Cima 67 de 68. Málaga. Torrecilla. 1.919 metros. 26-9-2020

El mismo grupo de tres personas que subió hace tres días a lomos de su coche al Pico Villuercas, en Cáceres, ha necesitado este sábado andar más de 20 kilómetros para coronar el Torrecilla, el pico más prominente de la provincia de Málaga y el quinto más prominente de la península Ibérica después de cuatro monstruos como son el Mulhacén, el Aneto, el Torre Cerredo y el Almanzor (Mendikat).

Ello no le permite ser el lugar más elevado de la provincia de Málaga, pero sí de la Sierra de las Nieves, un lugar desde el que este mediodía hemos visto el Peñón de Gibraltar, las primeras montañas de África y las nubes que ocultan Sierra Nevada.

Es el Torrecilla, por tanto, una gran montaña, para lo cual no necesita alcanzar los 2.000 metros sobre el cercano mar. Es un hito obligado para todos esos miles de personas que aman las montañas en el sur del país, como hemos podido comprobar en nuestra larga caminata de hoy, beneficiada por unas condiciones que multiplican el disfrute de la ruta: sol y calor aceptable.

En la cima

La ruta más habitual empieza en el Cortijo de Los Quejigales, y desde ahí nos habíamos bajado la ruta que teníamos planeado seguir. Hoy, sin embargo, no se podía llegar en coche hasta ese comienzo de la ruta descargada.

En verano, y hasta el 15 de octubre, el acceso está prohibido para reducir el riesgo de incendios forestales. Es más, si las lluvias escasean hasta ese 15 de octubre, la valla continuará bajada.

Eso significa que hay que andar tres kilómetros más a la ida… y esos mismos tres a la vuelta, cuando ya estaremos cansados y acalorados. El final ha sido muy distinto a lo que podríamos imaginar entonces. Ya llegaremos.

A la media hora de andar hemos alcanzado el Cortijo. Allí nos hemos encontrado un fotógrafo y un cámara haciendo un trabajo para el Parque Natural Sierra de las Nieves, que en breve quiere ser Nacional. Nos han pedido que hagamos de modelos mientras fotografiábamos los caballos salvajes que habitan esta zona.

Poco después del Cortijo hay que elegir la ruta de subida hasta el pico. Nada más coger la pista, un gran cartel indica a la derecha la presencia de un pequeño puente que cruza el arroyo paralelo a la pista. Lo lógico es cruzar ese puente para subir al Torrecilla por el camino más corto.

Nada más cruzar ese puente, el camino se convierte en una estrecha y empinada senda que durante un buen rato asciende entre pinsapos. Hitos de madera con marcas verdes y blancas (luego se incorporarán las amarillas) indican que este es el camino ‘oficial’ de subida.

Tras ese calentón continuado, se llega al Puerto de los Pilones. Allí vemos dos furgonetas aparcadas, que han subido por una pista en buen estado, una pista que necesita permisos especiales para rodarla.

Desde ese mismo Puerto de los Pilones se ve también, por primera vez, el Torrecilla. Es muy grande. Se le ve justo enfrente. Pero no es tan sencillo como seguir recto hasta él. Entre nuestros ojos y nuestro objetivo hay demasiadas quebradas, barrancos, riscos… Es necesario bordearlos.

Empiezan aquí unos tres kilómetros de suaves pendientes e incluso de bajadas, para recuperar las fuerzas gastadas en la primera subida y para acumular algunas otras pensando en la subida final.

Este trayecto relativamente llano termina en una fuente que nace de una roca, canalizada en un pilón desde el que se tiene una visión impresionante del montañón que es el Torrecilla.

Lo normal es que todo el mundo que vaya con tranquilidad a este monte descanse unos minutos aquí y beba agua. En el pilón empieza la subida final. Allí vemos a mucha gente que sube y que baja, todos ellos muy despacio.

Ese último tramo de ascenso es también muy empinado, así que ya sabemos lo que nos toca. No hay problema. Poquito a poco, salvamos sin problema el desnivel y llegamos a la cima del Torrecilla, a priori la penúltima cima de este reto. Puede haber una sorpresa.

Relax cimero

Las vistas desde el Torrecilla son impresionantes, y eso que hay algo de calima. En los 360 grados se ven gran cantidad de pueblos y montañas. Málaga es una de las provincias más montañosas de España. A lo lejos, lo ya señalado, las nubes que cubren Sierra Nevada, Gibraltar y algunas de las elevaciones marroquíes situadas cerca de Ceuta.

Hemos estado una hora en la cumbre, entre fotos, bocadillo y relajación. Aunque nos habría gustado apretar un botón que nos depositara al instante en el coche, nos ha tocado levantarnos y empezar a desandar parte de lo andado.

