De lo divino y lo humano

Tubalcain me aedificavit”- Exclamó el forastero con la intención de captar la atención de los parroquianos que ocupaban ociosos las diferentes mesas del teleclub.

Túbal Caín me fundó”. Así reza el escudo de la ciudad de Tarazona. – Continuó aquel hombre mientras colocaba una carta sobre otra en difícil equilibrio.

Y ustedes se preguntarán quién era ese de nombre tan extraño – Prosiguió – Pues según las Sagradas Escrituras, descendiente de Caín, hijo de Lamec y de Zillah y considerado el Padre de la Metalurgía.

La torre de cartas ya alcanzaba una altura considerable.

¿Y cual es el nombre de esta localidad? – Preguntó para enseguida contestarse – Cunchillos. Topónimo que como es fácil de deducir procede del sustantivo “cuchillo”, esto es, instrumento para cortar formado por una hoja de metal.

Pero el párroco, allí presente, hombre acostumbrado a tener la última palabra, no dudó en corregirle al tiempo que retiraba una de las piezas de aquella endeble construcción:

Lamento decirle, querido amigo, que el nombre de este barrio viene del latín Concilium que significa “asamblea”, “reunión” como la ahora aquí constituída.

Y el castillo de naipes se derrumbó sobre el verde tapete.

A continuación, el mosén mostrando una sonrisa de satisfacción, tomó la baraja, la mezcló y ofreciéndosela al desconcertado forano, le expetó:

Déjese de historias y echemos un guiñote. Corte.

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