Ariadna

35AriadnaTeseo

Para asegurarse del retorno de su prometido, ató a la cintura de Teseo un extremo del ovillo. Y lo anudó con tal fuerza que ni con la ayuda del Minotauro, el joven ateniense pudo liberarse.

Ilustración: Lola Gómez Redondo

8 pensamientos sobre “Ariadna”

  1. Al fin y al cabo, para después dejarla abandonada en una orilla…¡qué bribón este Teseo! jeje Me encantan esta micrología, amigo. Y jugamndo con las palabras,s e diría que tú eres «micrólogo» jeje Abrazos.

  2. Así es, Bea. Este texto forma parte de una serie de microrrelatos sobre la mitología griega bautizada con el nombre de Micrología. Como tantos otros, me he liberado del palo mayor y he puesto rumbo a la isla de las sirenas seducido por su dulce canto.

  3. Si no recuerdo mal, Teseo heredó a la vuelta el trono de Atenas ya que su padre, el rey Egeo, creyendolo muerto, se arrojó al mar. De ahí el nombre ¿no?

  4. Cierto, Juan. Y Teseo, no contento con abandonar en una isla a Ariadna, decidió casarse con su hermana Fedra. Va a tener razón Marcos con lo de bribón.

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