Cima 8 de 45. Guadalajara. Pico del Lobo. 2.274 metros. 26-4-2014

Comienzo a escribir este párrafo varias horas después de haber descendido del Pico del Lobo, la cumbre más alta de Guadalajara. Estoy lejos todavía de haberme desprendido por completo de la humedad que hemos acumulado. Veo ahora las fotos de la ascensión y no me parece del todo lógico haber tenido que subir precisamente hoy, pero no siempre me gusta la lógica.

Los seguidores más fieles de estos relatos recordarán lo sucedido el pasado 23 de marzo. Formé parte de un grupo de 27 personas que intentó coronar esta misma cima. Los días anteriores habían sido de temperaturas muy agradables, pero los termómetros se desplomaron de repente 20 grados y toda la nieve se convirtió en hielo. No todos llevábamos crampones, y dos terceras partes de los expedicionarios no pisamos la cumbre.

Leer la crónica de aquel intento de ascensión

Ese mismo día le echamos un vistazo mental a nuestros calendarios. Ya entonces fijamos la fecha del 26 de abril, sábado, para hacer una nueva intentona. Esta vez, y aunque las condiciones han vuelto a ser esquivas con nuestros intereses, hemos llegado hasta arriba.

Las 27 personas de aquel día se han reducido a seis, que tampoco está mal. Pedro y yo hemos quedado en nuestro barrio a las siete de la mañana, 15 minutos antes de nuestra cita con Cristina, Toño (que repiten del 23 de marzo) y Nacho. En un solo coche hemos partido a las 7.30 hacia Riaza, en la provincia de Segovia. En la gasolinera nos hemos encontrado poco antes de las 9.00 con César, como previamente habíamos apalabrado.

La lluvia no impide el intento

La lluvia, a la que no hemos visto en Soria, nos ha recibido en Riaza y no ha dejado de acompañarnos durante mucho tiempo. Por si acaso, nadie ha dicho nada de abortar la caminata.

Esta mañana hemos hecho un recorrido de ida y vuelta. Hemos decidido empezar a andar desde la estación de esquí de La Pinilla. Allí no había nadie cuando hemos llegado. Lluvia y más lluvia. Ningún amago de retirada. No ha sido muy difícil hacer los preparativos para empezar a andar.

Al final de la urbanización, sin mucha pérdida, parte un camino ancho y muy empinado. Estamos a aproximadamente 1.500 metros de altitud. Allí hay una señal que indica la distancia que queda hasta el Pico del Lobo: cinco kilómetros. Si fueran llanos y con sol, sería poco más que un paseo. Pero no ha sido así.

Caminando con ligereza

Esa abundancia de lluvia nos ha animado a caminar con cierta ligereza. Tampoco había muchas oportunidades de disfrutar del paisaje, por esa lluvia y por la cerradísima niebla. El camino que hemos tomado al final de la urbanización, dejando a la derecha las pistas de esquí, no tiene bifurcaciones. Solo queda caminar hacia arriba.

El camino termina en la misma arista de la sierra. Por si hay dudas, nos encontramos otro cartel que nos indica nuevamente la dirección hacia el Lobo y la distancia al mismo: ya solo un par de kilómetros. Giramos a la derecha. Estamos casi a 2.000 metros. La nueva senda es más estrecha pero relativamente evidente.

No vemos nada, pero intuimos que vamos bien porque estamos subiendo. Ya hemos pisado la nieve, de modo poco más que testimonial. Encontramos a la derecha la valla que separa las provincias de Segovia (de donde venimos) y de Guadalajara (donde ahora nos encontramos). Esa valla va por la cresta así que hay que seguirla.

El gran edificio en ruinas

Y casi cuando estamos a punto de chocarnos con ‘ello’, encontramos lo que nos asegura que estamos ya en el Pico del Lobo: un gran edificio en ruinas a menos de diez metros de la cima más alta de la comunidad de Castilla La Mancha. Hay que rodearlo, dejándolo a la derecha, para poder tocar el vértice geodésico y hacernos unas fotos en él.

No podemos recrearnos más y regresamos sobre nuestros pasos. No recuerdo en qué momento ha dejado de llover pero no es importante porque estamos totalmente calados. Hay mucha niebla y nos despistamos un momento al encontrarnos la valla a nuestra derecha (se ve bien en el plano de Wikiloc). Andamos unos pocos metros para regresar a la provincia de Guadalajara y coger de nuevo ese camino de dos kilómetros paralelo a la cresta.

Sin las vistas espectaculares, una vez más

No ha habido más complicaciones. En el mismo lugar de la ida nos encontramos bastante viento. Andamos rápido para coger de nuevo el camino de zetas por el que hemos subido, el que atraviesa un bosque de coníferas y que habrá de dejarnos de nuevo en la estación de La Pinilla. En el bar, abierto afortunadamente, comemos algo, tratamos de calentarnos y lamentamos la ausencia de ropa suficiente de recambio.

Hacemos una nueva parada en Riaza para redistribuir los dos coches y para hacer las despedidas oficiales. Ya van ocho. Sigo esperando que el Pico del Lobo me permita disfrutar de sus espectaculares vistas, porque hoy tampoco ha habido suerte. No está tan lejos de Soria, entiendo que algún día tendremos que regresar.

Ver ruta en Wikiloc

Punto de salida: Estación de esquí de La Pinilla, en la provincia de Segovia, a algunos kilómetros de Riaza.

Distancia: Me han salido algo más de 12 kilómetros, pero a algún compañero le pone 11 y pico.

Desnivel: La estación está a 1.500 metros y el pico, a casi 2.300. El desnivel es fuerte sobre todo hasta llegar a la arista.

Cuánto se tarda: Hemos tardado menos de tres horas en subir y bajar, yendo más bien ligeros: 95 minutos de subir, cinco o diez en la cima y el resto de bajada.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en la estación de La Pinilla. Buscas la parte alta de la urbanización y coges un camino que claramente se adentra en la montaña, en esta sierra de Ayllón. Además, hay un cartel que lo pone: Pico del Lobo a cinco kilómetros. No hay que dejar ese camino hasta arriba del todo, hasta la cresta. Entonces, giro a la derecha para caminar otros dos kilómetros hasta encontrar el edificio en ruinas que acompaña el vértice geodésico.

La canción de Fernando:

Cima 7 de 45. Tarragona. Mont Caro. 1.441 metros. 5-4-2014

Ya van siete, la segunda de Cataluña. Se reían algunos amigos cuando veían vía Whatsapp el aparentemente escaso sufrimiento que hemos necesitado para llegar a la cima del Mont Caro, la más elevada de Tarragona. Supongo que es culpa mía por no haber recalcado desde el principio que este no es un reto exclusivamente montañero, sino que el componente del viaje y del conocimiento de nuevos lugares en España tiene la misma importancia.

Los Puertos de Tortosa y Beceite son uno de los parajes naturales más rotos que puedan verse en la península. La cabra montés es la reina y nos han dicho que son muy fáciles de ver, incluso en la carretera. Esta vez no hemos tenido suerte, pero intentaremos alguna vez que nuestra estancia en el Parc Natural dels Ports se prolongue al menos un par de días.

Pequeña logística de viaje

Sin acercarse a las grandes expediciones en el Himalaya, la nuestra también ha tenido su pequeña logística. A lo largo del viernes me fui acercando de Soria a Tarragona. Primero en coche con Dani, de Soria a Zaragoza, y luego en las cuatro horas del Regional Express, de Zaragoza a Tarragona. En una céntrica pensión de la ciudad imperial dormí.

Este mismo sábado 5 de abril hemos quedado en Tarragona, a las 9.00 de la mañana, con Óscar, que vuelve a acompañarme en una de las cimas. GPS y rumbo a Tortosa. Dejamos a la izquierda el Delta del Ebro y giramos a la derecha, al interior, a Roquetes. Allí fotografiamos un cartel de la calle Numancia junto al Centro de Interpretación del Parque Natural, que estaba cerrado.

