Cosas de casa

Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva, las mismas palabras, con la misma entonación, así, alargando la última palabra: El día que yo me vaya se os va a comer la mierda. Y el eco resuena en toda la casa. No te negaré que da cierto repelús pero que gusto da verlo todo recogido.

Deporte rey

Mi padre siempre quiso que amara el balompié. Siendo todavía un bebé, me compró la equipación completa de nuestro equipo. Cuando apenas gateaba, un balón de reglamento que se me antojaba enorme. Y en cuanto tuve la edad mínima, me apuntó al equipo del barrio.

Pero lo que a mí en verdad me apasionaba era el ajedrez. Ese juego de estrategia donde además de calcular tus movimientos hay que analizar los del oponente para lograr así anticiparte.

Jamás le revelé a mi padre mi secreta afición. Y así, continué con la práctica del fútbol presionando como un peón, recorriendo la banda cual torre, ejecutando pases en diagonal como un alfil, elevándome entre los contrarios como hace el caballo… La pega es que mentalizado en capturar al rey rival, todos mis tiros a puerta iban invariablemente al cuerpo del portero por lo que nunca conseguí anotar un solo gol.

Mártir III y último

Pero en aquel momento era tan solo una niña. Una niña atemorizada por una salvaje jauría de críos empeñados en convertir su día a día en un auténtico infierno, no dejándole otro camino para escapar de aquellas feroces dentelladas de odio que el que acabó con su vida.

Tras este trágico episodio, los ladridos cesaron. Con la marcha de Quiteria, toda esa ira que habitaba en aquellos niños y que los llevaba a transformarse en canes enloquecidos desapareció de pronto. Y como si de un milagro se tratara, se convirtieron en dóciles perros, fieles al recuerdo de aquella pobre niña.

Por algo Quiteria es la santa sanadora del mal de la rabia.

Mártir II

Era la mayor de nueve hermanos. Todos ellos con nombres poco habituales. Aunque ésto, como todo, va por modas. Y si algo tienen las modas es que siempre regresan (como las hombreras, los pantalones de campana o las pobladas barbas) En aquella época no se llevaban los de origen bíblico. En cambio ahora, vuelven a estar de plena vigencia. A Quiteria le hubiera divertido conocer chicos llamados Joel (como el profeta) o Aser (el octavo hijo de Jacob) y chicas de nombre Betsabé (mujer del rey David) o Nazaret. Y aquel físico enclenque suyo pronto se hubiera tornado hermoso como el de su tocaya, la bella Quiteria, aquella novia de las fastuosas bodas de Camacho que tan fabulosamente describiera Miguel de Cervantes en su Quijote.

Mártir I

Fotografía de Marián Carrera

Quiteria era una santa. Y la chica de mi colegio con la mirada más triste que haya visto nunca. Motivos no le faltaban, esa es la verdad. A veces, los niños pueden resultar muy crueles. Y con ese nombre pronto se convirtió en el objeto de las burlas de sus compañeros de clase. Ya saben: ¡Quita Quiteria! acompañado de un empujón. Y cosas por el estilo, que en esto de las mofas no es necesario ser ingenioso, basta con tener la intención de hacer daño. Si a eso le añadimos que era espigada, pecosa, de cabello bermejo y que un amasijo de hierros se ocultaba en su diminuta boca (por aquel entonces los aparatos de dientes no eran tan discretos como los de ahora) no era pues de extrañar que le sobraran los motes y le faltaran los amigos.

Anemoi


Aconteció que aquel imponente aerogenerador, suscitó enseguida el amor de los cuatro dioses del viento. Y con el deseo de poseerlo, Boreas desde el norte, Noto desde el sur, Euro desde el este y Céfiro desde el oeste se abalanzaron sobre aquel elevado ingenio. La violenta pugna obligó a intervenir al propio Zeus estableciendo que sería el invierno el tiempo de Boreas, la primavera para Céfiro y el Otoño para Noto. Olvidó a Euro quién agraviado recurrió al antiguo titán Cronos. A partir de entonces, sus tres aspas dejarían de obedecer dirección alguna para convertirse en manecillas, horario, minutero y segundero, de un implacable reloj.

Moraleja

Ilustración tomada de Amazon

Llegó a casa con una gallina en brazos recordando el cuento de Los huevos de oro que le leyera el día anterior su mamá. Ésta, al ver al niño, no pudo disimular su preocupación pues esa noche tocaba la fábula de El león y el ratón.

Hijo predilecto

Ilustración tomada de legadonazari.blogspot.com

Con gran solemnidad, el alcalde hace entrega a su vecino más ilustre de la llave del municipio. Éste se muestra desconcertado pues no recuerda haber visto en el pueblo una puerta de ese tamaño.

Sospecha

Fotografía Adrián Ortega

A esta gatita aún le quedan muchas vidas por vivir – me aseguraron – aunque a mí se me antojaba que tan escuálida más pareciera tener ya una pata y media en el otro barrio. Pero me urgía acabar con el continuo saqueo a mi alacena por parte de los malditos ratones. Así, accedí a adoptar a aquella negra minina. Aunque a veces pienso que no fue buena idea. Sobretodo las noches de luna llena cuando desde la alcoba la escuchó emitir una suerte de risita aguda. Luego desaparece, al igual que la escoba de la cocina.

Concilio de Nicea

Entonces entró una paloma que fue a posarse en varios de los diferentes textos sagrados dispuestos en el altar. Los obispos asistentes lo tomaron como una revelación del Espíritu Santo y coincidieron en aceptar como verdaderos únicamente los cuatro evangelios señalados, procediendo de inmediato a retirar con sumo cuidado las oportunas migas de pan.