Cima 59 de 68. Cantabria. La Morra de Lechugales. 2.474 metros. 3-8-2019

Sábado soleado de agosto en Picos de Europa. A priori, suena a aglomeraciones de personas, como nos sucedió ayer en la Ruta del Cares. Pero los Picos de Europa son tan grandes, en los dos sentidos, como para que no tenga que ser necesariamente así.

La Morra de Lechugales, el lugar más prominente de Cantabria, va a ser uno de los hitos destacados de este reto. No era el plan inicial que se reuniera un grupo tan grande de personas para subir al pico más alto del Macizo Oriental de los Picos.

Y al final, sin embargo, 16 sorianos nos hemos acercado a esta zona limítrofe entre Cantabria y Asturias: Andrés, Ángel, Asier, Carlos, Chupi, Encarna, Evaristo, Félix, Germán, José 1 y 2, Mari, Nacho, Óscar, Sergio 1 y 2.

En cinco grupos diferentes, nos hemos acercado entre jueves y viernes a Puertas, en el concejo asturiano de Cabrales, nuestra base de operaciones cada vez que nos movemos por la zona.

Esta mañana hemos quedado a desayunar a las 8.00, salvo Félix, Nacho y Óscar, que se han ido a las 5.30 porque han decidido subir a la Morra desde la vertiente cántabra, a través de la empinada Canal de Lechugales, partiendo de la localidad de Tanarrio. La idea era juntarnos allí arriba, como así ha sucedido.

El resto de los expedicionarios hemos respetado el horario casi al milímetro: desayuno a las 8.00, salida de casa a las 8.30 y llegada al Jito de Escarandi tres cuartos de hora después. Tras no muchos más preparativos, hemos empezado a andar a las 9.35.

Las nubes que han cubierto todo el día los valles y las tierras bajas del Oriente asturiano han estado siempre por debajo de nosotros. Durante toda la excursión, lo único que hemos visto arriba ha sido el sol, un cielo azul ideal y cientos de piedras, neveros, cabras y montañas.

La ruta más habitual para la Morra de Lechugales sale de aquí, del Jito. Las demás, o son más largas o más técnicas o más empinadas, así que para un grupo amplio era conveniente limitar las probaturas.

En el Jito de Escarandi quizás hubiera una quincena de coches, pero en todas las horas que al final hemos pasado en el monte apenas hemos visto media docena de grupos a partir del Casetón de Ándara.

La primera parte de la ruta es la más sencilla de explicar y de seguir. Hay que salir desde el Jito de Escarandi por la pista forestal, apta para todoterrenos, que parte hacia ese Refugio-Casetón de Ándara. No hay desvíos ni pérdidas posibles.

Se nos vienen las cabras

En esta época del año, en el Casetón es posible tomar bocadillos, refrescos, café, cervezas y, lo más importante, agua, elemento que desaparece en su estado líquido a partir de este punto. Nosotros íbamos bien servidos, así que no hemos tenido que rellenar.

El track que hemos decidido seguir es uno de los más habituales, el que sigue un recorrido circular a partir de ese Casetón de Ándara. Sin ningún criterio definido, hemos optado por empezar a subir por la izquierda de ese track, en lo que parece la ascensión más natural hacia la Morra.

Esta ruta es la que, saliendo desde la misma puerta del Casetón y después de descender unos metros, gira bruscamente a la izquierda para empezar a ganar altitud a buen ritmo. Se pasa cerca de varias simas de profundidad desconocida, algunas de las cuales se encuentran valladas por seguridad.

Subir de este modo perpendicular la ladera permite llegar en media hora al pico Castillo de Grajal, que hay que dejar a la izquierda y no a la derecha como hemos hecho nosotros durante unos minutos, antes de regresar al camino que debíamos seguir. Ya vamos a estar todo el rato por encima de los 2.000 metros.

La subida continúa casi en línea recta y sin descanso hasta el llamado Collado del Mojón. Las vistas desde allí de toda la vertiente sur del cresterío son totalmente diferentes a las vistas de la cara norte: dos impresionantes canales, la de Arredondas y la ya nombrada de Lechugales, ayudan a salvar los más de 2.000 metros de desnivel que separan las mayores alturas del Macizo de Ándara de los prados del fondo del valle del Liébana.  

En este Collado del Mojón, la lógica de los mapas invitaría a seguir la cresta, pero la realidad del terreno exige lo contrario. Es preferible cruzar a la otra vertiente y perder un centenar de metros de altitud, para ir recuperándolos poco a poco antes de volver a la cresta. En esa bajada es donde nos hemos topado con un gran rebaño de cabras que han hecho el amago de venirse con nosotros atraídas por nuestra comida.

Paisaje rocoso de Picos

Todo este avance ya no es un alegre caminar, pero con tiento y paciencia se van sorteando los entretenidos bloques de piedra mientras se ganan metros, primero en dirección oeste y luego en dirección sur, dejando a la derecha la Pica del Jierru, una de las tres cumbres que superan los 2.400 metros en el Macizo Oriental de Picos.

Ya muy cerca del tramo final, y siguiendo en línea recta, se ven unos puntos rojos pintados en las piedras que indican el camino hacia una gran cumbre. El pensamiento primero es que se trata, al fin, de la Morra de Lechugales.

Pero no. Ese pico tan elevado es la Silla del Caballo Cimero, apenas diez metros más bajo que la Morra. Esta última, nuestro objetivo de hoy, nos ha obligado a desandar por segunda vez en la mañana unos pocos metros. Todo este tramo final transcurre por el límite entre las comunidades autónomas de Asturias y Cantabria. Hasta ahora, la ruta completa iba por tierras cántabras salvo el punto de salida, el Jito de Escarandi, que también es mojonero.

Reubicados en nuestra ruta, y después de una pequeña y sencilla trepada para llegar a la base de la Morra, toca afrontar el famoso paso final de la misma, aquel que desaconseja a algunos de los que llegan a la base hacerse una foto en la cima. Nosotros, de 16, hemos subido 14. 15 de 17 contando a la perra, Huni, que también ha subido por el otro lado con Félix, Nacho y Óscar, que han llegado al punto de reunión un rato antes que nosotros.

Ese paso final es una trepada de cuatro o cinco metros en la que habitualmente hay una cuerda, como así ha sido hoy. Con alguien con un poco de experiencia (más importante que la cuerda) y con la cuerda en sí, no es difícil superar este acceso a la cima. Desde el final de la cuerda hasta la cumbre hay un minuto de andada, cuyo premio en un día como hoy es una majestuosa vista de todo el Macizo Central de Picos de Europa, separado de nosotros por las asturianas Vegas de Sotres y por los cántabros Puertos de Áliva.

El descenso, finalmente, lo hemos hecho por la misma ruta. La circular supondría dejar ahora la Pica del Jierru de nuevo a la derecha.

Bajando a la Huni

La alegría de la coronación y el espléndido día han animado a varios de los 16 expedicionarios a bajar corriendo desde que el terreno lo ha permitido hasta los coches. Otros han decidido ir más tranquilos y premiarse con una parada en el Casetón de Ándara.

La ampliación del reto ha posibilitado esta populosa y veraniega ascensión a una cumbre espectacular y no muy conocida. A la vuelta hemos visitado Tresviso, el municipio cántabro incrustado en Asturias, antes de celebrar la jornada en Puertas.

Mañana por la mañana iremos de alguna manera a por el quinto coche a Tanarrio, antes de empezar a preparar las nueve últimas cimas.

Punto de salida: Jito de Escarandi.

Distancia: Hoy, 18 kilómetros.

Desnivel: Al final nos han salido 1.500 metros positivos.

Cuánto se tarda: Subir hemos subido todos juntos. Para bajar hemos hecho grupos. El último ha tardado ocho horas. Los primeros, alrededor de una hora y media menos, pero se han perdido la parada en el Casetón de Ándara.

Explícame cómo se sube sin literatura: Desde el Jito de Escarandi, sigue el track del que más te fíes. Hasta el Refugio-Casetón no hay misterio. Desde allí, hay que seguir por alguna de las sendas que suben, o bien casi de frente o bien ligeramente a la derecha. Nosotros hemos seguido por la que va más de frente hasta el Collado del Mojón, desde donde hay que ir poco a poco en dirección Suroeste, ganando altura por la cresta salvo en el tramo que parece preferible pasar a la otra vertiente. Al final, cuidado de no confundir la Silla del Caballo Cimero con nuestra Morra.

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