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jueves 06 de agosto de 2020
Historias deportivas
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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS La agenda mediática, puede que incluso por fin en la política, comienza a hacerse eco del problema de la despoblación de Soria. Muchos son los debates sobre esta materia que se centran en cómo fijar la población, pero quizá no haya una fórmula mágica, sino muchas a la vez. Se trataría de ofrecer a cada persona la posibilidad de vivir en un lugar donde poder hacer lo que a cada uno le gusta más. En el caso de Ana Sanz Postigo (Soria, 24-01-1994), una de las razones por las que ha intentado quedarse siempre en Soria ha sido el bádminton, aunque su formación académica le llevará próximamente a Alcalá de Henares, donde a buen seguro que seguirá conquistando el volante.

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“Si no me he ido antes de Soria es por el bádminton”, explica Ana, a quien se le ilumina la cara, le brilla la mirada y se le dispara la sonrisa cuando habla de su deporte. Como suele suceder cuando las razones son emocionales, le resulta complicado explicar con palabras los motivos de su idilio con esta disciplina, pero no hay duda de que la vive con pasión. El que “se le diera bien”, contribuyó a alimentar su afición, si bien destaca que es un deporte completo en el que se trabajan las piernas, los brazos, fuerza, técnica… Hay tantos tipos de golpeos, que cada año tiene la sensación de aprender algo distinto.

La historia deportiva de Ana Sanz nació, como en otras ocasiones, por azar. El bádminton y los horarios de los cursos se cruzaron en su camino, o mejor dicho, en los de su madre, a quien le venía bien esta actividad deportiva para compaginar sus compromisos. Tenía nueve años, y la experiencia fue tan gratificante que tanto Ana como su hermana Natalia pidieron continuar en años sucesivos con los entrenamientos. Con ellas y otro grupo de jóvenes comenzaron a dar sus primeros pasos las categorías inferiores del Club Bádminton Soria, al que todavía pertenecen. “Siempre he sentido que este es mi deporte”, sentencia.

Pero probablemente lo que acabó de atrapar a Ana fue la competición. Y es que a pesar de que en sus inicios era de menor estatura que sus principales rivales, pronto comenzó a sumar sus primeros triunfos en los Juegos Escolares. Al poco tiempo, llegó la oportunidad de competir lejos de Soria, en Valladolid. Ana tuvo que aprender a arbitrar, ya que el que pierde un partido arbitra, y al llegar a casa le pidió a su padre que le llevara a Tordesillas a jugar. “Perdí, pero me volví tan contenta a casa”, recuerda. Dos años después, el día de su cumpleaños, lograba su primera victoria y desde entonces… Se ha abonado a los triunfos con diferentes títulos regionales de campeonatos de Edad, un campeonato autonómico absoluto femenino, otro título regional absoluto mixto con Víctor Ortega, y la Liga de clubes de Aragón con el club soriano, entre otros, lo que le ha permitido llegar a ser la decimoséptima mejor jugadora del ránking nacional.

 




De las competiciones, Sanz guarda especial recuerdo de su participación en los campeonatos de España. Desde los 15 años ha estado seleccionada con Castilla y León y ha participado en al menos, cuatro de ellos. En el de Gijón, por ejemplo, fue cuarta en dobles femenino con su hermana. Este año se quedó segunda en la lista de espera para competir en el Nacional, pero en lugar de quedarse con mal sabor de boca, reconoce que disfrutó compitiendo mucho para buscar el máximo número de puntos posible para el ránking, hasta el punto de acudir a Ronda (Málaga) como público para seguir la gran cita.

También guarda con cariño una temporada en la que fichó por un equipo madrileño mientras estudiaba en Soria Traducción e Interpretación, el Club de Bádminton Leganés. Aunque no conocía a nadie y tuvo que hacer muchos kilómetros para participar en Primera división por equipos, volvería a repetir la experiencia.

Claro que el Club Bádminton Soria es para ella una parte más de su familia, puesto que comparte con ellos muchas horas de viajes, entrenamientos y competiciones. El próximo año, en el que estudiará un Máster en Alcalá de Henares, tratará de entrenar en algún club de la zona para seguir compitiendo con el equipo soriano, porque tiene claro que aunque será mucho más difícil por entrenar menos días, ella quiere revalidar su corona en el Campeonato de Castilla y León: “Mi madre me dice que nunca me ha visto más contenta que al volver de una competición”.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS El domingo 6 de agosto a las 14.00 hora local, el Puente de la Torre (Tower Bridge) de Londres escuchará el pistoletazo de salida de la maratón femenina del Campeonato del Mundo de Atletismo. En ese momento, formando parte de las mejores maratonianas del mundo, empezarán a correr tres españolas: Paula González, Marisa Casanueva y Marta Esteban Poveda. Esta última, desde hace aproximadamente media docena de años, comenzó una relación con Soria que se mantiene muy viva y que ha coincidido con sus mejores años de atleta.

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Marta Esteban, de padre de Albacete y madre de Cuenca, nació en Valencia el 6 de noviembre de 1982 y creció en el barrio de Campanal. En sus primeros años de vida, sus actividades deportivas eran otras. Empezó con el judo entre los cuatro y los nueve años. Siguió con el hockey hierba con diez, durante un año, mientras eran posibles los equipos mixtos. Después, aproximadamente entre los 12 y los 17 años, jugó al baloncesto, de alero. Su labor era más defensiva, aprovechando su ‘incansabilidad’, robando muchos balones para que anotaran sus compañeras.

En aquella época, y como su padre siempre ha sido aficionado a las carreras populares, Marta ya se iba inscribiendo a algunas. Solía conseguir buenos puestos dentro de su categoría, pero siempre en pruebas populares, sin metodología alguna de entrenamiento y sin zapatillas específicas, sin tocar el tartán.

De hecho, no tuvo su primer entrenador hasta los 18 años, cuando se apuntó al equipo de atletismo de la Universidad de Valencia, donde empezó a estudiar Medicina. Todavía hacía entrenamientos como deportista aficionada, dos o tres días a la semana, mientras seguía cursando sus estudios.

Su primer contacto con el maratón fue en 2009. Se estaba preparando para el de Valencia, que todavía se celebraba en febrero, pero una anemia esos días le impidió participar. Al final, debutó en la mítica distancia el 5 de abril de aquel año, en la ciudad holandesa de Rotterdam. A partir del kilómetro 30, todo el ‘muro’ se le vino encima y finalizó en una marca de 2h53:48, muy buena para una atleta popular, muy lejos todavía de la élite.

Doble sesión

Todavía tuvieron que pasar un par de años más, hasta que terminó el MIR y la rama de Medicina Nuclear, para que la valenciana empezara a entrenar con mayor frecuencia, doblando sesiones. Se levantaba a las seis de la mañana para ir corriendo al trabajo, se duchaba, hacía sus ocho horas, y volvía a ejercitarse por la tarde.

Además, en aquella época conoció la plataforma Strands, en la que estaba como entrenador Abel Antón. El bicampeón del mundo y la incipiente maratoniana empezaron a trabajar juntos, siempre a distancia salvo algunas visitas esporádicas de Marta a Soria para las planificaciones de las temporadas. Los primeros resultados empezaron a intuirse pronto: 2h38:05 en Valencia en noviembre de 2011, un tiempo ya importante y segunda posición en la prueba. En cualquier caso, por su cabeza nunca pasó la idea de hacer la mínima para los Juegos de Londres. En el tartán, de esa misma temporada es su mejor marca en 5.000: 16:33.30 en Barcelona.




Lesionada en la maratón de Valencia (noviembre 2012) y retirada en el 28 en Rotterdam (abril 2013), de nuevo corrió en su ciudad natal en noviembre de 2013, donde sufrió muchísimo en los últimos kilómetros pero se ‘negó’ a retirarse: 2:40.56. En 2014 mejoró su marca en media maratón hasta 1h14:41, pero las lesiones le impidieron participar en la maratón valenciana. Marta Esteban ya no trabajaba en esos días por cuenta ajena, sino que montó una clínica en la que también hacía quiromasaje. Según iba mejorando resultados, menos horas pasaba en esa clínica, ya solo con amigos o con pacientes especiales.

Y la primera parte del gran salto llegó un año después, en la 2015-16. Para entonces, Marta Esteban ya no entrenaba con Abel Antón por esa razón de la distancia. Tampoco entrenaba con un técnico valenciano con el que probó, pero con el que las sensaciones eran muy distintas que con el soriano. Por ello, a base de formación específica y de la que ya tenía como médica, decidió empezar a autoentrenarse, situación en la que continúa. En noviembre de 2015, como siempre en Valencia, corrió en 2h34:42. A esas alturas ya es imposible no pesar en los grandes campeonatos, pero Esteban asegura que corrió exactamente al ritmo que había planificado, y que probablemente no habría podido hacerlo más rápido pensando en Río de Janeiro. Poco después volvió a mejorar marca en media, 1h13:16 en Barcelona, en febrero de 2016, lo que le valió para debutar con la elástica española en el Mundial de Cardiff de esa distancia (64ª con 1h16:52).

Su mejor temporada

Aquello fue la antesala de la mejor temporada de su vida, la que está viviendo en 2016-2017 (en atletismo las temporadas empiezan el 1 de noviembre): pulverización de su mejor marca en maratón en noviembre de 2016 en Valencia con 2h30:47, lo que le abría las puertas del Mundial de Londres; mejora también de su marca en la media hasta dejarla en 1h12:08, otra vez en Barcelona, en febrero de este año; y participación en la Copa de Europa de 10.000 en Minsk (Bielorrusia) con sexto puesto en la final B y su mejor marca (34:10:42).

Aquella relación iniciada con Abel Antón no se ha perdido. Desde 2014, Marta Esteban entrena en verano en Soria. Empezó un mes pero ha ido aumentando la dosis. El año pasado ya estuvo agosto, septiembre y comienzos de octubre. Este año, con el cambio de objetivo, lleva en tierras castellanas desde junio. En estos últimos días está entrenando menos volumen, nada que ver con los alrededor de 200 kilómetros que ha hecho en los periodos más fuertes de carga.

Pronto marchará a Valencia a recoger algunas cosas y, desde ahí, a Madrid y a Londres. En la capital del Reino Unido estará cuatro o cinco días con el resto del equipo de la RFEA, preparando la gran fecha del 6 de agosto. ¿Objetivo? Hacerlo lo mejor posible. Eso no significa que no se atreva a decir un puesto: “Estar entre las 20 primeras estaría muy bien”. Hay muchas incógnitas como el calor que puede hacer a mediodía en Londres, la humedad, la ausencia de liebres, el desconocimiento tanto de las rivales como del recorrido…

Después de Londres, descansará pero no descansará. Descansará, porque se irá del 14 al 30 de agosto a los Estados Unidos a hacer carrera continua y poco más. Y no descansará, porque irá a Boulder (Colorado) a integrarse unos días al grupo de entrenamiento de Brad Hudson: “Los mejores fondistas son africanos, pero la ciencia de verdad está en Estados Unidos”. Allí tratará de seguir formándose de cara a sus tres siguientes objetivos: clasificarse y hacerlo lo mejor posible en el Mundial de Media Maratón que se organiza en Valencia el 24 de marzo de 2018, bajar de 2h30 en maratón, y tratar de estar en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, a los que llegará con 37 años.


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Álex Calvo. Foto: Concha Ortega.

HISTORIAS DEPORTIVAS Los caminos del deporte han llevado a Alejandro Calvo Aceña (Alicante, 12-09-1985) por uno de los menos transitados y reconocidos, pero sin duda, uno de los más importantes e imprescindibles, el del arbitraje. Nacido en Alicante de forma circunstancial pero “soriano por los cuatro costados”, la historia deportiva de Álex, marcada por su actual implicación como oficial de baloncesto, se presenta tan extraña como apasionante.

Es extraña, porque no deja de ser un hecho puntual, aislado, extraordinario, que haya un soriano arbitrando en competiciones de Grupo 2 nacional.  Y es apasionante porque su buen hacer es tan incontestable que ha sido calificado como mejor colegiado de la temporada 2016-2017 en Castilla y León por parte de la Federación Territorial de este deporte, con una clara dinámica ascendente.

