Cima 50 de 68. Ciudad Real. La Bañuela. 1.332 metros. 16-9-2018

¿Cuál es la cima más alta de Sierra Morena?

No mucha gente será capaz de dar la respuesta correcta. Casi todo el mundo sabe varias cosas de esta sierra: que en su día hubo bandoleros, que hoy hay linces, que cierra la Meseta por el sur para separar Castilla de Andalucía y que huele a aceite de oliva.

Pero de ahí a decir el nombre de su montaña más elevada…

Gracias a esta ampliación, yo lo he aprendido y la he subido, con bastantes más complicaciones de las esperadas por haber salido por la tarde y por un pequeño error de orientación que contaré dentro de unos párrafos.

Como dice el título, el pico más alto de Sierra Morena, y a la vez el más prominente de Ciudad Real, es La Bañuela, situada en la Sierra Madrona, un paraíso de fauna, de flora, de paisaje y de pueblos bonitos.

Entre las dos Bañuelas

Esta mañana he volado de Melilla a Málaga. Tenía el coche en el aeropuerto, y en poco más de dos horas he llegado a comer a Cardeña, el último pueblo de Córdoba, muy ambientado hoy domingo y con unas carnes a la brasa dignas de una visita exclusiva para ello.

De Cardeña he pasado ya a la provincia de Ciudad Real, a Fuencaliente, también un bonito pueblo con las casas colgadas de la montaña. Allí he llenado la cantimplora, algo que luego he agradecido infinito.

El punto de partida para la ascensión a La Bañuela es Peña Escrita, unos abrigos rocosos con pinturas rupestres situados a cuatro kilómetros de la localidad. Para llegar allí, si se sale de Fuencaliente, hay que coger la carretera de Puertollano y a los dos kilómetros sale una carretera a la derecha.

Esa carretera se sigue otros dos kilómetros aproximadamente. Está casi toda asfaltada y no hay mucha pérdida porque hay que llegar hasta el final de la misma. Ya avisa de que es el aparcamiento de Peña Escrita, y una barrera impide continuar.

Las pinturas rupestres se ven desde el aparcamiento, un poco por encima, a unos cinco o diez minutos a pie. Entre unas cosas y otras, eran casi las cinco y media de la tarde, así que he preferido postergar la visita cultural para la vuelta. De los pocos aciertos del día…

La ruta que yo me había descargado sigue por esa misma pista forestal de ascenso restringido. Hay que seguirla 1.800 metros de una forma algo dolorosa, porque hay más tramo de descenso que de ascenso. Ya lo recuperaremos.

Al llegar a esos 1.800 metros, un gran cartel indica el camino hacia La Bañuela a la izquierda. De frente se va hacia el valle y las montañas ya solo quedan a la izquierda, así que el propio instinto indica que hay que ir hacia allá.

El vértice de La Bañuela ‘baja’

Y aquí el error. Nada más coger el desvío he mirado de frente y he visto un gran cortafuegos, así que he subido por él. He comprobado el track, y estaba circulando justo en paralelo a él, a unos 80 metros o menos, así que he pensado que ya lo engancharía.

He seguido subiendo y, sin querer, me he encontrado en lo alto de una montaña. El móvil me marcaba que estaba al lado de la ruta, pero delante de mí, así como a mi izquierda según subía, había unos grandes cortados rocosos imposibles de destrepar.

No los he visto porque no tenía cargado el mapa, solo la ruta, y porque la vegetación era espesísima. Me he empezado a preocupar por la hora.

En la ruta buena

He deshecho lo andado, acercándome de vez en cuando a las rocas que ahora tenía a la derecha. Cuando he visto que se acababan las grandes alturas, he enlazado con la ruta buena, perfectamente marcada con hitos.

La senda está en muy buen estado y aunque he perdido tiempo, la he cogido antes de la hora que me había puesto como tope para seguir subiendo o no.

Así que me he puesto a caminar por los hitos a buena velocidad pero sin ganar mucha altura.

En la subida he decidido seguir por estos hitos, que marcaban una ruta que en varias ocasiones se cruzaba con la que yo tenía, como la carretera de un valle y su río.

Como era de esperar, los hitos giran en un momento a la derecha para subir a una primera altura. Se alcanza pronto, pero todavía queda más de un kilómetro hasta La Bañuela. Ahora, la senda cambia de vertiente, pasando de la norte a la sur. Está todo bien marcado.

