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26-12-2018. «Las montañas son catedrales…»

El alpinismo (andinismo, himalayismo, montañismo…) está repleto de aniversarios de hechos luctuosos, algo que va unido de manera inherente a la práctica de esta actividad, especialmente cuando se hace al máximo nivel. Esta condición no la comparte con ningún otro deporte, y es lo que hace que muchas personas no lo comprendan.

Quizás por eso, la comparación realizada en el titular solo tiene sentido auténtico en el alpinismo, y quizás solo puedan experimentar esa sensación los que lo practican a su máximo nivel, los que saben que cualquier gran desempeño que acometan tiene un porcentaje de riesgo no desdeñable de desenlace fatal.

Su altísima preparación física, técnica y psicológica debe contar con los vaivenes del tiempo, predecibles en muchos casos, y con la suerte o la mala suerte, casi siempre impredecible.

Ayer 25 de diciembre se cumplieron 21 años del fallecimiento de Anatoli Bukreyev, uno de los miembros de la gran escuela del alpinismo kazajo, aunque él nació en tierras de la actual Rusia. Bukreyev formaba parte de una expedición de tres personas que completaban Simone Moro y Dimitri Sobolev, y cuyo objetivo era el ascenso invernal del Annapurna.

El desprendimiento de una gran placa de hielo terminó con las vidas de Bukreyev y Sobolev. Moro, que estaba más apartado, logró sobrevivir tras desenterrarse de la nieve y ser trasladado a Katmandú para curarse de sus heridas.

Bukreyev era uno de los mejores alpinistas del mundo con los ascensos consumados a siete ochomiles, siempre sin oxígeno, y con la llegada a otros cimas secundarias de las 14 cumbres más elevadas del planeta.

Su historia más conocida, sin embargo, tuvo lugar un año y medio antes, en mayo de 1996. Anatoli Bukreyev era el guía de una de las expediciones que se vio afectadas por una gran tormenta en el intento de ascenso al Everest, y que terminó con la muerte de 12 personas.

Aquel suceso derivó en el polémico libro de Jon Krakauer ‘Mal de altura’ (‘Into thin air’), que a su vez fue la base de la película ‘Everest’, dirigida por Baltasar Kormakur en el año 2015.

En el campo base del Annappurna, un lugar de relativo fácil acceso en un trekking de cuatro días, se encuentra una placa en recuerdo de Bukreyev, cuyo cuerpo no apareció. Está en inglés, y su traducción sería: «Las montañas no son estadios donde satisfago mis ambiciones, son las catedrales donde practico mi religión».

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