiénes son esos campeones? De manera muy resumida, aquellos atletas que desde hace algunos lustros, sobre todo a partir de los años 90 con algunos adalides anteriores, dominan despóticamente el atletismo mundial desde los 800 metros hasta el maratón.

Iten se encuentra en una de las ramificaciones del Valle del Rift, al oeste de Kenia, y es una de las poblaciones incluidas dentro del territorio de la etnia Kalenjin, que es a la que pertenecen la mayoría de esos ‘campeones’. Si ya es abrumador que un país domine de ese modo la larga distancia (en el mediofondo tienen más competencia), aún lo es más si se piensa que los Kalenjin son aproximadamente siete millones de personas.

La motivación verdadera de nuestro viaje a Kenia es esta, la de conocer el lugar donde han nacido y crecido decenas de los mejores atletas de la historia.

Gracias a esa mítica que se ha creado en torno a los corredores de Eldoret (la ciudad más importante de la zona) e Iten, numerosos deportistas de todo el mundo de todos los niveles, sobre todo de la gran élite, eligen todos los años Iten para realizar una parte de sus entrenamientos. A la altitud que ya viene de serie (unos 2.400 metros sobre el nivel del mar), y al hecho de que se trata de una población tranquila de pequeño tamaño, se suma en los últimos tiempos la creación de numerosos establecimientos hosteleros de varios precios para que los atletas solo tengan que preocuparse de entrenar.

Y ahí estamos nosotros, en un bonito ‘resort’ al que todavía no he tomado fotos, el C&C, donde por un buen precio está incluida la pensión completa en unos apartamentos de muy reciente construcción, a unos diez minutos a pie del centro urbano, diez minutos de un camino jalonado a ambos lados por gran cantidad de pequeñas tiendas para comprar cualquier cosa que podamos necesitar.

Este sábado 4 de diciembre por la noche, después de visitar el Masai Mara, Nacho y los dos Sergios nos hemos incorporado a la miniconentración de varios atletas españoles que van a pasar varias semanas en la altitud del Valle del Rift keniano: los olímpicos en Tokio Daniel Arce (3.000 obstáculos), Marta Pérez (1.500) y Saúl Ordóñez (800, poseedor del récord de España), la campeona de España también de 800 Lorea Ibarzabal, y los igualmente mediofondistas Sara Pardilla y Elgar Lloret, quienes han participado en Campeonatos Absolutos de España de 1.500.

El domingo 5 ya hemos tenido nuestro primer contacto doble con el atletismo, primero como espectadores y después como protagonistas. Nada más desayunar, nos hemos acercado hasta el campo de fútbol de Iten. Allí terminaba la Carrera Contra la Violencia de Género.

Había dos pruebas, una para mayores de 50 años, de cinco kilómetros, y otra absoluta, de diez kilómetros. En esta última, los primeros clasificados ya son atletas de primera fila mundial. Los mayores aplausos, sin embargo, se los han llevado los de la prueba Master. No sé exactamente cómo organizaban los horarios de salida, pero lo hacen para que las llegadas de las dos carreras sean casi simultáneas, y para que la prueba femenina absoluta termine unos minutos antes que la masculina.

Después de aplaudir, hemos vuelto a casa para coger las cosas y marcharnos en un matatu (taxi-furgoneta colectivo) que hemos alquilado hasta Kaptagat. Le hemos pedido que nos deje en el centro de entrenamiento donde vive, entre otros, Eliud Kipchoge, para entrenar por los mismos caminos donde él lo hace. El centro estaba vacío por ser domingo, pero esos caminos sí estaban abiertos.

Allí, cada uno de nosotros nueve ha corrido lo que venía en sus planes, desde los 20 kilómetros hasta los tres minutos, en un precioso paraje y muy duro para los rodajes, por la altura y por las cuestas.