Foto de una Bañuela a otra

Llega un momento en el que, por fin, se dibuja una gran montaña que tiene que ser sí o sí La Bañuela. Antes de llegar a ella hay que hacer un breve descenso, girar de nuevo a la derecha y, en unos minutos, se ve una construcción de piedras y, un poco más abajo, como ya he contado que a veces sucede, el vértice geodésico.

¿Conseguido? Una vez allí arriba, oigo voces a escasa distancia. Mientras espero que se acerquen, miro hacia mi sombra, proyectada hacia el Oriente. No me lo puedo creer. Hay una cima muy rocosa y no muy lejana que parece más alta que la que habito.

Llegan los cuatro montañeros y les pregunto. Uno me dice que, efectivamente, donde estoy es La Bañuela pero que la montaña situada a unos 200 metros es más alta. Me informa de que su ascenso no tiene complicación a pesar de lo que dice la vista.

Era tarde, pero estaba muy cerca, así que la he subido para asegurarme de que estaba en el punto más alto de Sierra Morena y en el más prominente de Ciudad Real. En los mapas no hay dudas: el nombre se lo dan al primer cerro que he pisado, cuya altura es diez metros menor.

Las vistas son impresionantes, con profundos y espesísimos valles, pero no hay mucho tiempo para el disfrute, solo para refrescarme.

Bajando, esta vez, he seguido más el track que los hitos. Ha habido cinco minutos de nuevo que me ha tocado pelearme con las jaras y los árboles, pero pronto he recuperado el camino bueno.

Los hitos y el cortafuegos

Cuando he llegado a la pista, al desvío de La Bañuela, he mirado para atrás y he visto un hito a la izquierda del cortafuegos. En la ida no me he fijado.

Ya oscurecía, así que como regalo he oído lo que me ha parecido la berrea de un ciervo. He buscado luego y he encontrado que Sierra Madrona y el Valle de Alcudia son muy propicios para escuchar estos bramidos otoñales. También he encontrado que la mayor población de linces salvajes de España se encuentra en una finca en esta zona, con más de 30 ejemplares según una noticia de octubre del año pasado.

He llegado al coche a las nueve menos cuarto. He cruzado los puertos de Villarrepisa, Niefla y Pulido y el ya mencionado Valle de Alcudia, donde tantos trashumantes sorianos llevaron sus ovejas durante siglos. Ese camino me ha llevado hasta Puertollano, donde descanso después de tachar con alegría el medio centenar de cumbres.

Punto de salida: El aparcamiento del abrigo de Peña Escrita, cerca de Fuencaliente.

Distancia: Si lo hubiera hecho bien, son 11 kilómetros.

Desnivel: Se sale a 780 metros y se llega a 1.332. Además, hay tres bajadas en el camino que sí sumarán unos cien metros de desnivel. En total, unos 650 metros positivos.

Cuánto se tarda: Yo he estado tres horas y cuarto. Sin pérdidas, menos hay que tardar, aunque también es verdad que medio he trotado algún rato de bajada.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en Peña Escrita. Sigues andando por la pista, cortada para el tráfico por una barrera. A los 1.800 metros un gran cartel a la izquierda indica el camino a La Bañuela. No hay que coger el cortafuegos (lo digo por experiencia) sino unos hitos que hay apenas unos metros a la izquierda. Esos hitos terminan llevando a las dos Bañuelas, la señalizada con el vértice geodésico y la siguiente, diez metros más alta.

Cima 49 de 68. Melilla. Fuerte de Rostrogordo. 135 metros. 15-9-2018

He subido a la cuadragésima nona cima justo después de regresar de Chafarinas, pero en esta ocasión lo escribo en dos relatos porque no tiene nada que ver aunque hayan sido el mismo día. En esta de Melilla no me voy a extender mucho.

Este sábado he ido a conocer las islas Chafarinas. Hemos regresado a las 20.00 horas, ya cerca del anochecer. A pesar del cansancio de todo el día, y para evitar la posible pereza de mañana, nada más llegar al puerto de Melilla me he puesto a andar hasta el Fuerte de Rostrogordo, otro lugar militar como tantos que hay en las ciudades autónomas españolas.

No he hecho fotos de la ‘ascensión’, porque esta ha sido casi cien por cien urbana, seminocturna y he ido a buen ritmo.

