Retirada

Cuentan que en la visita del embajador inglés al Buen Retiro quedó tan fascinado por la belleza de sus jardines y estanques, teatros y aves exóticas como por la hermosura de las damas de la Corte española. Así el noble extranjero, no dudó en poner en práctica sus habilidades en el arte del cortejo. Algo que irritó sobremanera al monarca castellano, Felipe Cuarto. Pero aquel demostró no temer a la ira regia. Hasta que llegaron a sus oídos unas coplillas que corrían por las plazas y tabernas de la villa de Madrid. Entonces, demudado el rostro y sin explicación alguna, decidió adelantar su partida.

He aquí los versos:

Ya que osas pavonearte

delante del soberano

con tus plumas de colores

oh, gallardo cortesano

sabed bien que “El Gallinero”

de agrandarlo orden ha dado

ya que no hay en el Palacio

espacio para dos gallos

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