¿Tapear es caro?

El eterno dilema. Salir de tapas resulta caro. Y además, pasas hambre. Es la misma diatriba absurda que ha perseguido a la alta cocina (plato grande, ración ridícula). Pero es un debate sin sentido en el país que ha hecho de la tapa una religión. Nos gustan las tapas y nos permite alternar los bares, que es lo que nos gusta definitivamente. Lo que realmente queremos es con nuestra consumición de bebida nos incluyan un platito de algo rico, a poder ser, gratis. Cierto es que el algunas zonas del país existe esa bendita costumbre, o la de ofrecerte un pincho por un módico precio. Pero la realidad en muchos otros lugares, léase Soria, es que ir de tapas se paga y para muchos, en demasía.

¿Es caro tapear? pues como todo, depende. Depende de la tapa, de si uno come mucho o poco, si apreciamos la cocina que hay detrás de un pincho… hay muchas variables. Pongamos de ejemplo uno de los templos del pincho por excelencia: San Sebastián. Empezamos por A fuego negro, una de las tabernas modernas que se curran las tapas a todos los niveles. Una Mackobe con Txips, un clásico creado en 2008 está en torno a los 4 euros, pero realmente es una mini hamburguesa con sus complementos, completa y riquísima. Las aceitunas con vermú, una versión renovada del clásico aperitivo, llegan rellenas de una suave gelatina de vermú y se presentan en una especie de huevera de plástico sorprendente. Esta tapa es más cara, en torno a los 8 euros, pero las aceitunas son de gran tamaño y calidad, con su toque de originalidad que hay que tener en cuenta. 

Otro de mis adorados en Donosti es el Borda Berri. Sus pintxos no se exhiben en la barra, sino que llegan recién hechos de la cocina de este minúsculo mar de la clásica Fermín Calbetón, en la parte vieja. Son obligados los Puntalettes con Idiazábal o el Kebab de costilla, con todo su intenso sabor moruno. Estas tapas están entre los 6 y los 8 euros, pero llegan con su pan y con cantidades considerables. 

Decantarse por lo clásico también es una opción. Una gilda, tortilla de bacalao, txipirón a la plancha y unas bolitas de queso jalapeño salen en Casa Vallés (aseguran que aquí se inventó la Gilda) por apenas 12 euros, con zurito incluido. Todo buenísimo. Otro clasicazo en torno a la catedral del Buen Pastor es Iturrioz. Un pincho de ensaladilla rusa, otro de bacalao con pimientos y una cazuelita de callos, con zurito también, por 13 euros y todo estupendo. 

Una opción intermedia entre la modernidad y el clasicismo que acabo de descubrir es La Taberna de Blas, próximo a La Concha y también en la calle San Martín. Allí comí un pintxo de sardina ahumada con tapenade, boquerón con salsa de centollo y el típico platillo con atún, piparra, aceituna y mahonesa por 9 euros. Imprescindible también alli una tarta fina de manzana y hojaldre de llorar.

Conclusión. Tapear puede resultar más caro que un menú del día, pero menos que un menú más elaborado, da oportunidad a probar más cosas y no hay que olvidar que también es cocina, en muchos casos, una gran cocina que hay que apreciar y pagar. 

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