En el lugar adecuado

El Cielo extiende su manAugusta (2)to bajo el cual la Aurora, precedida por el Rocío y Lucifer, guía la cuadriga del Sol. Marte, acompañado de la Loba Capitolina, recibe la enseña romana de manos de un guerrero parto ante Hispania y Galia vencidas. Asoma Apolo con su lira sobre un grifo y a lomos de un ciervo Diana con la aljaba mientras la Tierra nutre con una cornucopia a los pequeños Rómulo y Remo.

Pero Augusto se muestra indiferente a cuanto sucede en su coraza de bronce, entregado como está en advertir, desde su pedestal y con el brazo en alto, a aquellos que se acercan hasta el Mercado Central del peligro que entraña el consumo de higos.

Ilustración: Lola Gómez Redondo

 

Tras los pasos de Hemingway

ATRAS LOS PASOS DE HEMINGWAYcodado en la barra de la cafetería del Gran Hotel, el autor de Por quién doblan las campanas toreaba con soltura las preguntas de un joven Jose Luis Borau, por entonces crítico de cine para el periódico local, que lo miraba fascinado sin terminar de creerse que estuviera delante de un hombre presente en las principales contiendas del siglo veinte.

Llamó la atención del muchacho el aspecto que ofrecía el rostro del veterano escritor. Y, dada la fama de aventurero de éste, su imaginación lo situó de inmediato bajo un sol abrasador en algún recóndito paraje, ignorando que se trataba sencillamente de una enfermedad que afecta a la piel conocida como psoriasis.

Acude a mi cabeza esta anécdota al tiempo que observo la imagen que me devuelve el espejo. Y solo espero que el periodista que va a realizarme la entrevista, achaque la irritación de mis ojos a un afán desmesurado por la lectura y pase por alto este terrible aliento a alcohol.

Ilustración: Lola Gómez Redondo