El baloncesto ocupa su corazón deportivo en estos momentos, pero lo cierto es que Álex disfruta del deporte con un amplio abanico de disciplinas. De hecho, de niño probó con el judo, donde tuvo una trayectoria para destacar, quedándose en cinturón marrón, a tan solo un paso del prestigioso cinturón negro. También practicó hockey sobre patines y cómo no, el fútbol, donde pronto se dio cuenta de que no era un jugador destacado. Pádel, atletismo… pero quizá la mayor continuidad siempre la haya tenido en el baloncesto. Su primer contacto con el deporte de la canasta sería en categoría benjamín, con el San José, después jugaría en Primera división nacional con el Calasanz y el Numancia, mientras que ahora continúa disfrutando en la Liga Municipal de Soria.




El ser un jugador modesto de baloncesto le ayuda de forma notable a desempeñar de la mejor forma posible su actual papel principal, el de árbitro. No solo para estar en un buen estado de forma, sino porque dentro de su formación actual, recibe clases de táctica de básquet. De hecho, uno de los aspectos que Álex entiende que debe realizar un oficial es el “anticiparse” y prever qué va a ocurrir en la siguiente jugada. Por tanto, los conocimientos de jugador los puede aplicar en el arbitraje no solo en lo táctico, sino también “en lo emocional”, señala.

Calvo cree que el jugador de baloncesto es más noble en comparación con el fútbol, porque se intenta engañar menos y los engaños están más castigados, su fórmula es “ser firme pero humilde a la vez” y reconoce que en muchos casos la relación es buena porque en general los jugadores son respetuosos, más en cuanto se va ascendiendo de categoría. No obstante, Álex también recuerda algún sinsabor en Soria, donde lamenta que haya quien le ha retirado el saludo al no saber distinguir el papel del árbitro en la cancha con el ámbito personal fuera de ella.

No es un deporte fácil de arbitrar porque los contactos hay que verlos de cerca, motivo por el cual hay dos colegiados, el árbitro de cola y el árbitro de cabeza, que se dividen el campo en rectángulo, por lo que cada árbitro ve lo que sucede en una parte del campo en la que nunca coinciden. “No pitamos todo lo que vemos, solo lo que crea una desventaja en el jugador que recibe la infracción”, aclara.

Se podría decir que su predilección por el arbitraje viene heredada de su padre, al que Alejandro veía arbitrar desde niño. Con cerca de 14 años empezó a dirigir partidos escolares, actividad que solo paró durante sus estudios de Publicidad y Relaciones Públicas en Segovia. En cuanto terminó la carrera, recuperó el arbitraje y fue cuando llamó la atención del Comité regional de árbitros, que le ascendió a Primera división nacional. A partir de ahí no ha dejado de ascender, ya está vinculado al Grupo 2, que le permite pitar partidos de Liga EBA y Liga Femenina 2. Ahora su objetivo es dejar de ser un colegiado vinculado para pertenecer definitivamente al Grupo 2.

Su implicación y sacrificio está fuera de toda duda, de hecho es el Delegado de la Federación de baloncesto en Soria y no ha renunciado a ningún fin de semana de arbitraje, a pesar de que la mayoría de sus encuentros son fuera de la provincia, con desplazamientos largos a provincias como León o Salamanca en muchas ocasiones. De cara al futuro solo quiere “llegar hasta donde pueda llegar” en el arbitraje e intentar que haya más sorianos que puedan seguir su estela y que lleguen a superarle, pero también le gustaría que haya equipos absolutos estables de básquet tanto en chicos como en chicas en la provincia.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Ángel Aguirre Medina (Almazán, 18-3-1982) siempre tuvo gusto por el campo y, cuando empezó a estudiar Magisterio en Guadalajara, se aficionó fácilmente a la escalada gracias a la amistad que entabló con unos compañeros de Molina de Aragón. Terminado Magisterio, decidió licenciarse en INEF en Madrid. Allí, con un profesor llamado Fulgencio, conoció las técnicas del montañismo tanto a nivel teórico, que para eso estudiaba INEF, como a nivel práctico. A Ángel le gustaba la escalaba y le gustaba correr, así que la montaña terminó siendo el medio idóneo para él.

Hace casi 15 años ascendió su primero tresmil en el Pirineo, para lo que eligió todo un clásico como es el Monte Perdido, la tercera cima más elevada de la inmensa línea separadora de Francia y España. Aneto, Coronas, Salenques, Bachimala, Cresta de la Pez, Maladeta, la Cresta del Seil Dera Baquo, los Infiernos, el Posets, Gemelos, Veteranos, Perdiguero, Eriste, Diente de Llardana, Vignemale, Cerbillona, Punta del Sabre, Gran Facha, Argualas, Aguja de Pondiellos, Garmo Negro, Cilindro de Marboré, Jean Arloud, Gourgs Blancs… fueron acompañando al Perdido con el paso de los años, junto a otras aventuras pirenaicas fuera de los tresmiles pero también de nivel, como la Cresta de los 15 Gendarmes de Alba o una invernal al emblemático y solitario Midi d’Ossau.

Por supuesto, en todo este tiempo ha ido acompañando estos picos pirenaicos, míticos muchos de ellos, con otras ascensiones en los Alpes (Cervino, Mont Blanc, Monte Rosa, Castor), Picos de Europa (Urriellu), Atlas (Toubkal), el Sistema Central (Almanzor, Peñalara, Pico del Lobo)… Y, todo ello, sin abandonar del todo la escalada tanto en Soria y cercanías (Añavieja, La Toba, Boos, Abioncillo, Calcena, Embid de Ariza, Jaraba, Morata) como en otras localizaciones de España (Riglos, Galayos, Alicante).

Todo ese bagaje en la montaña, esa pasión especial por los Pirineos, le ha hecho afrontar un reto muy especial para este verano: intentar ascender los 212 tresmiles del Pirineo en un plan de 48 días. Lo tiene cerrado al 90% y, para conseguirlo, será necesario que acompañe el tiempo, será necesario que acompañen los amigos y será necesario que acompañen las fuerzas físicas y mentales.




Por lo que se refiere a las fuerzas físicas, Ángel lleva todo el invierno acudiendo con frecuencia a un rocódromo en Almazán y corriendo. Hizo la Media Maratón Azkoitia-Azpeitia en 1h23. En las últimas semanas, de un modo más específico, está entrenando la montaña, con subidas habituales al Moncayo.

Después de tanto tiempo de preparación concienzuda del plan, el primer día ya está a punto de llegar: este sábado 1 de julio. Ya ha comprado casi todo lo que llevará en su Peugeot Partner, porque esa es otra de las partes complejas y fundamentales en un viaje de este tipo: la logística, llevar todo lo necesario y solo lo necesario. Por ejemplo: latas, pan de molde, pasta, sopas, geles, barritas (y más comida, todo ello asesorado por una nutricionista), tienda de campaña, esterilla, saco, infiernillo para cuando esté dos o tres días sin ver el coche, fogón para el coche, ducha portátil, jabón ecológico, cuerda para tender, una cuerda de 60 metros de 8,2 milímetros, una cuerda de 30 metros de 8,2, cordinos, arnés, placa solar para el móvil, el frontal y el GPS, ordenador, piolet, crampones, friends, fisureros, casco, ropa, calzado… En estos últimos apartados, Ángel ha contado con la colaboración de la marca Joma para hacer más fácil su aventura.

Tres libros

Tres cosas más formarán parte de su equipaje. Primero, un libro electrónico para ayudar a pasar las horas en soledad, pues una de las grandezas de los Pirineos es que, fuera de sus montañas más conocidas, Ángel no se encontrará con mucha gente. Segundo, una de las ediciones del libro de Luis Alejos, ‘Pirineos, guía de los 3.000 m’. Y tercero, basándose en ese libro de Alejos, Ángel Aguirre tiene un cuaderno en el que ha planificado todo este viaje que quiere terminar el 17 de agosto.

En ese cuaderno hay anotaciones de tiempo (espera hacer siete u ocho horas por jornada, pero hay algunos días en los que ha apuntado once), de si necesita ir acompañado, las cimas que puede tachar en cada jornada (hay varias crestas que rondan o superan la decena de tresmiles), los lugares en los que puede ‘guardar’ cosas para recogerlas a la vuelta, los abrigos en los que pasar una noche, las diferentes opciones según cansancio o acompañamiento, los refugios en caso de necesidad, las horas de viaje en coche entre macizo y macizo…

El gran viaje de este soriano empezará este fin de semana en los tresmiles más orientales del Pirineo, los que se encuentran en la provincia de Lérida, empezando por la cumbre más alta de Cataluña, la Pica d’Estats (macizo 1). Sin salir de Lérida, irá viniendo después para hacer los Besiberris y el Comaloformo (macizo 2). Después, casi nada, todos los tresmiles del Maladeta-Aneto: Alba, Maldito, Aragüells, Mulleres, Coronas, Russell… y así hasta 46 (macizo 3).

La zona del Clarabide-Perdiguero-Boum es su siguiente destino (macizo 4), con el Seil Dera Baquo, Portillón de Oô, Quayrat, Lézat, Crabioules, Lliterola. No se tendrá que desplazar en exceso para otro de los lugares míticos, Posets-Eriste (macizo 5), con los Gemelos, los Veteranos, el Diente de Llardana, las Forquetas… Seguirá en la provincia de Huesca cuando acometa las ascensiones de la zona Culfreda-Bachimala (macizo 6): Lustou, La Pez, Schrader, Sabre…

Los últimos macizos

En Francia se encuentra el Neouvielle-Pic Long, su próxima parada, (macizo 7), con picos como Los Tres Consejeros, el Ramougn o el Campbieil. Tendrá que cambiar de país para regresar a Aragón y hacer La Munia (macizo 8), donde están Sierra Morena o el Robiñera. El único plan que todavía no ha definido en su cuaderno es el de la zona de Monte Perdido (macizo 9), donde hollarán sus botas los Gabietos, los Astazus, el Taillon, Marboré o Cilindro, entre otros.

Desde ahí, y a falta de la decisión final, lo normal sería ir al Vignemale (macizo 10), con su Pique Longue, Cerbillona o Petit Vignemale. Si así lo hiciera, el colofón estaría en los tresmiles más occidentales y más cercanos a Soria, en el Balaitus-Infierno-Argualas (macizo 11), y en el que también se encuentran otros cumbres que a los montañeros no les resultarán desconocidas: Garmo Negro, Gran Facha, Pondiellos o las Frondellas.

En apenas cuatro días a contar desde hoy empiezan el viaje en coche y las caminatas. Retos así, que no son nuevos, no se los pone cualquiera. Con esa preparación previa, con los acompañamientos de algunos amigos y con la presencia de la suerte o ausencia de imprevistos, Ángel Aguirre regresará a Almazán a mediados de agosto con su lista de 212 tresmiles completada y con muchas historias que contar cuando todo aposente.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Joseba Díaz López (Azkoitia, Guipúzcoa, 9-3-1995) llegó a Soria hace cuatro años para estudiar Fisioterapia. Está a punto de terminar. En la ciudad castellana no existen los increíbles desniveles de su País Vasco, pero para sus entrenamientos está más que contento con lo que encuentra en la Sierra de Santa Ana.

Joseba es corredor de montaña. Empezó haciendo atletismo con nueve años, combinando pista y campo a través, pero lo que de verdad le gustaba era esto último. Ya en categoría cadete, con 14-15 años, empezó a destacar y a acudir con la selección del País Vasco a los Campeonatos de España de cross. Y muy poco después, con 16 años, empezó a correr montaña. Es una edad temprana, pero relativamente habitual en una tierra tan aficionada a los montes.

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Sus primeras competiciones llegaron también joven, a los 18 años. De hecho, fue entonces cuando completó la prueba más larga que ha hecho hasta la fecha, la Apuko Long Trail: 65 kilómetros y unos 9.000 metros de desnivel acumulado. Como podía suceder… pinchó, pero su afición por las montañas no se vino abajo.

De hecho, nada más llegar a Soria, una de las primeras molestias que se tomó fue la de ponerse en contacto con uno de sus clubes de montaña, el Banzaii Antártica, para compartir con ellos entrenamientos y excursiones.