Para celebrar que era domingo, la comida no fue en casa sino en el hotel Kerio, con unas vistas espectaculares sobre el Valle del Rift. Tan bien se estaba en la sobremesa que regresamos de noche al hogar (anochece poco después de las 18.30), para cenar y batirnos después en duelo en una pocha en uno de los apartamentos.

Y este lunes ha sido el de asentamiento definitivo en Iten, con un paseo por el centro, un café en el Point View (otro local sobre el borde del Valle del Rift), bancos, tarjetas telefónicas, chanclas, fruta, supermercado, entrenamiento vespertino (los profesionales también por la mañana)… Parece lógico que cada año tanta gente elija Iten para mejorar su capacidad aeróbica y acercar con ello la consecución de sus objetivos cuando empiece la época de los dorsales y los jueces.

Leopardo en un árbol
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Cap. 276. 2/4-12-2021. Conociendo el Masai Mara in situ

El Masai Mara es ese lugar del mundo en el que todos hemos estado alguna vez sentados tranquilamente en nuestro sofá, disfrutando y sorprendiéndonos de que tantas cosas relacionadas con tantos animales puedan suceder en un espacio tan pequeño para lo que es el mundo. El Masai Mara es ese lugar con el que muchos niños que lo vieron en sus televisores, o como se vea ahora, soñaron con estar alguna vez cuando fueran mayores, y eso es lo que hemos hecho en estos primeros días de diciembre.

Tras la ascensión del miércoles al Longonot, el jueves pronto por la mañana partimos desde nuestro hotel en Nairobi, rumbo al sur de Kenia. Alquilamos un viaje compartido, junto a una chica de Francia y lo que creemos una pareja de Estados Unidos en luna de miel.

En algo menos de seis horas, compartiendo el inicio del trayecto con la ruta del Longonot, llegamos al Masai Mara. El territorio es amplísimo, parece que hay decenas de alojamientos, y nuestro guía Kikitu nos va dejando a cada grupo en el que nos corresponde. Son las dos del mediodía, algo más, y nos da de tiempo hasta las 16.30 para comer, instalarnos y descansar un poco.

Lagarto de fuego o agama común

A esa hora nos había citado para nuestro primer ‘Game ride’ por la Reserva del Masai Mara. Como escribo estas letras después del segundo, del primero me conformaré con decir un par de cosas: que vimos a lo lejos un gran avestruz (el segundo día no vimos ninguno) y que a la media hora pudimos ver un leopardo en una breve caminata (en mis dos experiencias previas de safari, ambas en Uganda, no conseguí ver ninguno de los grandes felinos predadores de la sabana africana). Llegados al hotel, un poco de gimnasio, piscina nocturna algún valiente, cenar (muy bien la comida estos días) y pronto a la cama en nuestra preciosa habitación con vistas a la foresta.

Nosotros dormimos en las puertas del Masai Mara. Dentro del propio recinto natural también hay alojamientos, entendemos que mucho más caros, algunos de ellos con una pista de aterrizaje justo al lado.

Hoy viernes ha tocado madrugón fuerte. Nos dice Kikitu que, aunque los safaris suelen empezar a las ocho, él prefiere hacerlo antes. A las 6.30 ya estábamos desayunados y montados todos en el gran todoterreno que nos transporta estos días.

Hemos vuelto al hotel a las 16.30. Han sido, por tanto, diez horas completas en el Masai Mara, 600 inolvidables minutos en la parte visitable de esta Reserva que tiene 1.500 kilómetros cuadrados, pero que en realidad son muchísimos más pues el Masai Mara es la continuación septentrional del otro lugar más famoso del mundo para ver animales, el Serengeti tanzano y sus 13.000 kilómetros cuadrados de superficie. Esta mañana hemos estado brevemente en la frontera de ambos países.

