Competición

Fotografía de Javier de Julián

Cuando de niño les insistí a mis padres con aprender artes marciales, enloquecido con las películas de Kárate Kid, éstos me apuntaron a judo que era junto con la jota, las dos únicas actividades extraescolares en el barrio. Ahora, algo más talludo, al pedirles para mí recién estrenado piso un hermoso bonsái como el que cuidaba con enorme celo el maestro Miyagi, me han regalado un geranio. Pero así como no desistí en mis clases de judo (hasta que me echaron por lanzar patadas voladoras) no he cejado en el cuidado de mi maceta. Y puedo asegurar con orgullo que soy la envidia del vecindario. Una escalera difícil con gran competencia, especialmente doña Emilia y doña Asunción. Pero mi técnica de tender la ropa sin aclararla o la de jugar a la pelota en la terraza no conoce rival.

Necesidad

Los días de viento, éste se filtra inclemente por las enormes grietas que atraviesan el atrio, arremolinándole las canas. Las mañanas de lluvia, insolentes gotas de agua se precipitan desde el techo buscando acertar en la lata de las limosnas. Así que el mendigo resuelve donar todas sus monedas para impulsar de una vez la ansiada reforma de la antigua parroquia.