Saturio

No podría pasar otra noche en vela.

Él, tan soriano que nació el día del Santo Patrón, y fue a casarse el día de San Juan, tomó su última decisión un Jueves Lardero.

Desde que perdiera su trabajo su vida fue un homenaje a la ‘Ley de Murphy’.

Su mujer desapareció el Día de los Inocentes, su equipo descendió de categoría y su flamante ordenador pereció en una vomitona de infame tinto.

Su refugio y esperanza era aquel boleto que jugaba todos los jueves.

Hasta este día.

Hoy ha agarrado en su mano el euro destinado al azar para pagar el peaje a Caronte, ha trasegado quince pastillas, y se ha acostado para dar “el salto que le llevará en derechura al todo de la nada duradero”.

Como un murmullo ha escuchado en la radio la información de la combinación ganadora de ese día; 2, 10, 24, 6, 28, 12; complementario el 15.

“Lo que les ocurre a los desgraciados”, ha pensado.

Lo que duele el recuerdo

Hace exactamente quince años Tardelcuende sufrió la devastación de un tercio de sus montes de pinos resineros. Más de 700 hectáreas de un monte en plena madurez.

Yo vivía fuera, pero seguí el incendio y vine el primer día que pude para estar con los míos y ver cómo había quedado todo. Fue tomar la carretera de Matamala a Tardelcuende y comenzar a oler la desolación.

Veía los campos que antes estaban vivos y se habían convertido en un inmenso cementerio innatural. Recorrí el camino con lágrimas en los ojos pensando en nuestros montes y en nuestra gente.

Los siguientes viajes iba de Almazán a Soria y bajaba hasta Tardelcuende por no ver aquel panorama.

Creo que aquel olor, aquella visión me acompañarán siempre. Me darán fuerza para intentar cuidar y mejorar nuestros montes.

Lo que duelen los recuerdos.

Muchos de nuestros vecinos de entonces no tendrán la oportunidad de ver de nuevo su monte en pleno apogeo. Hoy mismo Águeda Arranz me decía que siempre tendrá un recuerdo indeleble en su memoria: los autocares en el pueblo esperando la orden de llevar a los vecinos hacia un sitio más seguro.

Lo que duele el recuerdo.

Más allá de esto de lo que se trata es de evitar en lo posible catástrofes como la ocurrida. Poner los medios necesarios para ello.

La entidad competente en los montes es la Junta de Castilla y León, a la que vengo insistiendo desde hace ocho años: empleen dinero en limpiar, podar, clarear, arreglar caminos, en un mantenimiento integral de los montes… En invierno.

Hoy tenemos treinta resineros, treinta personas que intentan ganarse de nuevo la vida en nuestros bosques. Ayúdenlos, ayúdennos, ayúdense.

Me consta que saben cómo hacerlo, en la misma medida que políticas erráticas han producido un agujero económico que no se puede tapar hurtando las soluciones que los forestales reclamamos.

No escatimen con nosotros, somos la solución a muchos de los problemas que se crearon artificialmente.

Los ciudadanos están volviendo la vista al campo de manera casi desesperada, por absoluta necesidad. Dennos vida y se la devolveremos con creces.

A día de hoy la reforestación podemos decir que marcha adecuadamente (en un 75% de la superficie), gracias al empeño y vigilancia de nuestros vecinos y también a las personas que componen el Servicio de Territorial de Medio Ambiente de la Provincia.

Gracias a todos.

Por cierto, yo también apoyo a los bomberos forestales.