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Cima 68. Burgos. Castro Valnera. 1.718 metros. 20-6-2021

En enero o febrero de 2020, planificamos un viaje para el tercer fin de semana de abril al Castro Valnera, la cima más prominente de la provincia de Burgos. Apenas unas semanas después, cuando el mundo se nos echó encima, comprendimos que esa excursión tendría que ser pospuesta a alguna fecha sin concretar.

En noviembre o diciembre de 2020, en algún momento en el que era posible moverse dentro de nuestra comunidad autónoma, pensamos que sería buena idea intentar subir al Valnera. Llamamos por teléfono a montañeros de la zona y nos dijeron que las condiciones de ascenso eran de una montaña plenamente invernal, con piolet, crampones, viento, demasiado desnivel… No nos apeteció ir.

Hoy, a punto de entrar el verano de 2021, hemos comprendido que hicimos bien en posponer el ascenso, hasta el punto de convertirlo en el último de este reto de ocho años y 68 cimas por toda España, con ese único asterisco que ojalá pueda quitar algún día del Nido de las Águilas en la isla del Congreso de las islas Chafarinas.

Con todo el pequeño conocimiento que he alcanzado en este tiempo de las sierras y cordilleras de España, creo que no habrá muchos lugares del país en los que pueda disfrutarse en una marcha tan relativamente corta de un espectáculo montañero tan fascinante como el que ofrecen todas estas cumbres situadas entre Burgos y Cantabria.

Claro que hay cimas y recorridos más imponentes en aquellos lugares del país que casi doblan en altura al Valnera o lo superan con mucha amplitud, pero en 1.718 metros y en una marcha de poco más de siete kilómetros hemos disfrutado como pocas veces de la mayoría de los elementos que explican la grandeza de las montañas.

José Vicente ha salido de Soria y yo de Valdeavellano, para encontrarnos a las 7.30 en Almarza. A las 10.30 habíamos quedado con Mari y Sergio para almorzar en una localidad que ya conocía y a la que me ha hecho mucha ilusión regresar, Espinosa de los Monteros.

En la cima

Desde allí, ya con las fuerzas repuestas, hemos viajado en un solo coche hasta las Cabañas del Bernacho. Este es uno de los varios inicios posibles de las rutas que llegan a esta cumbre tan destacada de la Cordillera Cantábrica. Para llegar a El Bernacho hay que salir hacia el Portillo de Lunada. A los diez kilómetros de carretera sale una pista a la izquierda, accesible para coches. Y, tres kilómetros después de seguir esa pista, se ve a la izquierda una señal de madera que indica que ahí empieza nuestro camino.

Hoy no había problema para aparcar. Quizás en fines de semana calurosos de verano haya que dejar el coche a algunas decenas de metros. En toda nuestra ruta de esta mañana solo nos hemos encontrado a dos personas, una pareja que empezaba a subir al Valnera en sentido contrario al nuestro justo cuando estábamos a punto de llegar al coche, poco antes de las 14.30.

Esa ausencia de compañía se ha debido a la intensa niebla y a los fuertes vientos que se esperaban para este domingo en la zona. El viento, por suerte, ha sido más o menos respetuoso, pero la niebla no nos ha dado tregua salvo un breve y mágico momento cuando enfilábamos ya el descenso.

Nosotros hemos seguido el itinerario de las agujas el reloj. Sabemos que en poco más de tres kilómetros tenemos que subir más de 600 metros de desnivel, así que agradecemos que ya desde el inicio vayamos ganando altura en un bonito hayedo.

En este tramo, no hay pérdida. No hay desvíos, se sube todo el rato y hay algunos resbalones de escasa importancia. Las lluvias recientes y la niebla de hoy han dejado muy húmedo el terreno. Hacia arriba, asomándose a la niebla, vemos grandes moles rocosas, en un panorama que me ha recordado mucho al del Beriain.

Terminado ese tramo inicial, comienza el ascenso más directo, una serie de zetas en las que hay que realizar dos trepadas sin importancia. En un momento de llaneo, hemos seguido caminando rectos sin darnos cuenta de que el sendero bueno era a la izquierda. Apenas hay hitos y ese desvío casi no se intuía, así que no viene mal mirar de vez en cuando el track. También es cierto que en días claros es posible que la visión permanente del Valnera haga más evidente el avance.

Regresados sobre nuestros pasos, hemos alcanzado poco después el cordal. Desde ahí, hay que girar nuevamente a la izquierda, pues nos espera la cumbre del Valnera a menos de un centenar de metros. Justo la parte final es un conglomerado de rocas que invita a treparlas con facilidad, como hemos hecho. A la bajada, sin embargo, hemos descubierto que podíamos haber afrontado la subida por la derecha, donde puede leerse escrito en la roca ‘El Castro Valnera’. Aunque esta segunda opción es más ‘andable’, también es bastante más aérea.

La entrada aérea a la cima

De hecho, la meseta en la que se ubica el Castro Valnera se levanta sobre unos amplios cortados a los que hay que asomarse con respeto, y eso que hoy apenas veíamos unos metros bajo nuestros pies. Estando como estaba el día, el tiempo en la cima ha sido breve.

La ruta de hoy ha sido circular, y así recomiendo hacerla. Si la subida nos ha gustado, todavía lo ha hecho más el descenso. Llegados al último punto de desvío, en vez de girar a la derecha para volver por el camino de ida, hay que seguir de frente. Nos costaba seguir la senda, así que de nuevo hemos tenido que mirar el track ante pequeños desajustes en un tramo rocoso inicial.

A partir de ahí, comienza una preciosa bajada por una cresta con caída no muy pronunciada a ambos lados. Todo ello, todavía, era más por intuición que por certeza, debido a esa espesa niebla que se resistía a marcharse. En invierno y con nieve dura, cuidado.

En ese descenso, ha habido dos momentos especiales. Primero, cuando hemos llegado a un cartel colocado en un collado en el que podía leerse ‘Castro Valnera’. Justo ahí, y solo hacia nuestra izquierda (el norte) se ha levantado por fin la niebla. Ello nos ha permitido ver el mar Cantábrico muy al fondo (a unos 30 kilómetros) y, justo debajo de nuestros pies, un verticalísimo y verdísimo valle, formado por uno de los arroyos que terminan en el río Pas, el que da nombre a toda esta comarca cántabra de los valles pasiegos.

Los impresionantes valles pasiegos

Justo en ese cartel, hay que girar a la derecha para coger una senda que se ve desde el mismo collado. De hecho, el segundo momento especial ha llegado a los pocos minutos, cuando hemos descubierto de casualidad algo que no sabíamos que existía: una gran sima en cuyo fondo continuaba almacenada una importante cantidad de nieve, con varios metros de grosor. Es el llamado nevero de Torcaverosa, que tiene apariencia de conservar toda esa nieve hasta que caigan los primeros copos del próximo invierno. Merecería la pena acercarse en septiembre-octubre.

Poco después de este impresionante nevero, llega el último tramo de bajada. Si el primero ha sido más bien lento por el carácter rocoso e inclinado de la arista, este lo ha sido aún más por la gran cantidad de vegetación que oculta la senda casi por completo. Tampoco han faltado varios resbalones y tropiezos en esta parte final de la bajada, en la que es imposible caminar con comodidad.

Se va viendo casi todo el rato la pista en la que hemos aparcado, e incluso varias veces nuestro coche. Cuesta llegar a esa pista más de lo que parece pero, una vez que se alcanza, en un par de minutos estamos en el vehículo.

Ha sido una preciosa ruta de montaña que nos ha llevado a la cima más prominente de Burgos y a la cuarta cima de la comunidad autónoma de Cantabria de este reto, después del Torre Blanca, el Cuchillón y la Morra de Lechugales. Curioso. Hemos comido en Espinosa de los Monteros y alrededor de las 20.00 ya estábamos los cuatro en Almarza, antes de dirigirnos a Soria.

Nevero de Torcaverosa

Por fin hemos subido el Castro Valnera, después de esas dos tentativas infructuosas previas por culpa de la pandemia y de nuestra inapetencia para afrontarlo en condiciones invernales.

Termina con él un reto que nos ha hecho recorrer varios miles de kilómetros por toda España desde mediados de agosto de 2013, gracias a lo cual nos lo hemos pasado en grande. Seguiremos subiendo montes por España y por el mundo de acuerdo a otros criterios.