El comienzo pasa por algunos de los lugares más bonitos de Melilla, dejando a la derecha la ciudadela y viendo algunos de los famosos edificios modernistas.

Según se va ganando altura, se pasan otras barriadas hasta llegar a unos descampados. Ya se me ha hecho de noche. A la izquierda veo carteles del Parque Periurbano de Melilla y lamento no haber subido de día.

En poco más de media hora llego al fuerte. Afortunadamente, justo a su lado hay cuatro jóvenes jugando al pádel y uno de ellos me toma la fotografía de ‘cima’.

Lo diré casi siempre que hable de Melilla: no me explico cómo caben tantas cosas en 12 kilómetros cuadrados: aeropuerto, campo de fútbol, numerosas playas, una ciudadela todavía habitada y varias fortificaciones más, un total de más de mil edificios modernistas, algunos parques de buen tamaño, descampados, varios museos, un bonito paseo marítimo…

Apenas la recordaba de mi anterior visita hace casi 30 años, y esta vez tampoco me ha dado tiempo a disfrutarla como se merece por el retraso del avión de ayer, el viaje a Chafarinas de hoy y el regreso matutino de mañana domingo.

Bajando de Rostrogordo, lugar llamado por los melillenses Los Pinares, me he llevado una gran sorpresa. Algo cruzaba la carretera, y de repente he visto que era una pequeña tortuga. Luego he leído que su presencia es bastante habitual en Melilla.

¿Quién me iba a decir a mí que iba a ver fauna salvaje en el único ascenso totalmente urbano del reto y, además, el segundo completado saliendo desde el nivel del mar después del Teide?

Punto de salida: Desde cualquier sitio de Melilla, incluso se puede aparcar en la puerta. Yo he salido del puerto.

Distancia: Algo más de tres kilómetros he hecho sin contar el paseo hasta mi siguiente punto de destino.

Desnivel: 135 metros.

Cuánto se tarda: Poco más de media hora me ha salido.

Explícame cómo se sube sin literatura: Si no te conoces la ciudad, lo mejor es ponerte el Google Maps y seguirlo. Rostrogordo está en la parte norte de la ciudad.

La canción de Fernando:

Cima 48 de 68. Plazas Menores de Soberanía (Chafarinas). Nido de Águila. 137 metros. 15-9-2018 *

Nunca habría podido imaginar, cuando lo inicié hace poco más de cinco años, que este reto me llevaría a visitar las islas Chafarinas, uno de los territorios menos conocidos del Estado español.

Tampoco habría podido imaginarme entonces que la cima más especial de las 68, tanto de las holladas como de las que están por hollar, iba a ser prácticamente la más baja.

*Y todo ello, que por eso está el asterisco, a pesar de que no he conseguido subirla. Sin embargo, incluyo aquí el relato porque al menos la he visto de muy cerca y porque merece la pena conocer la excursión. Ello no significa que ya haya desistido, como imaginaréis.

Como expliqué en la primera de las dos ampliaciones del reto inicial, los más de 500.000 kilómetros cuadrados de España se dividen en 50 provincias, que ocupan casi el cien por cien de ese terreno; en las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, entre las cuales suman unos 30 kilómetros cuadrados; y en las Plazas Menores de Soberanía, unos lugares especiales de administración situados al norte de África que no suman entre todos ellos un kilómetro cuadrado.

Semitapando la isla del Congreso

Esa pequeñez no solo no les hace perder interés, sino que los convierte en mucho más interesantes. Y más, teniendo en cuenta que el acceso a los mismos es muy complejo por encontrarse bajo el mando del Ejército español.

Pero siempre hay excepciones… y excepciones de la excepción.

Las Plazas Menores de Soberanía son el Peñón de Vélez de la Gomera, la isla Perejil (en dudas sobre su consideración), las islas Alhucemas y las islas Chafarinas.

Las Chafarinas son tres islas: Del Rey, Isabel II y Del Congreso, las tres con espectaculares acantilados que sirven de refugio a una importante avifauna. La isla del Congreso es de largo la más elevada de las tres. Su culminación se encuentra a 137 metros sobre el nivel del mar. La he visto escrita de varias maneras, de momento la dejaré como Nido de Águila. No me preocupa tanto saber el nombre de ese lugar como poner mis pies encima de él.