La bajada hasta la fuente hay que hacerla con cuidado. Desde ahí, tomamos de nuevo el camino más bien llano que nos habría conducido hasta el Puerto de los Pilones si hubiéramos vuelto tal cual por donde habíamos subido.

Sin embargo, como nos habían recomendado, al llegar al gran pozo de nieve restaurado nos hemos desviado a la derecha para bajar por el llamado Bosque de las Ánimas. Ese desvío supone caminar un kilómetro y medio más, pero merece la pena. Este bosque es otro pinsapar con ejemplares de inmenso tamaño, muchos de ellos atacados por un hongo que poco a poco los mata y los derriba, lo que aumenta la visión fantasmagórica del conjunto.

Bosque de las Ánimas

Este camino está marcado con los clásicos hitos de piedrecitas, y en una de las revueltas nos hemos perdido durante cinco minutos.

De regreso al camino, nos hemos encontrado por cuarta vez con el grupo de cuatro amigos sevillanos (Diego, Ignacio, José, Manolo) con quienes ya habíamos estado en la fuente, en la cima y en el pozo de nieve. Ya, desde ahí, no nos hemos separado más. Gracias a ello nos han enseñado un precioso mirador al final del pinsapar.

Poco después de ese mirador enganchamos una pista que nos lleva hasta al Cortijo de Los Quejigales, y ahí empiezan los tres kilómetros de propina hasta el coche.

Con el vehículo recorremos otros siete kilómetros de camino y, cuando salimos a la carretera, nos encontramos de nuevo con el grupo sevillano en el primer bar para tomar algo y despedirnos hasta más ver.

Ellos van a Sevilla y nosotros a Ronda, donde hemos pernoctado tres días para ver también el Caminito del Rey, Setenil de las Bodegas (Cádiz) y, por supuesto, la ciudad del gran tajo.

Mañana domingo, regreso hasta Soria para reiniciar nuestras rutinas y para empezar a pensar cuándo podremos afrontar el, de nuevo a priori, último monte del reto.

Punto de salida: Cortijo de Los Quejigales. Hasta el 15 de octubre, una valla corta el camino tres kilómetros antes de llegar a él.

Distancia: Si la valla está cortada como ha sido nuestro caso, alrededor de 21 kilómetros. Fuera de la época de verano o de riesgo de incendios, unos 16 si se baja por el Bosque de las Ánimas.

Desnivel: Se sale de 1.250 metros sobre el mar y se llega a 1.919. Considerando algunas pérdidas de altitud durante el camino, unos 800 metros positivos.

Cuánto se tarda: En época de verano (incluyendo esos seis kilómetros de más por la valla bajada), es prudente calcular siete horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas donde la valla te impide pasar. Sigues el camino y, en el cruce, vas hacia el Cortijo de los Quejigales. Allí sale una pista hacia arriba, por la que bajaremos a la vuelta. Nada más cogerla, sale un desvío a la derecha, una senda. Esta senda es de una fuerte pendiente hasta el Puerto de los Pilones, desde donde se ve el Torrecilla. Hay que girar hacia la izquierda para crestear hasta llegar a una fuente. Se descansa, se bebe y se afronta la fuerte subida final.

Cima 66 de 68. Cáceres. Villuercas. 1.595 metros. 23-9-2020

Ya está cerca el final de este reto y, como siempre que se intuye un final, van aumentando las ganas de llegar hasta él. Pero nos lo seguiremos tomando con tranquilidad, disfrutando, y sin perder de vista el objetivo de acabarlo antes de que acabe el presente 2020, por mucho que tantas dificultades se nos estén presentando.

La última cima de las más altas fue la de Cáceres, conseguida al tercer intento. Y ahora, la antepenúltima cima de las más prominentes también ha sido la de esta provincia extremeña.

Como sucede en otras provincias, en Cáceres hay mucha variación entre altura y prominencia de sus principales montañas. Su punto más elevado (Calvitero, 2.400) se encuentra muy cerca de otros todavía más altos situados en la vecina Salamanca (Canchal de la Ceja, 2.427), así que su prominencia es relativamente escasa.

Foto de cima

A cambio, la provincia de Cáceres tiene diseminadas por su geografía varias serranías quizás no muy altas pero sí de importante entidad propia, reflejo una vez más del carácter tan montañoso de todo el país en general. Cuántas veces se han sorprendido mis amigos a lo largo de este reto cuando les he comentado que iba a hacer montaña a ciertas provincias españolas.

De entra esas serranías, una de las más abruptas es la de Guadalupe, en la comarca de Las Villuercas. Su pico más alto se llama igual, Villuercas, no sé si el artículo es importante o no. Es el lugar más alto, además, de todos los Montes de Toledo, con una diferencia sobre el nivel del mar de 1.595 metros.