Lo que ha empezado como un blog de internet me gustaría que en algún momento fuera un libro impreso. Tanto para los que lo estéis leyendo en una pantalla como para aquellos que quizás lo hagáis en papel, muchas gracias por el acompañamiento y por llegar hasta el final.

Punto de salida: Una de las curvas de la pista que llega a las Cabañas del Bernacho.

Distancia: Alrededor de siete kilómetros y medio.

Desnivel: Unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Hemos subido en algo menos de una hora y veinte minutos. La ruta total, menos de tres horas. Considerando que apenas hemos parado en la cima, creo que hemos tardado más en bajar que en subir.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en esa curva donde hay una señal que marca a la izquierda. Subes el hayedo, hasta que llega un momento en el que toca ascender más fuerte por unas zetas. Aunque a veces parece que el camino sigue paralelo a la montaña, hay que buscar la manera de seguir subiendo. La senda llega a un collado y el Castro Valnera está a la izquierda, a dos minutos. Para bajar, se sigue de frente por ese collado. Se desciende una arista y, al llegar a otro collado donde está el cartel de ‘Castro Valnera’, hay que dirigirse a la derecha por una senda que se ve que se adentra en el valle. Se deja el gran nevero de Torcaverosa a la izquierda y se baja con mayor pendiente y con mucha vegetación hasta la pista donde espera el vehículo.

Cima 27 bis. Las Palmas. Morrón de la Agujereada. 1.956 metros. 15-6-2021

Ya lo intuía. Ya intuía que el ascenso de hoy, el del grancanario Morrón de la Agujereada, iba a ser de los más bonitos, emocionantes e intensos de este reto. En octubre de 2016, en nuestro coche de alquiler, llegamos hasta el contiguo Pico de las Nieves, que por razones difíciles de entender fue considerado durante muchos años el punto más alto de la isla y de la provincia de Las Palmas.

Aunque en aquel momento decidí anotármelo, ya dejé claras mis intenciones de subir al verdadero techo de la provincia, al Morrón de la Agujereada, seis metros más elevado que el Pico de las Nieves, llamado también Pico de los Pozos de las Nieves. Un simple vistazo ya deja clara esa diferencia de altitud en favor del Morrón.

¿Y cuál es el problema para quedarse a unos 300 metros de un pico y no subir hasta él? Ese mismo vistazo simple que ayuda a ver la diferencia de altura, sirve también para inducir a pensar que el Morrón de la Agujereada es inaccesible sin material y nociones de escalada.

Cima

Unido al Pico de las Nieves por una estrecha lengua de roca, el Morrón es una especie de gran cilindro con grandes caídas por el resto de los lados salvo por esa lengua. Tampoco ayudaba el hecho de que, en algunas crónicas de internet, se pudiera leer que para llegar a la cima es necesario salvar pasos de quinto grado.

Y no es así. En la ruta realizada esta mañana, la más sencilla y ‘natural’, hay un par de pasos que alcanzarán el tercer grado, salvables por cualquier persona habituada a andar por las montañas. Estoy casi seguro de que a lo largo de este reto hemos superado en algún momento pasos similares, en los que es necesario ayudarse de las manos y buscar bien dónde poner los pies.

La diferencia es que esos pasos se encontraban en las rutas evidentes de avance y no estaban acompañados del gran patio que rodea este Morrón. Así de memoria, recuerdo que al menos en el Torre Cerredo, la Morra de Lechugales y el Aneto ya hubo compañeros de viaje que decidieron no llegar a la cumbre para evitar esas emociones.

Y como yo tampoco necesitaba mayores emociones, pero sí quería subir al techo de esta isla, ni dudé por un instante en contratar los servicios de una empresa. En mi caso, por referencias de otras personas, hablé con la empresa Gran Canaria Trekking. Su responsable José Luis, el guía de montaña Norberto y yo hemos formado la cordada, esta vez sin metáforas, que ha llegado al Morrón de la Agujereada.

Cuando estuvimos en 2016, Luis Ángel y yo nos acercamos a esa lengua rocosa que une Las Nieves y el Morrón. Fuimos incapaces de imaginar en ningún momento por dónde se podría subir aquella mole, así que nos regresamos con nuestros compañeros.

Hoy, nos hemos atado en esa misma lengua. Desde ahí, hay un primer destrepe hacia la izquierda. La ruta sigue después a la derecha, dejando ese cilindro del Morrón todo el rato a nuestra mano izquierda por tanto. Hay varios tramos en los que se puede caminar sin problemas, algo que no se puede apreciar cuando se mira el Morrón desde el vértice geodésico del Pico de las Nieves.

Agujero por el que habrá que pasar

Cuando ya se empieza a divisar claramente el sur de la isla y algún otro valle que todavía permanecía oculto, es necesario hacer esa trepada de tercer grado. Otra breve caminata (las distancias son muy cortas) nos deja directamente en la cara sur del Morrón. Allí, la dificultad técnica es menor pero hay algunas estrecheces y bastante ambiente. Pasa Norberto primero para fijar una reunión con una chapa que hay colocada con ese fin, y después yo y José Luis, por respetar el orden.

A partir de ahí, después de haber rodeado por completo el Morrón, se hace otra pequeña trepada sencilla y sin caída y se camina ya con normalidad hasta la cumbre. No he llevado reloj y no he mirado el móvil en todo el rato. Quizás hayamos estado media hora en la cima, comiendo, bebiendo agua, tomando fotos y, sobre todo, disfrutando de la imponente mañana que nos ha acompañado y de las vistas desde allí: buena parte de la isla de Gran Canaria y, al fondo hacia el oeste, el Teide e incluso una pequeña porción de La Gomera. Más en primer plano, el Roque Nublo.

Hemos bajado por el mismo lugar, con la misma tranquilidad y con las mismas precauciones. Me comentan que, en los últimos años, cada vez hay más personas que desean subir al Morrón de la Agujereada, sobre todo desde que está claro y unánimemente admitido que es el pico más alto de su tierra.

Aunque habrá más colectivos de personas que tienen ese deseo, hay dos que destacan. Por un lado, los propios vecinos de la isla aficionados a la montaña que quieren subir al lugar más alto de Gran Canaria, como sucede en cualquier lugar del mundo. Por otro lado, aquellas personas que, como yo, queremos completar el listado de los picos más altos de cada provincia española.

En ambos casos, cada vez son más las personas que deciden contratar a profesionales que conozcan bien cuál es el camino que hay que seguir, para no quedarse bloqueados enfrente de la gran roca o para no lanzarse a la aventura a ciegas.

El Morrón de la Agujereada

Después de tantos meses sin novedades por aquí debido al estado de alarma, la cima de hoy ha sido a lo grande, la más compleja técnicamente de todas y una de las más bonitas.

José Luis y Norberto me han dejado poco antes de las 12.30 en la misma zona de Las Palmas de Gran Canaria donde me habían recogido a las 7.30, junto a la playa de Las Alcaravaneras. Cuando hemos llegado al aparcamiento del Pico de las Nieves, a las 8.30, aún no había nadie. A la bajada, ya estaba el puesto ambulante con cuyo dueño hablamos en nuestro primer acercamiento de hace casi cinco años y al que hoy le hemos comprado unos cafés.

Muy grandes sensaciones en esta cima, a la que todavía no sé si calificar como la penúltima o la antepenúltima. Además de ‘asegurar’ la cima (el buen tiempo también ha sido fundamental), ir con dos amantes de su tierra y de sus montañas y paisajes ha contribuido a multiplicar el disfrute del ascenso y a conocer mejor la isla de Gran Canaria.

Punto de salida: Aparcamiento del Pico de las Nieves.

Distancia: Poca, no creo que llegue al kilómetro.

Desnivel: Tampoco mucho. Hay muy pocos metros de diferencia entre Las Nieves y el Morrón y, aunque se pierde algo de altura al comienzo, el total de desnivel no llegará a los 20 metros.

Cuánto se tarda: Con tan poca distancia y tan poco desnivel, si hemos estado más de hora y media ha sido por esa tranquilidad con la que hemos ido y por el buen rato que hemos pasado en la cima.