Pocas referencias

Mirando un poco en internet, no vi nada. No es que no viera nada de ascensiones a ese lugar, sino que no vi nada de personas que hubieran visitado las islas Chafarinas. Al menos, no desde el concepto viajero.

Encontré que había militares residiendo en la Isabel II, una estación biológica del Ministerio de Medio Ambiente (con los que también he tenido ocasión de tratar), unas excavaciones arqueológicas para estudiar el Neolítico que ya hace tiempo se abandonaron… y una excursión anual de la Asociación de Hijos de Chafarinas. El objetivo de esta excursión es que los miembros de la Asociación puedan ver de nuevo su lugar de nacimiento, donde residieron en su juventud o donde están enterrados sus familiares.

Recibimiento en la Isabel II

Entendí que existía la posibilidad de conocer las islas gracias a esta Asociación, y eso es lo que ha sucedido hoy, así que muchísimas gracias a su presidente Jacinto.

Problema: el barco amarra en la Isabel II, donde se encuentran las ruinas de una población que debió de ser relativamente esplendorosa y donde se encuentran las actuales viviendas de los militares, y unas lanchas motoras hacen viajes a la isla del Rey, donde se encuentra el cementerio. Por esa razón, como explico en el tercer párrafo, no he podido subir al Nido de Águila.

Aun así, el día ha sido inolvidable por la posibilidad de conocer un lugar con tanta historia, tan accesible físicamente y, sin embargo, tan inhóspito.

Estábamos citados a las ocho en el muelle situado frente a la Comandancia de la Marina en Melilla, un muelle de acceso restringido que se abría hoy para nosotros. Noto que la mayoría de las personas que van llegando tienen varios conocidos en el viaje, que para casi todas ellas las Chafarinas significan mucho.

84 pasajeros

Nos hemos montado en el buque auxiliar de la Armada Mar Caribe 30 tripulantes y 84 pasajeros, alguno de más de 90 años. En contra de las previsiones que habíamos consultado, amanece un día estupendo que nos permite ver desde el instante mismo de la salida la isla del Congreso. Las Chafarinas están a unos 50 kilómetros de Melilla, 20 de Argelia y a solo 4 de Marruecos, del Cabo de Agua.

En el Mar Caribe se emplean algo más de dos horas y media desde que se zarpa hasta que se atan amarras.

Según nos vamos acercando, me gustan más estas islas. La del Congreso es espectacular. La parte occidental, la que vamos viendo todo el rato, es una pared que se levanta casi desde el mar hasta la cúspide. Si quiero subirla, está claro que no va a ser por ahí.

Medusas y agua cristalina

La rodeamos, dejándola a la izquierda, y ya se divisa algún lugar donde seguro que caben lanchas más pequeñas.

Hasta entonces, las tres islas no son capaces de distinguirse, se tapan unas a otras. Cuando nos acercamos, ya se ve bien la fisonomía de cada una: el triángulo sombreroide y montañoso de la isla del Congreso, la llanura dividida en dos de la isla del Rey con pequeñas elevaciones, y el círculo de la isla de Isabel II. En esta última, ya desde lejos, sobresalen tres torres, la de la iglesia de la Purísima Concepción, la del faro y la de vigilancia en el centro de la isla.

Atracamos por el sur de la Isabel II y ya nos están esperando los legionarios allí destinados, que van rotando cada mes. Nada más bajar, nos hacemos una gran foto de familia y nos dicen las instrucciones: comida a las 14.00 horas en la cantina y regreso de nuevo a Melilla a las 17.15.

La Isabel II y sus tres torres

Tenemos alrededor de cinco horas que empiezan con una breve misa de campaña. Después, algunos van a visitar el cementerio y la gran mayoría nos quedamos en la isla principal. Hago un último intento vano de que me pasen a la isla del Congreso, pero al menos voy recabando información. Gracias también a los que me han ayudado en este intento.

El poblado tiene un gran arco de entrada en el que, junto al nombre de la isla, aparece una fecha, la del 6 de enero de 1848. Desde aquel día, las Chafarinas son españolas, ante el interés que empezó a mostrar Francia por ellas.

El gran esplendor

El gran esplendor de las islas fue en ese siglo XIX, cuando llegaron a vivir dos mil personas y había varios comercios, teatro, un pequeño hospital y la iglesia todavía conservada.

