La oferta se amplía

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Pocas veces se ha visto en Soria tal eclosión de establecimientos en poco tiempo. En prácticamente un par de meses hemos visto cómo la oferta gastronómica de la capital ampliaba horizontes con nuevos bares y restaurantes, y eso en una pequeña ciudad como ésta es todo un acontecimiento.

Una pulpería gallega junto al Hospital en el antiguo bar El Paso, una hamburguesería en el Tubo Ancho, una nueva apertura en el viejo Parrita, un establecimiento de comida rápida diferente en las traseras de la gasolinera del Caballo Blanco… aunque especialmente destacables son las aperturas del Kiosko de la Dehesa y el bar restaurante del Soto Playa, por encontrarse en dos de las zonas más transitadas y por la envergadura de ambos proyectos. La llegada de San Juan ha precipitado algunas de esta aperturas, pero lo cierto es que había expectación por conocer los nuevos locales y sus propuestas.

He pasado por todos ellos y en alguno me he llevado una decepción, especialmente por el servicio y por la cantidad de ajustes que quedaban por rematar. Sin embargo me parece que siempre es una buena noticia la apertura de nuevos locales, y esta vez, con ofertas muy diferentes y necesarias.

La terraza del Caballo Blanco ha resultado un gran éxito desde su inicio, a pesar de no encontrarse en un entorno bonito. La propuesta informal y barata de bocadillos, hamburguesas y platos combinados de calidad y un ambiente distinto a lo que se ha podido encontrar en Soria hasta la fecha han sido un acierto recompensado con público día tras día.

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El Kiosko de la Dehesa es otro de los aciertos de los hermanos Aldea. Un estilo cuidado que no desentona nada con el entorno privilegiado en el que se encuentra, este establecimiento está llamado a ser uno de los más visitados de la ciudad. Además aúna distintos ambientes y ofertas, como servicio de bar y café con aires muy europeos, un restaurante acogedor con una carta diferente que hacía mucha falta en Soria, una zona de terraza de picoteo más al uso y pronto una zona al aire libre también para cenar formalmente. El sitio ideal para tomar una copa, cenar en pareja, con amigos, organizar pequeñas celebraciones… Le falta obviamente algo de rodaje y le sobra, en mi opinión, la vitrina expositora del restaurante con productos sorianos, que tal y como está recuerda mucho a otros establecimientos más antiguos y mucho menos elegantes, pero al margen de detalles, el nuevo local es bonito, agradable, diferente, fresco y acertado, se mire por donde se mire. En verano, abierto al exterior y al magnífico entorno, y en invierno al calor de la acertada chimenea del restaurante, sin duda será uno de los puntos de encuentro de sorianos y visitantes. Vermús con buen tapeo y una carta con propuestas originales marcan la oferta gastronómica a la altura de lo que se ofrece en otras ciudades ya hace tiempo, con platos que fusionan culturas, sabores distintos y alejados de los ‘sota, caballo y rey’ que pueblan los bares y restaurantes sorianos.image

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La carta es más tradicional en el Soto Playa, otro de los restaurantes cuya apertura ha supuesto un acontecimiento en Soria, pero el establecimiento también tiene encanto y ha sabido integrarse en el entorno idílico del río Duero, lugar de paso y peregrinaje de turistas, familias, deportistas y de todo aquel que ha hecho de este paseo uno de los más visitados. El verano es la estación idónea para disfrutar del lugar, con una amplia terraza, un restaurante hermoso y con vistas al Duero, el remozado lavadero y la oferta deportiva de barcas que ofrece, además de los espacios ideados para conciertos y actuaciones, recuperando el espíritu de la antigua pista de baile que reinó en el lugar. Habrá que esperar al invierno para saber si el restaurante cobra la misma vida que la terraza y se convierte en algo parecido a la Casa del Guarda de Valonsadero, con éxito todo el año. La carta de raciones al uso y carnes a la brasa indica que se quiere ir por ese camino, captando la atención de las familias que buscan una oferta sencilla, segura y no demasiado cara.

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Y tras estas aperturas, otras que están en camino y la renovación de cartas de algunos locales consolidados, como La Crepería, cabe preguntarse si todos los negocios podrán sobrevivir en una ciudad en la que se sale, se alterna, se come y se recibe turismo, aunque no de forma masiva, pero que en términos globales no da para tanto. Quizá ha llegado la hora de la vedad, y sólo aguantarán el tirón los que tengan propuestas honestas, ajustadas, distintas y se preocupen por mantenerse al día y cuidar a sus clientes. Veremos. En cualquier caso, bienvenidas las novedades.

 

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