Brevísimo diccionario de cara a la igualdad

[Hace tiempo que tenía este artículo terminado, y el motivo de que se quedara en el cajón fue que consideré su objetivo ampliamente resuelto por muchísimos medios, especialmente por artículos de internet. Y pese a que sigo gastando buenos duros en no subirme al tren del “tema del día” (no tiene nada de malo, es simplemente una elección de libro de estilo personal), hay jornadas como la de ayer, 8 de marzo, Día de la Mujer, en las que uno tiene que escuchar y leer tantos resbalones, cuando no directamente barbaridades, que al final decide que no está de más echar otro poco de luz.]

 

A lo mejor soy un maniático y me pierdo a veces en la forma cuando busco reivindicar el fondo. No obstante, es una lástima que con lo rica que es la lengua (en mi caso, la castellana) estemos usando cuatro vocablos contados para denominar una amplia variedad de conceptos, y más penoso es aún cuando ni siquiera son sinónimos. ¿Por qué vamos a llamar a todas las criaturas “Pedro” si cada una de ellas tiene su propio nombre? ¿No sería mejor aprender a decir “Nerea”, “Antonio” y “Francisca”? Además, si no está bautizada se la bautiza y punto, pero establecer una polisemia donde no la hay nos lleva a muchos, muchísimos malentendidos, y a positivar conceptos negativos y demonizar piropos. Pongamos como ejemplo las palabras “machismo” y “feminismo”, con sus usos correctos e incorrectos.

 

Si el hombre se siente superior a la mujer, la desprecia y la concibe de un modo secundario y accesorio para consigo mismo, eso es lo que se entiende semánticamente como MACHISMO, y cuando se acusa a alguien de machista se debe considerar un reproche y hasta un insulto (salvo que se sienta orgulloso de serlo y lo considere la forma correcta de pensar). Por el contrario, FEMINISMO responde a un movimiento socio-político y cultural mediante el cual se trata de igualar la consideración y las condiciones de la mujer con las del hombre; es, a priori, un concepto positivo (y además no es coto exclusivo de las mujeres, pues hay muchísimos hombres feministas). Su corriente complementaria, que aboga por la equiparación de géneros y la abolición de los roles tradicionales pero desde la perspectiva contraria (en la que el hombre está en desventaja), se llama MASCULINISMO; puede que rara vez lo oigan pero sí existe.

 

Aclarado esto, machismo y feminismo NO son equivalentes, ¿de acuerdo? De hecho el segundo trata de compensar y abolir el primero, lo cual los convierte en antagónicos. Aunque hay que pedir 100 para lograr 5 (como en casi todos los aspectos de la vida), el feminismo preconiza el estatus igualitario, no la superioridad de la mujer respecto al hombre; esto último se llama HEMBRISMO, y es igual de peyorativo (nuevamente, con la excepción de las convencidas de serlo).

 

no es feminismo

 

Tampoco quiero estar per secula seculorum añadiendo más y más “–ismos” porque la lectura se haría bastante antipática. Además no siempre hay consenso (y la RAE no se pronuncia), por lo que se dan casos como “hombrismo” que según qué fuentes es sinónimo de “masculinismo” y según otras de “machismo”. Casi nada el lío que se podría preparar…

 

Luego están, metidos en el mismo saco y malamente revueltos, los odios genéricos (cuadros psicológicos aparte). Detestar a las mujeres por considerarlas malas es MISOGINIA; habitualmente se equipara al machismo, y su parte de razón tiene, dado que cualquier maltrato es es sí mismo un acto de odio, pero en este caso considero conveniente matizar que no es lo mismo despreciar por inferior que detestar por malvada, ni que te consideren un felpudo que el enemigo. Del mismo modo, no tiene nada que ver con el feminismo la tirria hacia los varones en general, puesto que eso se llama MISANDRIA (no confundir con MISANTROPÍA que es el rechazo hacia toda la especie humana, un tipo de trastorno antisocial). Cuando lo que se siente hacia los hombres o las mujeres no se trata de odio sino de miedo, reciben respectivamente los nombres de ANDROFOBIA y GINEFOBIA (también aceptada como “ginofobia” o “ginecofobia”).