Hasta ahora, esos entrenamientos los hacía todos por su cuenta, según las sensaciones y el tiempo del que dispusiera. Hace unos meses, sin embargo, decidió dar un giro a su carrera deportiva. Para empezar, le patrocina la marca Scott a través de la tienda All Track Running. Y, tan importante como ello, desde diciembre tiene entrenador. Josu, ‘Epi’, licenciado en INEF también de Azkoitia, ha empezado a guiarle esas sesiones de trabajo.

Dos o tres días a la semana hace asfalto, carrera continua, sin meter series, solo volumen. El entrenamiento más específico, el de la montaña, le ocupa entre una hora y media y tres horas diarias. En ese tiempo, ya sí, hace trabajo concreto, series más cortas o más largas según el momento de la temporada en que se encuentre o según la inminencia de alguna competición. En total, y completando todo ello con gimnasio, entrena seis o siete días a la semana, más allá de que también esté haciendo especial hincapié en el llamado entrenamiento invisible (alimentación, descanso, rutinas…).

Los resultados de todo ello no se han hecho esperar mucho. El primer fin de semana de abril, Joseba compitió en la prueba que más le ha marcado hasta la fecha, el Cabrales Tres Verticales. El sábado 1 de abril se subieron el Calluenga (2.400 metros) y el Subisomas (3.000). El domingo, lo más salvaje, el Aventón: un kilómetro vertical en apenas 1.800 metros. El azkoitiarra terminó cuarto en la general con un tiempo de 1h52:50, a apenas 39 segundos del bronce. Además, fue el primer Sub 23.

Aprovechando ese buen momento de forma, el pasado fin de semana se desplazó a Otañes (Cantabria) para participar en la primera prueba de la Copa de España de Kilómetros Verticales. Lo ganó con cierta holgura, aventajando en un minuto al segundo. Esta Copa de España la completan las citas de Artenara (Las Palmas, 16 de junio), Palacios de Sil (León, 22 de julio) y Becerril de la Sierra (Madrid, 7 de octubre). A León y a Madrid tiene intención de ir, pero lo de Artenara no lo tiene tan claro, entre otras cosas, porque dentro de dos fines de semana va a participar en una de las grandes carreras del mundo, la Transvulcania.

Allí, en la isla de La Palma, va a competir dos veces. Primero, en el kilómetro vertical, el jueves 11 de mayo, donde no piensa guardarse nada. Ahora, por sus entrenamientos y por su juventud, estas pruebas explosivas se le dan mejor que las carreras más largas, “para las que se necesita más tiempo y más motivación”. Y después, el sábado 13, hará precisamente una de esas carreras, la Transvulcania Maratón, 45 kilómetros en los que algo de sufrimiento habrá, pero en la que sobre todo tiene intención de disfrutar de los espectaculares paisajes de La Isla Bonita. Varios sorianos le acompañarán en La Palma.

Y para el futuro, su objetivo es tan fácil como difícil: “Me gustaría mantener este nivel y subirlo, no estancarme”. Con el camino que ha comenzado este año, y con su juventud, habrá de conseguirlo.


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HISTORIAS DEPORTIVAS Hace apenas un par de semanas, el miércoles 5 de abril, Emilia del Hoyo Pérez cambió de década. Ya tiene 20 años. Es una de las combineras más prometedoras del atletismo español: Como juvenil, tiene la tercera mejor marca de siempre en pentatlón (3.811) y la cuarta en heptatlón (5.052). Como junior es la sexta española de todos los tiempos bajo techo (3.754) y la octava al aire libre (5.161). Este año estrena categoría promesa.

Aunque nació en la localidad barcelonesa de Manresa en 1997, Emilia guarda una estrecha relación con Soria, ya que su familia procede de Torrubia de Soria. De hecho, “antes iba todos los veranos por lo menos durante dos semanas, coincidiendo con las fiestas”. Pero no solo venía en esos meses de verano. Como buena ‘soriana’, “de pequeña también acostumbraba a ir en temporada de setas”.

Ahora lleva dos años sin venir. La razón fundamental es que últimamente no la separan 400 kilómetros, sino algunos pocos miles y un océano, el Atlántico. Emilia lleva viviendo un par de cursos en la ciudad estadounidense de Sacramento, en el estado de California. Allí está estudiando ‘Kinesiology or Human Science’: “Me fui básicamente para vivir una experiencia única porque una oportunidad como esta no se te pone delante todos los días”. La joven deportista se marchó allí sobre todo porque deseaba “aprender inglés y viajar por el mundo”.

Lógicamente, el aspecto deportivo también fue valorado a la hora de cambiar de Manresa por Sacramento. Reconoce Emilia que, dado el altísimo nivel de deporte que tienen los Estados Unidos, “competir allí era un sueño”. En cualquier caso, su intención es volver a España cuando termine sus estudios universitarios, dentro de dos años.




Aunque ahora está centrada cien por cien en el atletismo, la vida deportiva de Emilia del Hoyo estuvo durante largo tiempo vinculada a otra especialidad: la gimnasia. La practicó desde que tenía tres años hasta que cumplió diez. Entonces, empezó a compaginar ambos deportes. Sin embargo, “llegó un momento en el que disfrutaba mucho más corriendo que haciendo piruetas, así que decidí dejar la gimnasia. Y aquí me tienes casi diez años después, aún sigo en este mundillo”.

Dentro de las siete pruebas de las combinadas al aire libre, su favorita es el salto de longitud, “y la que mejor se me da, las vallas”. Su idea para el futuro inmediato es seguir preparando estas pruebas combinadas, sin centrarse en ninguna especialidad en concreto.

Sus mejores marcas personas son 8.71 en 60 vallas, 6,04 en longitud, 1,66 en altura, 11,04 en peso, 2:23.25 en 800, 29,41 en jabalina, 14.22 en 100 vallas, 11,74 en triple, 25.55 en 200 y los ya citados 3.754 en pentantlón y 5.161 en heptatlón.

Además, ha sido la dominadora de la especialidad en su categoría varios años. En 2015 fue campeona de España junior en pista (pentatlón) y al aire libre (heptatlón). Ese mismo año fue sexta en el Internacional de Pruebas Combinadas Promesa-Junior. En 2014, como juvenil, también hizo doblete y fue cuarta en ese mismo Encuentro Internacional. En 2013 fue campeona al aire libre y subcampeona en pista, también como juvenil, y terminó 21ª en el Mundial al aire libre de Donetsk (Ucrania). Y en 2012, cadete, también logró la medalla de oro tanto en el campeonato de invierno como en el de verano.

Para este verano que ya se avecina, confía en repetir esa marca por encima de los seis metros en longitud y darle un mordisco al 100 vallas para bajar de 14 segundos. También espera lograr marca personal en los lanzamientos de jabalina y peso. Más a largo plazo, para el global de su carrera deportiva, no se fija ninguna meta: “No me gusta pensar en lo que puedo llegar a ser, prefiero seguir mi camino y ver dónde me lleva”.

Dentro de ese futuro, seguro que está incluido regresar a Soria. Tradicionalmente, cuando venía en verano, le coincidía con el trabajo de pretemporada, todavía nada específico, “así que muchos días me iba a la Sierra a correr o me hacía el caminito de Torrubia a Portillo con mi madre en bici”. Además de su pueblo, el otro lugar que más le gusta de Soria es Valonsadero, alma de la fiesta, de la tranquilidad y cuna de grandes campeones… de atletismo.


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Manuel Revilla

HISTORIAS DEPORTIVAS. Manuel Revilla Martínez (11-04-1986) lleva la afición por el esquí en la sangre. Con tres años, se quedaba en las guarderías de las estaciones mientras sus padres esquiaban. En cuanto se loe permitieron, con cuatro años, ya se subió a los esquís. Con ocho años fue a Formigal con un viaje del Centro Excursionista Soriano. Allí le ‘ficharon’ y su afición comenzó a pasar a ser su modo de vida. En el Club Formigal dio sus primeros pasos, hasta los 12 años, cuando entró al Centro de Tecnificación y estuvo formándose seis años como entrenador y profesor. Se sacó dos carreras y los títulos de entrenador, y comenzó a dedicarse a ello, primero cuatro años como profesor en el Club de Formigal y otros tantos en el Centro de Tecnificación. Un sueño hecho realidad. Sin embargo la crisis se ‘comió’ este Centro de Alto Rendimiento y Manu, junto a otros profesionales, montaron su propio centro, Integral Ski, donde se encuentra ahora. Hay días que está hasta diez horas sobre los esquís. Esta es su historia.

Manu comenzó a aficionarse por este deporte cuando, muy pequeño, viajaba con sus padres y amigos a varias estaciones de esquí, donde dieron sus primeras clases. “Gracias a que en Soria existe un club con bastante socios”, el Centro Excursionista Soriano, “empezamos a esquiar cuando la afición empezó a crecer” explica el soriano, que comenzó entonces a conocer las primeras estaciones de España e incluso en los Alpes.

Fue en una de esas excursiones con el CES Cuando llegó hasta Formigal, allí los del club le plantearon a sus padres si podría apuntarse con ellos y fue cuando “giró todo”. La afición pasó a convertirse en dedicación. Manu tenía diez años. Sus padres compraron un pequeño apartamento en Formigal y allí comenzó a dedicarse a ello.




Una vez en Formigal, con 12 años, hizo las pruebas del Centro de Tecnificacion de Aragón (similar al CAEP en Soria),  Manu accedió a ellas y fue en 2º de la ESO cuando tuvo que dejar Soria para dedicarse 100% al esquí. Se fue a vivir a Jaca, donde reside ahora, allí entrenaba todos los días y a la vez estudiaba, hasta que terminó el bachillerato, seis años después. A partir de ahí, este deportista soriano se fue formando como profesor y como entrenador.

“En el Centro el objetivo es que los deportistas pasen a equipo nacional, yo me quede a las puertas”, reconoce Manu, que decidió seguir en este mundo porque es su pasión. Acabó su carrera de Inef y de Magisterio y también los tres niveles de profesor que existen, con los que ya podía empezar a trabajar de ello.

Sus primeros pasos como entrenador fueron en el Club Formigal (donde empezó a competir), allí estuvo entre cuatro y cinco años “trabajando con chicos de 8-12 años”. De ahí pasó a ser entrenador para el Centro de Tecnificación de Jaca, “un sueño hecho realidad”. Allí estuvo como formador otros cuatro hasta que hubo un parón de subvenciones y el Centro no siguió adelante. Manu tenía claro que quería seguir su carrera profesional en esa misma línea, y de ahí nació la empresa privada Integral Ski, con sede en Jaca y con las mismas características que el Centro de Tecnificación, “un referente a nivel competición en toda España” como explica el soriano.

Esta empresa nació para aquellos deportistas de diferentes clubes que quieren dar un paso al alto rendimiento y, por diferentes motivos, no pueden hacerlos con sus sedes. Son cuatro profesores en Integral Ski, trabajan prácticamente las 24 horas del día y cuentan con 25 chicos en programas anuales con muy buenos resultados y que compaginan los estudios con los entrenamientos.

Como alto rendimiento, buscan continuamente la nieve, es por ello que en esta profesión se viaja mucho dependiendo de la estación. En invierno la sede está en Jaca, en verano tienen que desplazarse a los glaciales en Francia, en otoño a la zona de los Alpes, Austria…y en los periodos que no se puede esquiar, trabajan mucho el físico “para aguantar el ritmo de todo el año”.

Manu reconoce que tiene tanta afición por el esquí que hasta le “sorprende” cuando recibe la nómina a final de mes, “no lo considero ni un trabajo”, reconoce y espera seguir dedicándose a ello toda la vida. Dentro de lo más negativo de esta profesión está el pasar tanto tiempo fuera de casa y las lesiones de los deportistas. Algo que contrasta con la emoción vivida con cada medalla conseguida por los alumnos en los campeonatos de España, algo “muy diferente vivirlo como deportista que como entrenador”.

