Total Soccer V

Aquella tarde mediamos nuestras fuerzas ante el todopoderoso conjunto de la capital. Contaba todos sus partidos por victorias, gracias, sobre todo, a su letal delantero, un muchacho menudo por el que suspiraban los principales clubs del mundo. Y además visitábamos su campo, un enorme estadio de futbol que si viéndolo vacío ya impresiona, no digamos con su ruidosa hinchada llenando las gradas de colorido.

En esta ocasión mi viejo decidió no bajar a verlo. Demasiados nervios hacia ya cada domingo como para encima soportar a un más que probable árbitro casero. Pero colocó el sofá bien cerca de la ventana para poder oír así el griterío que, a buen seguro, se generaría en el bar.

– Te pasas el día ahí sentado. Eso cuando no estas con tus amigotes. Bien podrías hacer algo de provecho, como por ejemplo arreglar esa lámpara que ni sé el tiempo que lleva sin lucir – le reprochó mamá mientras retiraba los platos de la mesa.

Y auque solo fuera por mantener su mente ocupada con algo que no fuera el partido, rescatando su vieja caja de herramientas del fondo del armario, se puso manos a la obra.

Mientras, yo ya había elegido a los jugadores virtuales que formarían el once titular para enfrentarme a tan temible equipo. Tan solo restaba el pitido inicial para dar comienzo al choque en la consola cuando, de repente, se fue la corriente eléctrica de toda la casa. Pude ver mi cara de desconcierto reflejada en la pantalla apagada. Cuando regresó, el partido en el estadio ya había comenzado y a juzgar por los insultos que llegaban del exterior, las cosas no iban muy bien que digamos. No quise encender el transistor. Aguardé en silencio junto a mi padre con la mirada fija en el mudo aparato de radio.

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