Caza mayor

Fotografía de Marián Carrera

Éramos uno más en la escuela. Lo que ocurre es que el maestro se empeñó en que debía aparecer también la iglesia y, al mover la cámara, sacó al pobre Mateo de la foto. A Braulio, que estaba a su lado, no le cortó la cabeza de milagro. Y es que don Esteban decía que nuestra parroquia de San Pedro era una joya del Románico. A nosotros, por aquel entonces, solo nos interesaba subir a la torre para coger pichones. Todos los niños regresábamos triunfantes salvo Mateo que bajaba siempre con las manos vacías. Para frenar las burlas de las que era objeto, cierto día nos espetó:

     – Las palomas son poco para mí. Yo conseguiré algo mucho mejor.

 ​Y a la mañana siguiente apareció con una criatura monstruosa. Su cuerpo era el de un ave pero tenía pezuñas y cola de serpiente. Y lo más asombroso, su rostro era el de un humano. Todos salimos corriendo al verla, hasta el propio Mateo. Pero él por otros motivos, le perseguía don Nicolás, el cura, al descubrir el enorme desaguisado que le había hecho a uno de los capiteles del templo.

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