Entrevista: Teresa Arroyo


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS. Lehior Yusta (19-4-1984) apenas recuerda cuándo fue la primera vez que montó en una moto, “con 7 u 8 años”, se aventura a decir. Seguramente sería la de algún familiar, porque como él mismo reconoce, lo lleva en la sangre. Desde entonces tiene muchas historias que contar, cientos de kilómetros recorridos con sus “más de diez” motos diferentes, medallas conseguidas en competiciones oficiales, caídas, fallos mecánicos y alguna que otra historia con final feliz. Empezaremos con la cara más amable que esta afición le ha dejado a Lehior, y que sucedió en su pueblo, Matamala de Almazán. Fue una fría noche de invierno del pasado mes de diciembre cuando una anciana con alzheimer se escapó de la residencia de ancianos donde se encontraba. Aquella noche, que mantuvo en vilo a la Comarca, Lehior salió con su moto como muchos vecinos del pueblo hasta que allí la encontró “a cinco kilómetros del pueblo” algo desorientada, en una gélida noche que dejó registros de -10ºC.

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Seguro que es una de las historias más amables que recuerda este motorista, que también contrastan con las caídas o con alguna que otra gresca que habrá tenido que pasar con las personas que no ven con tan buenos ojos este vehículo a motor. Sin ir más lejos, y dentro de la cara ‘menos amable’, lo que le sucedió en la última carrera, cuando el soriano se quedó sin freno delantero en la vuelta de reconocimiento. “Quedaba poco tiempo para la parrilla de salida”explica Lehior, por lo que decidió competir con el freno de atrás. No le fue tan mal ya que finalizó sexto.




Lehior Yusta ‘debutó’ en Fuentetoba, con un 19º puesto en la general en 2008, año en el que comenzó a competir y llegó a proclamarse campeón junior de Castilla y León. Un año después, volvió a competir pero una caída le dejó problemas en el hombro por lo que no pudo acabar el campeonato. En 2010 fue tercero a falta de una carrera para finalizar el circuito, a la que no pudo asistir por motivos laborales. Ese mismo año, fue campeón con Castilla y León de la competición que se realiza en la Zona Norte y subcamepeón con la Comunidad y segundo en la general del Intercomunidades, competición que reúne a todas las regiones. En ambos campeonatos competían los tres primeros de cada categoría de Castilla y León.

De 2010 a 2016, el soriano hizo un paréntesis en las competiciones, aunque si realizó pruebas sueltas quedando entre los tres primeros. El principal motivo de este alto en el camino es el coste de participar, así lo reconoce Lehior, “es un deporte muy caro y conlleva mucho desgaste”. Este es otro de los motivos por los que, hasta ahora, solo ha competido en dos pruebas de carácter nacional, en Cataluña y en el Campeonato de España de Guadalajara.

El año pasado retomó las competiciones por todo lo alto, proclamándose subcampeón de Castilla y León en la categoría absoluta. Este año volverá a realiza alguna prueba provincial ‘en casa’ , como el Enduro del 30 abril de Quintanas de Gormaz, puntuable para el campeonato de Castilla y León o el Cross Country de Muriel Viejo el 13 de mayo. También le gustaría hacer algún enduro extremo, como el Lagares, prueba que se realiza en mayo en Portugal, una modalidad que no ha hecho nunca hasta ahora pero que no descarta.

Lo que a veces parece desde fuera y mucha gente piensa, Lehior lo desmiente, “me suelen deceir que no necesito tanta preparación porque voy sentado”. Pero nada más lejos de la realidad. El soriano dedica una hora y media durante tres o cuatro días a la semana a entrenar con su moto, además de gimnasio, correr o bicicleta, todo ello complementado con los apuntes de su nutricionista.

Yusta suele entrenar en el circuito de motocross de Almazán ya que es socio del Club Tryfon, una agrupación que cuenta con cerca de 60 socios y que suele organizar cada año una de las pruebas puntuables para el Campeonato de Castilla y León, salvo en este 2017, “por problemas técnicos” que esperan solventar de cara al próximo año. Lehior es el único de los socios que compite a nivel regional. La Federación de Motociclismo de Castilla y León cuenta actualmente con 500 licencias.




La primera moto “propia” de Lehior fue una scooter, cuando él tenía 15 años. Con 18 ya se compró una moto con marchas y desde entonces casi ha tenido “una por año”. Lo de cogerle cariño a la moto está reñido con el enduro ya que a este joven de Matamala le cuesta hasta recordar el número de vehículos de dos ruedas que ha tenido “entre 10 o 12”. Precisamente tiene en mente cambiar este verano la que tiene en la actualidad.

Yusta busca “que sean ligeras, con motor de dos tiempos” y otras características que necesita para competir. Y así tendrá que seguir haciéndolo por muchos años, porque esta afición que le deja anécdotas inolvidables, le va a mantener muchos más años sobre dos ruedas, bien sea sobre unos circuitos o para compartir con los amigos esta afición en cualquier rincón de la provincia o fuera de ella.

Reportaje: Teresa Arroyo


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Por su carácter extrovertido y afable, así como por su larga trayectoria deportiva, César Gonzalo Cabrerizo (Soria, 30-06-1971) ha ido forjando muchas amistades por el camino. La mayoría de ellas, en el voleibol, deporte al que todavía sigue asociado como jugador y presidente del Sporting CV Soria, aunque Gonzalo esconde muchas más facetas. Probablemente sea uno de los deportistas federados en activo más veteranos de nuestra provincia y su ejemplo debería ser un referente, pues en cuestión de ilusión y compañerismo, merece un lugar de honor en el paseo de la fama del deporte soriano. Lleva cerca de 35 años federado en distintas disciplinas y por sus ganas se podría decir que todavía está empezando.

Vinculado durante muchos años al voleibol, en una pasión que heredó de su padre, delegado provincial de este deporte, y en la que todavía está inmerso, curiosamente los primeros pasos de la historia deportiva de César Gonzalo fueron en otras disciplinas como el fútbol, el baloncesto, el balonmano, el atletismo e incluso años después, el rugby.

Como todo niño, César empezó a tener su primera experiencia deportiva en la calle, con los chicos del barrio, jugando al fútbol. Después entraría en el Soria Club de Fútbol. “Nos criamos en la calle, en la zona de la cárcel, cerca de las Heras de Santa Bárbara. Por entonces no estaba asfaltada la calle porque no había nada y jugábamos al fútbol con balones de voleibol que tenía mi padre en casa. Él me llevaba a sus entrenamientos y me empezó a picar el gusto por el voley”, explica.




César reconoce que le gusta correr. En el atletismo fue campeón de altura cadete en Soria, subió al podio en el Campo a través internacional de Valonsadero y ganó el cross de Abejar… Pruebas que asegura “ahora no hay quien gane” por el nivel que ha adquirido el atletismo popular en la provincia. También le gustaba el baloncesto ya que “entonces tocábamos todos los palos”. En este caso perteneció al Club Baloncesto Soria. “Me gustaba mucho el baloncesto, pero lo dejé por el voleibol. José Miguel Serrato era muy amigo de mis padres y empecé a ir a entrenar al San José”. Por entonces tenía 13 años.

Su padre, delegado provincial de voleibol, le transmitió su pasión por esta disciplina, algo que acabó arraigando en un joven espigado que tuvo que aprender a rematar hacia el suelo pasando horas con Urbano García pegando pelotazos contra una pared. Fue un “infiltrado” en el San José donde como otros tantos jóvenes sorianos dio sus primeros pasos en este deporte, aunque él estudiaba en el CP Numancia. Gonzalo asegura no haber destacado nunca en el voleibol, pero lo cierto es que un año después de su llegada al cuadro colegial empezó a entrar en la selección de Castilla y León con jugadores cuyos nombres recita de memoria. “Nunca he sido titular, pero en segundo año de cadete, cuando yo entré, nos quedamos tres veces subcampeones de España porque teníamos muy buen equipo. Lo fuimos federados, escolares y por comunidades autónomas”, recuerda. En San Saturio llegó a debutar con el equipo de Primera división en el antiguo San Andrés.

Siguió en el San José de juvenil hasta que surgió el Sporting CV. “Lo fundó mi padre porque cuando el San José subió a División de honor, los juveniles no teníamos hueco y comenzó el club para que tuviéramos minutos”. Sin embargo, poco después César se marchó a Valladolid a completar sus estudios universitarios en arqueología en 1993. “Fue mi mejor época, allí jugué en el CDU. Pero estas cosas de la vida que a mí me gustan todos los deportes y me puse a jugar con mi cuerpecillo al rugby. En el primer partido me rompieron el codo y estuve todo un año sin jugar”.
Cuando terminó la carrera, hizo el CAP y el servicio militar obligatorio, retornó a Soria a trabajar. “Seguí jugando con el Sporting. Jugamos fase de ascenso y luego hubo un parón. Hasta que llegó más gente que no tenía hueco en el San José y nosotros les abrimos las puertas”. No sería el único paréntesis, posteriormente se produjo otro de dos campañas, pero el equipo siempre ha seguido para delante. “He hecho muchas cosas pero esto es lo que realmente me gusta”, aclara. Quizá por ello desde el último paréntesis ha sido el presidente del club tras tomar el relevo de su padre hará ya cerca de quince años.

Son muchas las generaciones de jugadores de voleibol sorianos que han compartido vestuario con César Gonzalo, y muchas todavía las que quedan por tener dicha fortuna. “El otro día jugamos contra un rival de 52 años. Pero yo tengo claro mi papel, ahora no puedo competir porque hay gente muy buena en nuestro equipo. Lo que hago es pasármelo bien. En el invierno no hago otra cosa. Me gusta ir en bici, correr, pero en invierno me da pereza y un deporte de sala como este es perfecto”, así pues, esta historia, continuará…

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Foto: Concha Ortega

Carlos Heras García nació en la ciudad de Soria el 11 de mayo de 1979, y ese mismo día nació una de las figuras más reconocidas y carismáticas del balonmano en la provincia en el último cuarto de siglo. Su relación con este espectacular deporte arrancó pronto, cuando ya correteaba con la camiseta de La Presentación con siete u ocho años. Con diversas denominaciones, siempre ha estado en el mismo club, que luego pasó a llamarse Prafisa y, desde 1997, Club Balonmano Soria. Gran parte de esta última etapa se ha hecho bajo la denominación de Aranga.

Después de esos primeros años conociendo y aficionándose a este deporte, con diez o doce años empezó a jugar federado. Aquella generación de sorianos nacidos a finales de los 70 eran compañeros y, sobre todo y a la vez, amigos. La mayoría de ellos estaban en 1997 cuando se fundó el club. Ahora, 19 años después, Carlos Heras (como Litos le encontraréis también en centenares de fichas de partidos) es una de las pocas personas que siempre ha estado vinculada al mismo, junto a su padre (Carlos también, presidente), Fernando Sánchez (jugador, entrenador y directivo) y Mario Santorum (jugador y entrenador de categorías inferiores).

Ya desde sus primeros años, su juego no pasó inadvertido para los técnicos de la Federación de Castilla y León. Era un clásico en las convocatorias de la selección autonómica cadete y juvenil, con la que acudió a varios Campeonatos de España. Aunque siempre tenían buenos equipos, nunca lograron un puesto en el podio: “En aquellos años casi siempre ganaba Asturias”. Curiosamente, en la selección solía jugar de extremo izquierdo, una posición en la que nunca o quizás casi nunca se le ha visto en Soria. En esas convocatorias coincidía con jugadores de primera fila como Diego Camino y, sobre todo, Chema Rodríguez. Con el BM Soria también lograron jugar un Campeonato de España Junior en Pamplona en 1998 tras haber quedado campeones de Castilla y León.




Donde ha jugado desde siempre en Soria es de central, organizando el juego y buscando los lanzamientos cuando existía el hueco y, en ocasiones, cuando parecía que no existía. “Mi forma de jugar ha sido estando siempre muy cerca de la defensa rival, jugar un dos para dos y con el pivote, arriesgando. Si hubiera medido 1,90 seguramente no habría sido así, podría haberme alejado más de los defensas, pero siempre he aguantado mucho el contacto y a eso le achaco las lesiones que he tenido”, explica.

Dentro de ese mundo de las lesiones, las ha tenido en manos, costillas, brazos, codos, “también tengo la nariz rota”…, pero las peores fueron tres roturas del ligamento cruzado, siempre en partido y siempre él solo. Dos de ellas fueron en la pierna izquierda, con 15 y con 23 años. La tercera fue en la rodilla derecha, con 30. El periodo de recuperación osciló entre los seis y siete meses, y siempre regresó con su fuerza.

