Gracia divina

GRACIA DIVINAReina el nerviosismo entre los muchos aspirantes a cubrir las escasas plazas ofertadas. Salvo en uno de ellos quien, a pesar de haber estudiado tan solo un tema del extenso temario exigido en aquella oposición, se halla muy tranquilo pues le ha puesto una vela a la Virgen. Pero no una corriente. No señor. Una vela enorme. ¡Qué digo una vela! Un cirio.

Una vez ocupados sus asientos en el aula, toda la atención se centra en el señor con aire cansado que da vueltas a un rudimentario bombo para, a continuación, extraer una de las bolas numeradas.

– El seis – exclama con desgana. Y una amplia sonrisa de satisfacción se dibuja en el rostro del confiado opositor.

En ese mismo instante, en la Basílica, una anciana, mojando sus dedos en saliva, apaga el cirio con la intención de retirarlo y colocar así su vela a la Virgen.

– Disculpen. Ha habido un error. No se trata del número seis sino del nueve. Pueden comenzar el ejercicio.

Ilustración: Lola Gómez Redondo

… te quiero Andrés

TE QUIERO A PequElla estaba con él por su dinero. Él estaba con ella por su belleza. Quiso  el tiempo llevarse consigo ambas cosas a la vez. Les queda el consuelo de tenerse el uno al otro.

Ilustración: Lola Gómez Redondo

El viejo general

06Residencia de ancianos 2Odia perder. No soporta que su rival cierre la partida colocando la última ficha del dominó. Le enerva que le superen a puntos en cualquier juego de cartas. No está acostumbrado. Eso es todo. Por ello el viejo general prefiere retirarse a su habitación y contemplar la vida a través de la ventana. Siempre había disfrutado viendo caer agonizantes las gotas de agua en el cristal hasta desaparecer por completo. Pero el tiempo de las lluvias acabó.

Ilustración: Lola Gómez Redondo