No ha sido un gran contratiempo. Desde Roquetes parte una virada carretera hacia la cima del Mont Caro. La carretera llega hasta la máxima altura, con lo que no habríamos tenido que andar ni diez metros si no hubiéramos querido. 3,8 kilómetros antes del final, sale un desvío a la derecha hacia el Refugio del Mont Caro, personalizado como Refugio Pepito Anguera. Cerca del refugio hay varios edificios particulares y algún restaurante más.

Haciendo caso a los del lugar

Hemos aparcado en el mismo refugio y hemos cometido el típico acierto de preguntarle a alguien de la zona la ruta para subir. La persona elegida ha sido la misma posadera. Unos trescientos metros más adelante hay una pequeña plaza y, a la izquierda, sube hasta la misma cumbre un larguísimo tubo por el que pasa la electricidad.

Nos avisa de que es una ruta corta, casi directa y muy empinada, “tendréis que grimpar (escalar, o por lo menos echar las manos a tierra) en algunos pasos. Luego podéis bajar por la ruta normal, la de la carretera, cogiendo algunos atajos”.

Y eso mismo hemos hecho. Nos ha costado unos minutos encontrar el Tubo, pero una vez que se encuentra ya no hay pérdida: seguirlo hacia arriba. Es un camino muy abrupto, efectivamente empinadísimo, y en el que con bastante frecuencia hay que echar las manos al suelo. No me atrevería a llamarlo peligroso, pero algún resbalón puede haber. Los arbustos y sus raíces ayudan a impulsar hacia arriba.

El mar, el Delta del Ebro, desde la montaña

Las vistas son espectaculares, tanto las de la montaña como las de la amplia planicie antes del mar, antes del Delta del Ebro. La subida por el Tubo termina radicalmente en la carretera. A menos de medio centenar de metros están las grandes antenas, las placas que nos indican que estamos en el Mont Caro, algunos poemas también labrados en piedra y la Virgen de la Cinta. Como no tenemos intención de ascender las antenas, consideramos que es suficiente fotografiarnos junto a esas placas y junto a la imagen de la Virgen, que parece el punto más elevado.

En la cumbre hemos encontrado una pareja de alemanes, dos mujeres y un hombre de apariencia catalana y un joven que iba balizando con cintas una marcha senderista que hay mañana domingo 6 de abril. Hemos bajado por la carretera casi a la vez que él hasta que nos hemos desviado siguiendo unas marcas rojas. Esas marcas sirven para evitar el asfalto: las ‘eses’ que este hace la senda las convierte en una ‘i latina’.

Un descenso menos empinado

La bajada es también ligeramente empinada, pero nada que ver con la subida. Es muy agradable, y apenas hay que tener cuidado en un par de puntos cercanos a las intersecciones con la carretera. Esta senda no aparece en el refugio, sino a algo más de 500 metros. Se gira a la izquierda y pronto nos encontramos con nuestro coche y con nuestra inesperada guía. La habíamos abandonado poco más de hora y media antes. Nos hemos despedido y hemos bajado hacia el nivel del mar, para comer en Salou antes de reemprender el camino a Barcelona.

Hay rutas más largas para subir al Mont Caro pero a nosotros nos ha parecido bien esta. Allí permanecen el monte, los puertos, las cabras y las quebradas de esta unión de las provincias de Tarragona, Teruel y Castellón, con lo que algún día intentaremos volver a encontrarnos.

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Punto de salida: Refugio de Pepito Anguera (de Mont Caro). Sale hacia allí una carretera desde Roquetes, muy cerca de Tortosa. Esa carretera, muy virada, hay que seguirla durante unos 15 kilómetros.

Distancia: Unos cinco kilómetros tiene la ruta que hemos hecho, con fuertes desniveles.

Desnivel: Salimos a menos de 1.100 y llegamos a casi 1.450.

Cuánto se tarda: Esta ruta nos ha llevado poco más de hora y media, con tiempo de sobra para hacernos unas fotos arriba. Hemos ido a buen ritmo.

Explícame cómo se sube sin literatura: Tortosa. Desde allí a Roquetes. Al final del pueblo sale esa carretera hacia el Refugio de Mont Caro, al que se llega después de tomar un desvío a la derecha después de unos 15 kilómetros de curvas. A unos 300 metros del refugio hay una ‘plazoleta’ de una urbanización. Ya a la izquierda se ven las grandes antenas del Mont Caro. Hay que buscar el Tubo que sube hacia ellas, y seguirlo sin alejarse de él. Así se llega arriba. Para bajar, se sigue la carretera. Para no ir por ella todo el rato, hay unas marcas rojas que ayudan a ir atrochando. Al llegar de nuevo a terreno urbanizado, se gira a la izquierda para encontrarse pronto y de nuevo con el refugio.

La canción de Fernando:

Cima 6 de 45. Zaragoza y Soria. Moncayo. 2.315 metros. 9-2-2014

Hoy nos ha hecho un día precioso para conocer el Moncayo, la sexta de las 45 cimas de este proyecto que va subiendo poco a poco. Ha sido la más multitudinaria de las expediciones. Voy a intentarlo sin mirar la foto: Noelia, Óscar, Cristina, Luis Ángel, Esther, Juan Luis, Fernando, José Vicente, Jesús, Miguel, Adolfo, Chema, Guillermo, David y los Sergios. Sin mirar la foto ha sido imposible.

Organizamos la excursión desde nuestro club, el Banzaii Antártica Asociación Soriana de Montaña. Elegimos el 9 de febrero hace unas tres semanas, sin hacer cábalas acerca del tiempo que podría hacernos. Esta semana ha nevado mucho en Soria. Ha llovido y ha hecho frío. En las páginas de previsión del tiempo de las que más nos fiamos, sin embargo, ponía que para la mañana de hoy domingo no se esperaban precipitaciones, y que estas empezarían a la hora imprecisa de comer. Así ha sido.

A las 8.00, en la capital

La cita ha sido en el lugar de siempre, la Dulce Venus, y a la hora de casi siempre, las ocho de la mañana. Desde allí hemos salido catorce personas, así que ha sido suficiente con tres coches. Estaba el día cargado de nubes pero relativamente tranquilo. Según nos acercábamos a nuestro objetivo, seguíamos sin verlo. La solemne y solitaria mole quedaba tapada desde bien abajo por la niebla, algo relativamente frecuente.

Dentro de los numerosos puntos de partida posibles, hemos elegido uno de los más habituales, como suele ser la tendencia de este proyecto. Hemos empezado desde Cueva de Ágreda, uno de los pueblos más altos de la provincia de Soria. El aparcamiento está justo después de pasar el pueblo, a la izquierda.

Puestas las polainas, ajustados los gorros, abrochadas las mochilas, cerrados los coches y enchufados los programas de los móviles, nos hemos puesto a andar a las 9.15. De las 45 cimas, esta es la única que ya conocía, y siempre por este mismo recorrido de Cueva. El inicio del recorrido es muy tranquilo, con una inevitable tendencia hacia arriba pero muy agradable, entre pinos, robles y dejando el arroyo a la derecha, al menos según hemos subido nosotros.

Un San Bernardo y un dálmata

Ha tardado en empezar a aparecer la nieve, seguramente por las lluvias de los últimos días. También parecía en un principio que la niebla se iba levantando. Pero tarde o temprano tenía que llegar. A algo más de 1.700 metros, bajo nuestros pies solo había nieve. Y bastante dura. Es en ese momento donde empieza la canal más acusada. Ha sido necesario parar para ponernos crampones y raquetas, que nos han venido estupendamente a todos los que los llevábamos.

No éramos los únicos a los que nos había citado el Moncayo esta mañana. Veíamos a nuestra izquierda un pequeño grupo bajando Peña Negrilla y, enfrente, un aventurero solitario con dos perros, un San Bernardo y un dálmata. También hemos visto más gente después, pero no tantos.

Empezada esa canal, el paisaje ya era radicalmente diferente. Echar la vista atrás permitía disfrutar de espectaculares vistas de numerosos colores, todo el camino que habíamos andado. Delante, solo blanco y compañeros. El Moncayo en invierno es algo más que un paseo. Este tramo hasta la cresta tiene su inclinación y, si no hemos nacido para sufrir, conviene estar preparado. En verano es otra historia.