El pueblo tuvo que ser precioso, y su estado actual todavía permite imaginarlo sin problemas, con la gran plaza de Armas y sus calles en cuesta jalonadas por decenas de casas blancas al más puro estilo andaluz.

Ahora se ve todo rápido. También me he dado una vuelta por toda la isla. En la parte oriental ‘faltan’ bastantes piedras. Son las que se cogieron para unir a través de un dique las islas de Isabel II y del Rey. Lo destruyó un temporal hace más de un siglo, pero todavía se conservan los extremos en ambas islas.

El camino de entrada al pueblo

En la comida he conocido algunas historias increíbles de cómo se vivía en este lugar a mediados del pasado siglo. También es increíble el cariño con el que recuerdan su estancia todas las personas que residieron entonces en las islas.

El baño

Después de comer, otro de los momentos más esperados de nuestra estancia: el baño. Cuando hemos llegado había cientos de medusas, pero para primera hora de la tarde ya hemos dejado de verlas. El agua del Mediterráneo está a la temperatura perfecta, y su visibilidad es de metros y metros.

No es raro que los que vivieran allí sientan algo muy especial cada vez que regresan. Algunos lo hacen con frecuencia y otros llevaban más de 35 años sin volver a la que fue su casa. También viajan varios por primera vez, algunos de ellos muy jóvenes.

Como me ha dicho un joven militar destacado allí nada más bajar, las Chafarinas tienen mucho encanto.

Punto de salida: Aunque no he subido, se sobreentiende que un lugar de la costa de la isla del Congreso.

Distancia: A ojo, calculo algo menos de un kilómetro entre la ida y la vuelta.

Desnivel: 137 metros.

Cuánto se tarda: Si algún día lo hago, lo concretaré, pero menos de media hora supongo.

Explícame cómo se sube sin literatura: Así me lo han explicado a mí: nada más empezar a subir hay unos 70 escalones excavados en la roca. Cuando terminan esos escalones, se supone que empieza una cresta que hay que remontar hasta la cima.

Cimas 46 y 47 de 68. Ceuta. Torre Anyera y Monte Hacho. 349 y 204 metros. 13-9-2018

Supe que el reto de las 45 cimas debería ampliarse casi desde que lo comencé. Esa ampliación necesaria tenía que ver con las dos ciudades autónomas españolas, Ceuta y Melilla, a las que luego sumé las Plazas Menores de Soberanía, para terminar de completar el territorio español.

La segunda ampliación no tiene que ver tanto con la necesidad sino con el deseo de darle un nuevo valor, hacer algo diferente a lo que ya han hecho muchas personas. Por eso decidí subir a las cimas más prominentes de cada provincia… y de cada ciudad autónoma.

Máxima altitud y máxima prominencia coinciden en más de la mitad de las divisiones administrativas de España, pero en 20 es necesario realizar dos ascensiones. Esos 20 territorios ‘dobles’ son 19 provincias y la ciudad autónoma de Ceuta.

Viaje con guía

Hoy, precisamente, me he quitado los dos de Ceuta, en un recorrido de poco más de dos horas realizado con un guía local con el que contacté ayer desde el hostal donde me alojo. Creo que ha sido un acierto, porque además de subir a las dos montañas he conocido lugares de Ceuta a los que no habría llegado en transporte público con el tiempo del que dispongo.

En Torre Anyera

No ha sido necesario madrugar. Después de desayunar con tranquilidad, habíamos quedado a las 10.00 en el hostal.

La primera parada del recorrido era la Torre Anyera, en el extremo occidental de la ciudad autónoma, ya muy cerca de la frontera marroquí. Ceuta no son los Pirineos ni Gredos ni Picos ni las Béticas, pero mantiene muy dignamente la consideración de territorio montañoso que puede aplicarse a una inmensa parte de España. Pero en Ceuta sorprende un poco más.

En sus menos de 20 kilómetros cuadrados, Ceuta tiene una parte importante montuna, con un par de embalses, numerosos senderos, varios barrancos, flora y fauna abundantes y, además, el mar.

Hay rutas más interesantes que las que yo he hecho, caminatas de dos o tres horas, pero yo he preferido pisar los sitios de la manera más rápida posible.

