Mi particular 8 de marzo

Tuve una madre, como todos, tres abuelas, como pocos, tengo dos nueras, a las que quiero como hijas, tres nietas, camino de cuatro, y un sinfín de tías, primas y extensa parentela femenina. Y por supuesto Carmen. Mi compañera desde hace cincuenta años.

Tantas amigas como amigos.

Recuerdo nítidamente a las mujeres de mi niñez, a las que quiero significar. Todas eran mujeres trabajadoras, sin excepción. En mi opinión sobra la coletilla ‘trabajadora’. ¿Alguna mujer no lo es?

Para no ir muy lejos mi madre tuvo ocho hijos y dos ‘movenciones’, como entonces se llamaba a los abortos. También la recuerdo con su media lata remasando. Por supuesto, llevaba la comida a mi padre al monte, hasta que pude tomar el relevo.

Alguien tendría que explicarnos de donde sacaban aquellas mujeres el tiempo y las fuerzas. Si alguien les ayudaba era su propia madre, que ya había superado el ciclo primero, o alguna tía cercana.

Las mujeres españolas, desde 1930 han venido cimentando sus conquistas con sangre sudor y muchas, muchas lágrimas.

Si hoy hacemos balance es evidente que han mejorado, pero oímos sonrojantes datos actuales comparativos con los hombres.

No es lógico, ni debería ser legal, que dos personas que hacen el mismo trabajo tengan diferentes ingresos en función de su sexo.

No debe ser fácil, pero igual es cuestión de proponérselo.

Aquí sí me gustarían pactos entre todos los partidos. Pactos inamovibles, gobierne quien gobierne.

Todavía una minoría de salvajes las ve como una propiedad sobre la cual tienen todos los derechos, hasta el de decidir su vida. Esto, como todo en la vida, es cuestión de educación.

Jamás vi a mi padre levantar la mano a mi madre, ni a ninguno de nosotros. Mis hijos podrán decir lo mismo a mi respecto.

Todavía una gran cantidad de personas se encuentra en el derecho de decidir por ellas, que deben hacer ellas con su cuerpo.

Curiosamente una importante y relevante parte de estos no han conocido mujer y, por tanto, nunca tendrán hijas. Es como si los ciudadanos españoles pretendiésemos establecer una Constitución para Laponia. Mejor que la hagan quienes verdaderamente conocen sus problemas.

Para todas las mujeres del mundo. Mi mayor respeto, cariño y admiración

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