Insomne

INSOMNE

No podía dormir. De nada había servido la infusión de valeriana o aquellas pastillas compradas en la farmacia. Encendió el transistor. La aguja recorría el dial saltando de una emisora a otra hasta que dio con una frecuencia levemente audible en la que una voz monocorde repetía una secuencia de números y letras.

Debe tratarse de un canal en pruebas – pensó. Pero por alguna extraña razón se mantuvo a la escucha: P R 2 1 B I.

De pronto, cayó en la cuenta de que aquello, lejos de ser algo aleatorio, respondía a una dirección, la de su propia casa. Sí, no existía la menor duda: Paseo Rosales 21 Bajo Izquierda.

Buscó, inquieto, una explicación en la frase que, a modo de letanía, aparecía entre secuencia y secuencia. Pese a que se le antojaba del todo ininteligible, tras una detenida escucha a máximo volumen, lo tuvo claro.

¿Vienen a por mí? ¡Dios mío! Debo darme prisa.

Presa del pánico, quiso dejar una nota manuscrita antes de abandonar el piso, sirviéndose para ello de lo que tenía más a mano, el prospecto de aquellos comprimidos. Ése en el que se advierte que “la toma de una dosis elevada puede producir alucinaciones.”

Ilustración: Lola Gómez Redondo