Laberinto

Recorría aquel dédalo de estrechos pasillos con la suficiencia del que sabe que ningún obstáculo se iba a interponer en su camino, por mucho que éste se presentara con su propia imagen. Puede que fuera malvado, eso al menos cuchicheaban a sus espaldas en el colegio. Pero iba a ser un malvado triunfante, vengando así a otros famosos villanos como el Minotauro cretense o el señor Torrance. Esta vez nada ni nadie iba a poder con él. Con el mismo argumento irrebatible que utilizó para obtener las preguntas de los exámenes finales, había logrado persuadir al enclenque hijo del feriante para que le consiguiera el plano de aquella atracción. Así, avanzaba raudo hasta la salida flotando como un campeón de boxeo dando un autentica exhibición: derecha, derecha, izquierda… Cuanto llegó el golpe que lo envió al suelo supo que también repetiría curso.

Cosas de casa

Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva, las mismas palabras, con la misma entonación, así, alargando la última palabra: El día que yo me vaya se os va a comer la mierda. Y el eco resuena en toda la casa. No te negaré que da cierto repelús pero que gusto da verlo todo recogido.