Saturio

No podría pasar otra noche en vela.

Él, tan soriano que nació el día del Santo Patrón, y fue a casarse el día de San Juan, tomó su última decisión un Jueves Lardero.

Desde que perdiera su trabajo su vida fue un homenaje a la ‘Ley de Murphy’.

Su mujer desapareció el Día de los Inocentes, su equipo descendió de categoría y su flamante ordenador pereció en una vomitona de infame tinto.

Su refugio y esperanza era aquel boleto que jugaba todos los jueves.

Hasta este día.

Hoy ha agarrado en su mano el euro destinado al azar para pagar el peaje a Caronte, ha trasegado quince pastillas, y se ha acostado para dar “el salto que le llevará en derechura al todo de la nada duradero”.

Como un murmullo ha escuchado en la radio la información de la combinación ganadora de ese día; 2, 10, 24, 6, 28, 12; complementario el 15.

“Lo que les ocurre a los desgraciados”, ha pensado.

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