Poca altura, podría pensarse. Y en tan pocos metros, sin embargo, encierra una prominencia de casi un millar, una salvaje desproporción que da idea de la soledad y del aislamiento de esta zona tan hermosa de la provincia de Cáceres, el Geoparque de Villuercas-Ibores-La Jara. Aquí, en agosto del año pasado, nacieron los primeros linces ibéricos en libertad, para constatar el éxito del programa de introducción de este felino en la zona.

Según veníamos, nos ha extrañado ver señales triangulares de peligro en la carretera, con un lince en su interior. Desafortunadamente, no hemos visto ninguno.

El ascenso a Las Villuercas se puede hacer fundamentalmente de tres maneras. La primera es a pie, como se supone que deben hacerse todas las montañas, para lo cual hay varias rutas senderistas. La segunda es en bicicleta, en un recorrido asfaltado (es decir, una carretera) en el que vienen marcados los once kilómetros con su diferencia de altura, su pendiente máxima y su pendiente media.

La nueva carretera, pensada para ciclistas

Y la tercera es en coche, por esa misma carretera con un firme en buenísimo estado ya que acaba de ser arreglada con un millón de euros de inversión. La razón por la cual hay una carretera que llega hasta la cima de la Sierra de Guadalupe es que allí hay una base militar ahora abandonada.

Cuando se abandonó, la carretera empezó a destrozarse, hasta que la Diputación Provincial de Cáceres decidió recuperarla para convertirla en una de las once carreteras paisajísticas de Extremadura. La inauguración del nuevo trazado fue el pasado 2 de julio, hace menos de tres meses, así que hemos sido unos afortunados.

Mari y los dos Sergios hemos salido de Soria cuando nuestras obligaciones laborales nos lo han permitido, a las 15.00 horas. Hemos cruzado las provincias de Guadalajara, Madrid y Toledo antes de entrar a la de Cáceres.

Nuestra única parada ha sido breve, porque queríamos llegar arriba con luz. Lo hemos conseguido, pero esa luz solar estaba acompañada de una niebla espesísima que nos ha impedido disfrutar de las impresionantes vistas que ofrece esta montaña, llamada también Risco de la Villuerca.

La carretera llega hasta la valla misma de la base militar. En otras ocasiones de este mismo reto, el vértice geodésico se encontraba dentro de la base. Aquí en Cáceres, por suerte, no ha sucedido eso.

Justo al final de la carretera sale una pequeña pista de hormigón y, en apenas un minuto, se alcanza el vértice. Hoy, es lo único que hemos visto, ese cilindro característico de las montañas, acompañado de un par de chozos de piedra y del antiguo helipuerto.

En cinco minutos hemos solucionado la cima. A la bajada, y a pesar del poco tiempo transcurrido, se ha ido despejando el paisaje. Aunque las nubes seguían tapando la cumbre, estaban ya algo más altas y hemos podido disfrutar de las vistas de un par de miradores, vistas que cuando subíamos no existían. También nos hemos detenido a ver si podíamos aprovechar los frutos de alguno de los numerosos castaños que bordean el camino, pero todavía es demasiado pronto.

Monasterio de Guadalupe

El último mirador, ya cerca de la ermita del Humilladero, está puesto a conciencia. Desde él se tiene una visión impresionante del lugar más famoso de toda esta zona, la localidad de Guadalupe, presidida por el monasterio de su mismo nombre. Tanto el monasterio como el propio pueblo de Guadalupe son una maravilla.

Aquí es donde nos alojamos hoy, un miércoles de septiembre, sin apenas visitantes, algo que seguramente no pueda decirse en verano y en los fines de semana, como puede adivinarse por la gran cantidad de negocios de hostelería que nos hemos encontrado en nuestro paseo nocturno antes de recogernos temprano.

En ese paseo nocturno, por cierto, se veía justo bajo la Luna la silueta perfectamente definida del Pico de Las Villuercas.

Punto de salida: Se llega en coche hasta arriba. La carretera sale de la ermita del Humilladero de Guadalupe.

Distancia: Ni cien metros. La carretera en sí tiene once kilómetros, para los que quieran subir en bicicleta.

Desnivel: Si se va hasta arriba en coche, se entiende que nada. Si se quiere salir desde abajo, hay casi 800 metros positivos.

Cuánto se tarda: Pues eso, lo que te diga el navegador que se tarda desde el lugar donde te encuentras hasta el Pico Villuercas (si pones solo ‘Villuercas’, te manda a otro sitio).

Explícame cómo se sube sin literatura: Es una cima a la que se puede llegar en coche. Desde que abrió hace un par de meses la carretera desde Guadalupe, esa es la ruta más lógica para los que decidan llegar hasta arriba sin esfuerzo.