27-3-2015. Cuentos de Tokio. «Los tiempos han cambiado»

Antes de anoche vi por tercera o cuarta vez ‘Cuentos de Tokio’ (también se encuentra como ‘Historias de Tokio’ o ‘Tokyo Monogatari’, dirigida por Yasujiro Ozu en 1953). La película (y Ozu) es famosa por haberse filmado a base de planos fijos, algunos largos y otros muy breves, de escenas aparentemente sin sentido: el techo de una estación, unas grúas, unos tejados en lontananza. La única excepción son dos cortos planos secuencia cuando el matrimonio protagonista decide separarse por un día en Tokio, él para reencontrarse y emborracharse con sus viejos amigos después de casi veinte años, ella para pasar la noche junto a su nuera viuda y animarla a que reconstruya su vida.

Uno de los planos que se repiten casi idénticos
Uno de los planos que se repiten casi idénticos

En el párrafo anterior he dicho dos incorrecciones. Para empezar, la película no es famosa por ese apartado técnico, sino por la belleza y la profundidad de todos esos planos. Y para seguir, durante los primeros 132 minutos de la película pensamos que los protagonistas son los miembros de ese matrimonio anciano. Entonces, a falta de cuatro minutos para el final, encontramos que la protagonista auténtica es Noriko, la nuera.

Noriko y su suegro
Noriko y su suegro

En esa conversación en Tokio, la madre le dice a Noriko que debe olvidar a su marido muerto hace ocho años, ahora que todavía es joven. «Los tiempos han cambiado», le dice, y la gente entenderá un segundo matrimonio. Han pasado 62 años y, a pesar de que los tiempos están en constante cambio, lo esencial permanece inalterado. Eso es lo que quería decir Ozu cuando filmó esta película que se ve continuamente con un nudo en el diafragma, y cuyo momento más frenético es una ruta turística en autobús por Tokio a veinte o treinta kilómetros por hora. No creo que dure un minuto.

Pero esto es un blog de viaje y no de cine, pensaréis. Si fuera un blog de cine, me extendería en la conversación de lo tres amigos, en el egoísmo de la hija mayor, en los sentimientos de fracaso del hijo médico y del hijo que vive en Osaka, y en las ceremonias de resignación de Noriko y de la hija que vive todavía en casa.

El padre, con sus viejos amigos
El padre, con sus viejos amigos

Como esto es un blog de viajes y geografía, diré que ‘Cuentos de Tokio’ se resume en dos viajes de ida y vuelta. (Atención, que ahora paso a destrozar el contenido de la película. Aviso porque hay gente a la que eso no le agrada). En el primer viaje, el anciano matrimonio viaja desde Onomichi a Tokio a ver a sus dos hijos mayores y a su nuera. Los hijos, continuamente ocupados y sin hacer esfuerzos por desocuparse, tienen como mayor preocupación que sus padres no les han dicho hasta cuándo piensan quedarse. Les mandan a un balneario cercano. Los padres entienden el mensaje y deciden en el balneario regresar a Onomichi. Las escenas de la borrachera y de la madre con la nuera vienen justo después.

Viendo el mar desde el balneario
Viendo el mar desde el balneario

En Tokio, la madre tiene algunos despistes inhabituales y sufre un leve desmayo en el balneario. A los pocos días de regresar a Onomichi, muere. El segundo viaje de la película es el de los tres hijos y Noriko para asistir a las últimas horas de su madre («Naoru, Naoru… Naoru», le ruega el padre para que no se marche), avisados por la hermana pequeña de la gravedad del estado.

Tras el funeral
Tras el funeral

Tras el funeral, comen, esbozan algunos buenos recuerdos, se reparten algunas herencias y se van. Solo Noriko se queda unos días, lo que tampoco le hace sentirse especialmente bien. La hermana pequeña se asoma a la ventana de la escuela donde trabaja como profesora para ver cómo se marcha el tren en el que viaja Noriko.

La última escena es preciosa y muy breve. Un barco se va. «El pescado en Tokio no es tan bueno como en Onomichi», decía un amigo del padre antes de beber sake.

La última escena
La última escena

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