Duria

Para mis amigos de Numancia-Garray-Soria.

Mi nombre es Duria y soy hija de Durius, más conocido por vosotros como río Duero.

Soy la gota de agua más antigua que produjo mi padre.

Me decido a contar mi historia por si en algo puedo ayudaros, puesto que somos paisanos.

Yo soy tan soriana que jamás he pasado del punto donde confluyen mi padre con el Izana, cuando este lleva agua.

Sabed lo que mi padre pactó con su madre Naturaleza.

Ella permitiría al Dios Sol llevarse a millones de nosotras a cambio de devolver una buena parte nuevamente al Urbión, nacimiento de mi padre.

Unas en forma de agua, otras de nieve.

Unas vuelven apenas salir de casa, otras desde diversos puntos de su trayecto, con lo cual siempre sabemos todo lo que acontece en su curso.

A mí particularmente me encanta pasar una y otra vez por los lugares donde se nos unen el río Tera, y después el Merdancho.

Me traen recuerdos de cuando muchos habitantes de una ciudad en lo alto de la colina bajaban a vernos.

Las mujeres a lavar sus ropas y hablar entre ellas, los hombres a introducir sus espadas y otras armas en las aguas de mi padre para tener una fortaleza casi invencible.

Allí se abastecían de comida fresca y jugosa, se bañaban sin nada encima, y nosotras curiosas casi deteníamos nuestro curso para sumarnos a su disfrute.

Por nuestras aguas bajaban sus amigos a traer trigo y otros alimentos para aquellos sorianos, podéis creerme que jamás les volcamos una barca, siempre procurábamos acunarlos hasta su destino.

Después vino una época muy negra.

Los habitantes de la ciudad fueron atacados por otros venidos de muy lejos, con muchas armas, muchos caballos y otros animales que nadie conocíamos, yo siempre atenta, escuché que se llamaban elefantes.

Los invasores clavaron unos enormes postes en nuestro cauce y no dejaban pasar a los amigos que venían a traer alimentos, nosotras nos pusimos bravas pero no pudimos tirar ningunos de los postes.

Todavía recuerdo con congoja los alaridos de los últimos días, la enorme humareda que tapaba el sol y después…. el silencio.

Ahora habéis permitido unas horrendas edificaciones cerca de nosotros, nunca será igual, pero mi padre, mis hermanas y yo nunca dejaremos de ser sorianos.

Por cierto, no recuerdo como se llamaba aquélla ciudad, ¿lo sabéis vosotros?

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