Niebla y viento

Según nos acercábamos a la cresta, se nos ha descubierto el Moncayo: cerradísima niebla que aconsejaba no dispersar el grupo y bastante viento, aunque lejos de las velocidades que se pueden alcanzar aquí. En otras condiciones, se puede ir girando a la izquierda antes de llegar a la cresta, y de hecho viene indicado. Hoy no se veía nada. Nosotros hemos llegado hasta el cordal y es entonces cuando hemos doblado. Todo lo que hay al otro lado es provincia de Zaragoza. Apetecía llegar.

Alguno de los expedicionarios es más que experto en la zona. Sabemos que pronto vamos a llegar al vértice geodésico aunque sea imposible verlo. Es más, no lo vemos ni cuando llegamos a él. Este tramo no es completamente llano pero la subida fuerte ya se ha hecho. Los de atrás vemos que los de delante se paran. Ya estamos. Sexta cima.

De todo un poco

Me hacía ilusión que la subida al Moncayo fuera especialmente bonita, y así ha sido. Al principio hacía relativamente bueno. Después, el tramo nevado donde nos ha respetado todavía la niebla estaba precioso. Y para terminar, hemos conocido a la montaña como puede estar en invierno, áspera, peligrosa si no se la conoce.

Hemos tardado tres horas en subir y dos horas y cuarto en bajar. Ha habido algún resbalón sin importancia en el tramo más empinado. Ha empezado a nevar en este camino de descenso, aunque por suerte la carretera para volver a Soria no estaba peligrosa.

A los doscientos metros de coger los coches hemos vuelto a aparcarlos. No estaba el mediodía para comer los bocadillos al aire libre y teníamos que celebrar en el bar del pueblo que todo había salido bien. Hemos solucionado las dos situaciones a la vez. Muy buena caminata, y ya solo quedan 39 cumbres. Fer, espero tu canción.

Ver ruta en Wikiloc

(En el mapa de abajo, la recta debería corresponderse con el tramo de la derecha, que es el de bajada, debido a una pérdida de conexión)

Punto de salida: Cueva de Ágreda, en la provincia de Soria. A unos 10 kilómetros de Ólvega y a 55 de la capital.

Distancia: En nuestro track salen 12,5, pero por un problema de pérdida de conexión en la subida. Lo hemos calculado, y son realmente unos 500 metros más, 13 kilómetros en total.

Desnivel: Cueva está a algo menos de 1.300 metros y el Moncayo, a algo más de 2.300. Son más de 1.000 metros, por tanto. Al principio es suave, pero no hay tramos llanos ni de bajada.

Cuánto se tarda: Hemos estado cinco horas y cuarto, tres de ellas de subida. Ha sido un ritmo normal en un grupo de una quincena de personas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Dejas el coche justo después de Cueva de Ágreda (viniendo de Soria) a la izquierda. Allí mismo sale un camino que se ve que se interna hacia la montaña. Lo agarras. Al poco rato, un kilómetro más o menos, se cruzan camino y río. Las marcas rojas y blancas del GR indican que hay que dejar el camino ancho y girar ligeramente a la izquierda, dejando el arroyo a la derecha. No pasaría nada por seguir. Hay un tramo largo paralelo al arroyo. Terminado el curso de agua en su nacimiento, empieza la canal. Tampoco hay mucha pérdida: siempre para arriba hasta llegar a la cresta, entonces, a la izquierda, y en diez minutos más o menos está el Moncayo. En días de niebla y nieve puede ser difícil encontrar el camino de vuelta, aunque a priori parezca intuitivo.

La canción de Fernando: (Zaragoza)

La canción de Fernando (Soria):

Cima 5 de 45. Jaén. Pico Mágina. 2.167 metros. 25-1-2014

Acudir sin especiales expectativas a un lugar es una buena manera de aumentar la gratitud de la sorpresa experimentada tras visitarlo. Esta mañana hemos completado la quinta cima de nuestro proyecto, una novena parte del mismo. Lo primero que me ha sorprendido al leer un poco sobre Jaén es su impresionante patrimonio montañoso. Lastimosamente, por esta vez, solo conoceré una pequeña parte de ese patrimonio: su pico más alto, el Mágina. Por supuesto, menos es nada. Ha sido una ascensión mucho más complicada de lo que esperábamos.

A las 8.00 de la mañana hemos quedado en la Universidad Popular de Jaén tres personas. Carlos y yo nos conocimos ayer viernes y a Miguel Ángel le hemos conocido cuando hemos visto el coche en el que íbamos a hacer la aproximación. Nuestro nexo de unión es soriano: Óscar y Zulema, en cuyo domicilio nos hemos alojado Carlos y yo. Miguel Ángel es jiennense y montañero, justo lo que necesitábamos.

El mismo proyecto, en Andalucía

Como la presencia de Miguel Ángel era dudosa hasta ayer, habíamos quedado también a las 9.00 en el Centro de Visitantes de Mata Bejid con un grupo que acaba de iniciar un proyecto similar a este, denominado ‘Andalucía, 8 provincias, 8 cumbres’. Hasta el mes de julio, quieren subir a las ocho cimas andaluzas, y justo han empezado hoy. Hemos hablado con ellos. Eran unos 40. Iban a hacer una ruta diferente a la nuestra, y al final hemos decidido partir el pequeño grupo que se había formado una hora antes en la Universidad Popular.

Unos 500 metros después del Centro de Visitantes, en la carretera de Cambil a Huelma, sale un camino a la izquierda. Viene bien indicado: Subida al Pico Mágina. Se puede subir en turismo, como hemos comprobado, pero se iba mejor en ‘nuestro’ todoterreno. A pesar de ello, la gran cantidad de nieve caída la semana pasada nos ha impedido completar el camino. Hemos aparcado a unos dos kilómetros de la Cañada de las Cruces o Cortijo de la Tosquilla.

Puestas las polainas, a las 9.45 ha comenzado nuestra caminata. Nos las prometíamos muy felices. Hasta el Cortijo ha sido un paseo sin más, por la pista. Allí nos hemos encontrado con el grupo de cuatro personas que nos había adelantado nada más aparcar. Su intención era la misma que la nuestra. También han partido antes que nosotros.

«Sin raquetas es imposible subir»

Después del Cortijo hay que seguir el camino, todavía amplio. Como el zigzag es claro, es posible avanzar mediante líneas rectas. Al poco rato, nos hemos encontrado una pareja que bajaba, aparentemente un padre y un hijo: “Nos volvemos. Sin raquetas es imposible subir”. Eso le decían al grupo de cuatro y nos repetían a nosotros.

Pero hemos decidido seguir. Soria no está tan cerca de Jaén y mis compañeros tampoco tenían muchas dudas. Hemos seguido las huellas del padre y el hijo. Ya íbamos los primeros del día, algo que en otras condiciones (sin nieve o con nieve durísima) no tiene importancia. Cuando han desaparecido las huellas que seguíamos, nos ha dado la sensación de que era posible continuar. Lo hemos hecho, y en ciertos tramos la nieve había desaparecido por el viento y el avance era mucho más sencillo.

Sin especiales problemas, y con el camino bien marcado, nos hemos topado con un cruce: a la derecha para el Miramundos y a la izquierda para el Mágina. El grupo de las 8 Cumbres de Andalucía planeaba subir primero al Miramundos, por ello nosotros decidimos ir por nuestra cuenta.

Perdemos los cilindros-hitos

El camino está marcado por cilindros de madera de la Junta de Andalucía. Como casi siempre sucede con la montaña, en un buen día de verano esto no tiene que ser mucho más que un paseo un poco fuerte. Esta mañana, al llegar a una cresta, nos hemos dado cuenta de que hemos perdido esos cilindros. La nieve ha tenido que tener parte de culpa. Miguel Ángel, que conocía el Mágina, nos asegura que la senda sigue tras esta cresta, en el pequeño valle que hay tras ella. Nosotros ya habíamos avanzado unos cuantos metros hacia la derecha y, mirando al valle, hemos vuelto a ver los cilindros. Demasiado lejos, demasiada bajada y demasiada subida de nuevo.

Aun así, hemos dudado. Finalmente, hemos seguido por la cresta, y hemos visto que el grupo de cuatro continuaba detrás de nosotros. O nos han seguido o han pensado, igual que nosotros, que este parece el camino natural hacia el Mágina. Ya llevamos bastante tiempo con una gran cantidad de nieve, blandísima en ocasiones. Bajo ella, matorral y piedras. Es mejor tener cuidado. El terreno pedregoso es similar al de la cresta del Pico Frentes y Sierra de Cabrejas, para los que somos de Soria. Un buen terreno para endurecer los tobillos o para torcérselos.

Hasta la cintura

Siguiendo esta bonita cresta en línea completamente recta se llega al cordal principal de la sierra. Nosotros, como sabíamos que teníamos el Mágina a la izquierda, hemos optado en un determinado momento por ir girando hacia allá. Este tramo ha sido quizás el más duro. En ocasiones la nieve era dura, aunque no para utilizar crampones. Y en otras ocasiones, la nieve era tan blanda que nos hundíamos hasta casi la cintura.

Nuestros dispositivos móviles nos decían que estábamos demasiado cerca del pico como para regresar, algo que ya había hecho hace un rato el grupo de cuatro. Para ayudarnos a pensar, nos hemos sentado en unas piedras a comer y a beber. A los dos minutos de reiniciar la marcha, y como si de un milagro se tratara, hemos visto un vértice geodésico. Aunque es una zona abundante en ellos, Miguel Ángel nos ha asegurado que era el Mágina. Estábamos básicamente al lado, a poco más de diez minutos. Gran alegría.

En este último tramo, ya por el cordal, la nieve carecía de profundidad gracias al viento. Ha sido un tranquilo paseo final hasta el vértice, aunque también hemos sufrido esas fuertes rachas. De lejos, poco antes de comer, habíamos visto el amplio grupo que subía a buen ritmo hacia el Miramundos. No sabemos aún si luego han llegado al Mágina porque nosotros, después de las inevitables fotografías de cima, hemos decidido regresar directamente al coche y dejar el Miramundos para otro día.

Casi cuatro horas de subida

La llegada a la cima ha sido a las 13.30, poco menos de cuatro horas después de haber empezado a andar. Aunque parezca una contradicción para los que somos profanos en meteorología, era un día claro y con nubes. Se veía perfectamente toda la línea de Sierra Nevada (Alcazaba, Mulhacén, Veleta…), numerosos picos más cercanos en todas las direcciones y, al norte, lejos y altas, unas montañas nevadas que me gustaría saber cuáles son.

La vuelta ha sido divertida. El día estaba despejado y veíamos sin problemas tanto el inicio del barranco del Gargantón, que teníamos que dejar a la izquierda, como el camino que llevaba al Cortijo de la Tosquilla. Línea recta. Algunos tramos los hemos bajado deslizándonos por la pendiente. No han faltado algunos revolcones cuando volvíamos a incrustarnos demasiado en la nieve.

Nada especial. Después de pasar un par de veces la valla, hemos llegado al camino. Ya no queríamos más atajos. Hemos dejado el Cortijo a nuestra izquierda y media hora después estábamos en el coche. Nos ha dado alegría verlo. El día ha sido más duro de lo que pensábamos pero, como ha habido cima y no ha habido percances, también más bonito. Nos ha encantado el Mágina y nos ha encantado toda la Sierra.

Comida y aceite en Cambil

El final ha sido acorde con la ascensión. Zulema y Óscar nos esperaban en Cambil. Allí hemos tenido el privilegio de ver por primera vez el funcionamiento de una almazara en plena época de recogida de la aceituna. No paraban de entrar todoterrenos con pequeños remolques cargados de frutos. No hemos podido evitar comprar alguna garrafa de aceite. Es enero pero el sol calienta. Hemos comido en la terraza, algo que en esta época del año no es tan fácil en otras latitudes. Al que le gusten la montaña y los terrenos abruptos en Jaén no va a aburrirse.

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Punto de salida: Cortijo de la Tosquilla (si lo permite la nieve). Entre Cambil y Huelma está el Centro de Recepción de Visitantes. Poco después, a la izquierda, sale el camino que llega hasta el Cortijo.

Distancia: En nuestro track salen 15, pero la distancia se reduce a aproximadamente 11 si se puede aparcar en el Cortijo. Además, por esas circunstancias de la nieve, no hemos podido seguir las sendas marcadas.

Desnivel: El Mágina está a 2.167 y el Cortijo, a algo más de 1.600. Nosotros hemos salido a 1.550. Hay algún tramo muy escaso de bajada.

Cuánto se tarda: Esta mañana, más de cinco horas y media. Un día sin nieve, como son la mayoría del año aquí, se pueden quitar hasta dos horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Dejas el coche si puedes en el Cortijo de la Tosquilla. Sigues andando el camino que parte de allí, uno que es bien ancho. Cuando pierde anchura empiezan los hitos y las marcas oficiales del sendero. Te topas con el desvío: a la izquierda, 2,6 kilómetros hasta el Mágina. Con suerte, puedes seguir los cilindros hasta arriba. Si no, hay que pensar que el pico está en la parte alta de una gran cresta que hay tras un valle. Nosotros hemos seguido la primera cresta, antes de ese valle, porque hemos perdido las señales. También se llega.

La canción de Fernando:

Cima 4 de 45. Álava y Vizcaya. Gorbea. 1.483 metros. 12-1-2014

Es posible que subir un domingo por la mañana al Gorbea no sea la mejor manera de sentir la grandeza de la soledad en la montaña. Pero es seguro que es una cumbre mítica y que no hay ninguna otra más elevada en las provincias de Álava y Vizcaya, así que no podíamos soslayarla en nuestro reto. Los cientos de personas de todas las edades que nos hemos encontrado esta mañana en nuestra ascensión dejan bien clara la afición-cultura-religión con la que los vascos viven sus relaciones con los montes.

Ha sido una excursión de un día. A las 6.30 de la mañana hemos quedado en Soria con Esther y Juan Luis. Rumbo al norte, hemos cruzado el túnel de Piqueras, hemos dejado Logroño a la derecha y tampoco hemos pasado lejos de Vitoria. Desde allí, carretera nacional hasta Bilbao. Antes de las 9.30 estábamos en Areatza, Arenaza o Villaro. Como me sucedía con O Mustallar, desde ahora la voy a llamar Areatza por mezclar idiomas. Allí habíamos quedado con nuestro amigo Andrés y su amigo Iñaki, venidos desde el Gran Bilbao para acompañarnos. Hace apenas dos meses ya estuvieron allí arriba.

La ruta más popular y sencilla

Hay decenas de rutas para subir al Gorbea. Hemos elegido la probablemente más popular y sencilla, la que parte desde el aparcamiento de Pagomakurre, a casi 900 metros de altitud. Son nueve kilómetros desde Areatza, atravesando un frondoso y bello bosque de abetos. A Pagomukarre hemos llegado alrededor de las 10.00. Se nos han adelantado bastantes decenas de coches. Muchos de sus ocupantes suben como nosotros hasta el Gorbea, y otros se quedan a mitad de camino, en las campas de Arraba.

No hacen falta muchas explicaciones para subir al Gorbea desde aquí. Basta con una: sigue a la gente. Al final del aparcamiento, a la izquierda, sale un camino bastante ancho que hay que ir siguiendo. Este camino llega a Arraba, un lugar por supuesto verde y de suavísimas lomas en el que hay varios refugios tanto de los clubes vizcaínos como de su Federación de Montaña. Es un buen destino para iniciar a los niños pequeños en este mundo de los paseos por el monte.

Dejando el refugio Ángel Sopeña (el de la Federación) a la derecha, se sigue el camino hacia arriba. Entonces se afronta un tramo en el que el paso ya no puede ser tan ligero. Se trata de una especie de cornisa con piedras y barro. No es muy peligrosa, pero no conviene descuidarse. Ya las vistas desde allí, a nuestra izquierda, son espectaculares, con los verdísimos valles vizcaínos y algunas montañas mucho más altas de la que nosotros pensamos subir hoy.

Siempre viendo la cruz

Tampoco se tarda mucho en alcanzar la pradera de Egiriñao, donde vuelve a aparecer un refugio de color blanco. Hay algunos cruces pero no son muy dudosos. Están bien indicados y, en cualquier caso, siempre hay que tirar para arriba. Ya hemos visto varias veces la inmensa cruz del Gorbea.

La relajación con la que hemos afrontado el tramo anterior desaparece ahora por completo, hasta la cima. No son largas distancias, pero la pendiente es buena. Al principio se mezclan piedras y hierba, y no hay una senda clara aunque tampoco existe la posibilidad de pérdida. Este primer tramo termina en una collada, Aldamiñoste. A la izquierda hay una cima muy atractiva que descubrimos que se llama Aldamin y que es la segunda más alta de Vizcaya.

Praderas del 45%

Pero nosotros tenemos que torcer a la derecha. Ya no hay piedras. Solo hierba. La pendiente vuelve a aumentar. No sabemos calcular muy bien, pero quizás del 45%. Además, el viento es ahora fortísimo pero, en lugar de lamentarlo, agradecemos no haber venido en un día de peores condiciones. Nos ha hecho buena temperatura y no ha habido amago de lluvia. La nieve apenas la hemos visto en algunos neveros.

Esta pendiente final, con nieve, tiene que ser mucho más dura y, con hielo, mucho más peligrosa. Sin crampones, darse la vuelta sería una buena idea. Pero hoy no ha sido el caso, como demostraba la romería de hombres, mujeres, niños, mayores, caminantes y ciclistas.

Urbión, Moncayo y Cebollera

Y entonces hemos llegado a la inmensa cruz de casi 20 metros de altura que corona el Gorbea, y que acerca a esta cima a los 1.500 metros sobre el nivel del Cantábrico. Cerca está el punto geodésico, pequeño ante la grandeza de la cruz. También hay una pequeña caseta que sirve como buzón y una preciosa circunferencia de metal y piedra con los nombres de las elevaciones montañosas que pueden verse en un día nítido desde allí. Por ejemplo, Urbión, Moncayo y Cebollera.

Hacía demasiado viento como para permanecer en la cima. Aun así, hemos charlado con algún ciclista, nos han hecho la foto de rigor y hemos disfrutado unos instantes de esa circunferencia. Tocaba bajar antes de que el sudor se helara.

Según descendíamos, seguían subiendo filas de personas. Algún domingo subiré al Gorbea y contaré toda la gente que puede pisarlo en un día. El descenso ha sido diferente. Lo hemos hecho corriendo. Al llegar a Egiriñao, nos hemos apartado del camino de subida. Girando a la izquierda, hemos seguido el curso de un río hasta perder unos 200 metros de altitud para disfrutar de la contemplación de unas inmensas hayas invadidas por el musgo. Apetecía seguir río abajo, pero había que regresar.

Alrededor de las 13.30 estábamos de nuevo en Pagomakurre. Nos esperaban nuestros dos coches donde los habíamos dejado tres horas y media antes. Allí mismo nos hemos despedido por cuestiones de logística. Hemos deshecho el camino hasta Areatza y nos hemos dirigido hasta Eibar. A las cinco jugaba el Numancia. Ha ganado 1-2. La cuarta cima también ha sido grande.

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Punto de salida: Aparcamiento de Pagomakurre, a unos nueve kilómetros de Areatza (Vizcaya)

Distancia: 14 kilómetros. En el track salen 17,4 por un desvío que hemos hecho

Desnivel: Se parte de algo menos de 900 metros y se sube a casi 1.500

Cuánto se tarda: Entre tres y cuatro horas

Explícame cómo se sube sin literatura: Coche hasta Areatza y coche hasta Pagomakurre por una estrecha carretera. Se empieza a andar en Pagomakurre. La cruz del Gorbea se ve casi desde el inicio, es fácil. El camino al final del aparcamiento sube hasta Arraba. Se deja la campa a la derecha y se sube hasta Egiriñao. Desde allí, entre piedras y hierba, de nuevo hacia arriba hasta la collada. Y al llegar a ella, a la derecha. Durante más de la mitad del camino se ve la cruz.

La canción de Fernando (Vizcaya):

La canción de Fernando (Álava):

Cima 3 de 45. Granada. Mulhacén. 3.478 metros. 23-12-2013

El invierno pudo con Francia y Alemania pero no ha podido de momento con el avance de este pequeño proyecto, que confía precisamente en su pequeñez y modestia para continuar hasta el final. Hoy (repito con el pretérito perfecto compuesto que abandonaré sin darme cuenta) hemos ascendido al pico más alto de Granada, el más alto de la península Ibérica, el que todos alguna vez en España han tenido que escuchar en el colegio. El Mulhacén. El invierno, recién llegado, ha sido completamente respetuoso con nuestros planes, mucho más de lo que nos habríamos atrevido a pedirle. Hemos venido seis personas y las seis hemos llegado a la cumbre. Ya estamos las seis en Capileira.

Primera llegada a Capileira

Por cuestiones de logística, cuatro personas viajaron el viernes 20 hasta tierras de Granada (José Vicente, Nacho, Alfonso y Cristina, grupo 1) y otras dos lo hicimos el sábado 21 (Óscar y el firmante, grupo 2). Comimos juntos en Granada el sábado antes de partir a uno de los lugares más reconocibles y reconocidos de España: Las Alpujarras. Desde Granada se viaja hacia el Sur por la autovía de Sierra Nevada y, a los 40 kilómetros aproximadamente, se gira a la izquierda hacia Lanjarón y Órgiva antes de afrontar la fotografía más famosa de las Alpujarras, la de las impolutas Pampaneira, Bubión y Capileira bajo las cumbres más elevadas de Sierra Nevada y de toda la piel del toro. En Capileira dormimos el sábado.

Día 1. Domingo 22

Un año más, los niños de San Ildefonso no eligieron ninguno de los números que guardábamos en el cajón de la mesilla.

Nos volvimos a separar por esas mismas cuestiones de logística. El grupo 1 partió de Capileira aproximadamente a las 10.30. Óscar les acercó en coche hasta la central eléctrica, y desde allí subieron por el río Naute hasta el refugio de Poqueira en algo más de tres horas, siempre arropados por una densa niebla que no les impidió la visión de varios ejemplares de cabra montés, alguno de ellos macho de buenas dimensiones.

El grupo 2 tuvo una caminata más corta. Subimos en coche hasta la Hoya del Portillo, a más de 2.100 metros sobre el nivel del mar. Es fácil llegar hasta allí, tan fácil como continuar la carretera que cruza Capileira y abandonarla unos diez kilómetros después, cuando una valla la corta. Realmente, los últimos seis kilómetros son de camino en buen estado. Nuestra caminata empezó en esta Hoya del Portillo. Se empieza subiendo fuerte durante un kilómetro y medio hasta un mirador. Desde allí, una senda que parte a la izquierda termina, después de agarrar una bifurcación también a la izquierda, en ese mismo refugio donde nos esperaban nuestros compañeros. Tardamos unas dos horas. El último tramo es de bajada y, afortunadamente, está bien marcado. La niebla no nos permitió ver el refugio hasta prácticamente toparnos con él. Cuando fue bajando el sol, bajó con él la niebla. Merece la pena esperar para ver el atardecer desde el refugio, con el Mediterráneo al fondo y un mar de nubes bajo nuestros pies. A las 19.30 tocaba cenar, después de entretener el tiempo como pudimos. Antes de las 22.00 ya estábamos en nuestros sacos. Habría unas 25 personas en el refugio, no es temporada alta.

Día 2 y cumbre. Lunes 23

A las 7.30 empezaba el reparto del desayuno así que no fue necesario madrugar en exceso. Nos levantamos a las 7.00, desayunamos fuerte, intercambiamos cuatro palabras con los montañeros que conocimos el día anterior, terminamos de apañar nuestras mochilas y, a las 8.40, empezamos la ruta.

Haciendo un primer resumen, hay dos maneras de subir al Mulhacén desde Poqueira: por el río y por la loma. Después de lo que hablamos en el refugio con gente conocedora del terreno, decidimos subir por el río y bajar por la loma sin regresar a Poqueira. Eso suponía intentar hacer cumbre con todo el peso de nuestras mochilas, pero en el regreso nos evitaba varios kilómetros al seguir la loma hasta el mirador que hay sobre la Hoya del Portillo, donde debería esperarnos la furgoneta.

El inicio del camino es muy sencillo. Hay que acercarse hasta el río Mulhacén, a escasos metros del refugio, pero no cruzarlo. Una senda sube casi paralela al curso de agua. A la media hora fue necesaria una primera parada para calzarnos las botas alguno de los que llevábamos zapatillas. Empezaba a haber bastante nieve pero no de modo uniforme, únicamente donde el viento la había ido depositando. Tiene que ser también bonito subir al Mulhacén cuando esté todo repleto de nieve. No era el caso.

Lo más sencillo es subir todo el río hasta el final, hasta una collada denominada la Hoya de la Caldera y, una vez allí, girar a la derecha para subir al techo de la península. Pero sabíamos que no íbamos a ser capaces de seguir el camino fácil, aconsejados también por algunas personas del refugio.

Acortar por la ladera

Una vez que vimos el Mulhacén a la derecha, decidimos que lo mejor sería llegar a él en línea recta. Con seguridad es lo más corto, pero no lo más rápido. No soy capaz de concretar ni la pendiente ni la longitud de la pala de nieve que tuvimos que subir, pero sí sé que nuestra velocidad de avance fue muy baja, que no dejábamos de resbalarnos y que estuvimos más de hora y media en esa situación. Los seis llevábamos los crampones pero solo uno decidió ponérselos.

Aproximadamente a la mitad de la ascensión, por cuestiones del avance de la marcha, el grupo se separó en dos, alejados poco más de un centenar de metros. En el que yo estaba, después de abandonar el tramo de mayor acumulación de nieve, conseguimos avanzar pisando los salientes de las rocas, cuidándonos de que no tuvieran hielo y de pisar sobre ellas y no sobre la nieve que las rodeaba, lo que suponía en ocasiones hundirse hasta la cintura.

Con paciencia, después de muchos pasos hacia adelante y no pocos hacia atrás, los dos grupos nos juntamos en la loma. A nuestra derecha, el Mulhacén 2. A nuestra izquierda, el objetivo, el Mulhacén. Durante aproximadamente la última media hora nos estuvo dando el sol, anticipo de lo que sucedería en la cumbre.

Después de lo que habíamos pasado en la empinadísima y resbaladiza ladera Oeste, el tramo desde la loma hasta el pico fue como la etapa de los Campos Elíseos en el Tour de Francia, solo para disfrutar… en días como el que vivimos. Si hace mucho viento, algo que en el Mulhacén no es noticia, cualquier minuto en la loma puede ser una eternidad.

Repito que no es el caso. En unos diez minutos hicimos cumbre los seis miembros de nuestro club, el Banzaii Antártica Asociación Soriana de Montaña. Unos abrazos y algunos cánticos sorianos iniciados por los más animados siguieron a la conquista de la cima. Apenas corría el viento y hacía un espléndido sol. Las vistas de cerca eran espectaculares: los hermanos Veleta y Alcazaba, la increíble cara Norte del Mulhacén, la ciudad de Granada, la prolongación de la sierra hacia la provincia de Almería… Las vistas de lejos (el mar Mediterráneo y África, por ejemplo) no pudieron sin embargo ser disfrutadas debido a la bruma.

Regreso hacia la furgoneta

No importó. Después de tres horas y media de ascenso entre el refugio y el pico, permanecimos en él cuarenta minutos. Alguien se dio cuenta de que era necesario partir, y lo hicimos. Ahora nos esperaba un camino mucho más largo en metros pero más corto en tiempo. Fuimos descendiendo la loma pasando por el Mulhacén 2 hasta llegar a una pista de buena anchura. A la derecha va quedando el refugio de Poqueira y a la izquierda el pueblo de Trevélez, otro punto de partida habitual para ascender al Mulhacén.

La loma finaliza en el mirador donde habíamos estado el día anterior Óscar y yo. El tramo final, kilómetro y medio de bajada entre pinos, ya nos permitía olfatear la furgoneta. Llegamos a ella tres horas después de que a alguien se le ocurriera abandonar la cumbre. Allí estaban algunos de nuestros compañeros de refugio, acampados en su vehículo y disfrutando del buen tiempo. La furgoneta nos devolvió a los seis hasta Capileira, donde continuamos con la celebración de las buenas horas pasadas.

El proyecto personal-colectivo avanza poco a poco. Ya van tres cimas, tres vértices de un amplísimo triángulo casi equilátero. El descubrimiento de regiones imprescindibles de España y la convivencia con otras personas eran dos objetivos añadidos que se habían marcado como acompañamiento del principal: subir montañas.

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Punto de salida: Refugio de Poqueira, accesible a pie desde Capileira y Trevélez (Granada)

Distancia: 19,5 kilómetros

Desnivel: Se empieza a 2.500, se sube rápidamente hasta casi 3.500 y se baja de modo más sosegado hasta algo menos de 2.200.

Cuánto se tarda: Aquí sí que depende muchísimo de si hay nieve o no y, si la hay, de la cantidad acumulada. A nosotros nos costó bastante subir la ladera pero luego bajamos muy ligeros. Tuvimos la suerte de la ausencia casi total de viento. Empleamos siete horas y diez minutos el día de la ascensión en sí, tiempo al que es necesario sumar el de acceso al refugio. Estando en forma, se puede hacer esta ruta circular en un día, madrugando un poco más o esperando a la primavera-verano. Pero los refugios de montaña tienen algo…

Explícame cómo se sube sin literatura: Duermes en el refugio de Poqueira y desayunas en él. Según sales por la puerta giras a la derecha y vas siguiendo unas altas estacas rojas, se supone que para marcar el camino cuando haya mucha nieve. En cinco o diez minutos llegas al río. No lo cruces. Déjalo todo el rato a tu izquierda y, en media hora o menos, ya verás el Mulhacén a tu derecha. Puedes hacer como nosotros y afrontarlo en línea recta, o bien continuar de frente hasta la Hoya de la Caldera y girar a la derecha cuando llegues a ella. Con visibilidad, no es difícil. Para bajar como nosotros, del Mulhacén hay que seguir el camino hacia el Mulhacén 2. Ya desde allí es posible ver la gran pista que lleva hasta el mirador. Se alcanza esta pista y se sigue durante un buen rato, no debería haber pérdida. En el mirador viene marcada la estrecha senda entre pinos hasta la Hoya del Portillo.

 

La canción de Fernando:

Cima 2 de 45. Barcelona. Costa Cabirolera. 2.604 metros. 1-11-2013

Este día de Todos los Santos de 2013 he dado un nuevo paso para no dejar inacabado mi proyecto. Pero su fin todavía no está cercano. Quedan 43 cimas. La de hoy ha sido muy bonita. Hemos subido el Costa Cabirolera, el techo de Barcelona. Como sucede con otras muchas montañas, las fotografías no hacen justicia a su belleza, y menos las mías. Quizás ello se haya debido también a que hemos tenido la gran suerte de hacer toda la ascensión en solitario. No hemos visto las primeras personas hasta que hemos empezado a bajar. Dejo de utilizar ya el pretérito perfecto a pesar de que escribo el mismo día de la coronación, por la noche, en Soria.