La historia de Litos es la historia del balonmano masculino soriano, instalado desde hace más de una década en la Primera división. En 1997 empezaron en Segunda, en Castilla y León. En 2001 fueron subcampeones de grupo. Les dio derecho a comprar la plaza, jugaron en Primera en Galicia, y bajaron ese mismo año, de nuevo a Segunda, por diferencia de goles.




En 2004, nueva fase de ascenso, esta vez en Soria. Un abarrotado pabellón de La Juventud sufrió la derrota ante Manyanet y no pudo celebrar las victorias ante Dominicos y Urduliz porque no servían para subir. Por suerte, aquella tristeza se borró apenas un año después, en la histórica fase de ascenso de Zaragoza, donde Soria se sobrepuso a diferentes adversidades para ganar al Alcasser, al CAI y al GEiEG.

El recuerdo más agridulce que conserva es mucho más reciente, de mayo de 2013, cuando Soria organizó, ya en Los Pajaritos, la fase de ascenso a División de Honor B, tras un año espectacular en el que terminó campeón de grupo: “Es la espina más grande que tengo en el deporte, sobre todo el segundo partido contra Bordils, cuando ganábamos de tres a falta de seis minutos y luego perdimos”. Si hubieran ganado ese duelo, habrían ascendido, algo que consiguieron los otros tres equipos de la fase: Zamora, Benidorm y el citado Bordils. Zamora y Benidorm subieron de corrido a Asobal, en la que todavía continúa el equipo levantino.

En la presente temporada, el BM Soria es noveno del grupo B de Primera, de 16 equipos. Piensa que tienen equipo para terminar más arriba, algo que espera conseguir ya que todavía falta por disputarse más de la mitad de la competición. Su rol ya no es el de años pasados, pero sigue disfrutando en los entrenamientos, ayudando a los compañeros y en cualquier cosa para la que le necesite el equipo: “Después de tantos años, el balonmano es parte esencial en mi vida, por lo que me ha dado como deporte y por todos los compañeros que he tenido y los amigos que he hecho”.

A pesar de tener una carrera tan larga, el hecho de no haber cambiado de club le ha permitido trabajar con un número abarcable de entrenadores. En sus primeros años entrenó con su padre, con María Martínez Puebla y con María Jesús Lagunas Gonzalo. Después, en los últimos 20 años, ha trabajado junto a cuatro técnicos: Luis Revuelto, Richard Martínez, Fernando Sánchez y, ahora, Óscar Ollero.

A punto de cumplir 38 años, todavía es pronto para dar a conocer su futuro. Su pasado y su presente balonmanísticos han sido tan extensos como intensos. Pocas personas que le hayan visto jugar al menos dos veces habrán olvidado al gran central de Soria.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS. Lorena Muñoz Bravo (5-4-1993) comenzó a jugar al fútbol en el San José antes de cumplir los nueve años, aunque para ello tuvo que pasar antes por practicar balonmano y baloncesto, ya que “estudiaba en un colegio de curas” y era lo que tocaba. Ahora, con 23 años, está cerca de cumplir su sueño, vivir un ascenso con el Tacón,  su club actual, y poder convertirse en una futura jugadora del Real Madrid, ya que en caso de ascender, el equipo pasaría a ser ‘galáctico’. Lorena lo piensa y sería su sueño, “soy del Madrid, juego con el dorsal 22 por Isco” aunque es consciente del nivel y de la dificultad, por ello se muestra “con los pies en la tierra”. Es el reto que le falta por conseguir, vivir un ascenso, asegura, mientras explica que su momento más inolvidable fue cuando ganó la Liga con el Rayo Vallecano B en el Cerro del Espino, “el campo del Atlético de Madrid, el gran rival”. Era la capitana del equipo y había jugado toda la temporada como titular en el centro del campo.

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Para llegar hasta el Tacón, la soriana ha recorrido un camino nada sencillo, siempre con la ayuda de su familia. Comenzó en el San José, era la única chica de todo el equipo pero era muy feliz porque le encantaba “jugar con los amigos”. Los 9, 10 y 11 años los pasó en un equipo femenino del Numancia que surgió en aquella época, pero el proyecto no terminó de fraguar y Lorena regresó al San José, donde más le gustaba jugar

Durante una temporada entrenó en el equipo soriano y jugó en Pamplona. Un año de sacrificio para ella y para sus padres, que cada fin de semana le llevaban a tierras navarras a competir con el Amaya Club. Allí descubrió lo que era realmente el fútbol femenino, aunque tuvo que dejarlo por la distancia.

Lorena continuó viviendo en Soria donde tuvo que aparcar el fútbol durante dos años ya que no tenía posibilidades, tiempo que dedicó al baloncesto, su otra afición.

Cuando tenía 16 años, su hermana se fue a estudiar a Madrid y allí, su compañero de piso le invitó a entrenar con un equipo que conocía. Lorena no se lo pensó, se fue a Madrid donde terminó el bachillerato a la vez que se estrenó en el fútbol madrileño de la mano del Inter de Valdemoro. Una vez allí, le convocó la selección madrileña en la que jugó dos temporadas con la Sub 18.

Jugar en la selección le abrió muchas puertas y del Inter de Valdemoro pasó a jugar en el Rayo Nacional, equipo con el que ganó dos ligas, aunque sin posibilidad de ascender ya que eran el filial de Rayo. Tras cuatro años en el Rayo B, comenzó a entrenar con el primer equipo hasta hace dos temporadas, donde empezó a jugar en Primera División. A pesar de los viajes vivió una gran experiencia y pudo jugar contra equipos como el “Bilbao, Barça o Atlético de Madrid” con chicas dedicadas exclusivamente al fútbol mientras que su equipo tenía que quedar para entrenar después de trabajar o de estudiar.



Tras seis años en el Rayo Vallecano, el año pasado fichó por el Tacón, un equipo exclusivamente femenino y un proyecto “muy ambicioso” tras fusionarse con el Canillas. Ahora, puede considerarse el ‘filial’ del Real Madrid ya que Florentino ha confirmado que cuando asciendan se convertirán en el nuevo equipo ‘galáctico’.  De hecho, el pasado 28 de diciembre fueron noticia en el AS.

Para ello entrenan tres días a la semana, de 18.15 a 21.30 horas, aunque van a aumentar la preparación a “cuatro o cinco días”. Lorena es consciente que el ascenso se antoja complicado, ahora mismo van segundas, a dos puntos de las primeras, hay siete grupos, un play off de por medio y solo dos plazas para jugar en la Liga Iberdrola.

La soriana es consciente que vivir del fútbol femenino es prácticamente imposible, solo “si juegas en algún equipo grande” pero es temporal, por ello compagina el entrenamiento con la carrera de Magisterio y también con trabajo. Reconoce que lo más complicado de perseguir su sueño es estar separada de sus padres, aunque con su hermana en Madrid se siente más arropada.

Asegura que el fútbol fuera de España “es otro mundo” y le gustaría vivir la experiencia de vivir este deporte lejos de su país, con una beca deportiva o incluso quedarse en ese país donde el fútbol no sea solo cosa de hombres. Quien sabe si en el 2017 el ascenso sea una realidad y el Real Madrid el equipo en el que Lorena siga cumpliendo su sueño o un escaparate para poder seguir haciendo lo que más le gusta dentro o fuera de España.

Entrevista: Teresa Arroyo


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Javier Luis Hernández Calonge (22-11-1946, Ontalvilla de Valcorba) cumple hoy, por tanto, 70 años. Es muy probable que, entre felicitación y felicitación, encuentre algún momento para ir a correr o para montar en bicicleta, como lleva haciendo desde hace más de seis décadas. Aunque su carrera deportiva es larguísima, su carrera competitiva se puede dividir en dos tramos más o menos amplios: de los 16 a los 22 años como ciclista y de los 52 años hasta la actualidad como atleta.

Su relación con la bicicleta empezó antes, con diez años, cuando iba con ella todos los días a estudiar el Bachillerato a Soria capital, y vuelta. Supone que sería alguna de segunda mano que comprarían sus padres, y sí recuerda que era de chica, porque con la barra horizontal que llevaban las de los chicos no llegaba a los pedales. Cuando fue creciendo, con 14 años aproximadamente, hubo dos cambios: Le compraron una bicicleta de caballero y empezó a repartir con ella leche, ya que sus padres tenían vacas: “Llevaba todos los días unos 30 litros y, cuando terminaba el reparto, a clase”.

Su carrera ciclista

Ese entrenamiento le sirvió para empezar a destacar como ciclista y estuvo compitiendo desde juvenil, para ir subiendo a aficionado de segunda y, por último, a aficionado de primera. Conserva todavía sus licencias, que eran de Burgos. La última es de 1968. En las carreras solía quedar entre los puestos de arriba. En ocasiones, le tocaba ayudar a su hermano, “como en una carrera de ida y vuelta entre Soria y El Burgo de Osma, en la que él se jugaba el segundo o tercer puesto y yo fui todo el rato con él para que lo consiguiera”.

Sus ingresos en aquella época no eran grandes, pero sí recuerda la ayuda de un patrocinador: “Corríamos con camisetas anunciando Mobylette. Si quedábamos entre los tres primeros, Untoria padre, que era quien vendía aquellas motos, nos daba cinco pesetas por kilómetro recorrido”. La bicicleta con la que ha acudido a la entrevista es una joya, una BH Titan con la que competía hace más de 50 años, y con la que todavía acude a pruebas como la de Segovia o La Histórica de Abejar.




Durante 30 años, Javier dejó de competir, aunque siempre le ha gustado practicar otros deportes como el frontenis, el balonmano, el fútbol sala o el fútbol. Seguía cogiendo la bici y también corría: “Tengo una finca y me gustaba correr cuando paraba, a mediodía, para estar en forma cuando salía a cazar, sobre todo la perdiz”.

Empezando en el atletismo

Un día, alrededor de 1998-1999, unos alumnos le descubrieron corriendo, haciendo algunas series: “Don Javier, le vimos ayer corriendo”. “¿A mí?, no creo…”. Algunos de esos alumnos eran Pedro Ibáñez o Daniel Peláez, y fueron ellos los que le animaron a empezar a correr de manera más regulada en un club y entrenando. Ahora, tantos años después, ya ha compartido 31 medias maratones con Peláez, según le recordó este hace poco.

Como las cualidades las tenía y las cultivaba, en su época de atleta veterano Javier ha ganado o ha conseguido puestos de honor en numerosas medias maratones de España como Segovia, Burgos, Madrid… Ha corrido en 1h36 con 67-68 años. En muchas medias no hay categorías específicas para veteranos de cinco en cinco años, solo mayores de 50. Considera que sería bueno que las hubiera, para animar a gente de su edad a que siga participando en las carreras. Javier también se apunta a los duatlones de Soria, donde suele ganar, ayudado por esa falta de más deportistas de su edad, “y porque he andado bien. Rubén (Andrés) siempre me lo dice…”.

La próxima, la Media Maratón de Vitoria

Su próximo reto está cercano. Se trata de la Media Maratón de Vitoria. Entrena con Estela Navascués y Edurne Orte, en un nuevo grupo de trabajo en el que también hay nutricionista o psicólogo. Cada atleta tiene un reto y el suyo es mejorar esa 1h36. Ahora mismo no lo ve tan fácil. Javier acudirá junto a un grupo de los Atletas Populares, aunque él también pertenece al club Puente del Canto.

Cada semana, acude a entrenar entre dos y tres días al parque de la Dehesa, para hacer el trabajo que corresponda. Y los domingos, como es tradicional entre los atletas, los dedica a las tiradas largas por Valonsadero, la Junta de los Ríos o cualquier otro lugar que acuerde con sus compañeros de carrera. Y, el día que no corre, intenta coger la bicicleta, “como me recomendó Ramón Zapata, que me dijo que me venía bien para fortalecer otros músculos, y la verdad es que lo estoy notando”.

Zapata también le anima a que participe el año que viene en el Campeonato de España de su categoría de media maratón, ya que piensa que podría obtener un buen puesto. Javier no lo tiene claro, pero sí tiene dos casi certezas para 2017: que quiere correr otra maratón y que piensa dejar las carreras cortas, de seis u ocho kilómetros, porque va más cómodo en las largas. Será su cuarta maratón, después de las de Sevilla, Barcelona y Valencia. Su mejor marca es 3h30.

