Curiositas

No conseguía quitarme esa historia de la cabeza desde que la escuchara por vez primera en una de aquellas interminables homilías que nuestro párroco reservaba para los días grandes, cuando el pueblo todo se daba cita en la parroquia. Me asombraba que Dios hubiese convertido en estatua de sal a la mujer de Lot por volver la vista a la ciudad de Sodoma que dejaban atrás. Por ello, cuando visité las salinas y creí distinguir entre aquellas níveas formaciones una silueta humana, enseguida pensé en el insulso de mi marido. Pues bien sé que no puede evitar asomarse a la mirilla cuando acudo a casa del nuevo vecino bajo cualquier pretexto como por ejemplo pedirle una pizca de sal.