Explícame cómo se sube sin literatura: Te acercas hasta el vértice geodésico del Pico de las Nieves. Desde allí, miras el Morrón de la Agujereada. Es imposible intuir ningún camino evidente, pero se ve un pequeño agujero a la derecha por el que hay que pasar y hacia el cual, por tanto, hay que dirigirse. Sin embargo, el comienzo del avance es por la izquierda, haciendo un destrepe de unos tres metros. Después del agujero, hay que llegar hasta el otro lado del Morrón, rodearlo y subir desde ahí. Hay gente que sube sin cuerdas. Quien sienta la necesidad de llegar arriba y no tenga claro el camino, que recuerde el dicho de que lo barato es caro, y viceversa.

Cima 67 de 68. Málaga. Torrecilla. 1.919 metros. 26-9-2020

El mismo grupo de tres personas que subió hace tres días a lomos de su coche al Pico Villuercas, en Cáceres, ha necesitado este sábado andar más de 20 kilómetros para coronar el Torrecilla, el pico más prominente de la provincia de Málaga y el quinto más prominente de la península Ibérica después de cuatro monstruos como son el Mulhacén, el Aneto, el Torre Cerredo y el Almanzor (Mendikat).

Ello no le permite ser el lugar más elevado de la provincia de Málaga, pero sí de la Sierra de las Nieves, un lugar desde el que este mediodía hemos visto el Peñón de Gibraltar, las primeras montañas de África y las nubes que ocultan Sierra Nevada.

Es el Torrecilla, por tanto, una gran montaña, para lo cual no necesita alcanzar los 2.000 metros sobre el cercano mar. Es un hito obligado para todos esos miles de personas que aman las montañas en el sur del país, como hemos podido comprobar en nuestra larga caminata de hoy, beneficiada por unas condiciones que multiplican el disfrute de la ruta: sol y calor aceptable.

En la cima

El punto de partida más habitual es el Cortijo de Los Quejigales, y desde ahí nos habíamos bajado la ruta que teníamos planeado seguir. Hoy, sin embargo, no se podía llegar en coche hasta ese comienzo de la ruta descargada.

En verano, y hasta el 15 de octubre, el acceso está prohibido para reducir el riesgo de incendios forestales. Es más, si las lluvias escasean hasta ese 15 de octubre, la valla continuará bajada.

Eso significa que hay que andar tres kilómetros más a la ida… y esos mismos tres a la vuelta, cuando ya estaremos cansados y acalorados. El final ha sido muy distinto a lo que podríamos imaginar entonces. Ya llegaremos.

A la media hora de andar hemos alcanzado el Cortijo. Allí nos hemos encontrado un fotógrafo y un cámara haciendo un trabajo para el Parque Natural Sierra de las Nieves, que en breve quiere ser Parque Nacional. Nos han pedido que hagamos de modelos mientras fotografiábamos los caballos salvajes que habitan esta zona.

Poco después del Cortijo hay que elegir la ruta de subida hasta el pico. Nada más coger la pista, un gran cartel indica a la derecha la presencia de un pequeño puente que cruza el arroyo paralelo al sentido de la marcha. Lo lógico es cruzar ese puente para subir al Torrecilla por el camino más corto.

Nada más cruzar ese puente, el camino se convierte en una estrecha y empinada senda que durante un buen rato asciende entre pinsapos. Hitos de madera con marcas verdes y blancas (luego se incorporarán las amarillas) indican que este es el camino ‘oficial’ de subida.

Tras ese calentón continuado, se llega al Puerto de los Pilones. Allí vemos dos furgonetas aparcadas, que han subido por una pista en buen estado, una pista que necesita permisos especiales para rodarla.

Desde ese mismo Puerto de los Pilones se ve también, por primera vez, el Torrecilla. Es muy grande. Se le ve justo enfrente. Pero no es tan sencillo como seguir recto hasta él. Entre nuestros ojos y nuestro objetivo hay demasiadas quebradas, barrancos, riscos… Es necesario bordearlos.

Empiezan aquí unos tres kilómetros de suaves pendientes e incluso de bajadas, para recuperar las fuerzas gastadas en la primera subida y para acumular algunas otras pensando en la subida final.

Este trayecto relativamente llano termina en una fuente que nace de una roca, canalizada en un pilón desde el que se tiene una visión impresionante del montañón que es el Torrecilla.

Lo normal es que todo el mundo que vaya con tranquilidad a este monte descanse unos minutos aquí y beba agua. En el pilón empieza la subida final. Allí vemos a mucha gente que sube y que baja, todos ellos muy despacio.

Ese último tramo de ascenso es también muy empinado, así que ya sabemos lo que nos toca. No hay problema. Poquito a poco, salvamos sin problema el desnivel y llegamos a la cima del Torrecilla, a priori la penúltima de este reto. Puede haber alguna sorpresa.

Relax cimero

Las vistas desde el Torrecilla son impresionantes, y eso que hay algo de calima. En los 360 grados se ven gran cantidad de pueblos y montañas. Málaga es una de las provincias más montañosas de España. A lo lejos, lo ya señalado, las nubes que cubren Sierra Nevada, Gibraltar y algunas de las elevaciones marroquíes situadas cerca de Ceuta.

Hemos estado una hora en la cumbre, entre fotos, bocadillo y relajación. Aunque nos habría gustado apretar un botón que nos depositara al instante en el coche, nos ha tocado levantarnos y empezar a desandar parte de lo andado.

La bajada hasta la fuente hay que hacerla con cuidado. Desde ahí, tomamos de nuevo el camino más bien llano que nos habría conducido hasta el Puerto de los Pilones si hubiéramos vuelto tal cual por donde habíamos subido.

Sin embargo, como nos habían recomendado, al llegar al gran pozo de nieve restaurado nos hemos desviado a la derecha para bajar por el llamado Bosque de las Ánimas. Ese desvío supone caminar un kilómetro y medio más, pero merece la pena. Este bosque es otro pinsapar con ejemplares de inmenso tamaño, muchos de ellos atacados por un hongo que poco a poco los mata y los derriba, lo que aumenta la visión fantasmagórica del conjunto.

Bosque de las Ánimas

Este camino está marcado con los clásicos hitos de piedrecitas, y en una de las revueltas nos hemos perdido durante cinco minutos.

De regreso al camino, nos hemos encontrado por cuarta vez con el grupo de cuatro amigos sevillanos (Diego, Ignacio, José, Manolo) con quienes ya habíamos estado en la fuente, en la cima y en el pozo de nieve. Ya, desde ahí, no nos hemos separado más. Gracias a ello nos han enseñado un precioso mirador al final del pinsapar.

Poco después de ese mirador enganchamos una pista que nos lleva hasta el Cortijo de Los Quejigales, y ahí empiezan los tres kilómetros de propina hasta el coche.

Con el vehículo recorremos otros siete kilómetros de camino y, cuando salimos a la carretera, nos encontramos de nuevo con el grupo sevillano en el primer bar para tomar algo y despedirnos hasta más ver.

Ellos van a Sevilla y nosotros a Ronda, donde hemos pernoctado tres días para ver también el Caminito del Rey, Setenil de las Bodegas (Cádiz) y, por supuesto, la ciudad del gran tajo.

Mañana domingo, regreso hasta Soria para reiniciar nuestras rutinas y para empezar a pensar cuándo podremos afrontar el, de nuevo a priori, último monte del reto.

Punto de salida: Cortijo de Los Quejigales. Hasta el 15 de octubre, una valla corta el camino tres kilómetros antes de llegar a él.

Distancia: Si la valla está cortada como ha sido nuestro caso, alrededor de 21 kilómetros. Fuera de la época de verano o de riesgo de incendios, unos 16 si se baja por el Bosque de las Ánimas.

Desnivel: Se sale de 1.250 metros sobre el mar y se llega a 1.919. Considerando algunas pérdidas de altitud durante el camino, unos 800 metros positivos.

Cuánto se tarda: En época de verano (incluyendo esos seis kilómetros de más por la valla bajada), es prudente calcular siete horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas donde la valla te impide pasar. Sigues el camino y, en el cruce, vas hacia el Cortijo de Los Quejigales. Allí sale una pista hacia arriba, por la que bajaremos a la vuelta. Nada más cogerla, sale un desvío a la derecha, una senda. Esta senda es de una fuerte pendiente hasta el Puerto de los Pilones, desde donde se ve el Torrecilla. Hay que girar hacia la izquierda para crestear hasta llegar a una fuente. Se descansa, se bebe y se afronta la fuerte subida final.