De Lecherillo a Donja

Cuando empezó a correr pasados los 50 años, los numerosos alumnos o exalumnos con los que se iba encontrando le saludaban: “¡¡¡Hasta luego, Don Javier!!!”, “¡¡¡Hola, Don Javier!!!”… Sus compañeros de trotada empezaron a llamarle Don Javier y el paso desde ahí hasta Donja, como ahora le llama todo el mundillo, es obvio. Ha sido profesor en el colegio San José de los Padres Franciscanos entre 1970 y 2012, pasados ya los 65 años: “No querían que me jubilara… En general, en todos los sitios en los que he estado y estoy me puedo considerar un privilegiado. Siempre me dicen ‘quiero llegar así a tus años'”. Empezó dando clases en Primaria, de todas las ramas, y terminó en Secundaria, impartiendo Matemáticas y Ciencias Naturales.

Donja es el último sobrenombre cariñoso con el que se le conoce, pero no el único. Hace pocos años, se encontró con un viejo amigo de Zaragoza que iba con su mujer. Al verle, le reconoció rápidamente “porque era una persona que solía venir a vernos a todas las carreras ciclistas. Me presentó a su mujer como el Lecherillo, que era como me llamaban cuando competía. Me preguntó que si me importaba que me llamara así y le dije que para nada, que también es bonito conservar esos recuerdos”.


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Foto: Concha Ortega

Ángela Fernández Lobera (10-4-83) le ha dado una bonita alegría a la escalada soriana, al encadenar el pasado domingo su primer séptimo en la Cueva de Somaén. ¿Encadenar un séptimo? En escalada, los grados de dificultad van desde el 1 (andar) hasta el 9b+ (reservado a los superclase mundiales), pero la escalada de verdad con cuerda empieza aproximadamente a partir del cuarto grado superior o del quinto. A partir de ahí, cada número se divide en tres letras (a, b, c), y entre cada dos letras hay un nuevo grado, marcado con un +. Esta es una secuencia: 6b, 6b+, 6c, 6c+, 7a…

Y ahí es donde de momento se ha quedado la escaladora soriana. Hasta ahora, ya había conseguido tres 6c en escuelas de fuera de la provincia de Soria: en Santa Linya (Lérida), en San Pelegrín (Huesca) y en Teverga (Asturias). La primera fue en 2013 y las dos últimas, en el presente 2016, en abril y octubre respectivamente. Este año, por tanto, Ángela estaba fuerte…

Su primer séptimo, un 7a, lo ha firmado además en su provincia de Soria, en una variante de la vía llamada Petabrazos. Somaén es un lugar para los ya bien iniciados en escalada, sin grados sencillos, hasta el punto de que esta variante se utiliza fundamentalmente para calentar. Ángela había estado ya varias veces inspeccionando y probando esta vía, y había conseguido completarla ya escalando de segunda. El nombre de la vía no es casual. El primer tramo es muy desplomado, con presas relativamente buenas, y el segundo sale a una placa, más técnico, “que se me da mejor. De hecho, si toda la vía fuera tan física como al principio probablemente no la habría hecho”.

La tenía, por tanto, bien interiorizada, cuando este domingo decidió ir de primera, subiendo poco a poco, poco a poco… hasta terminarla, proporcionándose una de sus grandes alegrías en su carrera como escaladora.

No es una carrera que se pueda considerar todavía larga, pues no comenzó hasta el año 2011. Su hermano Diego, que vivía entonces en Pamplona, fue el que le inoculó la afición a este deporte. Allí hizo sus primeras vías como todo el mundo que empieza: con los gatos de uno, con el arnés de otra… “hasta que me fui comprando todo el material”.




Reconoce que desde el primer momento le enganchó y decidió entonces apuntarse al rocódromo que tiene la asociación Treparriscos en la calle Montes Claros. Sin embargo, como le sucede a muchos escaladores, lo que de verdad le gusta es la roca. Así, aunque va consolidando los progresos con sus visitas a esa gran cochera, donde de verdad los consigue es saliendo casi todos los fines de semana a escalar a las paredes: “En España hay muchísima roca y muy buena”.

La relación de Ángela con el deporte no es muy extensa. Empezó jugando al voleibol, como su hermano, pero lo dejó alrededor de los 16 años. Ahora, más de tres lustros después, también comparte afición con él: el yoga. De hecho, él es quien le da las clases. El yoga y la escalada guardan bastante relación, porque el primero aporta elasticidad, equilibrio y concentración, virtudes fundamentales para la escalada.

De hecho, uno de los aportes de escalar que más le satisface a Ángela es precisamente el último, la concentración: “No te permite pensar en otra cosa, viene muy bien para evadirse”. El otro tiene que ver con el medio: “Escalar te acerca a sitios preciosos a los que probablemente no irías de otro modo”.

¿El futuro? De momento, no se plantea repetir esa variante de la Petabrazos. En primer lugar, porque “la escalada es muy rara, y hace poco no conseguí hacer un 6b+”. Y, en segundo, porque prefiere probar cosas nuevas. Ya está estudiando un 7a+ allí mismo, en Somaén. Se llama Rojo Atardecer. Ojalá sea ese, o cualquier otro, su próximo avance de grado.


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HISTORIAS DEPORTIVAS La figura del entrenador soriano de voleibol, Álvaro Martín Ruiz (05-04-1984), es uno de los mejores ejemplos de que el deporte te puede llevar muy lejos. En su caso, hasta el golfo pérsico, concretamente hasta la ciudad de Doha, capital de Catar, donde trabaja como segundo entrenador y estadístico del Al-Ahli de voleibol masculino. Una aventura cuyos cimientos se pusieron desde su adolescencia, cuando con apenas trece años decidió que además de practicar judo y fútbol sala, el voley que tantas veces había visto con su padre incluso en la cancha del San Andrés, también podía ser un deporte divertido para practicar.

Martín, que de niño estudiaba en el colegio San José, tenía gracias a la tradición del voleibol en su colegio, la posibilidad de acercarse a esta disciplina con facilidad y así lo hizo, formando parte de la categoría infantil. Una buena hornada de jugadores haría que los buenos resultados aparecieran pronto y finalmente, siendo cadetes, pasaran a formar parte de las categorías inferiores del Numancia Voley durante cuatro temporadas. Cuando pasa a ser juvenil de tercer año, desde el club le dan la posibilidad de empezar a dirigir equipos infantiles. Por entonces, quién le iba a decir que era el inicio de una carrera como técnico de voleibol que le llevaría a ser el primer soriano en dirigir al equipo en la máxima categoría.

Ciertamente, su progresión fue vertiginosa. De ser entrenador infantil, cadete y juvenil, con veinte años se convierte en el segundo entrenador del equipo de Superliga masculina. “Cuando te lo proponen (fue José Miguel Serrato) no puedes decir que no”, recuerda. Y eso que el proyecto tenía que infundir respeto, no solo por la responsabilidad, si no porque se iba a poner a las órdenes del entrenador argentino Ricardo Maldonado, un auténtico sabio del voley, pero también un hombre muy disciplinado, exigente y con carácter. La decisión no pudo ser más acertada y la sintonía con Maldonado tampoco, puesto que además de ser una fuente de conocimiento se convirtió en un gran amigo con quien todavía se le puede ver paseando por las estrechas calles del zoco de Doha.

Maldonado, Orduna, Fernando Muñoz, José Luis Moltó… Finalmente, después de ocho años como segundo y aprendiendo con figuras relevantes del voleibol del máximo nivel, Álvaro Martín es nombrado primer entrenador de la escuadra soriana de Superliga masculina de voleibol. “Es lo que más ilusión te hace, más cuando ningún soriano de nacimiento había dirigido al equipo. Es el club de mi ciudad, de mi vida, de mi colegio, pero también eso conlleva mucha responsabilidad”, explica.

El reto era ilusionante pero quizá uno de los más complicados de los últimos años de la historia del club, ya que había mucha juventud en el equipo con jugadores como Folguera, Altayó, Bugallo, Gámiz o Fran Ruiz, efectivos que finalmente se convertirían en primeras espadas del voley nacional pero que por entonces estaban dando sus primeros pasos. El resultado difícilmente mejorable: tercero por detrás de Almería y Teruel, probablemente, lo máximo a lo que se podía aspirar con un equipo que prácticamente partía de cero.

Pero la historia del voleibol soriano es convulsa debido a los problemas económicos y cuando desaparece el Numancia CMA, emerge un nuevo club llamado Río Duero que aunque en primera instancia decide contar con él, finalmente se decanta por la opción de Alfonso Flores como entrenador-jugador. Sin embargo, la trayectoria de Martín, con apenas treinta años técnico del tercer equipo de la máxima categoría y con experiencia en secciones inferiores de la selección, no iba a pasar desapercibida, recibiendo a los pocos meses una llamada de Catar. “Así he llegado aquí, mi función es la de segundo entrenador y estadístico, preparo los partidos para el equipo y mi vida deportiva en Doha es similar a la de cualquier conjunto europeo, con pesas por la mañana y por la tarde técnica y táctica”.

Sin duda, se trata de una historia deportiva que ha dado mucho de sí en poco más de treinta años, con una experiencia de vida que sin duda dejará a Martín marcado para siempre y con una clara mejoría de su nivel de inglés, pero a la que sin duda le quedan muchas páginas por escribir. “Echo de menos entrenar a niños o ser primer técnico, es lo que me gustaría, pero estoy muy contento donde estoy, se trabaja muy a gusto y no tengo planeado hacer ningún cambio”. Es duro estar lejos de sus seres queridos, pero tiene claro que “si alguien está en mi situación, le recomiendo que lo pruebe, la familia y los amigos van a estar siempre y tu desarrollo profesional lo tienes que hacer tú”.

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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS. La pasión por los caballos de Hugo Soria Izquierdo (1-5-1999) le viene desde pequeño. Empezó a montar con cinco años, impulsado por su propia afición a estos animales, y ayudado por la de su madre. Ahora reparte su apego entres sus tres caballos; Titán, Osado Real y Karín Real. Titán llegó a la vida de este joven jinete cuando tenía ocho años, es el primer caballo de Hugo y con el que más horas ha compartido, además del más “versátil”. Aunque no es el que más nivel tiene para competir, pasa horas con él paseando o corriendo encierros, sin ir más lejos el del sábado en Ólvega o en La Saca hasta en tres ocasiones. Su tiempo de entrenamiento, de una a tres horas todos los días, lo tiene que repartir entre sus tres ejemplares.

Con cinco años se montó en el primer caballo, con ocho conoció a Titán y con 12 empezó a competir. Desde 2011 ha recorrido varias provincias compitiendo, como Oviedo, Segovia, Madrid, donde fue cuarto en categoría juvenil cero estrellas en la Copa del Rey, el Campeonato de España en Valencia hace unas semanas o el en el Sicab se Sevilla. Allí, en Sevilla, en el Salón Internacional de Pura Raza Española y junto a Karín Real, en noviembre de 2015, realizó su primera y única competición internacional, alzándose con la plata en el juveniles cero estrellas. Siempre que compite fuera de Soria lo hace acompañado de su entrenador, José Ángel, propietario del Centro Ecuestre El Robledal de Golmayo, del que forma parte Hugo, donde entrena y donde viven sus tres compañeros de batalla. Mañana martes será al revés, Hugo acompaña a su entrenador a Valencia, aunque en está ocasión él será el espectador y José Ángel el jinete que competirá en el Campeonato de España de Caballos Jóvenes.

Lo peor de competir fuera de Soria, “el tener que desplazarnos con los caballos”, como cuenta Hugo “hay que hacer paradas y desplazarse en una furgoneta preparada para ello”, una vez allí, alquilan un box para guardarlo. Karín Real, con el que compite actualmente, es testigo de ello y lleva recorridos varios kilómetros de norte a sur de la península. Y es que competir en doma clásica requiere tiempo, ya que “hay que estar uno o dos días antes de la prueba para pasar una revisión veterinaria, en la que se comprueba que el caballo no está cojo y que no tenga ningún problema y también para que se aclimate a la zona”, apunta Hugo. El día de la competición cada binomio (caballo con jinete) realiza una serie de ejercicios y son los jueces los que valoran la calidad con la que se han ejecutado a la hora de puntuarlos. Como explica el joven jinente soriano, “para participar en el Campeonato de España de Menores es necesario anteriormente conseguir una puntuación mínima” y es esa valoración la que se obtiene en competiciones previas.

