Pequeñas grandes victorias

La vigilante instaba a los periodistas agolpados en la sala 76 del Museo del Prado a no rebasar la línea establecida. En vano. Y es que la expectación era máxima. Las principales personalidades del país habían sido citadas para inaugurar la exposición sobre el conocido pintor holandés del Diecisiete, Rembrandt. 

El estruendo de flashes, las insistentes llamadas a los protagonistas, por no mencionar la coreografía de pisotones y empellones, marcaron el inicio de la ceremonia. Se sucedieron las declaraciones grandilocuentes de unos y otros y para cuando llegó el turno de la comisaria de la muestra, ya apenas nadie mostraba interés. Una vez conseguidas las instantáneas y un par de titulares poco más quedaba por hacer. Aun así, la mujer, con evidente satisfacción, dio a conocer el nuevo hallazgo. Y es que, tras un estudio pormenorizado de la obra conocida hasta ese momento como Artemisa, la reina de Caria empujada a ingerir las cenizas de su difunto marido, habían descubierto que se trataba en realidad de Judit, la heroína bíblica que decapitó al temible Holofernes, poniendo fin al asedio enemigo. Alguien en el pasado había decidido rebautizar el cuadro considerando esta figura poco ejemplar para las mujeres. Pero aquel agravio acababa de ser subsanado.

La comisaria despidió el acto entre protocolarios aplausos, algún murmullo y la mirada cómplice de la mujer de seguridad y la de la elegante dama que desde el lienzo parecía celebrar una nueva victoria.