Para subir a la Torre Anyera hemos ido por la carretera que une varios fuertes, construcciones llamadas ‘neomedievales’ porque fueron construidas en el siglo XIX con estética antigua. Estas fortalezas, con valor militar, tienen su continuidad en Marruecos y son todas muy parecidas.

La Torre Anyera es una de ellas. El guía, cuyo contacto puedo facilitar a quien visite Ceuta, me ha llevado primero al Mirador de Isabel II. Se tiene una vista espectacular de la ciudad, pero es mejor ir por la tarde porque ahora el sol nos daba muy de cara.

La mejor manera de subir

En el mirador, unos trabajadores del monte nos han informado de la mejor manera de subir a la Torre Anyera: bajar algo menos de un kilómetro hacia el sur y aparcar en un merendero. Eso hemos hecho. Mientras el guía me esperaba, yo me he acercado hasta la Torre, en un paseo de diez minutos en el que es necesario rodear el García Aldave, uno de los numerosos acuartelamientos militares de Ceuta.

Como me estaban esperando, no me he estado mucho rato en la Torre Anyera. Las vistas, además, están muy condicionadas por los grandes eucaliptos y coníferas que rodean la elevación. Son mejores desde muchos puntos de la carretera.

Me he hecho las tradicionales fotos con el autodisparador, y al coche.

La mujer dormida

Una vez montados, le he pedido a Foat que me llevara a conocer Benzú y la valla, la famosa valla fronteriza por donde de vez en cuando intentan saltar los subsaharianos para entrar en España. La valla está al lado del pueblo, pero se la ve subir también ladera arriba. Hace tres semanas volvió a ser protagonista de uno de estos intentos masivos de cambiar de mundo en apenas unos metros.

Visitada la valla, regreso al centro para conocer justo la otra parte de la ciudad, la oriental, para subir al Monte Hacho. Aunque no lo he visto en ningún sitio, está claro que la Torre Anyera no es el punto más prominente de Ceuta. Bajando poco más de medio centenar de metros se tiene acceso a terrenos más elevados, ya en territorio marroquí.

El Monte Hacho, una de las dos antiguas Columnas de Hércules junto al Peñón de Gibraltar (o eso parece), sí tiene sin embargo una prominencia muy similar a su altura porque es necesario bajar y atravesar todo el centro de Ceuta antes de encontrar mayores elevaciones.

Como también es un lugar militar y no es posible acceder a su interior, me he acercado a la puerta y ahí me he tomado las fotografías. Aunque es bastante menos montañoso que la parte occidental, también hay algunos senderos marcados.

En el Monte Hacho

Se ve el mar por todos lados, especialmente desde el mirador de la ermita de San Antonio, donde hemos realizado la última parada turística de la mañana después de haber recorrido buena parte de Ceuta.

Potencial turístico

Intuyo que la ciudad autónoma tiene un potencial turístico que todavía debe explotar. Casualmente, mañana mismo empieza una fortísima apuesta de casi un millón de euros para que los turistas de la península puedan pasar en ferry de Algeciras a Ceuta por apenas 16 euros ida y vuelta los fines de semana.

Yo vine en helicóptero y me iré en helicóptero. Ayer a mi llegada ya pude ver desde el aire los lugares que he pisado esta mañana en la primera visita de mi vida a Ceuta. Esta tarde me despediré de ellos de nuevo desde el aire.

Punto de salida: Para Torre Anyera hay varias rutas. Yo he subido desde un merendero que hay a un kilómetro del Mirador de Isabel II. Para el Monte Hacho, hay un tramo de hormigón que sale de la carretera y que llega a la misma puerta.

Distancia: Sustancialmente nada o muy poca. Para la Torre Anyera sí que he andado unos 1.500 metros de ida y vuelta. Para el monte Hacho, a lo mejor 500, pero se pueden hacer menos si se sube en coche el tramo de hormigón.

Desnivel: Irrelevante en el primer caso e insignificante en el segundo.

Cuánto se tarda: La ruta completa de coche y dos montañas nos ha llevado unas dos horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Torre Anyera: aparcas en el merendero situado en una cerradísima curva a izquierdas bajando del Mirador de Isabel II. Desde allí sube una pista y en diez minutos, tras rodear el cuartel de García Aldave, llegas a la torre. Monte Hacho: supongo que si lo pones en el navegador de tu coche llegas hasta la puerta, donde amablemente te informan de que no se puede continuar.

 

La canción de Fernando: