Cima 68. Burgos. Castro Valnera. 1.718 metros. 20-6-2021

En enero o febrero de 2020, planificamos un viaje para el tercer fin de semana de abril al Castro Valnera, la cima más prominente de la provincia de Burgos. Apenas unas semanas después, cuando el mundo se nos echó encima, comprendimos que esa excursión tendría que ser pospuesta a alguna fecha sin concretar.

En noviembre o diciembre de 2020, en algún momento en el que era posible moverse dentro de nuestra comunidad autónoma, pensamos que sería buena idea intentar subir al Valnera. Llamamos por teléfono a montañeros de la zona y nos dijeron que las condiciones de ascenso eran de una montaña plenamente invernal, con piolet, crampones, viento, demasiado desnivel… No nos apeteció ir.

Hoy, a punto de entrar el verano de 2021, hemos comprendido que hicimos bien en posponer el ascenso, hasta el punto de convertirlo en el último de este reto de ocho años y 68 cimas por toda España, con ese único asterisco que ojalá pueda quitar algún día del Nido de las Águilas en la isla del Congreso de las islas Chafarinas.

Con todo el pequeño conocimiento que he alcanzado en este tiempo de las sierras y cordilleras de España, creo que no habrá muchos lugares del país en los que pueda disfrutarse en una marcha tan relativamente corta de un espectáculo montañero tan fascinante como el que ofrecen todas estas cumbres situadas entre Burgos y Cantabria.

Claro que hay cimas y recorridos más imponentes en aquellos lugares del país que casi doblan en altura al Valnera o lo superan con mucha amplitud, pero en 1.718 metros y en una marcha de poco más de siete kilómetros hemos disfrutado como pocas veces de la mayoría de los elementos que explican la grandeza de las montañas.

José Vicente ha salido de Soria y yo de Valdeavellano, para encontrarnos a las 7.30 en Almarza. A las 10.30 habíamos quedado con Mari y Sergio para almorzar en una localidad que ya conocía y a la que me ha hecho mucha ilusión regresar, Espinosa de los Monteros.

En la cima

Desde allí, ya con las fuerzas repuestas, hemos viajado en un solo coche hasta las Cabañas del Bernacho. Este es uno de los varios inicios posibles de las rutas que llegan a esta cumbre tan destacada de la Cordillera Cantábrica. Para llegar a El Bernacho hay que salir hacia el Portillo de Lunada. A los diez kilómetros de carretera sale una pista a la izquierda, accesible para coches. Y, tres kilómetros después de seguir esa pista, se ve a la izquierda una señal de madera que indica que ahí empieza nuestro camino.

Hoy no había problema para aparcar. Quizás en fines de semana calurosos de verano haya que dejar el coche a algunas decenas de metros. En toda nuestra ruta de esta mañana solo nos hemos encontrado a dos personas, una pareja que empezaba a subir al Valnera en sentido contrario al nuestro justo cuando estábamos a punto de llegar al coche, poco antes de las 14.30.

Esa ausencia de compañía se ha debido a la intensa niebla y a los fuertes vientos que se esperaban para este domingo en la zona. El viento, por suerte, ha sido más o menos respetuoso, pero la niebla no nos ha dado tregua salvo un breve y mágico momento cuando enfilábamos ya el descenso.

Nosotros hemos seguido el itinerario de las agujas el reloj. Sabemos que en poco más de tres kilómetros tenemos que subir más de 600 metros de desnivel, así que agradecemos que ya desde el inicio vayamos ganando altura en un bonito hayedo.

En este tramo, no hay pérdida. No hay desvíos, se sube todo el rato y hay algunos resbalones de escasa importancia. Las lluvias recientes y la niebla de hoy han dejado muy húmedo el terreno. Hacia arriba, asomándose a la niebla, vemos grandes moles rocosas, en un panorama que me ha recordado mucho al del Beriain.

Terminado ese tramo inicial, comienza el ascenso más directo, una serie de zetas en las que hay que realizar dos trepadas sin importancia. En un momento de llaneo, hemos seguido caminando rectos sin darnos cuenta de que el sendero bueno era a la izquierda. Apenas hay hitos y ese desvío casi no se intuía, así que no viene mal mirar de vez en cuando el track. También es cierto que en días claros es posible que la visión permanente del Valnera haga más evidente el avance.

Regresados sobre nuestros pasos, hemos alcanzado poco después el cordal. Desde ahí, hay que girar nuevamente a la izquierda, pues nos espera la cumbre del Valnera a menos de un centenar de metros. Justo la parte final es un conglomerado de rocas que invita a treparlas con facilidad, como hemos hecho. A la bajada, sin embargo, hemos descubierto que podíamos haber afrontado la subida por la derecha, donde puede leerse escrito en la roca ‘El Castro Valnera’. Aunque esta segunda opción es más ‘andable’, también es bastante más aérea.

La entrada aérea a la cima

De hecho, la meseta en la que se ubica el Castro Valnera se levanta sobre unos amplios cortados a los que hay que asomarse con respeto, y eso que hoy apenas veíamos unos metros bajo nuestros pies. Estando como estaba el día, el tiempo en la cima ha sido breve.

La ruta de hoy ha sido circular, y así recomiendo hacerla. Si la subida nos ha gustado, todavía lo ha hecho más el descenso. Llegados al último punto de desvío, en vez de girar a la derecha para volver por el camino de ida, hay que seguir de frente. Nos costaba seguir la senda, así que de nuevo hemos tenido que mirar el track ante pequeños desajustes en un tramo rocoso inicial.

A partir de ahí, comienza una preciosa bajada por una cresta con caída no muy pronunciada a ambos lados. Todo ello, todavía, era más por intuición que por certeza, debido a esa espesa niebla que se resistía a marcharse. En invierno y con nieve dura, cuidado.

En ese descenso, ha habido dos momentos especiales. Primero, cuando hemos llegado a un cartel colocado en un collado en el que podía leerse ‘Castro Valnera’. Justo ahí, y solo hacia nuestra izquierda (el norte) se ha levantado por fin la niebla. Ello nos ha permitido ver el mar Cantábrico muy al fondo (a unos 30 kilómetros) y, justo debajo de nuestros pies, un verticalísimo y verdísimo valle, formado por uno de los arroyos que terminan en el río Pas, el que da nombre a toda esta comarca cántabra de los valles pasiegos.

Los impresionantes valles pasiegos

Justo en ese cartel, hay que girar a la derecha para coger una senda que se ve desde el mismo collado. De hecho, el segundo momento especial ha llegado a los pocos minutos, cuando hemos descubierto de casualidad algo que no sabíamos que existía: una gran sima en cuyo fondo continuaba almacenada una importante cantidad de nieve, con varios metros de grosor. Es el llamado nevero de Torcaverosa, que tiene apariencia de conservar toda esa nieve hasta que caigan los primeros copos del próximo invierno. Merecería la pena acercarse en septiembre-octubre.

Poco después de este impresionante nevero, llega el último tramo de bajada. Si el primero ha sido más bien lento por el carácter rocoso e inclinado de la arista, este lo ha sido aún más por la gran cantidad de vegetación que oculta la senda casi por completo. Tampoco han faltado varios resbalones y tropiezos en esta parte final de la bajada, en la que es imposible caminar con comodidad.

Se va viendo casi todo el rato la pista en la que hemos aparcado, e incluso varias veces nuestro coche. Cuesta llegar a esa pista más de lo que parece pero, una vez que se alcanza, en un par de minutos estamos en el vehículo.

Ha sido una preciosa ruta de montaña que nos ha llevado a la cima más prominente de Burgos y a la cuarta cima de la comunidad autónoma de Cantabria de este reto, después del Torre Blanca, el Cuchillón y la Morra de Lechugales. Curioso. Hemos comido en Espinosa de los Monteros y alrededor de las 20.00 ya estábamos los cuatro en Almarza, antes de dirigirnos a Soria.

Nevero de Torcaverosa

Por fin hemos subido el Castro Valnera, después de esas dos tentativas infructuosas previas por culpa de la pandemia y de nuestra inapetencia para afrontarlo en condiciones invernales.

Termina con él un reto que nos ha hecho recorrer varios miles de kilómetros por toda España desde mediados de agosto de 2013, gracias a lo cual nos lo hemos pasado en grande. Seguiremos subiendo montes por España y por el mundo de acuerdo a otros criterios.

Lo que ha empezado como un blog de internet me gustaría que en algún momento fuera un libro impreso. Tanto para los que lo estéis leyendo en una pantalla como para aquellos que quizás lo hagáis en papel, muchas gracias por el acompañamiento y por llegar hasta el final.

Punto de salida: Una de las curvas de la pista que llega a las Cabañas del Bernacho.

Distancia: Alrededor de siete kilómetros y medio.

Desnivel: Unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Hemos subido en algo menos de una hora y veinte minutos. La ruta total, menos de tres horas. Considerando que apenas hemos parado en la cima, creo que hemos tardado más en bajar que en subir.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en esa curva donde hay una señal que marca a la izquierda. Subes el hayedo, hasta que llega un momento en el que toca ascender más fuerte por unas zetas. Aunque a veces parece que el camino sigue paralelo a la montaña, hay que buscar la manera de seguir subiendo. La senda llega a un collado y el Castro Valnera está a la izquierda, a dos minutos. Para bajar, se sigue de frente por ese collado. Se desciende una arista y, al llegar a otro collado donde está el cartel de ‘Castro Valnera’, hay que dirigirse a la derecha por una senda que se ve que se adentra en el valle. Se deja el gran nevero de Torcaverosa a la izquierda y se baja con mayor pendiente y con mucha vegetación hasta la pista donde espera el vehículo.

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