Lios reales

En perfecto latín, como mandan los cánones que por algo lo apodaban El Ceremonioso, rezaba la misiva enviada por Pedro IV de Aragón a Enrique de Trastámara. Éste, nuevo rey de Castilla tras arrebatarle la corona y la vida a su hermanastro Pedro I, aceptó verse para firmar la paz entre ambos reinos el 12 de Abril de 1375 en la villa fronteriza de Almazán. Y así se lo dictó a su secretario real quien no daba abasto con tanto trasiego de correspondencia. Y es que también debía notificar la fecha del enlace entre Leonor de Trastámara y el infante Carlos de Navarra, establecido para el 27 de Mayo del mismo año en Soria. Siendo el 18 de Junio la cita elegida para la boda entre Juan, el heredero al trono de Castilla y la hija del monarca aragonés, de nombre también Leonor. Y así, entre tanto baile de nombres, fechas y lugares, aconteció que se presentó el novio navarro en Almazán mientras su prometida castellana lo hacía en Soria para encontrarse en el altar con su tocaya aragonesa. Y el infante Juan no pudo disimular enorme desconcierto al ver aparecer en la iglesia del convento soriano de San Francisco al rey Pedro IV de Aragón. Huelga añadir que mientras todo ésto acontecía, el mensajero real ponía rumbo a Portugal que ya se sabe quien paga siempre los platos rotos y más si se trata de la cubertería real.

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