Hablar del tiempo, hablar de nada

Si hubo una transición, yo no me enteré. No, no hablo del paso de la dictadura a la democracia; esa se escribe con mayúscula. A lo que me refiero es a cuando la climatología dejó de ser objeto de predicción y comenzó a ser noticia. Recuerdo de toda la vida el parte del tiempo, que te servía muy dignamente para saber qué ropa te tenías que llevar al viaje o si el maletero del coche debía ir repleto de sombrillas o de cadenas para las ruedas. No digamos ya el servicio que ha prestado desde siempre, en el día a día, a quienes se ganan la vida sentados al volante; a los que no nos movemos de nuestra base de operaciones casi nos basta con asomarnos a la ventana, aunque nunca está de más saber qué va a hacer dentro de un rato.

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Lo que no recuerdo es cuándo fue exactamente la primera vez que vi el estado del astro convertido en noticia de facto y a posteriori. Supongo que en aquel momento, igual que ahora, me pareció una inconsistencia, por no decir directamente una sandez. Estamos en noviembre, por poner una época, y la previsión anuncia nieves en zona habitual y propicia para ello. Llega el día y nieva. La prensa se lanza como loca a registrar la caída de los copos y si cuaja o no cuaja en el suelo, y no sólo los medios locales de sitio pequeño donde hay pocas cosas que contar, pues los nacionales también lo hacen ya…

 

Pero vamos a ver… Si estamos en época de frío y lo habían predicho, ¿qué narices tiene de portentoso y de noticia que esté nevando? No es en el Caribe en mitad de agosto, ni los copos ascienden de abajo a arriba, ni son verde fosforito; es nieve monda y lironda como la que hemos visto cientos de veces y llega cuando le toca. Pues venga ciudadanos pegados al televisor, buscando las irrepetibles imágenes en internet o pidiéndole el periódico al de al lado “para ver si dicen algo de que ha nevado”… Luego nos mofamos de los británicos por sus acalorados debates sobre el tiempo…

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A decir verdad, ya teníamos costumbre arraigada de consagrar el 90% de nuestras conversaciones cortas (ascensor, portal, cola del supermercado…) al Lorenzo y sus avatares, y a ustedes no sé, pero a mí que me digan que “el miércoles llueve” o “qué calor hace hoy” me llega al cerebro traducido como “me siento incómodo y ojalá no compartiésemos este momento ni este espacio”. La educación siempre está bien, pero una de tantas asignaturas que no nos enseñan en el colegio (ni en ningún otro sitio) es a callarnos cuando no tenemos nada que decir y a no esperar un acto verbal de parte de todo el mundo, aunque sea de una intrascendencia supina. Habría que probar a ver si surge el mismo efecto cambiando la temática, y tras el “hola” que intercambiamos con el conocido que se nos ha sentado al lado en el cine, mientras empieza la película, en lugar del consabido “¡vaya frío que se ha puesto!” le soltáramos “el sistema solar tiene nueve planetas”. ¿Que no es lo mismo? Bueno, el número es cuestión de saber contar, mientras que si hace frío o calor quizá sea más opinable…

 

Y ahí quería llegar, a mi concepto favorito de cada invierno: SENSACIÓN TÉRMICA. “Temperatura: 6ºC / Sensación térmica: -2ºC” Busquen, si quieren, en wikipedia o en un diccionario enciclopédico, y les dirá que depende de varios factores, pero que se trata de una percepción subjetiva ¿La de quién? Porque tengo un amigo que en plena nevada va tan feliz con una sudadera fina y luego mi compañera de oficina, mientras su termómetro de mesa marca 26ºC, dice que está “heladita de frío”. Y eso, ¿cómo se determina? ¿Nos preguntan uno por uno cuántos grados nos parece que hay y luego sacan la media aritmética? ¡Porque te lo dicen hasta con decimales! Yo en esos momentos me acuerdo de esos rebaños de pavipollos dándose pote con sentencias incontestables como “yo tengo trece años, pero tengo mentalidad de más mayor, de unos catorce y medio o quince”…

 

Pues aún así, dicho concepto es tratado en los noticiarios como si fuese ciencia exacta y palabra de Dios; de hecho ya hemos visto todos en más de uno de ellos cómo se antepone dicho espejismo sensorial a la temperatura real, pese a que algunos nos siga pareciendo que en realidad están hablando de nada y vendiendo humo.  “Marquitos, me da igual que tengas calor, ponte ahora mismo la bufanda, que han dado una sensación térmica de mucho frío”. Si se ríen es porque ya les coge mayores, pero pobres de los niños de ahora…