Búfalo

Para empezar el recuento de algunas de las especies vistas, el Masai Mara tiene a los cinco integrantes del Big Five (león, leopardo, búfalo, elefante, rinoceronte), concepto antiguo que designaba originalmente a los cinco animales más peligrosos para el humano en una cacería a pie. En la actualidad, y no solo en el Masai sino en toda Kenia, cualquier tipo de caza está prohibida y la regulación de las poblaciones de animales las hace el propio ecosistema. Hay mano dura contra los furtivos.

Hay una pequeña excepción, según nos explican: existen algunos ranchos privados de grandísima extensión en los que sí se puede cazar cuando hay sobreabundancia de alguna especie pero no para conseguir el trofeo de los animales, sino solo su carne (cebra, antílope, búfalo…). Esa carne se vende luego en restaurantes para turistas en Nairobi.

De ese Big Five, nosotros hemos visto cuatro representantes. Dos de los tres herbívoros, el elefante y el búfalo, son más bien abundantes. De hecho, creo que vimos más búfalos ayer que hoy. Elefantes hemos visto también a docenas, en algún caso en grupos de casi una veintena. El rinoceronte, sin embargo, es aquí escaso. Volviendo ya hacia el hotel, Kikitu ha conducido despacio y cerca de los arbustos donde suelen esconderse, sin la suerte de que ninguno asomara la cabeza en ese momento.

Leones

Con los leopardos hemos tenido dos encuentros diferentes e igual de emocionantes. En el primero, avisados por radio por otro de los guías como es costumbre, había dos ejemplares descansando bajo un árbol. En las ramas de este colgaba la piel de una cebra que les había servido de alimento. En el rato que hemos estado se han separado y se han subido a sendos árboles para ofrecernos otra de las estampas habituales del leopardo.

El segundo encuentro ha sido más inesperado y más sorprendente. Ya llevábamos varias horas de safari cuando hemos visto unas cuantas cebras correr, huyendo de un leopardo que ha cruzado un río para ver si se hacía con alguna incauta. Por suerte para ellas y por desgracia para el felino y para nosotros, no ha sido así.

Nuestros encuentros de hoy con los leones han sido tres o cuatro, porque dos han sido casi seguidos. El indiscutido y gran rey de la selva ha interactuado menos que los leopardos.

Tanto los dos grandes machos como las hembras y algunas crías se encontraban rezongando sobre la hierba, descansando de esfuerzos anteriores y adquiriendo energía para los próximos.

Antes de todo ello, cuando apenas llevábamos una hora de safari y circulábamos por la vía principal, Kikitu ha frenado, ha dado la vuelta y ha emprendido una conducción a casi cien kilómetros por hora por la pista de tierra. Algo sucedía. En menos de diez minutos estábamos junto a otros dos vehículos y, sobre todo, junto a un precioso guepardo, mi animal favorito de infancia. Hemos tenido la suerte de verlo caminar unos segundos. Parece imposible que un animal que deambula con esa lentitud pueda ponerse a 120 kilómetros por hora si el hambre lo requiere.

Guepardo

Un mamífero carnívoro más hemos visto. Justo al final, cuando mirábamos a la izquierda en busca del posible rinoceronte, a la derecha se nos ha aparecido una gran hiena en actitud total de reposo sobre una roca.

El Masai Mara se llama así por la tribu de Kenia y Tanzania que habita este territorio, los masai, y por el gran río que lo atraviesa, el Mara. Se encuentra justo al otro lado se donde nos alojamos, así que hemos tenido que esperar bastante para ver en él y en sus afluentes los dos grandes vertebrados acuáticos: los hipopótamos y los cocodrilos. De los primeros, como es habitual, hemos visto un par de grupos más bien numerosos. Cocodrilos hemos visto menos, tres, pero de un tamaño espectacular.

Otro mundo inagotable en el Masai Mara es el de las aves. Hay casi medio millar de especies. En las diez horas de hoy hemos visto muchísimas, realmente hermosas varias. Nos hemos encontrado con muchos menos pájaros de los que habitan, pero sí con muchos más de los que aparecen en las fotos por no andar diciéndole a Kikitu todo el rato que se detuviera.