Para conseguir no ver a nadie fue necesario madrugar. A las 5 a.m. (cinco de la mañana) quedamos en Sant Boi de Llobregat con Jacob y Óscar, en cuyo domicilio pasé la última noche de octubre. La aproximación hasta nuestro inicio de la ruta es larguísima. Son casi 160 kilómetros dejando Manresa a la izquierda, pasando por Sallent, Berga y Bagá, abandonando la provincia de Barcelona por el túnel del Cadí antes de torcer a la izquierda: Bellver de Cerdanya, Martinet y nuevo cruce a la izquierda hasta la pequeña localidad de Montellá. Se puede ascender al Cabirolera por su cara Sur sin necesidad de cruzar el túnel del Cadí, agarrando la carretera que sale a la izquierda justo antes de Guardiola de Berguedá.

¡Urogallos!

Antes de llegar a Montellá, a la derecha, sale un camino de 12 kilómetros hasta el refugio César A. Torras en el Prat d’Aguiló. Es mejor ir en todoterreno, quien lo tenga, pero en coche normal también se llega. Poco antes de llegar al refugio nos pareció divisar en el camino unas perdices. Nos detuvimos, echaron a volar y, proporcionándonos una de las grandes alegrías faunísticas de nuestra vida, comprobamos que eran un urogallo macho y dos hembras. No pudimos fotografiarlos por no llevar la cámara con nosotros sino en el maletero. Los vimos posados de nuevo en el bosque… demasiado tarde.

Aparcamos el coche y abandonamos a Jacob en él. Sus tobillos le aconsejan descanso pero quería acompañarnos en este día en la montaña. Eran las 8.30 y hacía fresco pero un sol espléndido. Terminamos de preparar las mochilas con comida y agua y emprendimos la marcha.

Nada más atravesar el refugio (2.037 metros), surge a la izquierda una senda bien marcada con señales blancas y amarillas. No hay falsos llanos. Desde el principio toca subir un fuerte desnivel hasta el Paso dels Gosolans (me encanta mezclar en la misma expresión los distintos idiomas oficiales de España porque no puedo evitarlo). Se llega a los 2.410 metros en poco menos de dos kilómetros.

Frontera entre Lérida y Barcelona

Hasta aquí, todo era provincia de Lérida. El Paso es ya la frontera con Barcelona, y desde él se ve un gran prado y una de las montañas más famosas de Cataluña, el Pedraforca, aunque no desde su visión más conocida: no se aprecia el tajo.

Una vez en el Paso del Gosolans hay múltiples posibilidades para caminar dentro de este Parque Natural del Cadí-Moixeró. Pero estamos en lo que estamos. Ahora toca girar a la derecha para seguir toda la cresta que sigue separando las provincias de Lérida y Barcelona.

Estamos caminando hacia el Oeste. Sorprende la suave verdura de los prados que dejamos a la izquierda en comparación con la salvaje y afilada verticalidad de los farallones que vemos a la derecha, a los que no da mucha confianza acercarse. Gracias a ese madrugón, vimos una gran cantidad de sarrios.

Último tramo de gran pendiente

La cresta no es del todo practicable y conviene bajarse un poco hacia los prados, sin pasarse. En un momento, y de casualidad, encontramos el camino GR que necesariamente había de llevarnos al Cabirolera. Perdemos, por tanto, un poco de altura, pero la recobramos de inmediato en un precioso tramo final de los que nos gustan: empinadísimo y de piedra suelta. Luego, en la bajada, tiene su cierto peligro.

Acabado ese tramo, se ve el Cabirolera a la derecha, aunque realmente se está viendo durante todo el camino. La cresta sigue, y sigue subiendo, pero la provincia de Barcelona termina aquí. No había nadie para inmortalizarnos así que tocó utilizar el temporizador. Desde el pico la visión es sublime: algunos grandes tresmiles pirenaicos, el Pedraforca, Montserrat a lo lejos, los valles de la Cerdanya e incluso, una vez más, el refugio de Prat d’Aguiló del que habíamos partido algo más de dos horas antes.

La bajada fue igualmente tranquila y ligeramente más rápida. Los sarrios habían sido sustituidos por personas. Nuestro coche, solitario a nuestra llegada, estaba ahora acompañado por muchos de sus congéneres. Jacob nos esperaba después de haberse dado un paseo. Hicimos en el camino de vuelta las fotos que la oscuridad nos impidió en el de ida. Qué bien comimos en Bellver. Vuelta a Sant Cugat a dejar a Jacob en su coche y Camino Soria. Lo terminaré o no, pero sabía que el proceso de cumplimentación de este proyecto iba a depararme grandes alegrías.

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Punto de salida: Prat d’Aguiló (Lérida)

Distancia: 13,2 kilómetros

Desnivel: Se sube aproximadamente de 2.040 metros a más de 2.600. Hay una pequeña bajada para ir abandonando la cresta, pero casi todo el rato se llanea o se sube.

Cuánto se tarda: Ya se sabe que esto depende de la velocidad y de las paradas, y que estas dependen de los que vayan. En el refugio, si llamas por teléfono, te van a decir cinco o seis horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Dejas el coche en Prat d’Aguiló, hasta donde llega una pista que sale desde la entrada de Montellá. Te pones a andar hacia arriba sin parar siguiendo las marcas blancas y amarillas. Llegas al Paso dels Gosolans. Entonces, todo a la derecha, por la cresta, no hay pérdida, el Cabirolera es el pico que ya se ve más alto que los demás, redondeado. Como no podrás seguir la cresta del todo, tendrás que bajar un poco antes de afrontar los últimos y muy empinados metros de subida. Cuando lo hagas, giras a la derecha y en cinco minutos estás en la cima más elevada de Barcelona.



La canción de Fernando:

Cima 1 de 45. Lugo. O Mustallar. 1.924 metros. 16-8-2013

De esta colección finita de 45 piezas ya solo me quedan 44. Este viernes 16 de agosto de 2013 he coronado la primera. Hay veces en que la aproximación se antoja más complicada que el ascenso en sí. Es el caso de O Mustallar, en Lugo. Llegar hasta la base del mismo es una pequeña pero muy recomendable aventura.

Encontré que el modo más habitual de subir O Mustallar (mantengo la toponimia en gallego por su carácter evocador) es desde la aldea lucense de Piornedo, en Los Ancares. Tenía ganas de conocer las pallozas de este remoto lugar, igual que tengo ganas de conocer todo lo que queda de remoto, al menos relativamente, en España.

De Valdeavellano a Piornedo

El trayecto en coche lo hice con mis padres en dos tramos, desde Valdeavellano de Tera hasta Piedrafita del Cebrero para empezar, y desde Piedrafita hasta Piornedo para terminar: aproximadamente 45 kilómetros en hora y media. Curvas, curvas, curvas y una señalización más bien escasa.

Pero llegamos los tres a Piornedo, después de preguntar a algunos habitantes de la zona una vez que conseguíamos avistarles. No defrauda el último pueblo de la provincia de Lugo. La imagen del satélite es muy buena y clarificadora, con las figuras circulares de las pallozas y las poligónicas del resto de edificios. Un buen sitio para perderse y encontrarse.

No hubo lugar para la pérdida de tiempo: aparcar, ponerme el pantalón corto y las zapatillas de montaña, meter algo de comida, agua y ropa en la mochila, y buscar el punto de partida. Este no es otro que el final más elevado del pueblo, junto a la capilla de San Lorenzo. Allí hay un par de cilindros de madera con dos marcas azules en su extremo superior. No hay más indicaciones hasta la cima.

Desde la capilla

La clave es coger el camino que deja justo la capilla a la izquierda. Ya no hay que abandonarlo. Según me pareció durante mi subida, solo hay dos lugares en los que es posible dudar. Primero, después de atravesar un riachuelo sale una bifurcación en el camino hacia la derecha. No hay que cogerla. Y segundo, después de seguir la senda de frente hasta la collada, hay que torcer a la derecha. Si se tuerce hacia la izquierda, se hollará la cima de Peña Longa, aproximadamente medio centenar de metros más baja que O Mustallar.