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En fin… Cuando éste que suscribe quiere saber algo de meteorología prefiere acercarse a medios especializados, con más rigor y menos afán de protagonismo, donde tratan el tema como la ciencia que es, al  fin y al cabo, y no como otra de esas payasadas en el dantesco circo de tres pistas en que se está convirtiendo el mundo de la información . Si me permiten el consejo, les recomiendo, sin salir de DesdeSoria.es, el Blog de J. Mateo Tierno, «Tardes de Tormenta»; aún después de todo lo que he podido despotricar en este artículo, me descubro leyendo con todo el interés uno de los que factura aquí mi vecino. Ya se sabe: cuando se escribe bien y de lo que se domina, hasta el apunte más técnico puede ser tan sabroso como una buena novela.

Postdata: dedicado a C.R.B.G. y a M.B.A.,  por la maravillosa noticia con la que nos han calentado esta fría mañana. MUCHÍSIMAS FELICIDADES.

Te quiero… pero sólo si me das la razón

Cuando a Albert Pla le cancelaron aquel concierto por decir lo que dijo me entraron las mismas ganas de esconderme debajo de la cama que siempre que un tema de estos salta a la palestra…¿Es que cada vez que alguien se tira un pedo nos tenemos que levantar en armas? ¿Qué es esto, el patio de un colegio? Porque tanto picarse me parece de críos…

No guste o no lo que dijo, nos caiga bien o mal Albert Pla, seamos o no seamos sus fans, nos parezca mejor o peor el asunto nacionalista… es UNA OPINIÓN. ¿Es que no podemos dejar de una maldita vez que la gente opine lo que quiera y hacer caso omiso de lo que no nos regale los oídos? Me juego el pescuezo a que algunos de esos que se pusieron como Truman, el día que estaban cantando “yo soy español, español, español” (a lo que tienen perfecto derecho) les habría sabido a demonios que hubiese venido el señor Pla a darles su opinión desde el lado contrario. Ah, espera… Que quienes están equivocados son los separatistas, ¿no? Qué curioso… Porque ellos, cuando estás en su territorio, dicen exactamente lo mismo… Es lo que tienen los absolutismos: que son taaaaaaan relativos… Y qué quieren que les diga, esa “solución” de cerrar las fronteras y tirar la llave, y no ir los unos al pueblo de los otros ni aunque sea para trabajar o de turismo… Como que no la termino de ver…

Albert Pla

Vamos, que jamás he creído que nadie tenga la opinión acertada en un tema en el que caben varias y variadas (la fuerza de la gravedad no es opinable; esto sí), precisamente porque las ópticas están para eso: para ofrecer distintos enfoques. Lo que me hincha los bemoles, simple y llanamente, es que nos la cojamos con papel de fumar. Partamos ya de entrada de que el hecho que levantó tantas ampollas no es que el señor Pla sintiese asco de ser español, sino QUE LO MANIFESTASE.¿Alguien que le siga medianamente de cerca, o tenga apenas una ligera idea de qué pierna le cojea al cantautor, se había hecho alguna vez la más remota ilusión de que el susodicho estaría orgulloso de ser español? ¿O eso nos la traía floja mientras nos gustase su música? Porque por más vueltas que le doy al asunto y por más que me cambio las gafas lo sigo viendo igual: Albert Pla es la misma persona, su música es exactamente la misma, y seguramente estas opiniones ya las tenía un mes antes de las declaraciones. Si te gustaba le seguías y si no lo ignorabas. Punto. Lo único que cambió es que lo dijo en voz alta y delante de máquinas que lo registraron. Una vez más: ¿qué demonios cambia eso? ¿Es que los personajes públicos que nos entretienen tienen que pensar, sentir y opinar lo mismo que nosotros? Por esta regla de tres, gracias a lo “majete” que ha sido siempre su cantante, Guns ‘n Roses no hubiesen vendido millones de discos, sino poco más de una docena… Sin ir más lejos, vayan empezando a quemar las camisetas de “la Roja”, señores y señoras míos y mías, porque me da a mí que todos los futbolistas que les entretienen no votan al mismo partido que ustedes, y es posible que alguno incluso opine que el pueblo del que usted se siente orgulloso es una birria y hasta que el plato típico de allí se le hace bola y las mozas no son muy guapas…