Cima 66 de 68. Cáceres. Villuercas. 1.595 metros. 23-9-2020

Ya está cerca el final de este reto y, como siempre que se intuye un final, van aumentando las ganas de llegar hasta él. Pero nos lo seguiremos tomando con tranquilidad, disfrutando, y sin perder de vista el objetivo de completarlo antes de que acabe el presente 2020, por mucho que tantas dificultades se nos estén presentando.

La última cima de las más altas fue la de Cáceres, conseguida al tercer intento. Y ahora, la antepenúltima cima de las más prominentes también ha sido la de esta provincia extremeña.

Como sucede en otras provincias, en Cáceres hay mucha variación entre altura y prominencia de sus principales montañas. Su punto más elevado (Calvitero, 2.400) se encuentra muy cerca de otros todavía más altos situados en la vecina Salamanca (Canchal de la Ceja, 2.427), así que su prominencia es relativamente escasa.

Foto de cima

A cambio, la provincia de Cáceres tiene diseminadas por su geografía varias serranías quizás no muy altas pero sí de importante entidad propia, reflejo una vez más del carácter tan montañoso de todo el país en general. Cuántas veces se han sorprendido mis amigos a lo largo de este reto cuando les he comentado que iba a hacer montaña a ciertas provincias españolas.

De entre esas serranías, una de las más abruptas es la de Guadalupe, en la comarca de Las Villuercas. Su pico más alto se llama igual, Villuercas, no sé si el artículo es importante o no. Es el lugar más alto, además, de todos los Montes de Toledo, con una diferencia sobre el nivel del mar de 1.595 metros.

Poca altura, podría pensarse. Y en tan pocos metros, sin embargo, encierra una prominencia de casi un millar, una salvaje desproporción que da idea de la soledad y del aislamiento de esta zona tan hermosa de la provincia de Cáceres, el Geoparque de Villuercas-Ibores-Jara. Aquí, en agosto del año pasado, nacieron los primeros linces ibéricos en libertad, para constatar el éxito del programa de introducción de este felino en la zona.

Según veníamos, nos ha extrañado ver señales triangulares de peligro en la carretera, con un lince en su interior. Desafortunadamente, no hemos visto ninguno.

El ascenso a Las Villuercas se puede hacer fundamentalmente de tres maneras. La primera es a pie, como se supone que deben hacerse todas las montañas, para lo cual hay varias rutas senderistas. La segunda es en bicicleta, en un recorrido asfaltado (es decir, una carretera) en el que vienen marcados los once kilómetros con su diferencia de altura, su pendiente máxima y su pendiente media.

La nueva carretera, pensada para ciclistas

Y la tercera es en coche, por esa misma carretera con un firme en buenísimo estado ya que acaba de ser arreglada con un millón de euros de inversión. La razón por la cual hay una carretera que llega hasta la cima de la Sierra de Guadalupe es que allí hay una base militar ahora abandonada.

Cuando se abandonó, la carretera empezó a destrozarse, hasta que la Diputación Provincial de Cáceres decidió recuperarla para convertirla en una de las once carreteras paisajísticas de Extremadura. La inauguración del nuevo trazado fue el pasado 2 de julio, hace menos de tres meses, así que hemos sido unos afortunados.

Mari y los dos Sergios hemos salido de Soria cuando nuestras obligaciones laborales nos lo han permitido, a las 15.00 horas. Hemos cruzado las provincias de Guadalajara, Madrid y Toledo antes de entrar a la de Cáceres.

Nuestra única parada ha sido breve, porque queríamos llegar arriba con luz. Lo hemos conseguido, pero esa luz solar estaba acompañada de una niebla espesísima que nos ha impedido disfrutar de las impresionantes vistas que ofrece esta montaña, llamada también Risco de la Villuerca.

La carretera llega hasta la valla misma de la base militar. En otras ocasiones de este mismo reto, el vértice geodésico se encontraba dentro de la base. Aquí en Cáceres, por suerte, no ha sucedido eso.

Justo al final de la carretera sale una pequeña pista de hormigón y, en apenas un minuto, se alcanza el vértice. Hoy, es lo único que hemos visto, ese cilindro característico de las montañas, acompañado de un par de chozos de piedra y del antiguo helipuerto.

En cinco minutos hemos solucionado la cima. A la bajada, y a pesar del poco tiempo transcurrido, se ha ido despejando el paisaje. Aunque las nubes seguían tapando la cumbre, estaban ya algo más altas y hemos podido disfrutar de las vistas de un par de miradores, vistas que cuando subíamos no existían. También nos hemos detenido a ver si podíamos aprovechar los frutos de alguno de los numerosos castaños que bordean el camino, pero todavía es demasiado pronto.

Monasterio de Guadalupe

El último mirador, ya cerca de la ermita del Humilladero, está puesto a conciencia. Desde él se tiene una visión impresionante del lugar más famoso de toda esta zona, la localidad de Guadalupe, presidida por el monasterio de su mismo nombre, Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Tanto el monasterio como el propio pueblo de Guadalupe son una maravilla.

Aquí es donde nos alojamos hoy, un miércoles de septiembre, sin apenas visitantes, algo que seguramente no pueda decirse en verano y en los fines de semana, como puede adivinarse por la gran cantidad de negocios de hostelería que nos hemos encontrado en nuestro paseo nocturno antes de recogernos temprano.

En ese paseo nocturno, por cierto, se veía justo bajo la Luna la silueta perfectamente definida del Pico de Las Villuercas.

Punto de salida: Se llega en coche hasta arriba. La carretera sale de la ermita del Humilladero de Guadalupe.

Distancia: Ni cien metros. La carretera en sí tiene once kilómetros, para los que quieran subir en bicicleta.

Desnivel: Si se va hasta arriba en coche, se entiende que nada. Si se quiere salir desde abajo, hay casi 800 metros positivos.

Cuánto se tarda: Pues eso, lo que te diga el navegador que se tarda desde el lugar donde te encuentras hasta el Pico Villuercas (si pones solo ‘Villuercas’, te manda a otro sitio).

Explícame cómo se sube sin literatura: Es una cima a la que se puede llegar en coche. Desde que abrió hace un par de meses la carretera desde Guadalupe, esa es la ruta más lógica para los que decidan llegar hasta arriba sin esfuerzo.

Cima 65 de 68. Albacete. Almenara. 1.796 metros. 19-7-2020

Después de lesiones, enfermedades, agresiones, errores de cálculo, inclemencias meteorológicas, incompatibilidades de agenda con compañeros, espacios necesarios para otras actividades… ahora ha tenido que llegar una gran pandemia global, la del coronavirus, para frenar el avance de este reto al que ya solo le quedan tres muescas, después de haber tachado este domingo 19 de julio de 2020 el Almenara, la cima más alta de la Sierra de Alcaraz y el lugar más prominente de la provincia de Albacete.

Esta vez, la expedición ha estado conformada por cuatro personas, cuatro habituales. Ayer sábado salimos de Soria a las siete y media de la mañana José Luis, José Vicente y Sergio. Después de tomar un café, recogimos a Félix en Madrid a las diez de la mañana.

Comprobamos que la distancia con nuestro destino, Ruidera, era de poco más de dos horas, así que la hicimos de un tirón. Respetando el espíritu viajero del reto, ayer visitamos las lagunas de Ruidera, situadas a caballo entre las provincias de Ciudad Real y Albacete. Nos sorprendió tanto su belleza como la cantidad de gente que va a disfrutarlas en verano.

Esta mañana, nuevo madrugón. A las 6.30 han sonado nuestros relojes y poco después de las siete nos hemos puesto en marcha. Tras almorzar en Villanueva de la Fuente, nos hemos dirigido hacia Riópar. Poco antes de llegar a este pueblo, se gira a la izquierda para coger la carretera AB-415. Después de varias revueltas, se aparca en una de ellas justo después de pasar el kilómetro 191 hacia el 190. Apenas hay espacio para un par de coches.

