Con el agua al cuello

La puerta no pudo contener por más tiempo y cedió al fin al ímpetu del agua. La sala se convirtió así en una suerte de pequeño océano donde estanterías y libros de todo tipo flotaban aquí y allá.

– No deja de ser paradójico – pensó el bibliotecario – que el Centro de Documentación del Agua y el Medio Ambiente se vea inundado por la crecida del Ebro.

Y mientras ésto meditaba subido a la mesa, reparó en una botella que se balanceaba a escasos metros. La alcanzó sirviéndose del flexo como remo, con la idea de enviar un mensaje de auxilio. Pero por mucho que buscara, no encontró un trozo de papel que no estuviera mojado. Hasta que reparó en el valioso pergamino medieval que se exponía bajo vitrina en el antiguo refectorio. Ése que rompió en pedazos un furioso Pedro IV pues contenía los Privilegios de la Unión.

– Vista la situación – reflexionó- estamos para pocos privilegios.

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