Ojalá

La expectación era máxima. El gran Silvio Rodríguez iba a ofrecer un nuevo concierto avivando así la polémica acerca de si en su conocida canción, decía “un disparo de nieve” o “de Nievi”. Aquella noche, el cantante caribeño fue desgranando uno a uno los temas de su repertorio hasta que por fin, sonaron en el auditorio esos conocidos acordes de guitarra. Cada una de las hermosas metáforas de “Ojalá” eran cantadas al unísono por un público entregado pero cuando llegó la controvertida estrofa, se hizo de golpe el silencio. Por un momento se llegó a temer que Silvio también dejara de cantar, dirigiendo el micrófono a la concurrencia para que fueran ellos los que continuaran la canción. Pero para alivio de todos no fue así. Y ante los oídos bien abiertos de los presentes, cantó: “Un disparo de nieve”.

¡Nieve! ¡Es nieve! – murmuraba inquieto el graderío. Mientras, apostado en el tejado, el famoso francotirador ruso, Vasili Grigórievich Záitsev, alias Nievi, sacaba de su mira telescópica al cantante cubano.

Laberinto

Recorría aquel dédalo de estrechos pasillos con la suficiencia del que sabe que ningún obstáculo se iba a interponer en su camino, por mucho que éste se presentara con su propia imagen. Puede que fuera malvado, eso al menos cuchicheaban a sus espaldas en el colegio. Pero iba a ser un malvado triunfante, vengando así a otros famosos villanos como el Minotauro cretense o el señor Torrance. Esta vez nada ni nadie iba a poder con él. Con el mismo argumento irrebatible que utilizó para obtener las preguntas de los exámenes finales, había logrado persuadir al enclenque hijo del feriante para que le consiguiera el plano de aquella atracción. Así, avanzaba raudo hasta la salida flotando como un campeón de boxeo dando un autentica exhibición: derecha, derecha, izquierda… Cuanto llegó el golpe que lo envió al suelo supo que también repetiría curso.

Cosas de casa

Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva, las mismas palabras, con la misma entonación, así, alargando la última palabra: El día que yo me vaya se os va a comer la mierda. Y el eco resuena en toda la casa. No te negaré que da cierto repelús pero que gusto da verlo todo recogido.

Deporte rey

Mi padre siempre quiso que amara el balompié. Siendo todavía un bebé, me compró la equipación completa de nuestro equipo. Cuando apenas gateaba, un balón de reglamento que se me antojaba enorme. Y en cuanto tuve la edad mínima, me apuntó al equipo del barrio.

Pero lo que a mí en verdad me apasionaba era el ajedrez. Ese juego de estrategia donde además de calcular tus movimientos hay que analizar los del oponente para lograr así anticiparte.

Jamás le revelé a mi padre mi secreta afición. Y así, continué con la práctica del fútbol presionando como un peón, recorriendo la banda cual torre, ejecutando pases en diagonal como un alfil, elevándome entre los contrarios como hace el caballo… La pega es que mentalizado en capturar al rey rival, todos mis tiros a puerta iban invariablemente al cuerpo del portero por lo que nunca conseguí anotar un solo gol.

Mártir III y último

Pero en aquel momento era tan solo una niña. Una niña atemorizada por una salvaje jauría de críos empeñados en convertir su día a día en un auténtico infierno, no dejándole otro camino para escapar de aquellas feroces dentelladas de odio que el que acabó con su vida.

Tras este trágico episodio, los ladridos cesaron. Con la marcha de Quiteria, toda esa ira que habitaba en aquellos niños y que los llevaba a transformarse en canes enloquecidos desapareció de pronto. Y como si de un milagro se tratara, se convirtieron en dóciles perros, fieles al recuerdo de aquella pobre niña.

Por algo Quiteria es la santa sanadora del mal de la rabia.

Mártir II

Era la mayor de nueve hermanos. Todos ellos con nombres poco habituales. Aunque ésto, como todo, va por modas. Y si algo tienen las modas es que siempre regresan (como las hombreras, los pantalones de campana o las pobladas barbas) En aquella época no se llevaban los de origen bíblico. En cambio ahora, vuelven a estar de plena vigencia. A Quiteria le hubiera divertido conocer chicos llamados Joel (como el profeta) o Aser (el octavo hijo de Jacob) y chicas de nombre Betsabé (mujer del rey David) o Nazaret. Y aquel físico enclenque suyo pronto se hubiera tornado hermoso como el de su tocaya, la bella Quiteria, aquella novia de las fastuosas bodas de Camacho que tan fabulosamente describiera Miguel de Cervantes en su Quijote.

Mártir I

Fotografía de Marián Carrera

Quiteria era una santa. Y la chica de mi colegio con la mirada más triste que haya visto nunca. Motivos no le faltaban, esa es la verdad. A veces, los niños pueden resultar muy crueles. Y con ese nombre pronto se convirtió en el objeto de las burlas de sus compañeros de clase. Ya saben: ¡Quita Quiteria! acompañado de un empujón. Y cosas por el estilo, que en esto de las mofas no es necesario ser ingenioso, basta con tener la intención de hacer daño. Si a eso le añadimos que era espigada, pecosa, de cabello bermejo y que un amasijo de hierros se ocultaba en su diminuta boca (por aquel entonces los aparatos de dientes no eran tan discretos como los de ahora) no era pues de extrañar que le sobraran los motes y le faltaran los amigos.

Anemoi


Aconteció que aquel imponente aerogenerador, suscitó enseguida el amor de los cuatro dioses del viento. Y con el deseo de poseerlo, Boreas desde el norte, Noto desde el sur, Euro desde el este y Céfiro desde el oeste se abalanzaron sobre aquel elevado ingenio. La violenta pugna obligó a intervenir al propio Zeus estableciendo que sería el invierno el tiempo de Boreas, la primavera para Céfiro y el Otoño para Noto. Olvidó a Euro quién agraviado recurrió al antiguo titán Cronos. A partir de entonces, sus tres aspas dejarían de obedecer dirección alguna para convertirse en manecillas, horario, minutero y segundero, de un implacable reloj.

Moraleja

Ilustración tomada de Amazon

Llegó a casa con una gallina en brazos recordando el cuento de Los huevos de oro que le leyera el día anterior su mamá. Ésta, al ver al niño, no pudo disimular su preocupación pues esa noche tocaba la fábula de El león y el ratón.

Hijo predilecto

Ilustración tomada de legadonazari.blogspot.com

Con gran solemnidad, el alcalde hace entrega a su vecino más ilustre de la llave del municipio. Éste se muestra desconcertado pues no recuerda haber visto en el pueblo una puerta de ese tamaño.