Todas las entradas de Raúl

Injusticia

Ilustración tomada de Decathlon.es

Míralo ahí, tan ufano, recibiendo los abrazos, las felicitaciones de sus compañeros mientras el estadio entero lo aclama como a un héroe. Pero ¿que hay de mí? ¿Acaso no fui yo quien señaló penalty en un ridículo tropiezo fuera del área?

Curiositas

No conseguía quitarme esa historia de la cabeza desde que la escuchara por vez primera en una de aquellas interminables homilías que nuestro párroco reservaba para los días grandes, cuando el pueblo todo se daba cita en la parroquia. Me asombraba que Dios hubiese convertido en estatua de sal a la mujer de Lot por volver la vista a la ciudad de Sodoma que dejaban atrás. Por ello, cuando visité las salinas y creí distinguir entre aquellas níveas formaciones una silueta humana, enseguida pensé en el insulso de mi marido. Pues bien sé que no puede evitar asomarse a la mirilla cuando acudo a casa del nuevo vecino bajo cualquier pretexto como por ejemplo pedirle una pizca de sal.

Sorpresa, sorpresa

Fotografía de Javier de Julián

En cuanto retiraron el panel, nos fundimos en un emotivo abrazo, incapaces de contener las lágrimas entre los entregados aplausos del público. Aquella no era la novia de mi adolescencia a la que hacia décadas que no veía. Estaba completamente seguro porque no existía. La inventé en la carta que escribí a aquel programa de televisión. De ahí mi cara de asombro cuando descubrí que había alguien al otro lado, alguien tan solo como yo.

Nudo gordiano

¡Él será nuestro rey! – exclamaron los frigios dirigiendo su mirada al labriego, un tal Gordio, que atravesaba con su carreta la puerta de la ciudad. Cuando éste quiso dar media vuelta ya le habían atado con un nudo imposible de deshacer.

Lios reales

En perfecto latín, como mandan los cánones que por algo lo apodaban El Ceremonioso, rezaba la misiva enviada por Pedro IV de Aragón a Enrique de Trastámara. Éste, nuevo rey de Castilla tras arrebatarle la corona y la vida a su hermanastro Pedro I, aceptó verse para firmar la paz entre ambos reinos el 12 de Abril de 1375 en la villa fronteriza de Almazán. Y así se lo dictó a su secretario real quien no daba abasto con tanto trasiego de correspondencia. Y es que también debía notificar la fecha del enlace entre Leonor de Trastámara y el infante Carlos de Navarra, establecido para el 27 de Mayo del mismo año en Soria. Siendo el 18 de Junio la cita elegida para la boda entre Juan, el heredero al trono de Castilla y la hija del monarca aragonés, de nombre también Leonor. Y así, entre tanto baile de nombres, fechas y lugares, aconteció que se presentó el novio navarro en Almazán mientras su prometida castellana lo hacía en Soria para encontrarse en el altar con su tocaya aragonesa. Y el infante Juan no pudo disimular enorme desconcierto al ver aparecer en la iglesia del convento soriano de San Francisco al rey Pedro IV de Aragón. Huelga añadir que mientras todo ésto acontecía, el mensajero real ponía rumbo a Portugal que ya se sabe quien paga siempre los platos rotos y más si se trata de la cubertería real.

Pepín Bello, inventor del selfi

Imagen tomada de www.caracteristicas.co

Lo recuerdo como si fuera ayer y, como usted bien dice, han pasado ochenta años. Sí, yo hice la famosa fotografía de la Generación del 27. Parece que los estoy viendo ahora, posando tan serios sobre la tarima de aquel salón de actos: Rafael, Federico, Dámaso, Gerardo…

– ¡Quietos! – les grité. Y el pobre Jorge tratando a duras penas de contener la llorera afectado por el humo del cigarro del señor Presidente del Ateneo de Sevilla que tenía a su lado.

Tuve que repetirla porque en el último momento se me ocurrió a modo de chanza, girar el objetivo hacia mí antes de disparar, con la consiguiente reprobación de mis compañeros. Unos siesos, vaya.

Edicto de Nicomedia

Tras estampar su firma en aquel histórico Edicto, el emperador Galerio exhaló su ultimo aliento. Sus súbditos le lloraron. Eso sí, como todavía no estaban seguros de que hubiera tolerancia religiosa, oraron en silencio para no revelar a que dios se dirigían.

Isla de Santa Elena

Murió de nostalgia – dictaminó rotundo el doctor desechando así la idea de un cáncer de estómago o la posibilidad de envenenamiento por arsénico.

¿Está seguro?

No me cabe la menor duda – sentenció el galeno deteniéndose en el plato de estofado del finado donde las hojas de laurel dibujaban una suerte de corona.

Nacimiento

Fotografía de Javier Vázquez

En casa tenemos por costumbre no poner al niño Jesús hasta el mismo día de Navidad. Pero este año llegó el 25 de diciembre y la figurita no aparecía por ningún lado. Buscamos en su caja, en el armario, debajo de la mesa y nada. Al no haber recién nacido al que adorar, los reyes magos decidieron volver a Oriente y tanto los pastores como las aguadoras o los pescadores terminaron regresando a sus quehaceres cotidianos. Solo acabadas las navidades y recuperado el rincón para el cenicero de cristal y el tapete de ganchillo, apareció el niño dios con la inocente serenidad de saberse por fin a salvo del malvado Herodes.

Persecución religiosa

Fotografía de Adrián Ortega

Los corredores lucían los atuendos mas extravagantes respondiendo al carácter festivo de la prueba. Así, podía verse a un misterioso astronauta pugnando con una graciosa rana. O a una vieja alcahueta dejando atrás a un adusto Unamuno. Pero quien acaparaba todas las miradas era Silvestre I que haciendo honor a su nombre, llegó el primero a la meta, sirviéndose de su báculo papal para apartar contrincantes de su camino. Al finalizar la carrera confesó que cuando sentía flaquear las fuerzas, echaba la vista atrás y descubría a un legionario romano con cara de pocos amigos.