Factura

En el recibo de la luz, la simpática mascota de la compañía presentaba en un gráfico el gasto mensual. Así, si éste había subido ponía cara triste señalando la curva ascendente. Para no verlo afligido, el titular de la cuenta resolvió ahorrar. A partir de entonces, sustituyó su moderna vitrocerámica por un hornillo de gas, la lavadora por una piedra estriada, el televisor por un transistor a pilas. Tanto descendió el consumo que la empresa eléctrica prescindió de su gracioso logo en sus siguientes cartas.

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