Raices


Sus manos no están encallecidas por remos, sogas o redes. Ni el rostro curtido por el sol, el aire o la sal. Muy lejos queda el mar que dio sustento a sus ancestros. Pero en el silencio de la noche todavía puede sentir la dulce llamada de las sirenas.

Micros ejemplares

La gitanilla

Marchó pues con los gitanos no tanto por amor si no porque sabía de la noble cuna de Preciosa. Más se equivocó de gitanilla.

La gitanilla

Segunda Parte

Avellaneda, a quién se le atribuye un origen aragonés, escribió también aquí una continuación.  La obra lleva por título «La gitanica».

Rinconete y Cortadillo

Entregados a un negocio más lucrativo, ambos pícaros se disputan los votos de los ciudadanos.

El licendiado Vidriera

Se mostraba tan transparente en sus relaciones que siempre terminaban rompiéndole el corazón en mil pedazos.

El celoso extremeño

Levantó el extremeño tal laberinto de muros para impedir que nadie llegara hasta su joven esposa que terminó por perderla.

La ilustre fregona

Cansada de que le pisaran el fregao, sirvióse de su noble condición para que en adelante rodaran cabezas.

El casamiento engañoso y El Coloquio de los perros

Buscando consuelo, el alférez relató a Cipión y Berganza su desgracia. Pero lo único que obtuvo de éstos fueron ladridos.

 

 

 

Mercado medieval

La recreación de los Desposorios de Jaime I de Aragón y Leonor de Castilla llenó la localidad de Ágreda de herreros, alfareros, vidrieros, orfebres, panaderos, queseros, malabaristas, juglares y monjes. Bajo los pendones de ambos reinos los caballeros abandonaban sus campamentos para entregarse a encarnizados combates.  Así, en cada función la frontera castellano- aragonesa se veía levemente modificada con el consiguiente desconcierto de los agredeños que tan pronto pertenecían a una como a otra comunidad.