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Por otro lado me sigue entristeciendo que una vez más, incluso dado el “estado de conciencia general”, seamos tan fáciles de engañar como un burro con una zanahoria. Como ya estamos tan saturados de fútbol y “distracciones en positivo” similares, por enésima ocasión nos ofrecen un enemigo bien visible al que odiar con facilidad para que no prestemos tanta atención a los continuos y cada vez mayores misiles que nos siguen y seguirán introduciendo por la vía rectal. ¿A estas alturas de la película seguimos sin percatarnos de que nos están distrayendo como a imbéciles? ¿O es que ahora sí nos damos cuenta pero ya nos da igual? Pudiera ser… Quizá tanto sufrimiento nos está volviendo insensibles y nada más queremos mirar para otro lado y no vernos obligados a tomar conciencia de nuestra insignificancia y nuestra impotencia; a lo mejor tan sólo deseamos centrar nuestras miradas en una pequeña parcela delante de nuestros ojos y ocupar nuestras mentes en asuntos que medianamente, de un modo y otro, podamos controlar…

Mírenme a mí, sin ir más lejos, escribiendo esto…

La Caverna Del Plató – PRESENTACIÓN

Pueden llamarlo “moto”. Pueden, incluso, convenir socialmente que ha de recibir ese nombre. Puede ser más conveniente para sus vidas que sea una moto y hasta desearlo con todas sus fuerzas. Demonicen también a los antimotistas que se niegan a aceptarlo. Lo que a ustedes les dé la gana. Pero si no presenta ruedas ni manillar, ni emite ruido de motor alguno, sino que tiene cuatro patas y maúlla, señoras y señores, se pongan como se pongan, es un gato. Y yo no pienso llamarlo de otra manera.

Para quienes no hayan estudiado filosofía, o ya no recuerden aquella lección, el mito de La Caverna de Platón, resumiendo mucho y muy poco ortodoxamente, viene a ser una metáfora que explica que la verdadera forma e imagen de las cosas, su esencia real, está a nuestras espaldas y que lo que nosotros vemos es la sombra o la imagen de ellos que proyectan delante de nuestros ojos los padres, los maestros y, en general, quienes tienen poder para “manipularnos” (metafórica y/o literalmente). A día de hoy no hay ente con mayor poder para conducirnos por éste o aquel sendero que los medios de comunicación, y de entre ellos la televisión sigue llevándose la palma; de ahí el juego de palabras (un tanto barato, lo admito) entre el filósofo de la Grecia antigua y el lugar donde se rueda un programa.

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Supongo que tendrá un poco de culpa el hecho de nacer inconformista y contestón, y otro poco el haber sido formado como traductor (por el hábito de tomar la información, procesarla y reproducirla de un modo distinto), pero cada día y a cada momento me topo con leyendas urbanas, falsos mitos, tópicos manidos, versiones oficiales y mentiras comúnmente aceptadas que hacen que me escuezan los ojos ante su falta de conexión con la realidad que tenemos delante y que, a algunos al menos, nos parece evidente. De ahí que me haya propuesto mediante estos iconoclastas textos, de producción propia o traducidos de otros autores, el girarles la cabeza de modo que ustedes, estimados lectores, puedan ver también lo que YO CREO que tienen detrás. Este blog sería un auténtico triunfo si consigo que al menos a una persona le pique el gusanillo y practique de modo autónomo el sano deporte de cuestionarse lo que nos venden como verdadero. Sé que es peliagudo; si quisiera asepsia y confort escribiría sobre los mapas de isobaras.

Imagino que en más de una ocasión alguien me tildará de retorcido, malpensado y paranoico que ve conspiraciones por todas partes; no me preocupa en absoluto, estoy tan acostumbrado a que me llamen eso y cosas peores como lo está cualquiera que tenga por costumbre poner en duda lo que le meten por los ojos y llevar la contraria a quienes dicen estar en posesión de la verdad absoluta. Dado que, firmemente, no creo que ésta exista, a título particular trato de no ser moralista ni hacerme pasar por un iluminado; con tal motivo las mayúsculas del párrafo de arriba: puedo estar tan equivocado como cualquiera. Luego que cada cual decida qué tomate frito compra; lo que yo pretendo es que al menos tengan un par de marcas para comparar, y que el recipiente sea transparente y se vea lo que hay dentro.

Por tanto, buenos días, buenas tardes o buenas noches, según sea la hora a la que están leyendo esto, gracias por estar haciéndolo y espero que les sea sabroso y les sirva de un modo positivo.

Si un día desaparezco, como en la canción de Def Con Dos, en el maletero de un Falcon Negro es que habré dado en alguna diana delicada…