Gallina de Guinea

¿Y por qué hay tantos leones, leopardos, guepardos, hienas… en el Masai Mara?

Porque hay millones, literalmente millones, de potenciales presas para ellos.

De hecho, esa es la gran imagen del Masai Mara: infinitas extensiones de terreno pobladas sobre todo por ñus, cebras, jirafas, impalas, gacelas, antílopes y otras especies similares. Más concretamente, la gran imagen del Masai Mara y del Serengeti es la de la Gran Migración, la de millones de ñus y cebras en junio y julio viajando de Tanzania a Kenia buscando lo más importante para la vida: el agua. Para ello deben cruzar el río Mara, en esa fotografía que todo el mundo ha visto de cocodrilos esperando su alimento. Después, de manera más paulatina, y a partir de octubre, muchos de esos animales regresan al Serengeti tanzano.

Jirafa, cebra y ñus

Por suerte, algunos de ellos (miles en términos absolutos) se quedan en el Masai Mara para todos aquellos que lo visitamos en temporada baja y que también tenemos derecho a disfrutar de este inigualable regalo de la Naturaleza.

PD: Nuestra excursión de tres días al Masai Mara termina en la mañana del sábado con una visita a un poblado Masai para conocer algo de su modo de vida y para ayudarles a mejorarlo. Una danza de recibimiento, la elaboración del fuego a través únicamente de maderas, el lugar donde guardan el ganado, sus casas tan distintas a las nuestras… Kikitu nos lleva desde ahí hasta Nairobi, o mejor dicho hasta el aeropuerto Jomo Kenyatta, donde nos espera otro vuelo.

Joshua, Nacho y los Sergios
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Cap. 275. 29-11/1-12-2021. Ascensión al volcánico y frondoso Monte Longonot (Kenia 1)

Dentro de algunas décadas o de unos pocos siglos, la existencia de las fronteras resultará a los ojos de los humanos como a los nuestros resultan la esclavitud o las Cruzadas.

Mientras tanto, y como somos hijos de nuestro tiempo además de unas viajeros irredentos, seguimos visitando y tachando países: Kenia, el 56.

Airbus A380

Antes de ayer lunes, un grupo de ocho personas (entre ellos algunos atletas, entre estos algunos sorianos) nos juntamos en el aeropuerto de Barajas, Madrid. A las 14.25 tomamos el primer vuelo, el EK142 con destino a Dubai. Volamos en Emirates, y creo que para todos nosotros era nuestra primera experiencia en el Airbus A380, ese mastodonte aéreo que ya ha dejado de fabricarse porque las compañías que lo adquirieron, sobre todo Emirates, consideran que un aparato de más de 800 plazas posibles no termina de resultar rentable.

Después de siete horas por los aires, aterrizamos en otro mastodonte como es el aeropuerto de Dubai. Allí fue necesario un gran paseo para coger el siguiente vuelo, el EK721 Dubai-Nairobi de las 2.10, otro aparato grande, esta vez un Boeing 777.

Este vuelo fue más pesado por la hora (plena noche), por la acumulación (cinco horas más) y porque el avión iba completamente lleno, al revés que el anterior. Nada de ello impidió que ayer martes poco después de las seis de la mañana, siempre hora local, aterrizáramos en la frenética Nairobi, la gran orbe de África del Este y una de las grandes ciudades africanas.

En el aeropuerto nos separamos. Por un lado, los atletas que viajaron con nosotros y otros que se les agregaron. Y por otro lado, Nacho, Sergio y yo.  Volveremos a vernos.

Allí mismo nos esperaban de nuestro hotel, situado en pleno CBD, el Central Business District.

