El mareo de la perdiz

La perdiz había nacido en la granja azul oscuro, casi negro, muy dada a criar aves, habiéndose especializado últimamente en un tipo de ave determinado.

Después que el capataz la hubiese contemplado inmóvil durante cierto tiempo, y la hubiese exhibido como a una majestuosa águila imperial, después de haber dado unos cortitos y erráticos paseos, diversos giros y vueltas como un trompo la perdiz había agarrado un mareo morrocotudo de modo que el capataz la repudió y dio orden de soltarla.

Fue a parar en su vuelo a la granja roja.

El capataz era totalmente inexperto en esto de criar perdices y decidió hacer un cursillo acelerado, muy acelerado, de ‘mareo de perdiz’.

Comenzó con una tremenda ilusión a pasearla por los aledaños de la granja.

Hasta ahora solo había utilizado un camino amplio que conducía a la granja azul.

Pero había decidido instalar un cartel de PROHIBIDO EL PASO por unas recientes rencillas al parecer insuperables.

Curiosamente todos los peones de la granja estaban de acuerdo con su capataz.

En los últimos meses habían abierto un segundo camino, todavía sin explorar, con alguna zona de baches, en el que decidió introducirse y al cabo de poco tiempo se percató que era un perfecto bay pass, para acudir al primer camino, solo que dando un rodeo.

A todo esto la perdiz ya presentaba unos claros síntomas de mareo generalizado.

«O mi capataz acaba pronto o me pongo a vomitar aquí mismo, que no hay derecho, estos caminos y ni una sola pastilla para el mareo».

Quedaba un tercero que recorrer.

Está mal acondicionado, el suelo es de zahorra, los bordes con zarzas punzantes y al fondo un bosque espeso que no deja ver el final.

La perdiz veía como a cada paso uno de los mayores del capataz le decía: “Cuidado es muy peligroso”.

“A ver donde te vas a meter que el bosque es muy traicionero”.

“Mira bien lo que haces que la granja se hunde y tu puesto de capataz con ella”.

“El bosque está lleno de lobos hambrientos que te van a comer vivo”.

A todo esto al capataz se le iluminaron los ojos y gritó:

“Antes morir que perder la vida”.

Continuará.

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