 

misandria

 

Por otro lado se habla con bastante asiduidad (y aún más ligereza) de lo que se considera masculino o femenino. Mirémonos interiormente: sí, queridos y queridas, eso que tanto nos gusta o tan normal nos parece es, muchas veces, una perpetuación de los roles tradicionales. No necesariamente nos hace malas personas, pero no somos lo que pensamos, ni siquiera lo que decimos, sino lo que hacemos. Hay quienes viven consecuentemente con su código moral, pero también estamos todos hartos ya de ver al que va de igualitario y respetuoso de boquilla y por la calle y luego en casa “delega amablemente” todas las tareas domésticas en su compañera, y las escasas veces que “ayuda” (porque considera que es tarea de la parienta) quiere una medalla por ello. Por el lado contrario, resulta bastante inconsistente la que va de liberada y de equiparada pero se escaquea de cualquier tarea pesada y/o peligrosa porque “eso son cosas de hombres”.

 

No obstante, la opresión por parte del sexo opuesto (como siempre, depende del ojo que mire) es un objetivo a combatir para el grueso de las personas, pero hay quienes viven felices con su papel en la película (o eso dicen, o eso creen). La orgullosa esposa del machista (“mujerista” la llaman algunos) está encantada de ser la chacha y el florero porque se cobra su dedicación de forma materialista (en realidad es una víctima de la educación que le han dado y de cuyo yugo no ha sabido liberarse), y el complaciente compañero de la hembrista (lo llamaríamos “calzonazos”, pero es un concepto bastante empapado en machismo tradicional) dice a todo que sí para no tener problemas, pasa de lo que no le interesa y luego hace lo que le da la gana cuando ella no está. Esas serán opciones de vida, y allá cada cual, pero no lo confundamos con lo que no es.

 

feminismo

 

Con quienes extreman los roles y estereotipos… Apaga y vámonos. A mí me dan más pena que otra cosa quienes confunden:

  1. Ser masculino con actuar como un animal sucio y garrulo encadenado a sus instintos primarios que jamás tiene permiso para llorar ni para leer un libro siquiera; y
  2. Ser femenina con comportarse como una desvalida y caprichosa princesita que llora y pone caritas candorosas para que le limpien los mocos y le dejen la VISA.

 

En resumen, que por mucha pereza que nos dé y por poco práctico que nos parezca, no se le puede llamar a todo “machismo” y “feminismo” porque cada concepto tiene su significado y cada idea su nombre propio. Repasamos:

MACHISMO: las mujeres son inferiores a los hombres.
HEMBRISMO: los hombres son inferiores a las mujeres.

FEMINISMO: las mujeres deberían ser iguales a los hombres.
MASCULINISMO: los hombres deberían ser iguales a las mujeres.

MISOGINIA: aversión a las mujeres en general.
MISANDRIA: aversión a los hombres en general.
MISANTROPÍA: aversión a los seres humanos.

ANDROFOBIA: me dan miedo los hombres.
GINOFOBIA: me dan miedo las mujeres.

 

Imaginemos casos prácticos: quizá ese señor que no quiere hablar contigo ni con ninguna otra compañera en el trabajo no piense que seáis ceros a la izquierda, sino que os tenga miedo… O a lo mejor para esa chica tan distante tus amigos y tú no sois penes amenazantes, sino escupitajos en el suelo…

 

ni una más

 

Dedicado a las víctimas de la violencia de género. A veces la llaman “violencia machista” y puede no ser siempre semánticamente exacto, pero tanto da el motivo: bastante triste es ya de por sí que suceda.

Y en eso sí que soy incapaz de concebir otros puntos de vista.

 

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