Hugo reconoce que al principio, especialmente cuando era niño y no llegaba ni a montar por su propio pie, ha sufrido más de una caída de su caballo, pero “hay que levantarse y volverse a montar”. No le ha cogido miedo, ni a esas caídas ni a entrenar con el frío y con otros elementos en contra, “cuando compites a nivel nacional hay mucho más nivel porque hay gente con caballos muy buenos”. Él, no se queja de compartir horas y batallas con Titán, Osado Real y Karín Real. Ahora forma parte de los cerca de 10 deportistas que forman parte del Plan de Tecnificación de Castilla y León de Menores y quizá en un futuro pueda cumplir su sueño de ampliar su ‘familia’ con un caballo de más nivel y poder competir fuera de España.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS El sábado se celebró la vigésima tercera edición de la Carrera Popular Soria-Valonsadero. En el puesto 395, con un tiempo de 1h02:40, entró en meta Juan Carlos Cámara Rioja (5 de marzo de 1963). Una lesión en un gemelo le ha tenido parado en los últimos meses, pero no quiso perderse una cita a la que no ha faltado ni una sola vez desde que empezó a celebrarse. Junto a Enrique Ontoria, son las dos únicas personas que han participado en todas las ediciones de esta prueba que organiza el Puente del Canto.

Los inicios deportivos de Cámara no tuvieron nada que ver con la carrera continua. Hasta los 14 años, hasta que sus padres bajaron a Soria para continuar en la capital el negocio que tenían en Covaleda (Bar Queru), sus horas y las de todos sus amigos se pasaban en el juego de pelota de esta localidad pinariega. También jugaban al fútbol, pero lo que de verdad le gustaba era la pelota mano, una afición que mantiene intacta aunque ya solo como espectador.

De aquellos años jóvenes en Covaleda, recuerda especialmente las lecciones de don Valentín, el maestro de educación física que compartió con todos los chavales de su generación. En el pueblo, además de fútbol y pelota, también destacaba jugando al ajedrez.

Sin embargo, cuando bajó a vivir a Soria, encontró que en los frontones nadie jugaba a pelota. Tuvo que abandonarla, y tampoco encontró entonces personas con las que medirse en los tableros. Comenzó entonces una nueva afición, el frontenis, que también conserva hasta la fecha. Un par de veces a la semana desenfunda su raqueta en el San Andrés junto a su grupo de amigos.

Entre semana, cuando más tiempo tiene por cuestiones de trabajo, y cuando no se lo impiden molestias físicas como estas de los últimos meses, Juan Carlos Cámara suele correr unos cuatro días. Su recorrido habitual es de 40 minutos. En verano, entre mayo y octubre, también aprovecha para coger la bicicleta alrededor de tres días semanales. Y a veces, ya sin una periodicidad tan definida y para recordar las cuestas de su pueblo, se sube dando un paseo hasta la sierra de Santa Ana para disfrutar de uno de los privilegios que tenemos en la ciudad de Soria.

El sábado, una vez más, se calzó las zapatillas para correr la Soria-Valonsadero, la única cita en la que participa cada año desde que decidió apuntarse a la edición inaugural de 1994, “supongo que porque me lo dijo un amigo, José Ángel (Martínez Ortega)”. También ha participado en tres medias maratones, siempre en Soria. Su hija Aroa, presente en la entrevista, ha heredado la afición por el atletismo de su padre, y practica además gimnasia. Irene, su hermana, es aún demasiado pequeña.

Su trabajo no le pone las cosas fáciles para viajar a otras ciudades u otros pueblos para participar en carreras, como hacen tantos aficionados al atletismo popular. Además, cuando viaja, suele hacerlo para satisfacer su otra gran afición: la música, los conciertos. Algunas de las canciones que escucha luego las comparte con sus clientes en el Queru.

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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Diego Vargas Simal (25-11-1992) es uno de los pilares del Club Deportivo San José que, poco a poco, ha ido escalando desde la Liga Provincial hasta la Tercera división, categoría en la que acaba de estrenarse hace dos semanas el club colegial (triunfo 3-0 al Numancia B con dos goles suyos y derrota 2-0 en casa del Uxama). Para Vargas, la Tercera no es una categoría nueva, pues ya la conoce de cuando jugaba en el filial del Numancia.

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El fútbol y el fútbol sala han sido sus compañeros toda la vida, a veces compatibilizándolos, como en sus tiempos en el CP Numancia y en el IES Castilla. A los diez años entró en los alevines del San José, donde también jugó como infantil. El primer año cadete, sin embargo, ya llamó la atención de los técnicos del Club Deportivo Numancia, y allí estuvo otras siete temporadas: dos cadetes, tres juveniles y las dos citadas en el Numancia B.

Aunque todavía era joven, Vargas dejó de contar para el cuerpo técnico numantino, y se embarcó en un bonito proyecto que probablemente ya ha ido más lejos de lo que soñaran. El San José, entrenador por Jesús Higuera, hizo un equipo competitivo para la Liga Provincial, con muy buenos futbolistas sorianos y con el objetivo de intentar hacer el doblete Liga-Copa. Lo consiguió, ganando con claridad al Navaleno en la final de la Copa Diputación celebrada en Arcos.

En aquel equipo, Diego Vargas tuvo que reconvertirse. Después de haber jugado toda la vida como mediocentro defensivo, se encontró con que esa zona del campo ya estaba muy bien cubierta con Fran, Javier Modrego, Gere… Vargas empezó a jugar como central y, por lo que se ha visto en estas temporadas, no parece que haya sido un error.

Recién subidos a Preferente, hubo cambio de entrenador. Eduardo Modrego pasó a dirigir al equipo, pero los comienzos no fueron nada halagüeños, con apenas cuatro puntos en las siete primeras jornadas. Reconoce Vargas que el cambio de Provincial a Preferente se nota más que el de Preferente a Tercera, y al San José le costó casi una vuelta demostrar la calidad que tenía. En esa primera temporada terminaron muy bien para ser quintos, dejando entrever lo que sucedió el año pasado: segundo puesto detrás del inalcanzable Ávila, pero con mejor promedio que el segundo clasificado del otro grupo de Preferente: El San José ascendió a Tercera en un nuevo gran éxito del deporte soriano, para acompañar a Numancia B, Uxama y Almazán.

Explica Vargas que entre aquel año en Provincial y este en Tercera se han marchado varios jugadores, como es normal, pero que se mantiene una buena base de una docena de jugadores: “Nos conocemos todos muy bien, pero no solo dentro del campo, fuera también somos amigos. Y los que han ido viniendo, son la mayoría amigos o conocidos de algunos de nosotros”. En el San José juega también su hermano pequeño Jesús, excompañero de algunos de los fichajes de esta temporada.

El salto de calidad y de intensidad ya lo ha notado el San José, pero con una media de edad de 24 años, los colegiales prometen dar muchos sustos y muchas alegrías esta temporada. Con Vargas mandando en la defensa, nadie se atreverá a dormirse.


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HISTORIAS DEPORTIVAS El pasado fin de semana, Antonio Rupérez Benito se proclamó vencedor del IV Open Internacional Ajedrez Villalba 64, un éxito considerable para una persona que nació el 23 de septiembre de 1998 y que por la tanto todavía no ha cumplido por muy poco los 18 años. Rupérez, natural de Almazán, ganó ocho de las nueve partidas y solo cedió unas tablas ante el Maestro FIDE José Carlos Hernando Pertierra. Gracias a este triunfo en el torneo que organiza su actual club, Rupérez superó además los 2.300 puntos Elo, con lo que ya es también Maestro FIDE (FM). Los siguientes pasos son Maestro Internacional (MI, 2.400 puntos) y Gran Maestro Internacional (GMI, 2.500 puntos).

Rupérez no pensaba en nada de ello cuando, con cinco años, una tarde de lluvia, vio a sus padres jugar una partida en su casa. Poco después, esa misma tarde, realizó sus primeros movimientos y, desde entonces, hasta ahora. Con siete años, recuerda, se apuntó a su primer torneo, organizado por el Club de Ajedrez Villa de Almazán. Era un torneo absoluto y él sumó cero puntos, pero ello no le desanimó para seguir jugando y para seguir aprendiendo.

Con diez años entendió que tenía cualidades para el ajedrez y empezó a tomárselo un poco más en serio. Con esa edad ya se defendía en las competiciones absolutas que se disputaban en la provincia de Soria. Con 17 años, ha ganado ya algunas veces el Campeonato Provincial.

De todos modos, uno de sus deseos a medio-largo plazo es ayudar a la introducción del ajedrez entre los escolares sorianos. Va a comenzar en breve, aquí en Soria, la carrera de Magisterio, pues al joven adnamantino le atrae del ajedrez tanto su aspecto competitivo como el didáctico. Ahora mismo se encuentra involucrado en el Castle Project, desarrollado por su club en Madrid en conexión con otras instituciones de Italia y Alemania. Rupérez se está encargando de elaborar el temario que luego será impartido en los colegios madrileños. También fue uno de los impulsores del actual club de Almazán, el Golden Pawns.

Rupérez ha notado este año un importante salto de calidad que le ha hecho ganar 100 puntos Elo, y ello se ha debido como es fácil de imaginar a una mayor regularidad en los entrenamientos. Aun así, los condicionantes de los estudios o la inminencia de un torneo le obligan a reducir o a aumentar las horas de entrenamiento ajedrecístico. Puede estar una semana sin entrenar o dedicarle unas tres horas diarias. Para mejorar, y considerando que no tiene entrenador, lo que hace es leer libros, practiar ejercicios o jugar partidas de internet preferentemente contra jugadores mejores que él. Sus rivales son de diversas partes del mundo, aunque suele jugar contra ajedrecistas de Eslovaquia, Ucrania, Estados Unidos…

Para este verano, le quedan dos torneos. Jugará en Linares (Jaén) el Campeonato de España por equipos. Intentará subir con el Villalba 64 a Primera, la inmediatamente anterior a la máxima categoría, la División de Honor. Además, participará en el Open Internacional de Pontevedra, nuevamente ante jugadores de primer nivel.

Y, para el próximo curso 2016-2017, intentará en primer lugar hacerlo lo mejor posible en la Liga Madrileña con su club. A nivel particular, y siempre dentro de la línea continua del aprendizaje, buscará competir en algunos torneos cerrados que le posibiliten acercarse a esos 2.400 puntos Elo, que le darían el título vitalicio de Maestro Internacional que en la actualidad ostentan poco más de un centenar de jugadores españoles. Grandes Maestros Internacionales hay alrededor de una treintena.

Antonio es el mayor de tres hermanos. Yaiza y Paula, nacidas el 23 de mayo de 2003, también siguen los pasos del mayor y son habituales en los puestos altos de las clasificaciones en los torneos en los que participan.


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Foto: Santiago Farizano

HISTORIAS DEPORTIVAS Carla Franch Almela (Betxí, Castellón, 1989) llegó con apenas 18 años a Soria, atraída por las ayudas económicas que le permitían hacer deporte y por el nombre del entrenador que guiaría sus progresos en el salto con pértiga, el medallista olímpico en Barcelona’92 Javier García Chico. Han pasado casi ocho años desde entonces, y esas continúan siendo las razones por las que la atleta levantina continúa despertándose cada mañana en Soria: “Por el clima, no, porque no termino de acostumbrarme al frío, aunque luego cuando voy a casa me aso de calor”. A partir de este año, además, comenzará estudios de Enfermería.

La semana pasada, en Palencia, Franch firmó la mejor marca de su vida, 430 centímetros. Solo cuatro atletas en la historia de España han saltado más que ella: Naroa Agirre 4,56, Dana Cervantes 4,46, Anna María Pinero 4,41 y Mar Sánchez 4,35. La atleta castellonense espera poder ir subiendo escalones y, de hecho, este año año ya ha intentado tres veces saltar 4,40, que era la marca mínima para estar en el Europeo de Amsterdam. Esas tentativas las hizo en Pamplona, Bilbao y Alcobendas. En total fueron nueve saltos, y “en dos o tres de ellos me vi con posibilidades”. Además, en Palencia, después del 4,30, pidió el listón por primera vez en su vida en 4,50, la mínima para los Juegos Olímpicos. No lo consiguió, pero al menos ya sabe lo que se siente al intentarlo.