En la cima

Allí ha empezado nuestra caminata, alrededor de las 9.30. Desde el lugar del aparcamiento sale una senda más bien ancha, evidente, apta incluso para todoterrenos. Es nuestra senda.

Es pronto pero ya va haciendo calor. Por suerte, todo ese primer tramo cuesta arriba transcurre entre pinos, en sombra. Después de ganar alrededor de un centenar de metros de desnivel en poco tiempo, llega un punto en el que toca perder algunos de ellos. Es el único tramo de bajada en toda la ida.

En ese punto llega el primer cruce, justo después de pasar un antiguo pozo. Hay que olvidarse de los caminos de la derecha y la izquierda y seguir de frente, por donde va una valla. Ya hace unos minutos que la senda se ha estrechado.

Este tramo parece una pequeña torrentera, aunque un día de julio como hoy parece difícil encontrárselo con agua. Aquí el desnivel es todavía escaso. Apenas subimos y sabemos que nos quedan todavía muchos metros que salvar. Ya llegará el momento.

El camino, marcado, gira ahora un poco a la derecha, hacia lo que parece otro torrente. Nos sorprende encontrarnos a un ciclista bajando por aquí, por un terreno muy técnico y lleno de ramas cortadas en alguna limpia forestal.

El grupo de Madrigueras

Esta parte se empina algo más, pero todavía no mucho. Aún hay árboles y, con ellos, sombra. El tramo finaliza en una pista que parece accesible para coches.  Suponemos que el ciclista habrá subido por allí y, si alguien quiere subir al Almenara andando lo menos posible, puede probar por esta vía.

No ha sido nuestro caso. Nada más llegar a la pista, nos toca abandonarla. Es a partir de ahora donde vamos a salvar en muy poco tiempo todo el desnivel que nos falta.

Este tramo final no tiene nada que ver con todo lo anterior. Para empezar, porque el reloj ya ha avanzado y el calor, con él. Además, los árboles y la sombra han desaparecido. Y para continuar, porque para llegar a la cima el camino ahora es empedrado y con un desnivel de verdad potente. Aquí nos hemos encontrado con un grupo de siete jóvenes de Madrigueras (Albacete) y con un corredor de montaña. El Almenara tiene movimiento.

Entre helechos

Como sucede con frecuencia en estos picos de final tan empinado, el vértice geodésico llega así de pronto.

Vaya vistas. Impresionante de verdad. Montañas y cresteríos por todos lados, y solo algunos cortijos a lo lejos. Algunos de esos cresteríos tienen en su cara norte altísimas paredes verticales. Hay algo de calima, ni una nube.

Hemos disfrutado de unos quince minutos en la cima, y podrían haber sido muchos más.

El regreso ha sido exactamente por el mismo sitio. El principio, por tanto, ha exigido cuidado, dentro de que el riesgo es casi nulo por esta ruta más allá de algún resbalón.

El tiempo de bajada ha sido casi el mismo que el de subida, poco más de una hora. El rato fuerte de calor lo hemos hecho de nuevo entre sombras. Poco antes de las doce estábamos otra vez en el coche.

Muy bonita ruta, con muchas posibles variantes como casi todas las de este largo proyecto que está a punto de cumplir siete años.

Nacimiento del río Mundo

Sabemos cuántas cimas faltan, tres: Burgos, Cáceres, Málaga. No sabemos cuánto tiempo le queda, pero seguimos manteniendo el objetivo inicial de terminarlo antes de que acabe 2020. No dependerá solo de nosotros, como todas las cosas, pero por nosotros no va a ser.

Hoy domingo, después de bajar del Almenara, hemos visitado el espectacular nacimiento del río Mundo y, ya en Ciudad Real, Villanueva de los Infantes, Manzanares para dejar a Félix en el tren y, a la caída de la tarde, Campo de Criptana y sus molinos que fueron y son gigantes.

Punto de salida: En una curva cerca del kilómetro 191 (yendo hacia el kilómetro 190) de la carretera AB-415.

Distancia: Siete kilómetros y medio. Hemos hecho una ruta completamente lineal.

Desnivel: 500 metros positivos, la gran mayoría a la ida, pero alrededor de medio centenar de ellos al regreso.

Cuánto se tarda: Hoy, dos horas y media. Una hora y poco para subir, 15 minutos para disfrutar de la cima, una hora y poco para bajar.

Explícame cómo se sube sin literatura: En el mismo lugar del aparcamiento sale una senda ancha hacia arriba. Desde ahí hasta la cima solo hay dos momentos de duda. Primero, a la media hora más o menos, en un cruce de caminos. Hay que seguir de frente, aunque parezca el camino menos claro. Y segundo, cuando se llega a la gran pista apta para coches. Desde aquí es fácil, ya que la pista baja en ambos sentidos, así que hay que girar a la izquierda hacia la cima, que en días claros como hoy se muestra evidente.

Cima 64 de 68. Cuenca. Collado Bajo. 1.840 metros. 26-1-2020

Nos decía anoche un vecino de Huerta del Marquesado, localidad en la que hemos pasado este fin de semana: “Si mañana tenéis suerte, desde arriba podréis ver la Sierra de Madrid y por el otro lado el Ranera y algunas montañas de Valencia”.

Esa es una de las características que suele acompañar a las montañas más prominentes, la excelencia de sus vistas siempre que el ascenso a ellas se produzca en días muy claros, no como el que hemos tenido este domingo.

De hecho, otro vecino del pueblo nos decía esta mañana mientras nosotros desayunábamos: “¿Pero de verdad vais a subir hoy? Que lo que aquí es agua, allí arriba es nieve…”.

En la cima

Es verdad que esta mañana caían cuatro gotas en el pueblo, pero las previsiones para las horas venideras eran buenas en cuanto a lluvia: cero por ciento. De hecho, el plan inicial era haber subido ayer sábado al Collado Bajo, el pico de mayor prominencia de la provincia de Cuenca, pero el grupo de este viaje era de tres personas y las tres teníamos libertad de elección entre los dos días del fin de semana para acometer la ascensión.

A las ocho de la mañana de ayer sábado quedamos en Soria José Vicente, Óscar y yo. Durante el viaje fuimos hablando de la conveniencia de aplazar la subida, pero que no tomaríamos la decisión hasta llegar al sitio, pues más de una vez nos ha sucedido que un cien por cien de posibilidad de lluvias no era sinónimo de llover y viceversa.

Esta vez sí. Cuando llegamos ayer a esta zona de la Serranía de Cuenca por la que nos hemos movido el fin de semana, la lluvia era intensa y desapacible, así que pronto decidimos retrasar un día el intento de cumbre. Ayer aprovechamos para visitar pueblos cercanos como Laguna del Marquesado o Cañete, este último sorprendente de bonito.

Pero ayer no fue tiempo perdido en lo que al reto se refiere. El inicio de la ruta que nos habíamos descargado parte de la Fuente de la Ardilla, en la pista forestal asfaltada que une Valdemeca con Huerta del Marquesado. En Tragacete nos dijeron que nos olvidáramos de pasar por allí, que con la gran nevada del martes la pista estaría sin limpiar, intransitable.

Un descanso

Aun así, cuando pasamos por el inicio de la misma, observamos que estaba limpia. Avanzamos un poco y vimos pasar un turismo. Le detuvimos con una señal y nos dijo el conductor, acompañado de su mujer e hijos, que en la pista había algo de nieve pero que habían pasado tantos coches que se podía circular sin problemas por las rodadas. Así era, y así comprobamos que hoy domingo podríamos llegar con nuestro coche al comienzo planeado de la caminata.

No hemos madrugado en exceso, porque habíamos quedado para que nos dieran de desayunar a las 9.30. Después de comer unos ‘prominentes’ lomos con huevos fritos, nos hemos despedido del pueblo y de nuestro alojamiento hasta la próxima.

En un cuarto de hora más o menos, de nuevo por la pista forestal, hemos llegado hasta la Fuente de la Ardilla, donde hemos aparcado.

Desde allí, el comienzo es fácil. Hay que seguir por la pista que sale a la izquierda, una pista en cuyo comienzo hay varias sillas y mesas para pasar un día de campo, un puente de madera, una especie de refugio y los clásicos paneles informativos.