Kipchoge, ídolo en Kenia

Nada más registrarnos en el hotel, y antes de hacer lo que más nos apetecía, cerramos en recepción las excursiones que elegimos para los próximos días. De ahí, directos a una siesta del carnero que se prolongó durante más de dos horas.

Por la tarde, lo típico del primer día en un país con divisa distinta: comer, cambiar algo de euros en chelines, un par de regateos para dos sencillas compras y regreso al hotel, donde pasamos media hora en el gimnasio antes de pedir que nos trajeran la cena.

Madrugar y al monte

Muy pronto estábamos durmiendo, porque hoy nos hemos levantado a las seis para desayunar y para encontrarnos con el conductor de la primera excursión: al Monte Lonongot. Esta gran montaña de casi 2.800 metros es un volcán inactivo cuya última erupción data de alrededor de 1860.

La carretera que une Nairobi con este Parque Nacional es la misma que va del puerto de Mombasa, en el Indico, a países como Uganda, Ruanda o Burundi. Esa es la razón por la cual nos hemos encontrado cientos y cientos de camiones tanto a la ida como al regreso. Hay otra carretera más o menos paralela, pero está prohibida para camiones.

Vistas de la cima

En poco más de hora y media estábamos en la puerta del Parque, donde nos esperaba nuestro guía, Joshua. La excursión al Longonot parte de 2.100 metros, llega a los 2.780 y salva entre medias varios desniveles diferentes a los esperados en el sentido de la marcha, así que la final se superan casi 1.000 metros positivos en los poco menos de 14 kilómetros de caminata.

Y no son desniveles nada constantes, sino concentrados. Después de un inicio suave, se llega a la barandilla del cráter tras un breve pero fortísimo ascenso. Por suerte, hoy no había nada de barro ni lluvia. Este tramo desde la entrada hasta el cráter son 3,1 kilómetros.

El cráter impresiona. Es un círculo casi perfecto cuya circunferencia es de 7,2 kilómetros, así que quien quiera saber su superficie y el resto de medidas solo tiene que utilizar las fórmulas matemáticas que aprendió en la escuela.

Dentro de esa superficie, y salvo un par de terrenos minúsculos en los que es posible acampar, hay exactamente los árboles que caben, varios de ellos de más de 30 metros de altura según nos explica Joshua.

Numerosos herbívoros ante nuestros ojos

A pesar de esa extrema frondosidad, en el cráter viven leopardos, además de otros vertebrados más habituados (todavía) a la vida arbórea como monos o serpientes. Los leopardos deben abandonar el cráter para cazar algunos de los herbívoros que hemos visto en el camino como cebras, antílopes, búfalos y, justo al final, cuando ya estábamos al lado del coche, una jirafa espectacular y solitaria.

Le hemos dado la vuelta al cráter en más de un 80 por ciento. Poco antes de la mitad de la circunferencia, después también de un empinado ascenso, se llega a la cumbre. Desde ahí, además de otro pequeño cráter, varias poblaciones, el gran lago Naivasha y largas y verdes extensiones de terreno, se ven numerosas columnas de humo. Pero no, por suerte no es humo sino emanaciones sulfurosas de gran tamaño, que en algunos de estos lugares se utilizan para la obtención de electricidad.

Poco antes de dar la vuelta completa, Joshua nos ha desviado por otro camino de bajada para hacer la ruta completamente circular. En este tramo, además de varios animales, hemos entendido el concepto de Longonot, que viene de la palabra masai Oloonongot, que significa algo así como «muchos valles pequeños» y que podría haber sido utilizada por León Gieco para su canción «Ojo con los Orozco».

En el hotel

Nos ha tocado cruzar alguno de estos minivalles volcánicos y, justo cuatro horas después de salir, hemos llegado al lugar donde nos esperaba el conductor.

