Tempus fugit

TEMPUS FUGIT

Le encanta jugar con el reloj de pared que preside el salón. Una vez se ha cerciorado de estar completamente solo, aparta cuidadosamente el cristal que protege la esfera y hace girar sus agujas con gran celeridad. Primero hacia la izquierda hasta que sus pequeñas manitas van perdiendo el interés. Y después hacia la derecha hasta que sus arrugadas manos dan muestras de fatiga. Entonces sitúa las saetas en hora, cierra la cubierta y regresa a su rutina diaria.

 

9 pensamientos sobre “Tempus fugit”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


− cuatro = cero