Realismo mágico I

Era pleno Agosto. Y el calor pegajoso de la ciudad había empujado a la gente a la playa o la montaña. Yo buscaba refugio en algún local con aire acondicionado. Y en las librerías además de disfrutar del fresco puedes ojear el género sin prisa pues dar con la lectura adecuada no es algo, como es bien sabido, que se decida a la ligera, sino que requiere su tiempo. Y eso era algo de lo que yo andaba sobrado en aquel estío. No bien hube superado el umbral de la tienda cuando para mi sorpresa descubrí tras una mesa y dispuesto a firmar ejemplares de sus obras, a mi escritor favorito. No lo podía creer. Cómo tampoco podía entender que el resto de clientes no repararan en su presencia, ocupados como estaban en adquirir el último best-seller o en reservar los libros de texto para sus hijos aún cuando faltaba más de un mes para el comienzo del nuevo curso escolar.

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