La mejor temporada de su vida está llegando después de un desafortunado 2015 “en el que me rompí los dos gemelos. En pista cubierta, el derecho. Y cuando me recuperé, al aire libre me rompí el izquierdo, que es el de batida, y me costó más recuperarme”. La recuperación fue más larga pero, afortunadamente, perfecta, que es lo más importante. Los resultados están saliendo este año y dentro de un par de fines de semana, en Gijón, tiene claro que su objetivo es ser campeona de España, algo que en categoría absoluta solo ha logrado en pista cubierta, en 2013, en Sabadell. Aquel día se lesionó Naroa Agirre, la gran dominadora de la especialidad en España y que ahora tampoco se encuentra al 100%. Con o sin Agirre, que este año ha saltado 4,40, la pértiga femenina española atraviesa un bonito momento con cinco atletas por encima de 4,20.

Pensando más en el futuro, Carla Franch se ve todavía con margen amplio de mejora: “A largo plazo, me gustaría saltar todo lo que pueda, ¿por qué no 4,60 o 4,70?”. ¿Qué le falta para ello? Pues, además de mucho entrenamiento, “ganar confianza”. Cuando logre esas marcas, la castellonense del CAEP se habrá ganado el derecho de participar en las principales competiciones internacionales. En categorías inferiores, como promesa, ya estuvo en el Europeo de Ostrava (República Checa). Y más joven, compitió en dos Europeos de Clubes Junior en Rennes (Francia) y Tampere (Finlandia). En ambos defendía la camiseta del Playas de Castellón. Desde hace tres años está en en el FC Barcelona.

Sus inicios en el atletismo fueron en el colegio de Castellón en el que estaba interna de lunes a viernes, un colegio especializado en atletismo. Allí, de niña, hacía de todo: combinadas, altura, longitud… aunque sus cualidades terminaron decantándola para la pértiga. Desde que llegó a Soria se terminaron las probaturas en otras especialidades. En estos siete años ya ha conseguido mejorar su marca 70 centímetros, pero su tope está un poco más arriba.


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Foto: Concha Ortega

HISTORIAS DEPORTIVAS Mario Martínez Rubio (25-3-1985, Soria) está completando una interesante y extensa trayectoria como futbolista que le ha llevado a jugar ya en cinco países del extranjero y, dentro de España, en cinco equipos. Es el jugador más importante que ha dado la provincia en muchos años, y ahora hace balance de todo este largo tiempo.

Hasta los 14 años. Jugó al fútbol sala en el San José y con el Casino Amistad Numancia. Llegó a jugar un Campeonato de España con la selección de Castilla y León.

Desde los 14 años hasta los 26. En el Club Deportivo Numancia, con cesiones a Las Palmas y al Zamora. En las categorías inferiores formó parte de una de las generaciones más productivas del fútbol soriano, aquella que ascendió por primera vez a la División de Honor Juvenil, en la que luego lograron la permanencia, con Pablo Machín en el banco.

2002-03. El 21 de junio de 2003, en la penúltima jornada y con 18 años, debuta en el campo del Elche, en Segunda. Fueron 11 minutos en sustitución de Miguel Pérez. En ese partido se salvó el Numancia. Marcó Cuéllar. Entrenaba Máximo Hernández. También jugó la última jornada, media hora, en aquel 1-4 contra el Xerez en el que marcó dos goles su amigo Javier del Pino.

2004-05. Debut en Primera, el 30 de abril, en Los Pajaritos. Sale en el minuto 87 por Juanlu y, en su primer balón, le hace un sombrero a Albelda. Numancia-Valencia (1-1). Jugó cuatro de las cinco últimas jornadas. El equipo desciende a Segunda.

2005-06. Ya como profesional, juega algunos partidos con Enrique Martín como entrenador, pero la falta de minutos le lleva a Las Palmas, donde juega la segunda parte de la temporada, cedido: “Era la primera vez que salía de casa, y me fue bien no solo en lo deportivo (el equipo logró el ascenso a Segunda) sino en lo personal, por cómo me acogieron. Un excompañero de entonces, Gustavo de la Parra (ex también del Numancia) es ahora el socio de mi representante”. En la isla jugó con asiduidad.

2006-07. Hasta Navidad, de vuelta al Numancia y con Andoni Goikoetxea en el banquillo, apenas jugó. Se fue entonces de nuevo cedido, al Zamora, donde sí tuvo muchos minutos para foguearse, más que en Las Palmas, lo que seguro le vino muy bien para el futuro inmediato: “El cambio no fue tan grande como en Las Palmas porque ya era la segunda vez que estaba fuera de casa, la ciudad es parecida a Soria y estaba cerca. Fue todo muy fácil, aunque no tuvimos la suerte del ascenso, que también era el objetivo”.

2007-08. El gran año de Gonzalo Arconada, “fue el que más me marcó”. El entrenador confió en los canteranos Pavón, Rafa y Mario, que fueron fundamentales en el título de Segunda división y el consiguiente ascenso: “Jugué unos minutos el primer partido contra Las Palmas, y en el segundo en Elche, salimos Rafa y yo al final, y le di el pase del gol”. Era el 1-1. Aquel año fue impresionante para el Numancia, que parecía invencible. Mario jugó 34 partidos, 16 de ellos como titular, sobre todo en la segunda y decisiva parte de la temporada. Anotó dos goles inolvidables: el 0-1 de Salamanca, de falta, que prácticamente cerraba el ascenso, y el empate a dos en casa contra el Castellón que daba el título.

2008-09. Nadie olvidará el primer partido de aquel año, el 1-0 contra el Barcelona en Los Pajaritos con un zambombazo imparable de Mario a pase de Bellvis. Era el primer partido oficial de Guardiola como técnico del primer equipo azulgrana. “Estaba muy a gusto con Kresic. Empecé jugando bastante, luego no tanto, y cuando empezó Pacheta volví a jugar. Fue un año muy especial”. Ha sido de momento su única temporada en la Primera división española.

2009-2010. Regresó Gonzalo Arconada, lo que fue una alegría para Mario por lo mucho que contó con él dos años antes. De hecho, fue un buen año tanto en lo particular, pues volvió a jugar bastante, como en lo colectivo. Hubo opciones de ascenso hasta las últimas jornadas, y eso que entonces todavía era más complicado porque no existía el sistema actual de la promoción. Pero el objetivo principal, mantenerse en Segunda, se logró de manera muy holgada.

2010-2011. Fue el año de Juan Carlos Unzué, “el año que quisimos empezar a jugar como el Barcelona, pero eso en Segunda es muy difícil, y eso que yo estaba contento con esa manera de jugar”. Mario empezó la temporada de titular, pero fue uno de los damnificados tras las dos derrotas iniciales ante el Rayo Vallecano en Madrid y ante el Celta de Vigo en Soria. Unzué hizo un cambio radical y Mario, progresivamente, dejó de tener protagonismo: “Creo que aquel año merecía jugar más”. Al finalizar la temporada, y con ella su contrato, con 26 años, el soriano decidió que era momento de emprender otros vuelos. Una emocionante rueda de prensa fue su despedida en el club de su casa.

2011-2012. Apurando hasta el final del mercado de veraniego, el 31 de agosto Mario fichó por el Real Unión de Irún, de Segunda B. “Teníamos un equipazo de verdad, un equipo de Segunda. Sin embargo, se nos torcieron las cosas desde el principio y al final estuvimos más cerca de abajo que de arriba. Eso demuestra que los nombres no hacen un equipo”. Sin ser titular indiscutible, Mario sí tuvo continuidad, disputando 24 partidos, 12 de ellos como titular.

2012-2013. Y de repente, tras esta temporada en el Real Unión, la carrera de Mario da un cambio radical. Sin representante, desde Chipre se ponen en contacto con él y el soriano piensa… “¿por qué no?”. En principio se comprometió con el Alki Larnaca, pero terminó jugando en el Olympiakos Nicosia. Quizás no imaginaba que aquel iba a ser el primero de varios destinos internacionales, cinco de momento como hemos dicho. “Era mi primera experiencia fuera de España, y prácticamente no sabía nada de inglés. Me pusieron un profesor, y en dos meses ya me defendía”.

La adaptación no fue difícil porque el clima y las costumbres son mediterráneas, similares a las de España. Además, en una urbanización vivían varios españoles de diferentes equipos e hicieron muy buena relación, sobre todo con Jonathan Aspas: “Iba con él a los sitios y me obligaba a que hablara yo. Así me solté y aprendí más de ese modo que con el profesor”. El nivel en Chipre no era malo, sobre todo por esa gran cantidad de españoles, pero empezó a haber problemas de pago y Mario decidió marcharse en invierno.

2012-2013 y 2013-2014. El soriano consiguió encontrar equipo para lo que faltaba de temporada en otro destino más lejano, en Azerbaiyán, en el Bakú, donde el contraste cultural ya era mucho mayor. Además, en esa media campaña no coincidió con ningún español en el equipo, aunque en la siguiente, ya que estuvo año y medio en Bakú, sí encontró compatriotas en el vestuario como Rubén González o Mario Álvarez. “Desde el principio me pusieron muchas facilidades, con traductor las 24 horas al día”.

El objetivo del club era clasificarse para la Copa de la UEFA, pero no lo consiguió ninguno de los dos años. Le sorprendió la escasa afición que hay al fútbol en Azerbaiyán, con los campos casi vacíos, en relación al potencial que manejaban los clubes.

2014-2015. Mario Martínez firmó en verano de 2014 para jugar en el Rayo Oklahoma de la NASL, la segunda división de los Estados Unidos. Era un proyecto que le hacía mucha ilusión. El Rayo Oklahoma, llamado así porque tiene relación con el Rayo Vallecano, vivió unos problemas burocráticos que le impidieron llegar a tiempo para inscribirse en la competición. Mario, con contrato firmado, se quedó de repente sin equipo.

En esos meses finales de 2014, el soriano regresó cerca de casa para empezar a entrenar con el Tarazona de la Tercera división de Aragón. Como eso de entrenar sin jugar no iba con él, terminó haciéndose ficha y jugando con el club turiasonense.

En enero de 2015, una nueva oportunidad en Primera división llama a su puerta, de nuevo lejos de España: el Jaguares de Córdoba, de la ciudad de Montería, recién ascendido a la máxima categoría de Colombia. Mario está muy agradecido al club colombiano por haber confiado en él después de haber estado unos meses entre parado y jugando en la Tercera española. Jugó y pudo renovar, pero prefirió no hacerlo.

2015-2016. Un par de casualidades importantes marcaron el pasado ejercicio para Mario Martínez. Decidió cambiar Colombia por Bolivia, por el histórico Blooming de Santa Cruz de la Sierra: “Allí me sentí querido no, lo siguiente”. Jugó, marcó más goles que nunca (cinco) y ganó la Copa Cine Center. La directiva le ofreció renovar cuatro años y, desde el otro lado del Atlántico, el soriano y el Blooming conservan una relación estrecha. Tiene las puertas abiertas allá.

El entrenador del Blooming, el célebre exfutbolista boliviano Erwin ‘Platini’ Sánchez, fue llamado para dirigir el banquillo del Boavista de la Primera división portuguesa, en apuros clasificatorios. ‘Platini’ Sánchez jugó 14 temporadas en Portugal entre 1990 y 2004, la mayoría de ellas en el Boavista. El técnico le pidió a Mario que viniera con él y el futbolista, cercano a cumplir los 31 años, decidió que era un buen momento para regresar a una liga europea de buen nivel.

El Boavista, después de 19 jornadas disputadas, se encontraba en puestos de descenso. Terminada la campaña, el equipo de Oporto se salvó con cierta holgura. Erwin ‘Platini’ Sánchez, como artífice de esa salvación, seguirá en el equipo. ‘Platini’ quiere a Mario con él, así que es muy probable que, dentro de algunos días, y después de haber disfrutado durante varias semanas de su tierra y de su gente, el soriano se deslice Duero abajo para iniciar una nueva aventura en tierras lusas. Boa sorte.