Se trata de una ascensión bonita y sencilla. Durante la subida, hay un par de veces en las que de repente se empieza a bajar. Que no haya temor: pronto el camino agarra de nuevo desnivel positivo. La pendiente es suave al principio y se empina en dos puntos de inflexión, el primero para llegar a la collada y el segundo, hasta llegar a la cima.

Este tramo final exige a los gemelos al subir y a los cuádriceps al bajar. En total, desde Piornedo hasta O Mustallar son seis kilómetros casi exactos. Era viernes del puente de agosto y me encontré media docena de personas. Las que conocí más cerca de la cumbre (dos de ellos almorzando allí mismo) tuvieron la suerte de ver una manada de rebecos. A mí se me escaparon, me tuve que conformar con algunos caballos y vacas junto a los cursos de agua.

Las vistas. Agreste cara oriental

Las vistas desde la collada y desde arriba son espectaculares. La cara oriental es mucho más agreste. Se ven numerosas cimas y extensas masas boscosas. Se intuyen las chimeneas de Ponferrada y Las Médulas. Se divisa también la población leonesa de Burbia. También es posible subir desde allí. Se trata de un camino más largo, a lo largo de un valle. Quién sabe si quizás otra vez. Arriba comí algo con la pareja de vigueses y me despedí de ellos.

Subí andando rápido y bajé corriendo casi todo el rato, igual que otras tres personas que me encontré mientras subía. Salvo el tramo inicial de bajada hasta la collada, no hay nada especialmente técnico, es un camino por el que prácticamente pueden ir los coches. Me hizo bastante calor. En un buen día de invierno y de nieve también se tiene que disfrutar mucho, sobre todo bajando. Pero nosotros estábamos ahí porque el calendario quiso que el Numancia jugara al día siguiente en Lugo, en pleno agosto. Deporte como practicante y deporte como espectador.

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Punto de salida: Piornedo (Lugo)

Distancia: 12,2 kilómetros

Desnivel: Se sube aproximadamente de 1.200 metros a más de 1.900, más del 90% del trayecto cuesta arriba.

Cuánto se tarda: Son 12 kilómetros sin más dificultad que la pendiente. Andando, con un par de paradas al subir y otra arriba para comer algo y disfrutar de la vista, se debería tardar unas cuatro horas entre subir y bajar. Los que gusten de correr por las montañas, en dos horas se lo hacen.

Explícame cómo se sube sin literatura: Sales desde Piornedo. Preguntas por la capilla de San Lorenzo (arriba del pueblo) y coges el camino para dejar la capilla justo a la izquierda. Hay un palo de madera con dos marcas azules arriba. El panel explicativo está tirado junto a esa capilla. Coges ese camino y ya no lo dejas. Tienes que pasar un par de barreras. Pasado un riachuelo parte un camino a la derecha: olvídate de él, aunque quizás sea otro modo de subir. Sigue de frente hasta la collada. Tira a la derecha, junto a la valla que separa León de Lugo, y en 15-20 minutos llegas a O Mustallar. Hay un hito que así te lo corrobora.


La canción de Fernando:

Las 45 cimas por orden alfabético de provincia

Provincia-Cima-Metros sobre el nivel del mar

Álava-Gorbea-1.483. Cima 4. 12-1-2014

Albacete-La Atalaya-2.083. Cima 30. 27-12-2016

Alicante-Aitana-1.557. Cima 40. 17-2-2018

Almería-Chullo-2.612. Cima 39. 29-12-2017

Asturias-Torre de Cerredo-2.648. Cima 10. 27-7-2014

Ávila-Almanzor-2.592. Cima 36. 17-9-2017

Badajoz-Cerro de Tentudía-1.112. Cima 12. 1-11-2014

Barcelona-Costa Cabirolera-2.604. Cima 2. 1-11-2013

Burgos-San Millán-2.131. Cima 25. 4-9-2016

Cáceres-Calvitero-2.400. Cima 45. 23-7-2018

Cádiz-El Torreón-1.654. Cima 20. 27-12-2015

Cantabria-Torre Blanca-2.619. Cima 34. 22-7-2017

Castellón-Peñagolosa-1.815. Cima 32. 18-2-2017

Ciudad Real-Pico del Amor (Oeste)-1.375. Cima 33. 11-6-2017

Córdoba-La Tiñosa-1.570. Cima 38. 28-12-2017

Coruña-Pilar-803. Cima 42. 30-4-2018

Cuenca-Mogorrita-1.864. Cima 17. 19-7-2015

Gerona-Puigpedrós-2.914. Cima 14. 16-11-2014

Granada-Mulhacén-3.478. Cima 3. 23-12-2013

Guadalajara-Pico del Lobo-2.274. Cima 8. 26-4-2014

Guipúzcoa-Aitxuri-1.551. Cima 19. 11-10.2015

Huelva-Bonales Occidental-1.055. Cima 13. 1-11-2014

Huesca-Aneto-3.404. Cima 24. 15-5-2016

Islas Baleares-Puig Major-1.445. Cima 43. 3-6-2018

Jaén-Mágina-2.165. Cima 5. 25-1-2014

La Rioja-San Lorenzo-2.271. Cima 11. 3-10-2014

Las Palmas-Pico de las Nieves-1.957. Cima 27. 8-10-2016

León-Torre de Cerredo-2.648. Cima 10. 27-7-2014

Lérida-Pica d’Estats-3.143. Cima 18. 10-8-2015

Lugo-O Mustallar-1.924.  Cima 1. 16-8-2013

Madrid-Peñalara-2.428. Cima 28. 11-10-2016

Málaga-Tejeda (La Maroma)-2.066. Cima 21. 28-12-2015

Murcia-Los Obispos-2.014. Cima 31. 28-12-2016

Navarra-Mesa de los Tres Reyes-2.444. Cima 44. 21-7-2018

Orense-Peña Trevinca-2.129. Cima 41. 28-4-2018

Palencia-Peña Prieta Sur-2.537. Cima 29. 13-11-2016

Pontevedra-Faro-1.181. Cima 9. 1-6-2014

Salamanca-Canchal de la Ceja-2.427. Cima 16. 28-2-2015

Segovia-Peñalara-2.428. Cima 28. 11-10.2016

Sevilla-Terril-1.128. Cima 23. 20-2-2016

Soria-Moncayo-2.315. Cima 6. 9-2-2014

Tarragona-Caro-1.441. Cima 7. 5-4-2014

Tenerife-Teide-3.718. Cima 27. 6-10.2016

Teruel-Peñarroya-2.028. Cima 15. 7-2-2015

Toledo-Corocho de Rocigalgo-1.449. Cima 37. 5-11-2017

Valencia-Pico Calderón-1.837. Cima 22. 23-1-2016

Valladolid-Cuchillejos-933. Cima 35. 10-8-2017

Vizcaya-Gorbea-1.483. Cima 4. 12-1-2014

Zamora-Peña Trevinca-2.129. Cima 41. 28-4-2018

Zaragoza-Moncayo-2.315. Cima 6. 9-2-2014

La idea. 15-8-2013

Cientos de personas ya se han planteado ascender a la cima más alta de cada una de las provincias españolas. Muchas no habrán completado el reto y otras muchas, seguramente sí. Varias de ellas, además, lo han plasmado en un blog de internet y alguna otra hasta ha escrito un libro.

Por tanto, queda claro cuál es mi reto y queda claro que no es nada original. Voy a intentar subir a las 45 cimas que representan los techos de las 50 provincias españolas, ya que diez de ellas comparten: Madrid con Segovia, León con Asturias, Álava con Vizcaya, Orense con Zamora y, por supuesto, Zaragoza con Soria.

No tengo prisa porque no puedo tenerla, pero no me gustaría una prolongación excesiva. Voy a intentar completar el reto en mes y medio. Ojalá. Vamos a poner un plazo de cinco años, para ir ahorrando para los billetes de avión a las tres islas y para dejar tiempo entremedias para hacer otras cosas.

No tengo nada planificado más allá del inicio. Ahora y siempre, admito cualquier tipo de recomendación, invitación, acompañamiento o mecenazgo. Allá va.