Hemos decidido volver a Nairobi a comer y a darnos un baño en la piscina del hotel, aunque se haga algo tarde. En el camino de vuelta, junto al abundantísimo tráfico pesado, hemos visto varios babuinos a la orilla de la carretera. También hemos vuelto a descender al larguísimo (6.000 kilómetros) y estrechísimo Valle del Rift, que pasa justo por aquí.

En la subida de este valle se ubican muchos puestos de venta de bebidas y recuerdos, hoy sin muchos turistas pues es temporada baja y porque tampoco el planeta vive su mejor momento global, aunque todo el mundo al que le hemos preguntado aquí nos ha reconocido que 2021 ha sido bastante mejor de lo esperable tras el nefasto y nulo 2020.

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Cap. 274. 27/28-11-2021.Los madrileños (re)descrubren la Plaza de España

Algunas veces, cuando regreso a Madrid, necesito cinco o seis minutos para decidir qué me apetece revisitar o visitar por primera vez. Otras veces no necesito ni cinco segundos ni medio.

Este fin de semana se ha dado este segundo caso. Hace apenas unos días, el pasado lunes 22 de noviembre, fueron inauguradas las grandes obras de la Plaza de España.

A pesar de su cercanía con los grandes focos de atracción de turistas y madrileños (Puerta del Sol, Plaza Mayor, Palacio Real, Cibeles, El Prado…), la Plaza de España siempre ha estado algunos escalones por debajo.

Eso es algo que ha reconocido el propio Ayuntamiento de Madrid con el eslogan que ha elegido para promocionar la apertura de estas obras: «Descubre el nuevo centro del centro de Madrid. (Re)descubre la Plaza de España».

Ya es posible pasear desde el Palacio Real hasta el Templo de Debod sin cruzar ninguna calzada, algo que este sábado han hecho bastantes millares de personas como he podido apreciar.
Para que ello fuera posible, ha sido necesario construir un túnel desde la calle Ferraz hasta Bailén.

Durante las obras en el extremo de Ferraz, y como sucede tantas veces que se excava, aparecieron nada menos que los restos del cuartel de San Gil, derribado a comienzos del siglo XX.

En su recuperación, traslado (necesario para conservarlo) y posterior musealización ha trabajado nuestro amigo soriano Miguel Ángel López Marcos. Estos restos todavía no son visitables, pero lo serán muy en breve, así que para mi próximo regreso a Madrid tampoco tardaré ni un instante en decidir el objeto de mi visita.

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Cap. 273. 2/4-11-2021. La magia del tren en la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid

Como madrileño de pura cepa, de vez en cuando tengo que regresar a mi ciudad de nacimiento a comprobar que todo sigue en orden y, cada vez que lo hago, si tengo tiempo, me gusta visitar algún lugar nuevo, algo que en la gran capital de España no resulta nada complicado.

He estado algo más de dos días completos en Madrid, desde la tarde del 2 hasta la tarde del 4. Han sido días de familia y amigos (Hortaleza, Moratalaz, Tres Cantos…), pero tampoco he fallado a esa cita con algo nuevo.

En concreto, la tarde del martes 2 conseguí visitar la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid, en el Paseo de las Delicias 61. Me di un largo paseo desde Colón, de ahí la primera foto.

Las otras 22 imágenes corresponden al interior de la Asociación, situada al lado del Museo del Ferrocarril pero con unos horarios que no tienen nada que ver. 

Me queda para otra vez ver ese Museo, ya que en tren he hecho algunos de los más memorables viajes de mi vida, varios de ellos de algunos días.

Pero como aperitivo, me gustó mucho el local de la Asociación, muchos de cuyos socios visitaron recientemente Soria con la excusa de comer torreznos. De hecho, de ese viaje surgió la inquietud de conocer el local de esta asociación, cuyos horarios y actividades pueden consultarse en su página web.

La visita es libre, para disfrutar de las elaboradísimas maquetas y de los pequeños trenes teledirigidos, acompañado todo ello de numerosos materiales antiguos relacionados con el tren y con Madrid.