Parada para la foto

En esta primera zona hemos pisado fundamentalmente barro y agua, con algo de nieve en las partes de umbría. Según íbamos subiendo, hemos comprobado que ha sido un acierto hacer la ruta con la ropa y el calzado de nieve, a pesar de que abajo parecía que podía ser un exceso de celo.

La marcha no tiene mayor complicación ni posibilidad de pérdida durante los dos primeros kilómetros y medio. Solo queda subir y subir, en algunos sitios con muy poco desnivel y en otros con buenos porcentajes. Dos o tres curvas son atrochables por senderos evidentes.

Todo cambia cuando esa pista de ascenso se cruza con otra pista, en aparentes mejores condiciones para los vehículos pero hoy ya totalmente tapada por la nieve. En ese punto es necesario elegir: girar a la derecha para seguir la pista que nos hemos cruzado o atravesarla para subir en línea recta, con lo que ello implica, al Collado Bajo.

Como es fácil imaginar, hemos votado la segunda opción. Además, hay una señal que marca esa posibilidad: ‘Cima Blume. 0’7 kilómetros’. Quien piense que setecientos metros son diez minutos o menos, se equivoca de plano.

A partir de ahí, el desnivel aumenta de manera más que sensible. A ello se ha sumado hoy que el espesor de la nieve cada vez era mayor según nos acercábamos a la cumbre, así que este tramo final ha sido muy sosegado por los resbalones y por los habituales hundimientos de los pies en los lugares de nieve cercanos a rocas o a plantas.

Piedras, árboles y nieve

Cerca de la cumbre hay una gran cruz de piedra. Es un recuerdo para las 28 personas fallecidas en el accidente de avión ocurrido en este punto el 29 de abril de 1959, aquel Vuelo 42 de Iberia entre cuyos pasajeros iba el gimnasta Joaquín Blume, uno de los mejores del mundo en aquella época y gran ídolo del deporte español.

El último sábado de abril, desde 2006, se organiza la Marcha Blume con salida y llegada en Huerta del Marquesado, con un recorrido de 16 kilómetros de ida y vuelta y a la que en 2019, por ejemplo, acudieron medio millar de andarines.

Tras parar para coger un poco de resuello y hacer fotografías de la cruz, en pocos minutos más llegamos a la cima del Collado Bajo o Cima Blume, el lugar más alto de esta Sierra de Valdemeca. Hoy no disfrutamos de un día del todo diáfano, pero aun así hay grandes vistas. Hasta nos ha nevado cinco minutos mientras hacíamos los correspondientes trámites cimeros.

Para bajar, y con el fin de evitar ese desnivel y posibles resbalones más peligrosos, hemos optado por girar a la derecha para ir descendiendo por la cresta hasta llegar a la pista que se une con la que hemos cruzado antes. Los setecientos metros se convierten ahora en tres kilómetros, pero merece la pena por conocer nuevos lugares y por disfrutar de una caminata tranquila.

El descenso desde el punto de reunión ya sí lo hemos hecho por el mismo camino que la subida. La marcha ha empezado a las 10.50 y ha terminado a las 13.20. Hemos coronado, hemos pisado nieve y apenas nos hemos mojado. La Serranía de Cuenca tiene miles de lugares y de senderos que merece la pena conocer, algo que nosotros hemos hecho con un par de ellos gracias a la existencia de este reto.

Punto de salida: Fuente de la Ardilla, situada en la pista forestal asfaltada que una Valdemeca y Huerta del Marquesado, a unos tres kilómetros del cruce entre esta pista y la carretera CM-2106 cerca de Valdemeca.

Distancia: Tres kilómetros de subida, cinco de bajada. Ocho.

Desnivel: Se sale de 1.380 metros, se corona a 1.840. Los descensos en el camino de ida son inapreciables, así que unos 460 metros positivos, quizás 500 para redondear.

Cuánto se tarda: Para subir hemos tardado una hora y media y para bajar, una hora.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de abandonar el coche en la explanada de la Fuente de la Ardilla, se camina durante algo más de dos kilómetros por la pista que asciende de manera continua y sin desvíos que induzcan a error. Cuando se llega al cruce con otra pista, o bien se sigue de frente para llegar a la cima después de setecientos metros o bien se gira a la derecha para seguir por esta pista, que da un rodeo pero que hace mucho más llevadera la subida.

Cima 63 de 68. Navarra. Beriain. 1.494 metros. 26-12-2019

Llevaba algún tiempo sin añadir ninguna muesca a este reto, algo más de tres meses. Han influido, como parte número uno, algunos viajes que he realizado en este tiempo fuera de España. Y, como parte dos, una fascitis plantar que me tiene aburrido me ha impedido desde el pasado mes de septiembre planear alguna escapada de un par de días o tres para seguir tachando cimas. Pensaba que los dolores se irían pasando, pero aquí siguen.

Desde que comenzó esta aventura en 2013, y con la única excepción de 2014 (Ecuador y el Cotopaxi tuvieron la culpa), una tradición innegociable ha sido realizar alguna excursión navideña para subir montañas. Esa tradición nos ha llevado generalmente al sur, salvo el año pasado que fuimos a Picos de Europa a hacer la Morra de Lechugales, aunque al final la tuvimos que aplazar a verano.

Para este 2019, y aunque todavía no estoy recuperado del pie, decidí participar un año más en el viaje navideño. Lo hemos hecho cerca, a Navarra, y ahora ya puedo decir que solo quedan cinco de las 68 cimas, después de haber hollado esta mañana una de las montañas más ‘montaña’ de la Comunidad Foral, el Beriain o San Donato, la cima más elevada de la preciosa e imponente Sierra de Andía y el lugar con mayor prominencia de toda Navarra con casi 900 metros.

Foto de cima

Hoy hemos podido comprobar sobre el terreno lo que ya habíamos leído, que el Beriain es una de las montañas más frecuentadas por los navarros y, por cercanía, los vascos. Las vacaciones navideñas han propiciado que hoy nos hayamos encontrado con bastantes personas tanto en el trayecto como en la cima, aunque muy lejos de poder decir que estaba masificada. Me imagino que el fin de semana o los días de verano sí habrá mucho más público cresteando por esta gran loma entre herbosa y rocosa de Andía.

Hay varias opciones para subir al Beriain. Nosotros, como es habitual, hemos elegido una de las normales, aunque supongo que algún día tendremos que regresar para afrontar la grieta de Ihurbain.

A las 6.45 de la mañana hemos quedado en Soria, en la gasolinera del San Andrés. Cristina, Félix, José Vicente y yo hemos subido en la furgoneta de alquiler. En el bar de la gasolinera estaban José Luis, Mari, Roberto y Sergio. Tras un café rápido, hemos salido hasta nuestro punto de salida de la ruta, Unanua o Unanu. En total, ocho personas.

Desde Unanua hay una pista por la que se puede avanzar algo más en coche, casi un par de kilómetros. Nosotros, con la furgoneta, hemos estimado preferible aparcar justo a la salida del pueblo.

Tampoco viene mal, porque de este modo ese primer tramo de dos kilómetros se realiza por esa pista, ganando con suavidad los primeros metros de desnivel.

Ya desde el inicio de la marcha, a nuestra izquierda y de frente, vamos viendo allá muy arriba la gran Proa de San Donato, así que sabemos que pronto tendremos que abandonar esa pista.

Debajo de la gran montaña hacia la que nos dirigimos

Si nadie sabe el camino o nadie lleva la ruta grabada, algo que en estos tiempos ya parece improbable, hay que tener cuidado de buscar a la izquierda una senda, marcada con un hito de mediana altura.

En ese punto empieza lo que sabíamos que nos esperaba, una gran cuesta arriba que iremos afrontando despacio antes de llegar a la loma cimera.

Lo que no esperábamos era el tipo de terreno por el que iríamos avanzando: mucho barro, piedras puntiagudas, modestos regatos formados por las últimas lluvias… Ahí empezamos a decidir que bajar por ese mismo camino sería sinónimo de andar todo el rato resbalándonos y, seguramente, cayéndonos.

A mitad de subida, justo después de encontrarnos un par de trabajadores tratando de arreglar una especie de fuente, hay que hacer otro breve giro a la izquierda para encarar el tramo final. El desnivel es el mismo o incluso superior pero, a cambio, el terreno ya no resbala. En ese momento nos planteamos, a la bajada, acercarnos a conocer una altísima cascada que vemos a nuestra izquierda, justo en el morro de la sierra: al final lo descartamos y nos conformamos con verla desde donde estábamos.

Despacio y sin más pausas que las necesarias, llegamos a la planicie. El desnivel está salvado, y ahora la única mala noticia es que el espléndido sol que nos marcaban las previsiones no está por ningún lado. Solo hay niebla, así que nos perdemos esas impresionantes vistas de los valles, los Pirineos, nuestro Moncayo…

En breves minutos llegamos a la ermita de San Donato y San Cayetano, ermita que nos depara una gran alegría. El edificio está dividido en dos. Por un lado, la capilla dedicada a estos dos santos. Por otro, un refugio muy cuidado, con un par de mesas de piedra y bancadas del mismo material a ambos lados.

La ermita

Eso nos ha ahorrado pasar penurias para comernos los bocadillos, porque la niebla, la altitud y el hecho de que estamos en pleno invierno ya habían conseguido bajar la sensación térmica varios grados, lo que notábamos sobre todo en nuestras manos.

En la media hora o más que hemos permanecido en el refugio-ermita hemos compartido el espacio con otros varios montañeros. A uno de ellos le hemos engañado para salir a hacernos la fotografía de los ocho en la cima. La ermita está a menos de un minuto del vértice geodésico, en el que hemos vuelto a desplegar la bandera de Soria que también lleva ya unas cuantas cimas con nosotros.

En el rato de la ermita hemos tomado la decisión de hacer el regreso por un camino mucho más largo (catorce kilómetros frente a los seis de la subida), motivados por tres razones: la ausencia de prisa, el deseo de hacer la ruta circular para conocer más lugares y lo peligrosa que intuíamos estaría la bajada.

Este otro camino de regreso implica desandar unos pocos metros hasta la ermita y, desde allí, seguir avanzando en el mismo sentido que traíamos, dejando a nuestra derecha unos farallones altísimos y completamente verticales.

Para salvarlos hemos tenido que andar cinco kilómetros en la dirección opuesta hacia Unanua, pero al menos el camino era bueno. Pasados esos cinco kilómetros, el mismo camino hace un giro de herradura de 180 grados para ir, ahora ya sí, en línea recta hacia donde teníamos el coche, dejando nuevamente los grandes cortados rocosos a nuestra derecha, pero ahora muchos metros por encima de nosotros.

Este tramo final empieza por un valle verdísimo y continúa por un hayedo espectacular. En esta parte del camino hemos visto la única señal de que estábamos en el Parque Natural de Urbasa-Andía. Después de algo más de una hora de caminata bajo la montaña, nos hemos reencontrado con el camino de subida. Desde ahí hasta la furgoneta ya han sido apenas diez minutos más.

El espectacular paisaje de la zona

Nos vamos encantados con la caminata, por cómo ha respondido el pie (lejos del cien por cien) y porque la distancia entre San Donato y Soria nos permitirá regresar un día en el que sepamos a ciencia cierta que vamos a subir sin niebla. Además, hay compañeros que han estado a punto de venir y que no han podido al final. Intentaremos volver con ellos.

Esta vez, nuestro campo base lo hemos situado en Irurzun, donde hemos vivido un reencuentro soriano con el exnumantino Txomin Nagore, cuyo hotel nos ha servido de alojamiento durante nuestra estancia en tierras navarras.

Dejamos para 2020 las cinco últimas montañas. Estamos en plazo.

Punto de salida: Unanu o Unanua, a unos metros del pueblo.

Distancia: Nos ha salido una ruta curiosa de unos 20 kilómetros, seis de subida y catorce de bajada.

Desnivel: Unos 900 metros positivos. La ida es casi enteramente cuesta arriba salvo una pequeña bajada en la cresta.

Cuánto se tarda: De furgoneta a furgoneta nos han salido seis horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en el camino que sale de Unanua hacia la montaña. Sigues dos kilómetros por esa pista, apta para coches. Hay que estar atento para ver cuándo hay que girar la izquierda por una estrecha senda. Está marcada por un hito. A partir de ahí, sin pérdida, solo hay que salvar el fuerte desnivel hasta llegar a la loma. Para llegar a la cima del Beriain hay que andar unos cuantos minutos hacia la derecha.

Cima 62 de 68. Valencia. Mondúver. 843 metros. 2-9-2019

Después de la nutridísima expedición para subir a la cántabra Morra de Lechugales a principios del pasado mes de agosto, en la mañana de hoy lunes he completado en solitario la trilogía de las montañas levantinas que faltaban: Almería, Murcia y, ahora, Valencia.

Como avisé al término de la pasada crónica, la razón por la cual he bajado estos días a esta parte de España es, una vez más, el atletismo. Este fin de semana se ha celebrado en la localidad alicantina de La Nucía el Campeonato de España Absoluto. Nos hemos alojado en Calpe, a una media hora, así que he aprovechado el viaje para dejar el reto a tiro de seis.

Después del gran calor que un hombre del norte ha pasado en su estancia por aquí, no podía esperarme cómo se ha levantado la mañana en Calpe: lloviendo y fresca. Calpe está a una hora de mi objetivo de hoy, el Mondúver, pero no tenía mucha apariencia de que a esa distancia las cosas fueran a estar mucho mejor. Y eso que mi miedo de esta cumbre era hacerla con mucho calor, porque no iba a madrugar mucho esta mañana después de lo tarde que acabó ayer el Campeonato de Atletismo.

Foto cimera

Varios factores me habían ayudado a decidir que mi ascensión al Mondúver iba a ser lo más corta posible: el hecho de haber subido tres montañas en los últimos cuatro días (a los picos de Almería y Murcia sumamos el Peñón de Ifach en Calpe con Nacho y Raúl ayer domingo), las ganas de no regresar muy tarde a Soria, la existencia de una posible carretera hacia la cima, y lo que ya he comentado más veces, que este es un reto tan viajero como montañero y que no obliga a que las ascensiones tengan ningún mínimo de kilómetros o minutos. A todo ello se ha añadido esta mañana la lluvia, así que ahora me tocaba investigar cómo subir.

La cima del Mondúver está dentro del término municipal de Xeresa. De hecho, una ruta realmente montañera y bonita parte desde este pueblo para salvar un importante desnivel, impensable en una montaña de 843 metros. Parece estar bien señalizada, por lo menos en la parte que coincide con lo que he hecho yo este mediodía.

El Mondúver, como tantas cimas, tiene varias antenas, además de una caseta de vigilancia contra incendios, así que estaba claro que se podía subir en coche. Para esto es necesario salir desde la urbanización La Drova, dentro del término de Barx, todo ello dentro de la comarca valenciana de la Safor.

Según se va de Gandía a Barx, se pasa el puerto llamado también de La Drova y se llega a la urbanización. Está rodeada de montañas. Hay que meterse cerca del final de La Drova y girar a la derecha. De camino, le he preguntado a la única señora que me he encontrado. Me ha explicado que la vía sí está asfaltada pero que hay un momento en el que ya no está permitido pasar en coche.

La antigua senda

Callejeando un poco se termina llegando al comienzo de la ‘carretera’ que sube al Mondúver. Todavía voy en el coche y tengo que meter primera. En la web de ‘Altimetrías’ leo que en los cuatro kilómetros que hay entre la urbanización y la cima hay varios puntos por encima del 15% y alguno que alcanza el 23%.

Nada más que dejo La Drova, la carretera se vuelve más estrecha y arriba se ve todo nublado. Me temo que no voy a disfrutar de las privilegiadas vistas del Mediterráneo, situado a apenas siete kilómetros, algo que sí habría sido posible en cualquiera de los días anteriores. Esto me recuerda a subidas anteriores como el Pico del Lobo, La Tiñosa, el Iroite y quizás algún otro.

Además, llueve un poco todavía. Como me ha dicho la señora, a los dos kilómetros de ascenso aparece una señal de prohibido seguir circulando salvo a vehículos autorizados. No es mi caso. En ese punto, el firme también cambia, pasa de ser asfalto a cemento, y se estrecha todavía otro poco más si eso parece posible.

La ruta en bicicleta

Por todo ello, ni he dudado en aparcar en el pequeño ensanchamiento que hay allí. Sabía que iba a salir del coche sí o sí, pero me he hecho el remolón unos minutos por si dejaba de llover.

Al final, eran cuatro gotas que han desaparecido a los pocos minutos. El ascenso es por la carretera, si bien varias curvas pueden evitarse siguiendo la antigua senda de subida al Mondúver. Son breves tramos de pocos metros pero de un desnivel que no estará lejos del 30% y hoy, además, un poco resbaladizos. De subida he cogido todos estos atajos, tres.

Casi sin darme cuenta por culpa de la espesa niebla, me he encontrado de repente con las antenas y con un coche de algún trabajador de las mismas. No he coincidido con esa persona. Hay algunos carteles explicativos y unas escaleras que suben. A por ellas voy.

A su término, pocos segundos después, veo por fin el vértice geodésico y no mucho más. Es lo que toca. Me atrevo a decir que las vistas tienen que ser espectaculares: montañas, pueblos y el mar. Hoy, el bosque mediterráneo parecía un bosque tropical, porque la temperatura rondaba los 25 grados.

Ruta desde Xeresa

El camino de bajada lo he hecho por la carretera, unos dos kilómetros. Cuando estaba a punto de llegar al coche, me he encontrado con un ciclista que subía como podía metiendo riñones y plato pequeño. Y justo después de montarme en el coche me he encontrado con un corredor de montaña entrenando, también a un ritmo más bien sosegado.

Toda esta zona de Valencia me ha parecido preciosa, al lado de Gandía, en plena Ruta de los Monasterios y muy montuna. Como en tantos sitios me está pasando, me la apunto para, alguna vez, pasar en ella algunos días si es que cuadra.

Punto de salida: La pista asfaltada que sube de La Drova a la cima.

Distancia: Unos cuatro kilómetros desde donde se puede pasar en coche (contando ida y vuelta y redondeando por arriba).

Desnivel: No hay mucha distancia pero aprieta. Unos 200 metros positivos. Desde La Drova o desde Xeresa, bastantes más.

Cuánto se tarda: No estaba el día para pasar mucho rato en la cima. Me ha costado 50 minutos en total.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas donde pone una señal que no se puede pasar. Desde ahí, solo hay que subir la carretera. No hay desvíos, pero sí atajos bien señalizados para evitar algunas curvas.

Cima 61 de 68. Murcia. Carrascoy Occidental. 1.064 metros. 30-8-2019

La cima más prominente de Murcia tiene una característica que probablemente la convierta en única dentro de este reto: se encuentra en el término municipal de la capital de la provincia. Viendo las modestas pedanías de la zona y sus más modestos y desperdigados caseríos, bajo robustas montañas, no es fácil intuir que pertenecen al Ayuntamiento capitalino, el séptimo más poblado de España, con una gran riqueza de fauna, sobre todo de rapaces. Yo solo he visto gran cantidad de conejos y perdices, de los que ninguno ha querido posar.

Pero así es. La Sierra de Carrascoy, culminada por tres picos de similar altura (1.061, 1.062 y 1.064 metros), pertenece a Murcia capital y divide el término municipal en dos: al norte se encuentra la famosa Huerta de Murcia y al sur, el llamado Campo de Murcia, perteneciente a la comarca del Campo de Cartagena.

Yo he accedido por el sur, por este Campo de Murcia. Desde la ciudad se recorren unos cuantos kilómetros de autovía, se sale por Corvera y se llega después hasta la pequeña localidad de La Murta. Pero el núcleo principal de La Murta todavía está lejos del origen de la falda de la montaña.

Autofoto de cima

Por ello, he seguido con el coche a través de un camino local muy estrecho y asfaltado que atraviesa varias casas: Molinillo, Victoriana y de los Monreales. En esta última, o mejor dicho un par de centenares de metros antes, he aparcado.

Igual que ayer, he madrugado bastante, sobre todo para evitar el calor. He empezado a andar a las 7.40. La ruta de hoy se resume de una manera muy sencilla: un trozo de pista, un trozo de senda, otro de pista, otro de senda y uno último, por supuesto, de pista.

Como la noche la he pasado entre la habitación y el baño (quizás un batido de chocolate que tiré a la basura después del primer trago, quizás los sudores combinados con el aire del coche), esta mañana no estaba pletórico de fuerzas. Al menos, no me ha faltado la más importante, la de voluntad para despertarme y ver si tenía ganas de andar.

Así ha sido y, además, el dios de las montañas ha permitido que el papel higiénico no haya salido de la mochila en toda la ruta.

Al empezar a andar, la temperatura tan agradable y el desnivel todavía suave me han ido entonando. Como decía, al principio hay un trozo de pista de unos 400 metros. Entonces sale una senda a la izquierda, marcada por hitos, que atraviesa almendros y algún río seco antes de llegar al lugar llamado La Casica.

Aquí se coge el segundo tramo de pista, girando a la derecha. De esta pista salen algunos caminos a ambos lados pero hay que olvidarse de ellos, ya que se dirigen a otras casas de campo. De hecho, la pista por la que vamos llega un momento en el que desaparece y se transforma directamente en el segundo tramo de senda sin necesidad de desviarse, solo continuándola.

Amanecer

Esta parte es la más bonita de toda la ruta y la que más sentido le da. Durante algo menos de un kilómetro, la senda transcurre entre pinos y manteniendo siempre a la derecha un barranco. Se gana altura con rapidez, mientras se van dejando a ambos lados algunas montañas más aéreas y cerradas.

Cerca del final de esta subida, todavía en sombra, me he detenido a seguir reponiendo fuerzas con unos buenos tragos de agua fresca y unos buenos puñados de frutos secos.

Ya estoy casi en la parte final, en el tercer y último tramo de pista, que realmente es una carretera de muy mal asfalto para llegar a las tres cimas citadas al principio del texto. ¿Por qué hace falta una carretera? Porque en estos tres picos hay una gran cantidad de antenas que necesitan mantenimiento.

La mayoría de las rutas que pueden encontrarse en internet recorren las tres cimas. Ello implica pequeños alejamientos de la pista principal, nada grave, pero yo he preferido centrarme en el objetivo, el Carrascoy Occidental, el que todas las últimas mediciones confirman como el más alto, lo que no significa que pasado mañana no pueda adelantarle alguno de sus dos ‘rivales’, como tantas veces pasa en el mundo de la montaña.

De hecho, e igual que pasó ayer, el vértice geodésico está en el pico llamado Carrascoy, como el hermano pequeño de la gran cantidad de antenas que lo rodean. En el Occidental tampoco hay ninguna placa con el nombre ni nada especialmente significativo más allá de esas antenas.

Lagartija al sol

He optado por bajar por el mismo sitio. Si en la subida iba dejando el mar a mi espalda, ahora lo veía todo el rato de frente, aunque no muy claro por la obcecación del sol en salir siempre por el Mediterráneo.

Aun así, me ha dado oportunidad de ver una montaña solitaria en mitad de la nada, muy cerca del mar. Luego he comprobado que es el Cabezo Gordo, una mole de más de 300 metros rodeada solo por tierra plana y al nivel del mar. Me ha parecido muy curioso.

He hecho una segunda parada para comer y beber y, cuando me he querido dar cuenta, ya estaba de nuevo en La Casica: nuevo giro a la izquierda para coger la senda y última curva a la derecha para el tramo final de pista, el mismo por el que he empezado a caminar a las 7.40 de la mañana, cuando todavía el día estaba en verdad agradable.

Algunos os preguntaréis: “Con la de meses que tiene el año, ¿por qué elegir agosto para ir a Murcia (a subir montañas)”. La solución, en la cima 62.

Punto de salida: A 200 metros de la Casa de los Monreales.

Distancia: Con los atroches, me habrán salido algo más de 11.

Desnivel: El coche estaba a algo menos de 500 metros y se llega a 1.064. Además, el desnivel de avance en la ida es negativo dos o tres veces. Unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Me ha costado tres horas y veinte minutos de coche a coche.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas donde pone en el punto de salida. Ahí sale una pista y, a los 400 metros, coges la senda que sale a la izquierda. Termina en la construcción llamada La Casica. Ahí, giras a la derecha por la pista, que se termina transformando en senda y sube sin desvíos hasta las tres cimas de la Sierra de Carrascoy.